jueves, 23 de diciembre de 2010

El euro aguanta el temporal

Andrei Fediashin (RIA NOVOSTI)

Esta noticia alegrará a quienes les preocupa el destino del euro. La moneda europea se mantendrá, la “intocable” Constitución europea será enmendada y el aumento del presupuesto de la Unión Europea, limitado.

Además, a quién infrinja la disciplina financiera dentro de la eurozona, le esperará un severo castigo. Estas son las decisiones tomadas en la última cumbre de la Unión Europea.

Incluso para los estándares de Bruselas, donde se aprecia en toda su dimensión el saber encontrar resquicios en los reglamentos de los procedimientos internos, la reunión de este diciembre ha sido algo extraordinario. Es un verdadero arte el saber esquivar con tanta elegancia y sutileza las normas fijadas en los tratados de la Unión Europea e introducir enmiendas en el Tratado de Lisboa, es decir, en la Constitución de la Unión Europea.

Ninguna de las siete cumbres celebradas durante el año en curso ha terminado con una nota tan optimista. Normalmente suele haber dos: una en primavera y otra en otoño; sin embargo, la inestabilidad financiera de la eurozona, la casi bancarrota de Grecia y, posteriormente, de Irlanda, además de la alarmante situación en Portugal y España, han obligado a los líderes de la Unión Europea a reunirse con mucha mayor frecuencia. Los problemas se amontonaban.

Todos a luchar por el euro

Fuera de las fronteras de la Unión Europea lo que más preocupaba era el futuro del euro. Bueno, ahora se ha constatado bien a las claras que Alemania y Francia no permitirán que esta moneda única deje de existir ni tampoco que siga atravesando por malos momentos por culpa de la irresponsabilidad de los infractores de la periferia de la Unión Europea.

En Bruselas se ha adoptado, pues, la decisión de transformar el mecanismo provisional de rescate, articulado el pasado mayo con la dotación de unos 750.000 millones de euros, en un mecanismo permanente que empezará a funcionar a partir del año 2013.

Este fondo de ayuda mutua o de asistencia financiera a los países en dificultades nunca ha sido calificada como tal por la sencilla razón de que, de acuerdo con el Tratado de Maastricht, con el objeto de mantener la disciplina y responsabilidad financieras, a los miembros de la Unión se les prohíbe comprar deuda de otros Estados miembros. No obstante, dicho mecanismo es precisamente eso, un saco de dinero para los menos solventes.

La gente de a pie pensará, por supuesto, que no importa el nombre que se le dé a esta bolsa de dinero, ya que no por ello dejará de serlo. Sin embargo, los juristas y diplomáticos de la Unión Europea han invertido muchas horas buscando formas de introducir este concepto en la Constitución europea sin entrar en contradicción con el documento. Fue una labor realmente ardua: en las tres líneas de la enmienda trabajó sin tregua un grupo de especialistas junto con el presidente de la Unión Europea.

La mencionada enmienda será aprobada según un procedimiento abreviado: será suficiente con el consenso de todos los líderes de la Unión, con el que se cuenta ya, y con la ratificación por los parlamentos nacionales de los países miembros. El proceso arrancará en 2011, al recibir la enmienda la aprobación definitiva en la cumbre ordinaria de la Unión Europea, tras lo cual se someterá al proceso de ratificación por los parlamentos nacionales y a partir del 1º de enero de 2013 el Fondo de rescate de 750.000 millones de euros tendrá un estatus permanente.

Los límites de la periferia europea

Quien más necesitaba esa enmienda era la canciller de Alemania, Angela Merkel. La oposición alemana se mostraba ya muy descontenta con que se destinara el dinero de los contribuyentes del país a financiar el despilfarro presupuestario de las zonas meridional y celta de la Unión Europea. Un mecanismo de ayuda permanente es, sin embargo, una cosa totalmente diferente. Los adversarios políticos de Merkel amenazaban con un recurso ante el Tribunal Constitucional por prestar ayuda a los griegos. Y es que, si ello no está previsto por la Constitución europea, sí que se podría recurrir una infracción de la Constitución alemana.

Angela Merkel, no obstante, tiene muy claro que la periferia europea ha de ser salvada, de lo contrario la eurozona se precipitará al abismo. Es por ello que en la reciente cumbre se hizo tanto hincapié en preservar el papel unificador del euro.

Sólo gente lega en la materia puede pensar que se podría echar con facilidad a Grecia, Irlanda o Portugal de la zona del euro y que sería una medida eficaz para sanear todo el organismo europeo. Quizás, en el futuro, podría pasar perfectamente pero, en estos momentos, al estar afectados tantos países, ya es imposible ir cortando partes.

En las cambiantes condiciones financieras del mundo actual, echar de la eurozona a algunos de sus miembros equivaldría a intentar cambiar la argamasa de las partes de un puente ya construido. Algo, lógicamente imposible. Además, si el euro se viene abajo, se verán perjudicados todos los 27 países de la Unión Europea, a pesar de que en la eurozona sólo están 16 de ellos. Los sistemas bancarios de los países europeos están interrelacionados hasta tal punto, que el fallo en un extremo de la red repercutirá inevitablemente en los demás.

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