martes, 7 de diciembre de 2010

Wikileaks

Álvaro Cuadra (especial para ARGENPRESS.info)

La filtración de material reservado de la diplomacia estadounidense a través de Internet es un hecho de la mayor trascendencia, susceptible de ser analizado desde un punto de vista político y cultural. Se trata, según los entendidos, de un hecho histórico que desclasifica antes de tiempo una serie de documentos relativos a la actividad diplomática que despliega la primera potencia mundial en los más diversos rincones del orbe.

Desde un punto de vista político, se pone en evidencia que la era de la globalización no ha alterado el actuar de los gobiernos del mundo. Tal como se ha dicho con crudeza, la arena política - a nivel nacional o internacional – es la confrontación por todos los medios de fuerzas e intereses. Cada gobierno, acaso todos, en la medida de sus capacidades, cuentan con un séquito de funcionarios, militares, diplomáticos y agentes que hacen el “trabajo sucio” para lograr los objetivos dispuestos por el poder. Estados Unidos es el caso ejemplar, pero no el único. En pocas palabras, Wikileaks nos viene a mostrar que existe, y siempre ha existido, el “lado B” de la política, un hecho que la mayoría de los medios oculta.

En estas cloacas del mundo político se juega el poder y el sometimiento de gobiernos y pueblos enteros. El diccionario básico de este mundo incluye términos tales como: chantaje, asesinato, bloqueos, intervenciones militares, presiones económicas, espionaje, coimas y un largo etcétera. Este tipo de actividades se hacen más sensibles en las llamadas cuestiones estratégicas que dicen relación, hoy por hoy, con el petróleo, la venta de armas, el manejo de grandes medios de comunicación, la alta tecnología y, desde luego, el flujo de capitales y mercancías alrededor de todo el planeta.

Desde un punto de vista cultural, llama la atención que no estamos ante una filtración de cartas o documentos impresos sino de bases de datos digitales. El poder se administra a través de redes digitalizadas que instituyen un nuevo “lenguaje de equivalencia”. Dicho lenguaje era la escritura, de modo que el ejercicio del poder o su impugnación se hacían desde la palabra escrita, cartas y edictos, discursos y manifiestos. Esto era cierto tanto para los delegados de los Imperios Coloniales como para los próceres independentistas, todos formados en universidades europeas. En la actualidad, cualquier pretensión de resistencia ante los poderes del mundo exige manejar los nuevos lenguajes digitales.

Es lícito sospechar que los antecedentes expuestos por Wikileaks, constituyen, apenas, la punta de un iceberg mucho más contaminado y tenebroso. De aquí se pueden colegir dos lecturas posibles: desde una mirada escéptica y cínica, habría que repetir con el filósofo que la historia avanza, de manera ineluctable, pisando las florecillas al borde del camino. Sin embargo, este episodio puede ser entendido en un sentido democrático, en cuanto insta a los ciudadanos del mundo a exigir de sus gobiernos una mayor transparencia y responsabilidad en el manejo de las cuestiones nacionales e internacionales.

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