jueves, 16 de diciembre de 2010

Las (primeras) lecciones de Soldati

PRENSA DE FRENTE

Una combinación de militancia propia desde adentro, fuerte presencia de funcionarios nacionales y la Gendarmería como elemento disciplinador, fue lo que permitió al Gobierno Nacional conducir ayer por la tarde una asamblea en la toma que instaló el miedo y dio como resultado que muchas familias aceptaran retirarse del lugar. El rol de las versiones sobre "conspiraciones". Virtudes, aciertos y limitaciones de las organizaciones populares de base que siguen acompañando la lucha por viviendas dignas en Soldati. El desafío para la militancia popular.

1- La masiva toma de tierras evidencia la situación de necesidades básicas irresueltas para amplias mayorías populares. Esta vez fue la vivienda, en el interior son los despojos a los pueblos originarios, cada tanto vuelven los conflictos por falta de trabajo o precarización. El gobierno de Macri es el principal responsable en el caso Soldati. Pero mirando el panorama general, salta a la vista que los siete años de kirchnerismo no han resuelto esta situación de injusticia estructural a pesar del crecimiento macroeconómico, que se basa en el sostenimiento de la desigualdad.

2- A contrapelo del insistente discurso oficial, la decisión represiva ante la protesta sigue siendo frecuente, aún donde el Gobierno Nacional es responsable. Hay sólidas evidencias de que, al menos en el caso del primer joven asesinado en la toma, el impacto provino de un cartucho de las escopetas o Itakas de la Federal, y la entrada del proyectil fue descendente, es decir, tiraron desde el puente donde estaban los uniformados. Además de los disparos, la saña represiva a bastonazos y golpes también suele dejar heridos graves o hasta muertos, y esa práctica, evidenciada en la primera represión en Soldati, es más habitual aún, incluso cotidiana. Las policías locales (Formosa, Ciudad de Buenos Aires ) suelen ser aún peores. La tercerización de la represión mostró, tan sólo en los últimos meses, sus vínculos con burocracias sindicales (caso Mariano Ferreyra) o gobiernos de derecha (violencia xenófoba en Soldati). El oficialismo también cultiva esos peligrosos vínculos (Hospital Francés, Santa Cruz). Sea como fuere, quienes protestan y reclaman derechos deben saber que la respuesta instintiva, natural, de este Estado en cualquiera de sus variantes, sigue siendo la acción violenta.

3- El gobierno nacional no reemplazó el paradigma represivo ante la protesta social, pero sí amplió el abanico de respuestas posibles, dándole un creciente lugar a la política. Después de las muertes (aún siendo demasiado tarde), el gobierno trazó una estrategia centralmente política de resolución del conflicto. La convocatoria al diálogo a las organizaciones y al gobierno de la Ciudad primero, la Casa Rosada como escenario simbólico desde donde los representantes de los asentados hablaran, la elaboración de un discurso firme pero garantista (en contraposición con el accionar de su propia policía horas antes), y el abordaje del propio territorio fueron pasos que culminaron con el objetivo propuesto, un desalojo final sin más violencia. Aunque la solución a la falta de vivienda de esas familias siga pendiente.

4- El abordaje de la toma en el territorio es, tal vez, donde se concentró el nudo central de la resolución del conflicto (al menos por ahora) por parte del gobierno. Allí, en el propio predio, supieron combinar 3 elementos centrales para garantizar el control de la situación: 1- la Gendarmería como elemento disciplinador ; 2- una fuerte línea de funcionarios nacionales haciendo ver la autoridad (e interés hacia los vecinos, en contraste con el gobierno de la Ciudad) del Estado nacional; 3- el activismo interno, a través de “Pitu” Salvatierra, referente de base kirchnerista insterto en la toma. La conducción política coordinada de esas tres variables (más la presencia de los cónsules de Bolivia y Paraguay hablando con la gente de sus comunidades para que se replieguen, gestionada también por el gobierno nacional), el manejo de los tiempos, la agitación de miedos hacia adentro y la instalación del fantasma de “conspiraciones” hacia afuera, completaron un panorama favorable a la aceptación, por parte de la mayoría de los asentados, de la “autoridad” del Estado, ya sea por convicción, resignación o temor.

5- En este marco, las organizaciones populares de izquierda o independientes que acompañan un trabajo de base en las villas de Lugano, fue importante, digno y combativo, pero insuficiente para disputar la orientación de una salida al conflicto distinta a la propuesta por el Gobierno Nacional. Las primeras denuncias contra la represión, el acompañamiento solidario en la resistencia, las voces que se hicieron escuchar legitimando la demanda de los ocupantes (entre los que se destacaron Diosnel Pérez, del Frente Darío Santillán, o el Tano, de la CCC), reforzaron la posición de los vecinos en el reclamo por viviendas. Es destacable, a la vez, la madurez de quienes, aún con diferencias o serios conflictos con el gobierno nacional, supieron identificar al macrismo como “enemigo principal” durante los días de mayor violencia xenófoba, participando de instancias de coordinación con el kirchnerismo, aún sabiendo que más temprano que tarde, el gobierno iría “por todo” desplazando a cualquier otra referencia que no se le subordinara. Esto último sucedió durante la tarde de ayer: mientras militantes kirchneristas y funcionarios ampliaban al interior de la toma las versiones conspirativas y de “caos” en el país, vaciaron la primera convocatoria a asamblea, de la que venían participando todos los actores sociales y variados referentes de la toma, para reconvocar a una asamblea “propia” dirigida por Salvatierra quien, rodeado de funcionarios del gobierno nacional y sin dejar lugar a contrapuntos, volvió a agitar el fantasma del miedo y la represión, para construir el consenso necesario y vaciar el lugar. Con la base social de la toma dividida entre quienes decidían “confiar” en el papel ofrecido por el gobierno, ya sea por convicción o miedo, y entre quienes preferían una respuesta más concreta antes de desalojar, el resto lo hizo la gendarmería: horas antes de caer la noche, fue cerrando el cerco sobre los díscolos, avanzando con presencia amenazante, hasta tomar, en horas de la madrugada, el control completo del lugar. Para las organizaciones no kirchneristas que acompañaron desde adentro la lucha de los vecinos, queda un último llamado de atención: más allá de la correlación de fuerzas desfavorable respecto al gobierno nacional para disputar la mejor orientación a la salida al conflicto (es decir, la intención de que hubiera una respuesta concreta de viviendas y no sólo una promesa más, como sucedió), cabe señalar que, mientras el referente oficialista Salvatierra, los funcionarios y la Gendarmería daban el avance más fuerte para dirigir a los asentados, distintos referentes y militantes de las organizaciones de izquierda en la toma se encontraban, en ese mismo momento, fuera de allí: participaban de un masivo acto solidario frente a la Jefatura de Gobierno Porteño reclamando justicia por los asesinados los días anteriores. Sería ingenuo no comprender que, a sabiendas de esto, el gobierno nacional eligió el momento adecuado para conducir el conflicto desde adentro cuando menor fueran las fuerzas que pudieran insistir con el reclamo de una respuesta de viviendas concreta para los asentados.

Así las cosas, el conflicto parece tener un primer cierre que, como vemos, no pasó por el “acuerdo” de Nación con la Ciudad y los anuncios, sino por la habilidad del Gobierno para operar desde adentro del propio conflicto instalado en el predio de Soldati. Las denuncias de conspiración, sin sustento pero repetidas aún con honestidad por militantes y adherentes kirchneristas, sólo tuvieron sentido como contexto necesario de miedo para reforzar la estrategia interna en la toma, y para “abir el paraguas” si todo salía mal. Un viejo recurso de todo oficialismo que, en manos del kirchnerismo que tiene enemigos reales y con capacidad de daño, pueden estar desgastando innecesariamente y pagar costos cuando sea real la amenaza. Como el cuento del pastorcito mentiroso.

Lo más importante para los intereses de nuestro pueblo, en todo caso, es el resurgimiento de la lucha por la vivienda, la denuncia de un modelo que concentra la riqueza pero también el hábitat. El desafío de organizar mejor, más sólidamente por la base las luchas por este problema masivo en la Buenos Aires pero también en los bordes de cualquiera de los grandes centros urbanos del país, seguramente sea el principal mensaje que deje Soldati a la militancia popular. Asumir ese desafío militante será la mejor forma, también, de rendir homenaje ante la sangre derramada, una vez más, por hombres y mujeres de nuestro pueblo en la lucha por la justicia y la dignidad.

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