
Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)
Corea fue uno de los ejes de la Guerra Fría, el único de los tres países divididos como resultado de la II Guerra Mundial que no ha resuelto esa situación (los otros fueron Alemania y Vietnam), la región más militarizada del planeta y el lugar donde más potencias tratan de presionan para hacer valer sus intereses geopolíticos. Se trata además del lugar donde el debate nuclear se desarrolla “en caliente” y el escenario por donde es más probable, incluso inminente, el inicio de un conflicto global.
La guerra contra Estados Unidos que en Vietnam condujo a la reunificación, en Corea profundizó la división y la derrota del socialismo, que hizo posible la unidad de Alemania, acentuó la división de Corea donde 65 años después del fin de la II Guerra Mundial y a 57 de finalizada la Guerra, la reunificación nacional está más lejos que nunca.
La dificultad para avanzar en la solución coreana, además de los problemas internos y las respectivas agendas de cada país, se deriva de la existencia de cuatro situaciones críticas que se solapan, se mezclan y se confunden creando dificultades para dilucidar la precedencia de las soluciones. Entre esos graves problemas figuran:
La división del país y las aspiraciones de reunificación, cosa que deberá alcanzarse por medios pacíficos; (la Guerra de Corea fue un intento fallido de alcanzarlo violentamente). A ese grave fenómeno de naturaleza nacional, socioeconómico y geopolítico se añade la presencia norteamericana en el sur de la península, cosa que estorba cualquier solución, a lo cual se sumó lo más grave: el diferendo nuclear que se yergue como un formidable obstáculo para todo movimiento positivo en la región.
El cuarto de los conflictos en la península coreana se deriva de la incidencia de intereses geopolíticos de cuatro grandes potencias: Estados Unidos, Japón, China y Rusia, algunas de las cuales, como Estados Unidos, no ocultan sus posiciones abiertamente imperialistas, mientras otras tratan de hacer prevalecer sus posiciones de modo más discreto e incluso los encubren con manipulaciones y posiciones aparentemente amistosas.
No todas esas potencias desean la reunificación de Corea y, en cualquier caso no de la misma manera. Estados Unidos y Japón trabajan por una reunificación por absorción del Norte por el Sur, al estilo de lo ocurrido en Alemania, donde la RFA se tragó a la RDA. Para Rusia y China un proceso así significaría un cambio excesivamente brusco en la correlación de fuerzas. A sabiendas de que una Corea unificada, con o sin armas nucleares será aliada de Estados Unidos, para China y Rusia es preferible el status quo actual.
Aunque por diferentes razones, los actores políticos en la región aspiran a la desnuclearización de la península y la seguridad sea un común denominador, no todos la perciben de la misma manera. Para Corea del Sur desarmar atómicamente al Norte es de vida o muerte. En un equilibrio tan precario, la existencia de ese tipo de armas es una “espada de Damocles nuclear.
Por su parte, Estados Unidos para quien Corea del Norte no representa una amenaza inminente a su territorio, trata de suprimir esas armas para evitar ser arrastrado a un contencioso nuclear global no deseado, para proteger a Corea del Sur y Japón, que son aliados no nucleares y para reforzar su hegemonía mundial. China, que lo apuesta todo a la economía y no le interesan los conflictos, menos aun en sus fronteras y con componentes nucleares, también prefiere una Corea desnuclearizada, aunque tal vez no a cualquier precio.
A diferencia de China, Rusia que no está en condiciones de competir económicamente con Estados Unidos, lo hace en el terreno nuclear. Una Corea del Norte sin armas atómicas es hoy su posición preferida, entre otras cosas porque la RPDC no es su aliada. En el caso de que esa posición se modifique, cosa no imposible, se abrirían otras alternativas.
En cualquier caso para los pueblos del Norte y el Sur de Corea, la Guerra Fría en lugar de cesar se ha incrementado dramáticamente con la variante de que la solución no depende de ninguno de los dos países y ni siquiera es posible acudir a la ONU, con la cual Corea del Norte está técnicamente en guerra.
Aunque una reedición de la guerra de 1950 a 1953 está descartada y la razón se resiste a admitir una situación en que Corea del Norte utilice sus armas nucleares, opción ante la cual Seúl y otras ciudades pudieran ser convertidas en “mares de llamas” y las bajas norteamericanas en Corea del Sur, Japón y los portaviones sumarian decenas de miles, esos peligros están latentes.
En la guerra anterior, Truman se escandalizó cuando MacArthur solicitó autorización para usar armas atómicas. Entonces las tropas del Norte tomaron Seúl y los norteamericanos Pyongyang y ambas ciudades sobrevivieron: ¿Habrá para ellas y sus habitantes una segunda oportunidad?
Nadie puede garantizar que los pueblos de Corea no serán parte de un nuevo holocausto y que la humanidad no será sometida a una prueba a la que tal vez no sobreviva.
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