lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Wikileaks destapa la caja de Pandora?

Katia Monteagudo (PL)

Wikileaks continúa siendo noticia de primera plana, aunque no pocos análisis comienzan a cuestionar el tratamiento selectivo de los cinco grandes diarios escogidos por Julian Assange y su equipo para difundir los 250 mil archivos filtrados.

Las opiniones sobre las intenciones del sitio y el valor de las revelaciones continúan polarizándose, y disímiles medios -los alternativos entre los primeros- han empezado a diseccionar el tratamiento de lo que hasta ahora se ha podido leer de los famosos documentos.

Estas valoraciones ven con reticencia el pacto confidencial de Wikileaks con The New York Times, El País, Le Monde, Der Spiegel y The Guardian, entre los más influyentes del planeta, los cuales durante meses amasaron el acervo de secretos y antes de hacer públicos los informes advirtieron al Departamento de Estado que lo harían dentro de ciertas normas "éticas" acordadas.

Este acuerdo significó, a diferencia con lo que ha hecho Wikileaks, una censura previa de este grupo de diarios occidentales, amaestrados por lo que analistas definen como "la disciplina informativa establecida por Washington".

Más sospechoso, porque aún -excepto los equipos de periodistas y editores previamente escogidos-, nadie ha podido acceder a la base de datos original del medio millón extraído.

Desde su Twitter, Wikileaks solo remite a las páginas de esos periódicos. El sitio permanece igual de bloqueado, y recién la empresa Amazon lo acaba de expulsar de sus servidores, además de recrudecerse la persecución de Julian Assange por el mundo. Alan Rusbridger, editor en jefe de The Guardian, en un foro interactivo con sus lectores admitió que sí están omitiendo parte del material para no vulnerar a ciertas fuentes de información. "No creo que sería correcto subir cada documento sin redacción".

Bill Keller, Jill Abramson y Andrew Lehren, máximos editores en The New York Times, igual afirmaron que la transparencia no es un bien absoluto.

"La libertad de prensa también incluye la libertad de no publicar, y esa es una libertad que ejercemos con cierta regularidad", aclararon ante los cuestionamientos por el tratamiento selectivo a los cables filtrados de la mismísima red de información del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Para Pascual Serrano, reconocido periodista español y analista de los medios, lo menos relevante en el debate global es si es correcta o no la distribución libre de información secreta.

"En mi opinión se trata de una simplificación, y el modus operandi del propio Wikileaks ha demostrado que el asunto es más complejo", especifica en un comentario publicado en el portal alternativo Rebelión.

Serrano asegura que es absoluta la connivencia entre el sitio fundado por Julian Assange y lo que denomina como el cártel de los cinco. "No sé si el origen de Wikileaks era limpio y honesto, lo que sí parece claro es que se está convirtiendo en un sujeto domesticado", especifica.

Varios análisis afirman sentirse decepcionados de esta segunda entrega de material secreto, y hay hasta quienes advierten que una mano oculta podría estar moviendo los hilos de lo que literalmente denominan como el nuevo reality show de los grandes medios.

Estos han promocionado sus coberturas como un verdadero "festín" de secretos, el sueño del historiador, la pesadilla del diplomático, las confidencias de amigos, aliados y rivales. Todo un "banquete con numerosos platos sacados de la historia del presente", como dijo el diario El País, al revelar parte de las filtraciones.

Y seguido, la inmediata aclaración de que "este material consiste, en su mayor parte, en informes políticos de nivel medio y alto enviados desde todo el mundo, además de las instrucciones de Washington.

"Es importante recordar que no figuran secretos de las máximas categorías: NODIS (acceso exclusivo para el Presidente, Secretario de Estado, jefe de misión), ROGER, EXDIS, DOCKLAMP (mensajes secretos entre los consejeros de Defensa y el Servicio de Inteligencia de la Defensa)", continúa explicando El País.

Mientras, en el transcurso de la semana han ido pasando por debajo de la mesa otros acontecimientos de trascendencia como la Cumbre del Clima de Cancún, las tensiones de las dos Coreas, la impopularidad del presidente Barack Obama y el paquete de medidas internas adoptadas por su gobierno para paliar la crisis económica que aún no rebasa.

En reciente entrevista para el canal televisivo CNN en español, el subdirector del diario El País reconoció el aumento de las ventas de su periódico desde que comenzaron a publicar la selección del medio millón de cables que le fueron entregados.

Incluso, en relación con el tema Cuba, este diario, al igual que el resto de los escogidos, no ha dado a conocer ni un cable de los dos mil 80 enviados al Departamento de Estado norteamericano por la Oficina de Intereses de La Habana, y que están en la base de datos de Wikileaks.

Según un editorial del sitio web Cubadebate, el diario español solo ha publicado una línea de uno de esos despachos, diluida entre referencias a Cuba, sacadas de otros informes de las embajadas norteamericanas en Caracas y en Bogotá.

Procede de un reporte fechado el 27 de febrero de 2009, firmado por Jonathan Farrar, jefe de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos, en el que "reconoce la eficacia de la policía (cubana) persiguiendo a â��terroristasâ�Ö, como llama a los disidentes".

"¿Cuál es el milagro de que un despacho casi halagador hacia Cuba del Jefe de la SINA es traducido como todo lo contrario? ¿Por qué quienes repiten la versión de El País ni se molestan en leer la fuente original? ¿Por qué cuando se trata de Cuba cierta prensa ni siquiera apela a un mínimo de sentido común?", razona el referido editorial del portal cubano.

El tema de Irán es otro de los asuntos que está cuestionando más de un analista, luego de la disección del "festín" de secretos prometidos.

Se reconoce que Wikileaks puede que sea un genuino caso de valiente periodismo de investigación, pero que a su vez esté siendo utilizado por el mismo poder para poner en manos del público información que provoque o cree un estado particular de opinión pública.

Así lo refiere Moisés López, autor del reciente artículo publicado en Rebelión, titulado: ¿Un "destape" mediatizado o un "destape" controlado?

Para este analista no resulta nada coincidente que los medios escogidos hayan destacado por igual la venta de tecnología de misiles balísticos de Corea hacia Irán, miembros del llamado "eje del mal", según la política exterior norteamericana.

"¿A quien beneficia saber que el rey Abdalá de Arabia Saudita aconsejó a los estadounidenses "cortarle el cuello a la serpiente" y advirtió que "si Irán lograra desarrollar armas nucleares, todo el mundo hará lo mismo en la región"? ¿No se está echando más leña al fuego, con esta filtración, en la división (por otra parte conocida) entre los países del Mundo Islámico, ante el caso de una futura acción contra Irán?", apunta el citado artículo.

El reconocido politólogo y académico norteamericano Noam Chomsky, entrevistado sobre el tema, cree que es una forma de manipulación muy severa que los titulares de los diarios digan que "los estados árabes están aterrorizados por Irán y que quieren que los Estados Unidos hagan algo al respecto."

A esas declaraciones añade que estas afirmaciones se contradicen con la encuesta del Brookings Institute, publicada el mes pasado, pero sin publicidad en los Estados Unidos.

Este sondeo mostró que el 80 por ciento de los entrevistados aseguraron ver a Estados Unidos e Israel como la verdadera amenaza del mundo árabe.

Para Chomsky a los diplomáticos no les importa la gente, al igual que al Departamento de Estado, y aparentemente a los medios tampoco. "Todo esto refleja un profundo desprecio por la democracia."

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