lunes, 6 de diciembre de 2010

Gran Bretaña y su imperio en Africa

Roberto Correa Wilson (PL)

En el siglo XIX, Gran Bretaña disfrutaba de un vasto imperio colonial en Africa, constituido por una veintena de países que en su conjunto superaban muchas veces el territorio de esa nación europea.

En la época, esa metrópoli era la más poderosa potencia colonial y sus posesiones abarcaban diversas regiones del mundo, donde en cada país dejaba una dolorosa huella de sometimiento, crímenes, pobreza y sufrimientos.

La necesidad declarada de Londres, de controlar mayores territorios con el fin de apropiarse de sus riquezas naturales, chocaba con iguales aspiraciones de otras potencias de Europa, las cuales en ocasiones condujo a graves disputas, a pesar de que en la Conferencia de Berlín de 1884-1885 acordaron repartirse el continente.

Pero en tierras africanas la presencia de Gran Bretaña se produjo muchas décadas antes de que Londres se hiciera omnipresente en casi todas sus regiones.

Ciudadanos de ese país participaron en la trata de esclavos hacia América, comercio iniciado por los conquistadores portugueses, los primeros europeos en arribar a Africa en el siglo XV.

Las colonias en el llamado Nuevo Mundo carecían de la fuerza de trabajo para laborar en las plantaciones agrícolas y sólo las naciones africanas eran capaces de aportarla, según el punto de vista de los explotadores.

La esclavitud se aplicó en todos los países donde Gran Bretaña ejercía su predominio; el régimen esclavista implantado en sus colonias no fue diferente en su horror y crueldad al establecido por las restantes potencias europeas en sus posesiones.

De la esclavitud al coloniaje

En 1834 la Corona británica prohibió el comercio de esclavos en todas sus colonias; no fue un gesto humanitario por lo horrendo y humillante que era para el ser humano el sistema esclavista.

Gran Bretaña desarrollaba la Revolución Industrial y La Trata no era conveniente para sus intereses, e incluso adoptó medidas punitivas contra los violadores de la norma, como el establecimiento de una base naval con tales fines en la bahía de Freetown, en la colonia de Sierra Leona.

En Africa al sistema esclavista le sucedió el colonialismo; en la nueva etapa, la metrópoli potenció la obtención de materias primas para sus industrias y el continente tenía abundantes.

La nación europea inició en la segunda mitad del siglo XIX el dominio sobre Sudán, el mayor país del continente, ubicado en el Africa nororiental, en el que cabría más de dos veces y media la metrópoli.

Por esa fecha, las huestes de la Corona arribaron a Egipto, una nación poseedora de una historia y cultura milenarias, cuya población protagonizó múltiples rebeliones anticoloniales hasta en las ocurridas entre 1919 y 1923, cuando Londres tuvo que concederle la independencia y cesar en la ocupación militar.

Establecieron en el Cuerno Africano la Somalia Británica. Algo más al sur se convirtió en colonias a Tanzania y Kenya.

En esta última las tropas de su Majestad cometieron una de las más sangrientas masacres que se recuerda en la historia de Africa al asesinar a 15 mil kenianos, mientras unos 800 mil fueron enviados a campos de concentración durante la represión al movimiento independentista Mau-Mau en 1953.

Más al sur, en el oriente continental fueron colonias Uganda, Zambia, Malawi, Zwazilandia, Zimbabwe, Mauricio y Seychelles (estas dos últimas en el Mar Indico), Lesotho, Botswana y la Unión Surafricana (actual Suráfrica), donde tuvo lugar la guerra anglo-boers.

Estos eran colonos de origen holandés establecidos en una provincia del país, y fueron derrotados.

Prácticamente casi toda esa importante región del este y sur de Africa cayó bajo los tentáculos británicos, los cuales se valieron de la intervención directa de sus tropas, de la suscripción de acuerdos que violaba sistemáticamente o del manido recurso del protectorado.

Durante la Segunda Guerra Mundial(1939-1945), tras la expulsión de las tropas nazifascistas de Libia por las fuerzas aliadas, Gran Bretaña estableció una administración militar colonial en las regiones de Cirenaica y Tripolitania, que mantuvo hasta poco antes de que Naciones Unidas le concediera la independencia a la nación norafricana en 1951.

En el oeste africano

En 1849 Gran Bretaña ocupó Biafra (en el sur de Nigeria) y Benin, y en 1861 establecieron una base en Lagos, antigua capital del país. Al reconocer la Conferencia de Berlín a Nigeria como zona de influencia británica, no tardó mucho tiempo en convertirse en protectorado.

Esa es la historia de la colonización de Nigeria, el país con mayor población en Africa, y el más importante de la región que andando el tiempo llegaría a ser el primer productor de petróleo del continente.

En 1821 Gran Bretaña impuso su poderío naval para apoderarse de Ghana, dos décadas después suscribió un Tratado, el cual fue violado, con los ashantis, la tribu que con más vigor enfrentó la penetración europea.

La Corona la declaró formalmente su colonia; Ghana fue el primer país del Africa Subsahariana en liberarse del yugo colonial.

Con algo más de once mil kilómetros cuadrados, la pequeña Gambia demostró que para la voracidad de Londres daban lo mismo naciones grandes con abundantes riquezas o diminutas y con escasos recursos para implantar el coloniaje.

Este recorrido finaliza en la mencionada Sierra Leona. Gran Bretaña también tuvo presencia, entre otros lugares, en Togo, cuando se repartió junto a Francia la excolonia alemana, tras la derrota de Berlín en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Roberto Correa Wilson es periodista cubano, especializado en política internacional, y ha sido corresponsal en varios países africanos.

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