lunes, 6 de diciembre de 2010

Camino al congreso del partido (IV): Debates en Cuba

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

De los 291 ítems contenidos en los Lineamientos que servirán de base a los trabajos del VI Congreso del Partido, evento que desatará un inédito proceso de ajustes al modelo económico cubano, 45 (el 15,46 por ciento) se refieren a la Política Económica Externa, de ellos 12 a la inversión extranjera, un área en la cual, el Estado revolucionario no es debutante y donde las cosas no dependen sólo de los cubanos.

La importancia del sector externo para Cuba no es una novedad ni una panacea, sino una especie de maldición instalada siglos atrás en toda Iberoamérica cuando las políticas coloniales y luego imperiales generaron deformaciones estructurales asociadas a los esquemas agro exportadores, los cuales subsisten y, mientras minimizan el papel del mercado interno, establecen una férrea dependencia del comercio exterior. Tratándose de economías pequeñas y de escasa autarquía, tales fenómenos se agravan considerablemente.

En el fondo se trata de un círculo vicioso, según el cual se produce para exportar y se exporta para importar y, debido a las asimetrías en el tamaño de las economías, al escaso valor agregado de las materias primas y los productos semi elaborados, el intercambio desigual y a otros muchos factores, la capacidad de exportación no cubre las necesidades del consumo y naturalmente apenas aportan suficientes recursos para nutrir las fuentes de acumulación destinada a las inversiones para el desarrollo.

De ese modo, en gran medida, en las ex colonias la creación de infraestructuras y los proyectos desarrollistas históricamente se han supeditado a la capacidad para obtener empréstitos y para atraer inversiones extranjeras. Esa dependencia combinada con el saqueo y otras herencias coloniales; así como con la instalación de gobiernos oligárquicos, venales y dependientes, dieron lugar a una malformación, llamada también subdesarrollo que no sólo significa menos desarrollo, sino incapacidad para desarrollarse.

En los cincuenta años de la época revolucionaria, sobre la base de direcciones estratégicas bien trazadas y de políticas básicamente correctas, aprovechando la voluminosa ayuda, los créditos y la asistencia técnica de la Unión Soviética; así como los recursos generados por el aumento de la producción de azúcar y otros renglones exportables, Cuba trató de escapar de aquel circulo desplegando una vasta política inversionista a favor del desarrollo.

Como resultado de esos procesos a los cuales Fidel Castro y una pléyade de cuadros revolucionarios motivados, eficaces y honrados se consagraron enteramente, el país creó una poderosa infraestructura vial, energética (incluyendo la electrificación nacional), una excelente red hidráulica, construyó puertos y aeropuertos, desarrolló una base industrial metal-mecánica vinculada a la fabricación de implementos y maquinaria agrícola, avanzó en la mecanización de la agricultura y en la producción pecuaria, tendió miles de kilómetros de carreteas y vías férreas, construyó cientos de instalaciones económicas, puso en explotación la tierra, trabajó tenazmente para incrementar la producción nacional de alimentos, creó poderosas flotas aéreas, mercantes y de pesca, creció la producción azucarera, de leche, cítricos, níquel, introdujo variedades y razas de animales, importó y creó tecnologías y se desarrollaron impetuosamente las ciencias y las investigaciones aplicadas a la economía.

A la par de la ejecución de eficaces políticas de desarrollo y de esfuerzos enormes por sustituir importaciones y lograr que el país se auto sustentara razonablemente, se crearon millones de puestos de trabajo ligados a la producción y se desplegaron eficaces políticas sociales que constituyeron una revolución en la educación, que comenzó con la alfabetización y en medio siglo ha aportado un millón de graduados universitarios, con un ritmo promedio de unos 20 000 por año, creando un enorme capital humano. Como resultado de esas políticas Cuba exhibe excelentes indicadores sociales.

No es verdad que el capital extranjero llegado a Cuba se haya derrochado o mal empleado. Durante décadas los cubanos vivieron en condiciones de austeridad extremas sin gastar en autos ni en artículos de lujo y excepto alimentos, ropa, electrodomésticos, maquinarias y fábricas, apenas se importaban otras cosas. Durante décadas no hubo en Cuba bebidas, cigarrillos ni perfumes importados. Nadie puede negar tales esfuerzos y ninguna manipulación puede ocultar los resultados alcanzados en medio del férreo bloqueo de Estados Unidos, dedicando además enormes recursos materiales, financieros y humanos a las tareas de la defensa y la seguridad nacional.

Es también innegable que en las políticas económicas y en la gestión se cometieron errores y se introdujeron tendencias negativas que actuaron como retrancas y obstáculos al crecimiento económico, la muy loada planificación centralizada no evitó la burocratización, el desmesurado y anómalo crecimiento del gobierno, la baja productividad del trabajo y el escaso rendimiento de la tierra, la mitad de las cuales llegaron estar ociosas, ni impidió que se dilapidaran importantes recursos. La copia del esquema soviético y ciertas estrategias ligadas al ingreso de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y a la aplicación de la errónea política de “división internacional socialista del trabajo” y acentuaron las deformaciones estructurales y la dependencia.

Si bien las estrategias de desarrollo y las políticas inversionistas fueron básicamente correctas, la consagración al trabajo admirable, la administración de los recursos pulcra y las política sociales atinadas, el sistema de administración y gestión no era el apropiado, como tampoco lo fueron los mecanismos financieros, los estímulos e incentivos a la producción, las formas de comercialización y otros factores macro económicos y de administración que, al igual que ocurrió en otros países socialistas, no permitieron que aquel esfuerzo fuera económicamente rentable y diera lugar a una economía auto sustentable.

Sería erróneo asumir la historia económica reciente como “agua pasada” y no extraer las necesarias lecciones. La experiencia propia enseña que la inversión, ya sea extranjera o nacional, sin eficiencia es lo mismo que echar agua en un barril sin fondo.

Por otra parte, debido a circunstancias políticas externa y a factores internos no siempre económicos, atraer a inversionistas privados extranjeros es una tarea política excepcionalmente compleja que por sus escenarios y dimensiones, escapa a los economistas y empresarios.

En esta área los líderes y los expertos encargados de diseñar las estrategias de desarrollo nacional, los cuadros del servicio exterior y principalmente el Partido, deberán hacer gala de talento, imaginación, audacia e incluso temeridad. Se trata nada menos que de atraer el dinero de los empresarios capitalistas para desarrollar el socialismo. Es fácil decirlo. Allá nos vemos.

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