martes, 14 de diciembre de 2010

De película: La gendarmería como una solución de la centroizquierda

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)

Escenas, imágenes que el arte retrata con vocación histórica y testimonial, del arte que denuncia, como le cabe al buen arte.

El coronel Varela, llega por segunda vez con sus tropas a la localidad de Gallegos y es recibido por algunos tibios aplausos y muchas miradas de desconfianza entre los “chilotes” insurrectos. Los ganaderos del Sur le pidieron a don Hipólito que les arregle los asuntos que ya toman un cariz desmadrado. Ellos, los patrones, los que hacen grande a esta patria, no cumplen los convenios y los “chilotes” -a quien se le ocurre “extranjeros de mierda”-siguen sublevados por sus reclamos.

“Los brigadistas civiles recorren las estancias ajusticiando, pero no es suficiente don Hipólito, siguen insurrectos”. La represión paraoficial, que recluta a elementos desclasados, en deuda con la justicia, junto a señoritos amigotes de las clases pudientes de la ciudad, a los que les gusta practicar tiro al blanco sobre seres vivos; se ha mostrado ineficaz. Es necesaria la mano dura y una posición de orden del Gobierno Federal. Así es como vuelve Varela, a rendirlos, a cercarlos, a pacificarlos.

Escenas: el pobrerío extranjero y nacional –aunque nacional y pobre no se combina como para reclamar derechos- rodeado de militares y gendarmes ve frustradas sus expectativas; no habrá tiempo para recoger la experiencia; los militares no tienen intención de dejar vivos, aunque algunos escapan y la historia será escrita medio siglo después. Como una nueva condena latinoamericana que esta vez nos surca, la historia siempre llega tarde.

Escena final: los que condenan a extranjeros y extranjerizantes festejan, beben con las manos manchadas de sangre, comen sobre un territorio cargado de fantasmas enterrados en fosas comunes, cantan, cantan un himno en tierras nacionales…el himno inglés.

El sitio de la gendarmería sobre el parque Indoamericano tiene un carácter brutalmente represivo e intenta, como todo sitio, desgastar las fuerzas de las más de diez mil personas que reclaman por tierras. Los gendarmes y la prefectura dan cobertura a una política hipócrita que sostiene que ellos están ahí para evitar el enfrentamiento de “pobres contra pobres” dándole a la represión y a las muertes el carácter espontáneo de levantamiento vecinal en contra de los ocupas.

El lenguaje fue cambiando, de xenofóbico a conspirativo y de conspirativo a contemplativo para conformar a la opinión pública, de que se están ajustando los resortes para la solución del problema. La centro izquierda acepta las reglas: “el rol del Estado es estar presente para evitar que la gente se mate entre si”, la centroizquierda ajusta ideológicamente el cerco represivo que prefectos y gendarmes ejecutan, sobre familias enteras y de paso le lava la cara a una política que ya lleva siete luchadores sociales muertos en sólo unas semanas.

La centroizquierda especula: hay un “autogobierno” policial y para eso se creó un Ministerio de seguridad. El gobierno quiere hacer pasar la vieja doctrina de los errores y los excesos, que se dan cuando se le suelta la mano a la bestia. Autogobierno policial dicen y el nuevo ministerio de Garré volverá a poner la casa en orden.

Pero no fue por “falta de Estado” que fueron asesinados estos luchadores, al contrario, fue por exceso de Estado, por el exceso en la complicidad y la impunidad que une a grupos policiales federales y parapoliciales macristas y kirchneristas con las patotas y la burocracia sindical, ese frente único fue lo que los asesinó.

La investigación de estos crímenes, el enjuiciamiento de los responsables, el encarcelamiento de los asesinos y sus reclutadores, no sólo desentramaría las redes que se articulan en estos negocios de violencia e inseguridad; serviría a una profunda toma de conciencia social de este entramado repugnante, alentando la consiguiente movilización popular y de los sectores más democráticos de la sociedad, lo que pararía la violencia fascista en seco.
Los de adentro y los de afuera

Los vecinos de Soldati, de adentro y de afuera del parque, pueden suponer que el accionar de la gendarmería es una garantía de vida, sobre todo a partir de que las direcciones barriales kirchneristas, la centroizquierda y los organismos de DDHH, anestesian el responso represivo desde que se inició este cerco. Pero este intento de disponer una dormidera social, a los únicos que afecta es a la propia conciencia de la progresía nacional.

Tan extraordinariamente extravagante es está situación que el oficialismo Nac&Pop se dedicó a festejar los tres años del gobierno de los derechos humanos en Plaza de Mayo con una población entera militarizada.

Al margen, sobre ese acto poco reivindicable, cabe destacar que fue nuevamente el arte contestatario y comprometido el que puso en escena la realidad en juego. René, del grupo “Calle 13”, alzó la voz denunciando los asesinatos e ironizando sobre la falta de palabras de los presentes, nacionales y populares, condenando tantos muertos. Palabras de un artista reclamando justicia, disparadas como ráfagas al silencio cómplice e intelectual oficialista.

¿Por qué la centroizquierda pretende dormir tranquila sobre las bayonetas de los gendarmes? ¿Por qué no hay un llamamiento general de las centrales obreras a una gran movilización nacional que reclame soluciones al problema de la tierra? ¿Por qué las distintas tomas de tierras se siguen sometiendo a sitios represivos, sin que haya una respuesta nacional de repudio a la represión de los pobres?

El parque Indoamericano está tomado por un reclamo de tierras, vivienda, salud, alimentación. Este reclamo no es escuchado ni por el gobierno nacional ni por el intendente Macri; el Estado está actuando en el Indoamericano, como siempre actúa frente a este tipo de reclamos, liberando zonas, entrando a sangre y fuego con patotas armadas y financiadas por las corporaciones, explotando los prejuicios de las clases medias y trabajadoras relatando que “esto es un problema de extranjeros” y, finalmente, rodeando con fuerzas represivas el lugar en conflicto, evitando solidaridad y avituallamiento. Hoy es un parque o un baldío abandonado, donde funcionaba una textil o un frigorífico vaciado por la patronal. Pero ayer fue Kraft y antes la Ford y más atrás aun una ciudad entera.

No quieren solucionar el problema de la vivienda

El hacinamiento en condiciones de semiesclavitud es un gran negociado para muchos.

Trabajadores bolivianos, paraguayos, uruguayos, argentinos, etc. viven alquilando en piezas de 2 x3 , mientras trabajan 20 horas por día en talleres y fábricas clandestinas de patronales conocidas, en negro y por salarios miserables, que le son robados en el pago de alquileres de hasta 1000 $.

La falta de vivienda y de servicios básicos, hacen que sobrevivir en esas condiciones “villeras” sea su única salida.

Los punteros barriales, los grupos mafiosos, que con el aval del Estado, explotan a sus niños, sometiéndolos a la prostitución, al consumo y el delivery de droga, al delito armado, no desean que se le escape “el ganado”; una vivienda propia del proletario rompe este negocio.

Nada de “la pobreza es una elección o falta cultura de trabajo”, basta de boludeces de los intelectuales entregados al poder. No hay biografías escritas en forma anticipada en cada uno de estos sectores proletarios, hay redes de trata, vínculos policiales y políticos que extraen ganancias, exprimiendo hasta la última gota de este grupo de hermanos.

Lo que se reclama es la falta de una política de protección laboral, que permita a los trabajadores agremiarse libremente, viviendas dignas que permitan organizar su familia, salud y educación garantizada por el Estado y desarmar las redes mafiosas y clientelares que someten a familias enteras al mejor postor entre las bandas de los partidos burgueses.

No existe entre las clases dominantes voluntad de solucionar el problema de la vivienda. Ganan con la especulación inmobiliaria hasta dentro de las villas. Ganan con el sometimiento clientelar.

Ganan… ganan. Para terminar cantando himnos extranjeros.

Próximamente 7000 millones de veces “La marsellesa”.

Fuente foto: RIO NEGRO ON LINE

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