viernes, 17 de diciembre de 2010

El segundo advenimiento del petróleo caro

Vlad Grinkevich (RIA NOVOSTI)

La coyuntura económica mundial parece favorecer a Rusia. Debido a las alentadoras noticias sobre el crecimiento de la economía china, los precios del petróleo Brent ya superaron la barrera de los 90 dólares por barril.

Lo más probable, además, es que el precio del crudo mantenga su crecimiento y alcance el año que viene los 100 dólares por barril. Para Rusia esta noticia tiene una doble lectura, buena y mala a la vez. Por una parte, el encarecimiento del petróleo redundará en un aumento de los ingresos a la Hacienda federal y reducirá el déficit presupuestario. Pero por otra, esta coyuntura favorable disminuirá la necesidad de modernizar la economía nacional.

Hay que darle las gracias a China

La subida de los precios del petróleo está en la lista de méritos de nuestro vecino oriental, China, cuyas estadísticas económicas positivas durante los últimos dos años han servido de acicate para los mercados mundiales de materias primas y de valores. De hecho, casi todos los pronósticos optimistas sobre el futuro de la economía mundial giran en torno a los ritmos de crecimiento de China y, en menor grado, de la India.

Para las petroleras rusas el aumento de precios del crudo es indudablemente una excelente noticia. Hay que recordar, además, que el sector nunca ha dejado de ser la locomotora de la economía nacional. Según estimaciones del Director General de la Agencia rusa de Energía, RusEnergy, Yuri Kógtev, los ingresos por la venta de petróleo cubren el 44% del presupuesto nacional y, teniendo en cuenta el efecto multiplicador, este porcentaje podría alcanzar un 55%.

Sin embargo, esta bonanza no va a durar eternamente, las reservas de oro negro se están reduciendo a ojos vista: en el boletín informativo difundido antes de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU del pasado 13 de diciembre se indicaba que las reservas de petróleo rusas ya han sido explotadas en más de un 50%.

La pregunta es: ¿qué precio debería alcanzar el petróleo para que el Estado ruso sea capaz de solucionar todos sus problemas existentes, por ejemplo, los de cumplir con sus compromisos sociales? La respuesta la ha dado el ministro de Finanzas de Rusia, Alexei Kudrin, al comunicar que el déficit presupuestario del 2011 se cubrirá si el barril de crudo llega a los 109 dólares; en los dos años posteriores, con un precio de 105 dólares ya se logrará equilibrar el presupuesto.

La conclusión es clara: no habrá presupuesto sin déficit, al menos para el año que viene, pero sí se podrá afrontar con un mayor desahogo el cumplimiento de las obligaciones sociales y la financiación de proyectos de gran coste como los Juegos Olímpicos del 2014 en Sochi o el Campeonato Mundial de Fútbol de 2018. ¿Se sabrá sacar provecho económico de esta situación?

“Digo que el petróleo no es oro negro, es el excremento del diablo…”

Estas palabras fueron pronunciadas en pleno boom petrolero de los años 70 del siglo pasado por uno de los fundadores de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el ministro de Minas e Hidrocarburos de Venezuela, Juan Pablo Pérez Alfonzo. Para su país los altos precios del petróleo no supusieron prosperidad alguna, sino una corrupción que penetró todo el sistema del poder, un retraso tecnológico crónico, un abandono completo de las esferas económica y social y unas deudas desorbitadas.

Tampoco se puede afirmar que Rusia se haya beneficiado sobremanera con la subida del oro negro. El Estado sí que ha podido poner algunos parches en la esfera social y subir, aunque sea un poco, los sueldos de los funcionarios públicos, pero la renta per capita en Rusia continúa siendo una de las más bajas de Europa. Sin embargo, nuestro país se ha colocado a la cabeza mundial en todas las listas de corrupción y segmentación social. Pero lo más importante es que esta “prosperidad de los hidrocarburos” ha permitido aplazar las reformas económicas de las que se llevaba hablando desde comienzos de los 2000.

El segundo “advenimiento” del petróleo caro podría reducir todavía más estas necesidades de modernización de la economía nacional.

Está claro, si el presupuesto no tiene déficit, no urge renovar la industria, ni desarrollar su infraestructura, ni diversificar los sectores de alto contenido tecnológico. El Estado, de facto, coloca en el corazón del sistema económico una bomba de acción retardada: nadie sabe hasta cuándo las materias primas servirán de locomotora económica de Rusia.

Y no sólo se trata de la cambiante coyuntura mundial, el mismo sector energético afronta demasiados problemas. Y en primer lugar se encuentra la ya mencionada reducción de las reservas rentables de crudo. La imposición de una reducción en las extracciones del 2009 no fue más que un intento de mantener los volúmenes de las mismas a nivel actual. De acuerdo con los resultados de la investigación llevada a cabo por la Agencia RusEnergy, si se mantiene el actual esquema de imposición tributaria en “los yacimientos examinados”, la extracción caerá a ritmos acelerados. A finales de 2010 será de unos 430 millones de toneladas (a modo de comparación, en 2009 en Rusia se extrajeron en total 494 millones de toneladas), pero para 2015 sólo se llegará a los 293 millones de toneladas.

Un problema no menos serio es el mal estado de la infraestructura del sector energético de Rusia. De acuerdo con las estimaciones de hace unos años hechas por la Agencia Federal de supervisión en materia de uso de los recursos naturales (Rosprirodnadzor), “en 2010, la vida útil de más del 50% de los oleoductos habrá superado el período de amortización, lo que podría ocasionar derrames de petróleo y sus derivados”.

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