lunes, 6 de diciembre de 2010

Somalia: Agotada antes de llegar a la meta

Julio Morejón (PL)

Somalia sufre hoy una tragedia semejante a la del corredor de fondo, que se agota antes de llegar a la meta.

Sin un Estado sólido, carente de un pacto social coherente, el país cruzó los últimos 12 meses entre cañonazos de una guerra con ofensivas intermitentes, la militarización de zonas apoyada por la Unión Africana (UA), y la letanía de un discurso radical en exceso, que emite señales confusas hacia el auditorio internacional.

En sus memorias, el 2010 no olvidará que la organización rebelde Al Chabab jugó peligrosas cartas para la región, como fue trasladar al escenario ugandés parte de la violencia que consume a Somalia y -según un vocero del movimiento, Ali Mohamoud Rage-, como respuesta a Kampala por su apoyo a la UA en el conflicto armado.

Sin embargo, ante los atentados, Uganda reforzó el criterio de que continuaría su apoyo a la fuerza multinacional de la Misión Africana para Somalia (Amisom, en inglés), que al cierre del año tenía unos ocho mil soldados enviados por el gobierno del presidente Yoweri Museveni y por el Ejecutivo burundés de Jean Pierre Nkurunziza.

Así la guerra, que emitía síntomas de estancamiento, se orientó hacia otra dirección y puso en crisis las posibilidades de un entendimiento entre los insurgentes y el frágil Gobierno Nacional de Transición, encabezado por Charif Cheik Ahmed Mohamed, quien sustituyó en el mando a Abdullahi Mohamed Yusuf.

"La victoria que persigue la estrategia de guerra de baja intensidad no es sólo militar. Busca una victoria más completa, efectiva para un largo plazo, mediante el aniquilamiento de la fuerza política y moral de la insurgencia", recuerda el analista argentino Francisco Pineda en una definición que se aviene al conflicto somalí.

No obstante, su coterráneo y colega Jorge Pérez, amplía que: "El conflicto de Baja Intensidad (CBI) exige que el problema se aborde mediante un enfoque de factores sociales, económicos, políticos y militares entrelazados", es decir en el ámbito de la complejidad política.

Eso trae como consecuencia que la posible solución al dilema esté más allá de una definición de blanco y negro.

En Somalia se deciden cuestiones que no se perciben superficialmente. Entre otras, la validez de la injerencia foránea en un conflicto que afecta la seguridad regional y lo inadecuado en la contemporaneidad de establecer un estado teocrático a ultranza en lugar de una opción menos radical.

También pesa el hecho de la destrucción de un Estado en función de intereses favorables a la secesión más que al necesario proceso africano de integración y sin perder de vista la importancia geoestratégica de Somalia, un territorio ubicado frente al surtidor mundial de petróleo árabe.

Todo lo anterior impone valorar con profundidad los criterios respecto a qué Estado se está moldeando cuando el próximo enero se cumplan 20 años del derrocamiento del ex presidente Siad Barre, el último que gobernó al territorio aún integro y que hoy está dividido en tres: Somalia, Somalilandia y Puntland.

La guerra aún es el tema de partida de cualquier análisis sobre este país del Cuerno Africano donde millares de personas tratan de resguardase del fuego cruzado, pero también de la hambruna, la intolerancia y el desdén de los ricos de occidente.

También el año se despide con noticias que subrayaron las actividades de piratas en el litoral del país, pero sobre quienes persiste la incertidumbre respecto a sus verdaderos objetivos.

Como en toda guerra, hay aspectos de menor nivel que se diluyen antes de llegar a ser notables, en el asunto que se aborda uno de esos es el apoyo a Charif Cheik Ahmed Mohamed de milicias que aparecen y desaparecen del escenario y se enfrentan a los guerrilleros de Al Chabab, quizás para conseguir una porción de autoridad.

Esos grupos actúan como auxiliares del poder, pero esa actitud podría entrar en fase de remisión y lo que defendieron una vez luego ser tema de disgusto y ruptura en un proceso de reconstrucción del estado-nación que va a la deriva.

En definitiva, este año que concluye, el corredor de fondo tampoco llegó a su meta.

Julio Morejón es periodista de la Redacción África de Prensa Latina.

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