lunes, 6 de diciembre de 2010

Mientras las partes oculten sus cartas, será imposible resolver el problema nuclear iraní

Armando Pérez (RIA NOVOSTI)

Tras una pausa de más de un año, representantes de Irán y el “Sexteto” (cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania), reanudan hoy en Ginebra conversaciones sobre el programa nuclear del país persa, actualmente, el asunto más peliagudo en materia de seguridad global.

A la cita, la delegación iraní llega aparentemente fortalecida tras el anuncio la víspera, de que su industria nacional puede obtener polvo de oxido de uranio concentrado, elemento clave para la producción de materiales fisibles.

Según informó el director de la agencia atómica iraní, Ali Akbar Salehi, el primer envío de óxido de uranio concentrado fue transportado ayer de la ciudad de Bandar Abbas a la instalación nuclear de Isfahan, bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Producido a partir de mineral de uranio, el polvo de óxido concentrado de uranio (yellowcake) es clave para la obtención del hexafluoruro de uranio (UF6), materia prima que procesada en centrífugas, a su vez produce material de uranio altamente enriquecido para la fabricación de combustible para reactores o armas nucleares.

Da la impresión que el programa nacional iraní de enriquecimiento de uranio avanza paulatinamente a pesar de los esfuerzos de occidente para impedirlo.

El pasado mes de junio Teherán reveló sobre la obtención con recursos propios de al menos 27 kilogramos de uranio enriquecido al 20 %, y según los planes de las autoridades iraníes en el plazo de cinco años las plantas iraníes podrán satisfacer la demanda nacional de uranio enriquecido.

A primera vista, las negociaciones de Ginebra se perfilan como muy complicadas porque la parte iraní no planea discutir su programa nacional de enriquecimiento de uranio, que es precisamente lo que más preocupa a EEUU, Francia, Reino Unido y Alemania, y en menor medida a Rusia y China.

Además, hay factores adversos que enrarecen la atmósfera de las negociaciones como el asesinato la semana pasada de un científico nuclear iraní en Teherán, que a juicio de las autoridades persas, fue víctima de una operación encubierta de los servicios secretos occidentales.

La tercera ronda de sanciones impuestas desde el pasado mes de junio por el Consejo de Seguridad y las sanciones unilaterales aprobadas por la Unión Europea y Estados Unidos, ya se sienten en Teherán donde hay dificultades en la circulación de las tarjetas de crédito, barreras cada vez más complicadas en la gestión bancaria, y una sensible reducción la actividad económica en algunos sectores tras el cierre de empresas japonesas y europeas.

Por otra parte, las recientes filtraciones del portal Wikileaks han elevado el nerviosismo general al quedar al descubierto el presunto recelo de muchos países del Golfo Pérsico sobre las pretensiones nucleares de Irán.

Muchos gobiernos comprenden que con sanciones no es posible obligar a Irán a cerrar su programa para enriquecer uranio y Teherán también es conciente de los problemas que supone un aislamiento paulatino, sobre todo si el programa que desarrolla es de carácter netamente civil.

Tal vez por eso, las partes acordaron reanudar las consultas, sobre todo cuando EEUU demostró estar dispuesta a ceder un poco, a condición de que Irán responda de la misma forma.

El pasado viernes, la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, dijo que su país podría aceptar que Irán continúe su programa para enriquecer uranio si Teherán presenta garantías sobre sus intenciones.

Al día siguiente, su homólogo iraní, Manuchehr Mottaki aplaudió ese "paso hacia adelante", lo que atenuó un poco la tensión en vísperas de las negociaciones.

Para tranquilizar a sus vecinos musulmanes, Mottaki afirmó que su país jamás utilizará la fuerza contra ellos y desmintió una vez las supuestas ambiciones de obtener armamento nuclear, como sospechan algunas potencias occidentales.

De acuerdo al formato establecido en las conversaciones de Ginebra, el Sexteto será representado por la Alta Representante de Política Exterior la UE, Catherine Ashton.

Según expertos, cada una de las partes partirá de asuntos concretos. Irán exigirá al “Sexteto” expedir un aval al acuerdo tripartido suscrito el pasado mes de mayo con Turquía y Brasil para el intercambio de 1200 kilogramos de uranio poco enriquecido iraní (3,5%) por uranio enriquecido al 20 % en territorio turco para un reactor nuclear de investigación en Teherán.

Por su parte, el Sexteto propondrá a Irán reconsiderar una oferta similar con Rusia y Francia para el intercambio de uranio de bajo rendimiento por enriquecido, o la propuesta estadounidense para la creación de un banco internacional de combustible nuclear bajo el control de la OIEA.

Y no obstante las conversaciones como el resto de las anteriores pueden fracasar si las partes se escudan en declaraciones políticas vacías y no exponen con franqueza todos sus planes.

Tanto el Sexteto como Irán deben establecer los mecanismos técnicos y jurídicos que permita a los científicos iraníes procesar su uranio a los niveles necesarios para la obtención de material fisible de uso exclusivamente civil.

Y una vez solucionado la componente práctica de este asunto, abordar si es necesario, las diferentes implicaciones políticas, económicas y de otra índole, para atenuar la desconfianza entre las partes.

Al respecto vale la pena poner más atención a las declaraciones del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad a comienzos del pasado mes de noviembre, cuando dijo que, “las negociaciones con el Occidente deben ser en condiciones equitativas, en cuyo caso Irán podría analizar asuntos globales, dar solución a problemas actuales, contribuir a la distensión internacional, la paz y la seguridad en todo el planeta”.

Es decir sacar las cartas ocultas, como por ejemplo establecer si Israel tiene o no armamento nuclear y a partir de esa constatación, establecer garantías de seguridad para el resto de países en la zona del Golfo Pérsico y Oriente Próximo.

Porque la aparición o la constatación de que existe armamento nuclear en cualquier parte del mundo supone un foco adicional de confrontación que automáticamente altera el equilibrio geopolítico, la estabilidad y la seguridad nacional de los países vecinos.

Indiferentemente de sus propietarios, la existencia de armas nucleares así sea en el Vaticano, capital de los católicos, o en la Meca, epicentro de los musulmanes, sólo causará un justificado temor a los vecinos, con el correspondiente derecho legal a buscar defensas.

De ahí la importancia de que en Ginebra impere la franqueza en las conversaciones y lo más importante, transparencia informativa a la que debe tener legítimo acceso toda la opinión pública mundial.

Porque en el caso contrario será muy difícil impedir una carrera armamentista en esa zona del planeta, donde incluso ya empezó a juzgar por las escandalosas revelaciones que recientemente publicó Wikileaks.

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