lunes, 6 de diciembre de 2010

El legado del miedo

Alcira Argumedo (INFOSUR)

La Diputada nacional reflexiona sobre aquellos que sostienen que "si no se defiende a este gobierno se viene la derecha". A lo que la legisladora se pregunta ¿quienes conforman esa derecha?. Sus respuestas.

Hace pocos días, la tragedia enlutaba nuevamente a Camboya. Una súbita estampida atrapó a cientos de personas en el puente sobre el río Mekong, que une la capital camboyana -Phnom Penh- con la Isla de los Diamantes donde se celebraba la tradicional Fiesta del Agua. Casi cuatrocientos muertos y más de setecientos heridos fueron víctimas de una situación detonada por el pánico, ante el rumor que el puente no era suficientemente sólido para soportar el peso de quienes lo estaban atravesando. Sin saber cómo huir, se produjo una avalancha donde sucesivas oleadas de gente despavorida iba pisando a los caídos y, a su vez, caía y era pisoteada.

Conocí Camboya hace seis años y, además de deslumbrarme por la cultura de los Khmer, que entre los siglos IX y XV construyeron los maravillosos templos de Angkor Vat, me sedujo la dulzura en el trato, la sutileza de los modales, la calidez de los rostros camboyanos. El horror que habían vivido se revelaba en los cuerpos: a uno de los guías le faltaba una pierna debido a las minas antipersonales dejadas por los norteamericanos y eso me hizo advertir el gran número de personas mayores y chicos con muletas. Otro me relató la experiencia de su niñez, cuando a los ocho años fue separado de la familia por esa demencial y genocida política de Pol Pot entre 1975 y 1979. Desde hacía casi un siglo, sus abuelos y sus padres padecieron el dominio colonial francés; la guerra contra la ocupación japonesa; las luchas de liberación de la postguerra; la invasión de Estados Unidos; la dramática experiencia de los Khmer Rouges, que en esos cuatro años fatídicos asesinaran a la cuarta parte de la población, acusada de ser enemiga del Estado. Derrocado por los vecinos vietnamitas que invaden el país -cuyo comportamiento no parece haber estado a la altura de sus glorias- durante diez años más Pol Pot continuó liderando una lucha guerrillera en la selva y el número de víctimas se incrementaba. Las muertes, la mutilación, la pérdida de seres queridos, dejaron en el imaginario colectivo de ese pueblo caracterizado por la dulzura en el trato, la sutileza de sus modales y la calidez de los rostros, huellas profundas de miedo y terror. Bastó entonces un simple rumor para desatar la desesperación y la locura, entre quienes reinaba la alegría de una fiesta popular hasta pocos minutos antes.

Desde la perspectiva extrema de la historia de Camboya, es legítimo interrogarse acerca de las secuelas que dejan en los pueblos las vivencias existenciales de experiencias límite como el terrorismo de Estado. ¿Por cuánto tiempo permanece esa memoria del terror en los pliegues más hondos del imaginario colectivo? ¿Hasta dónde se cumplen los objetivos de las dictaduras, en términos de domesticar las conciencias e imponer una cultura de la derrota y la impotencia? ¿Cómo se manifiestan esas secuelas en los análisis y en las posiciones políticas que hablan de posibilismos con sus diversas expresiones? ¿A quién en realidad remiten las apelaciones que plantean la existencia de una única opción frente a la amenaza del retorno de la derecha en Argentina? ¿Quiénes conforman la derecha en nuestro país? Parte del debate de Proyecto Sur con los amigos intelectuales, artistas, universitarios y periodistas simpatizantes del kirchnerismo, ronda esta problemática de fondo: dilucidar a qué se refieren cuando hablan de “funcionales a la derecha” o de ”defender a este gobierno, porque si no viene la derecha”.

Adelantamos la hipótesis: dada la composición de las fuerzas políticas kirchneristas y la reiterada actitud de omitir opinión sobre organizaciones y nombres de aliados o ante determinadas medidas del oficialismo, pareciera que esa derecha aterrorizante no es sólo el PRO o las vertientes conservadoras del radicalismo y la Coalición Cívica; tampoco sólo la Sociedad Rural y los chacareros de la 125: en los pliegues abismales de nuestro imaginario colectivo esa derecha evoca al terrorismo de Estado, expresado hoy por ciertas figuras, sectores políticos o asociaciones que fueran sus cómplices civiles. Sin embargo, no siempre se mencionan entre estos últimos a los grupos económico-financieros, a las corporaciones y bancos beneficiarios del descomunal saqueo de recursos públicos y sociales, habilitado por la dictadura y continuado por los sucesivos gobiernos del bipartidismo en sus distintas vertientes. En el marco de una política planteada en términos de confrontación entre dos polos antagónicos e irreductibles donde la amenaza es esa derecha, se elimina la legitimidad de cualquier crítica o cuestionamiento. El discurso se sustenta en una mirada parcial y en el silenciamiento de todo aquello que pueda introducir dudas en la férrea voluntad de combatir a esa derecha: en la misma dinámica es posible alimentar una mística en defensa a ultranza de la propia pertenencia política y una condena belicosa hacia quienes no la comparten; porque son -consciente o inconscientemente- idiotas útiles de esa derecha. De este modo, una lógica binaria implacable avala el silencio sobre el carácter de las alianzas y sobre determinadas medidas o acciones que, bajo toda evidencia, integran la realidad de esa fuerza política.

Algunos datos de la parte silenciada de la realidad pueden ser ilustrativos: se acusa a Proyecto Sur de “estar con la derecha” porque ha coincidido con el PRO en votaciones de la Cámara de Diputados. Sin duda, Mauricio Macri es expresión de una fuerza política de derecha; pero Franco Macri es un socio principal del kirchnerismo y resulta difícil aceptar que no sea de derecha. Se dice que el oficialismo lucha contra los monopolios; pero la Barrick Gold, Repsol, la British Petroleum, el Citibank o el Deutsche Bank son otros de sus socios privilegiados y contra ellos no lucha, sino todo lo contrario. El Jefe de Gabinete Aníbal Fernández afirma que la CGT constituye la columna vertebral del kirchnerismo; allí están José Pedraza y Hugo Moyano con su familia: ¿qué debe opinarse de la represión a trabajadores terciarizados y de la muerte de Mariano Ferreyra o de la corrupción con medicamentos adulterados? El gobernador Gildo Insfrán de Formosa ha sido uno de los primeros aliados en el ascenso del kirchnerismo; pero al mismo tiempo ejerce la política del lebensraum -el supuesto derecho de las razas superiores a apropiarse de territorios habitados por razas inferiores para desplegar en esos espacios vitales la civilización- y no duda en despojar a miles de miembros de la comunidad Toba de los Qom de las tierras que ocupan ancestralmente: tal vez por esos vínculos iniciales, el Frente para la Victoria se negó a firmar un repudio a la represión genocida de Insfrán -que hasta ahora ha causado dos muertes- en la sesión de Diputados del 24 de noviembre pasado. Es absurdo pensar que los gobernadores José Luis Gioja de San Juan o Beder Herrera de La Rioja, personeros de la Barrick Gold en la explotación minera a cielo abierto, no sean de derecha más allá de sus estrechas relaciones con el oficialismo; algo semejante sucede con los barones del conurbano y con los grupos de negocios cercanos al gobierno.

El silencio de los amigos kirchneristas -muchos de ellos antiguos simpatizantes del Frepaso- sobre estos nombres y organizaciones, porque son sus aliados, únicamente puede explicarse si sienten que existe una amenaza aún mayor, más brutal que el despojo y asesinato de indígenas; que la adulteración de medicamentos para cáncer, hemofilia y sida; que la muerte de un joven en manos de patotas sindicales; que la destrucción “catastrófica e irreversible” producida por la megaminería, según la caracteriza el Parlamento Europeo; que la depredación de bosques nativos promovida por los gobernadores aliados en Salta o en Chaco; que la explotación de los tareferos y la muerte de niños por desnutrición en Misiones; que el 75% de nuestros trabajadores entre 18 y 29 años estén tercerizados, en negro o desocupados; que no se otorgue el 82% móvil a los jubilados continuando la decisión de Cavallo, quien en 1993 redujo los aportes patronales de las grandes corporaciones a fin de favorecerlas un poco más; por mencionar algunos aspectos del kirchnerismo que, sin duda, son de derecha. La dimensión de la amenaza debe ser entonces cualitativamente superior, en tanto remite a situaciones de deshumanización de lo humano más tremendas que la agresión hacia nuestros compatriotas débiles; remite a experiencias de horror inenarrables; a miedos enquistados que no han sido suficientemente procesados en el imaginario colectivo; remite a modalidades de disciplinamiento social capaces de incidir en el inconsciente de nuestra sociedad y traducirse en actitudes políticas posibilistas, prudentes, preñadas de silencios; porque toda otra opción plantea como riesgo el regreso de esa derecha.

Reiteramos: esa derecha, que evoca al miedo en la experiencia política argentina, nutre sus raíces en el terrorismo de Estado. Con una inteligencia diabólica, el presidente Carlos Menem supo utilizarlo a la perfección cuando, ante una movilización masiva de estudiantes secundarios que llenaron la Plaza de Mayo en protesta por la reducción del presupuesto educativo, simplemente dijo “De aquí van a salir nuevas Madres de Plaza de Mayo”. A la semana siguiente estaba convocada otra marcha: casi con naturalidad, muchos padres acordamos en ir nosotros, dejando a los chicos en casa; la marcha fue un fracaso. No ha pasado tal vez suficiente tiempo y entre los pliegues recónditos de nuestra conciencia colectiva aún persisten las huellas del horror; por eso pareciera preferible guardar silencio o aspirar a lo posible, atemorizados ante el fantasma de esa derecha. En su momento, el Frepaso sustentaría un posibilismo que distorsionó el proyecto fundante del Frente Grande, culminando con el apoyo a la designación de Domingo Cavallo en el gobierno de la Alianza. Es preciso entonces incorporar en el debate político la incidencia de las secuelas del terrorismo de Estado, porque la capacidad de detonar el miedo en Argentina constituye un arma política altamente efectiva para eliminar juicios críticos; también esteriliza la creatividad, la decisión y las esperanzas de un pueblo que aspira a ser protagonista de un proyecto emancipador.

Argentina - La presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la audiencia que mantuvo con el rey Juan Carlos I de Borbón en Mar del Plata. / Fuente: Presidencia de la Nación

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