viernes, 17 de diciembre de 2010

La otra confrontación michoacana

Eduardo Ibarra Aguirre

Junto a la violenta y costosa confrontación de la Policía Federal en contra del cártel de La familia durante ocho días consecutivos, se desenvuelve otra que ocupará los primeros planos y es la que tiene como antagonistas a Felipe Calderón Hinojosa y Leonel Godoy Rangel.

El gobernador no se anduvo por las ramas y lamentó ante La Jornada que sea Luisa María Calderón Hinojosa el o la michoacana que no sólo más escucha Calderón, sino le hace incluso más caso que al gobierno que preside porque constituye la mayoría política del estado desde hace una década.

“Lastimosamente”, Felipe del Sagrado Corazón de Jesús le hace caso a la visión de su hermana. Y “Ése es el problema de fondo”, sostuvo el llamado “medio hermano” del desaforado Julio César Godoy Toscano, aunque como recuerda Fabiola Alanís Sámano su partido, el de la Revolución Democrática entregó en tiempo y forma a la Procuraduría General de la República, en 2009, los 300 expedientes de igual número de candidatos a ocupar una curul, y por ello no descartó alevosía.

La otra familia, Calderón Hinojosa, está obsesionada en hacer de La primera hermana del país la candidata, pese a la resistencia del panismo local, y siguiente gobernadora de Michoacán.

Para el propósito familiar, Cocoa es una pieza clave en prevención de un conflictivo retiro de Los Pinos que impida al “hermano presidente” quedarse a radicar en tierras mexicanas, objetivo difícil de lograr, pues quien siembra tempestades desde la ilegalidad convertida en norma, cosechará el rechazo ciudadano y de algunos dueños de México que lo encumbraron.

Para lograr lo anterior, Calderón no tuvo hasta hoy límites: montó el michoacanazo que llevó a prisión a tres decenas de alcaldes y funcionarios perredistas principalmente, sin aviso previo al gobernador pero sí a la exsenadora, como lo denunció en su momento la presidenta del perredismo local. Liberados prácticamente todos, la PGR no fue capaz de pedir disculpas a los exprisioneros. En tierras tarascas es secreto a voces que Luisa María Calderón quita y pone a los delegados federales y se desenvuelve con una ostentosa escolta del Estado Mayor Presidencial que ya la quisiera Margarita Zavala. Además, ahora forma parte del Comité Ejecutivo Nacional panista.

Esta ilustre señora, por lo que resta del sexenio, entró al ruedo que le tendió Godoy y dio cátedra sobre Michoacán, hizo la crítica puntual ante Mvs Noticias de Carmen Aristegui, las otras dos ediciones se quedan cortas por su parcialidad, sobre los programas de gobierno, habló a nombre de “los michoacanos” y de “las ciudadanas de a pie”, elogió al gobierno de Lázaro Cárdenas Batel por flexible e incluyente, justificó las política militaristas y policiacas de su hermano –mientras el gobernador recordó que “es necesaria una agresiva política social”--, y eludió las acusaciones y sus aspiraciones electorales.

La aspiración a gobernar un estado de la Federación es ordinaria. Extraordinario resulta que sea bajo el impulso abierto del inquilino principal de Los Pinos, asunto polémico pero quizá aceptable.

Pero resulta una torpeza institucional mayúscula que la guerra contra el crimen organizado, el muy impugnado programa favorito que tantas vidas humanas cuesta al país, amén de sistémicos atropellos a derechos humanos como sucede en este momento en Michoacán, y formidables recursos económicos, se use para apuntalar a la precandidata a la gubernatura, casualmente integrante de la otra familia michoacana, mientras la tradicional, la que ahora encabeza Servando Gómez Martínez acusa, sin que autoridad alguna responda, que los persiguen para despejarle el camino a la competencia criminal.

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