martes, 5 de enero de 2010

Invisibilizando golpes de estado: Lo que la teoría hegemónica en la ciencia política no quiere ver

Atilio A. Boron

La Corporación Latinobarómetro, basada en Santiago de Chile, publica todos los años un informe resumiendo sus investigaciones comparativas sobre el estado de la opinión pública en dieciocho países de América Latina y el Caribe.[1] Para estupefacción del lector el Informe 2009 se abre, en su página 3, con una cita que dice textualmente lo siguiente: “En el año 2009, América Latina sufre por primera vez un golpe de estado después de 31 años, desde que se inaugurara la democracia en lo que ha sido llamado ‘la tercera ola de democracia’ ”.

¡El primer golpe en 31 años! Esta increíble afirmación no es tan sólo un notable error historiográfico sino un síntoma de algo mucho más profundo, revelador de las insanables limitaciones de la concepción teórica y metodológica hegemónica en las ciencias sociales de nuestros días, de inspiración anglosajona. Las páginas que siguen tienen por objeto traer a la memoria lo que el saber convencional aparta convenientemente a un lado. En este caso, los golpes de estado. A los efectos de corregir tan distorsionada visión de la realidad política regional ofrecemos a continuación un breve racconto sobre los golpes de estado que se perpetraron en América Latina y el Caribe en estos últimos 31 años.

11 de Abril del 2002: golpe de estado en la República Bolivariana de Venezuela.

Luego de que se mintiera a la población anunciando que Chávez había renunciado (cosa que también se hizo en el caso de Mel Zelaya durante el golpe hondureño), siendo que, en verdad, aquél se rehusó valerosamente a firmar la carta de renuncia que los golpistas le habían preparado, se convocó de urgencia a una reunión en el Palacio de Miraflores para ungir como presidente de Venezuela al líder de la organización empresarial Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga (alias “Pedro el Breve”). Allí se procedió a dar lectura al Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional, nombre tan pomposo como mendaz con el que se pretendía disimular al golpe de estado presentándolo como una rutinaria sucesión institucional ante la misteriosa ausencia del primer mandatario. Ese despótico engendro, pergeñado por los inmaculados custodios de la democracia venezolana y aplaudido por Bush, Aznar y compañía, ponía en manos del efímero usurpador amplísimos poderes que no demoró en llevar a la práctica: de un plumazo Carmona derogó la constitución bolivariana, disolvió al Poder Legislativo y destituyó a todos los diputados a la Asamblea Nacional, suspendió a los magistrados del Poder Judicial, al Fiscal General, al Contralor y al Defensor del Pueblo y concentró la suma del poder público en sus manos.

Una vez que fuera leído tan ignominioso documento se invitó a los concurrentes a refrendar el triunfal retorno a la democracia. Entre los firmantes sobresalen los nombres –hundidos para siempre en irredimible deshonor- del Cardenal Ignacio Velasco, santo varón que para desgracia de los cristianos presidía los destinos de la Iglesia Católica en Venezuela; Carlos Fernández, vicepresidente de Fedecámaras; Miguel Angel Capriles, en representación de los medios de comunicación privados (que engañaron a la población desinformando sistemáticamente lo que estaba ocurriendo, con total impunidad); José Curiel, secretario del la democracia cristiana venezolana (COPEI); Manuel Rosales, por ese entonces Alcalde de Maracaibo (prófugo de la justicia acusado de numerosos delitos de fraudes y estafas, amparado y protegido en estos días por el gobierno de Alan García en el Perú); Julio Brazson, presidente de Consecomercio; Ignacio Salvatierra, presidente de la Asociación Bancaria; Luis Henrique Ball, presidente del Consejo Empresarial Venezuela-Estados Unidos; el general retirado Guaicaipuro Lameda, ex presidente de Pdvsa. Luego de la firma se procedió a tomar juramento a Carmona Estanga, dándose así por constituido el nuevo gobierno robustecido por el pleno respaldo de la “sociedad civil”, supuestamente congregada en la sede del gobierno venezolano y representada por ilustres personeros como los arriba nombrados.

Es decir, allí hubo un golpe “con todas las de la ley” que, tiempo después y con Chávez ya repuesto en el Palacio Miraflores, fue convalidado por el Tribunal Supremo de Justicia en una insólita decisión en la que se señalaba que Carmona Estanga había asumido el cargo debido a que en Venezuela se había producido un “vacío de poder”. Claro que esta curiosa teoría tenía un efecto práctico nada desdeñable: gracias a ella se eximía a los implicados de ser procesados por su participación en el golpe de estado, su impunidad consagrada gracias a una sentencia emitida por el más alto tribunal de justicia del país. Por otra parte, si la palabra “golpe” no apareció en el discurso político de esos días fue por otras dos muy convenientes razones. Primero, porque siempre y en todo lugar los golpistas rehúsan a reconocerse como tales, como violadores de la legalidad institucional y la legitimidad política: prefieren autocalificarse como “gobiernos provisorios” surgidos de la necesidad de restaurar un orden supuestamente destruido (o amenazado) por un líder demagógico o por la movilización popular. En la Argentina de 1955 el golpe de estado que acabó con el gobierno de Juan D. Perón se autoidentificó como “Revolución Libertadora”; por su parte, la dictadura genocida de 1976 se refería a sí misma con el pomposo nombre de “Proceso de Reorganización Nacional.” En otros casos, los golpes se ocultan bajo nobles y patrióticas consignas como “Gobierno de Reconciliación Nacional”, “Gobierno de Salvación Nacional” u otras por el estilo. En segundo lugar, porque si se caracterizaba a lo ocurrido como un golpe se erigía un serio obstáculo para lograr el reconocimiento internacional del nuevo gobierno, debido al repudio generalizado que los golpes de estado suscitan en las nuevas democracias latinoamericanas y, en menor medida, al peso que había adquirido en nuestra región la Carta Democrática Interamericana. O sea, se optó por montar una farsa (como luego se haría en el caso hondureño) al hablar de un “gobierno de transición” o un “interinato”, eufemismos utilizados para no llamar al golpe de estado por su verdadero nombre.

De hecho, esta tergiversación semántica facilitó que el nuevo gobierno fuese inmediatamente reconocido por George W. Bush y José María Aznar, dos personajes que, parafraseando a George Bernard Shaw, tienen tanta relación con la democracia como la música militar con la música. No sólo eso: apenas producido el golpe el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, señaló que la causa de la crisis era la polarización política y la conflictividad social inducida por las políticas de Chávez y que en las semanas previas al golpe funcionarios estadounidenses se habían reunido con Pedro Carmona (“el empresario que sucedió a Chávez”, según la tramposa caracterización de Fleischer) y con numerosos conspiradores civiles y militares para conversar sobre este asunto. El colofón de todas estas artimañas se conoció el mismo 12 de Abril, apenas unas horas luego de concretado el golpe, cuando Bush y Aznar dieron a conocer una insólita declaración conjunta en la que sostenían que “los gobiernos de Estados Unidos y de España, en el marco de su diálogo político reforzado, siguen los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela con gran interés y preocupación, y en contacto continuo”. Ambos mandatarios además manifestaban “su rechazo a los actos de violencia que han causado una cantidad de víctimas” a la vez que expresaban “su pleno respaldo y solidaridad con el pueblo de Venezuela y su deseo de que la excepcional situación que experimenta ese país conduzca en el plazo más breve a la plena normalización democrática”. Es más, poco antes de que Carmona prestara juramento, la Presidencia española de la Unión Europea -anteponiendo sus afinidades con los golpistas a los principios democráticos de los que la Unión Europea se reclama fiel representante- emitió una declaración oficial en la que “manifiesta su confianza en el gobierno de transición en cuanto al respeto de los valores e instituciones democráticos, con el fin de superar la crisis actual”.[2] Este autor, asesor parlamentario de Izquierda Unida en España, también asegura que Madrid y Washington habían reconocido que sus representantes en Caracas mantuvieron contacto continuo y una estrecha coordinación en los días previos y durante el golpe. El 13 de abril, el embajador de España en Caracas, Manuel Viturro de la Torre, junto al embajador de Estados Unidos, Charles S. Schapiro, acudieron juntos para entrevistarse personalmente con el presidente del así llamado “gobierno provisional” después que éste disolviera la Asamblea y avasallara la Constitución. Fueron los únicos diplomáticos que se entrevistaron con Carmona, avalando sin tapujos todo lo actuado por los golpistas.

El golpe ahora desaparecido de la vista de los lectores del Informe Latinobarómetro 2009 no sólo contó con el apoyo de Estados Unidos y España. También obtuvo la aprobación de algunos otros gobiernos: Colombia, presidido entonces por Andrés Pastrana, y El Salvador, por Francisco Flores. El golpe se produjo mientras tenía lugar en San José, Costa Rica, la XVI Cumbre del Grupo de Río. Los presidentes allí reunidos consensuaron una tibia declaración en donde se condenaba la “interrupción del orden constitucional” (falaz argumento que años después utilizaría la Secretaria de Estado Hillary Clinton para referirse a lo ocurrido en Honduras) cuidándose con esmero de emplear la expresión “golpe de estado”.

Si no se esperaba otra cosa de Bush y Aznar, la desagradable sorpresa la produjo la reacción del gobierno chileno ante los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Venezuela. El presidente Ricardo Lagos declaró en San José que “lamentamos profundamente los hechos de violencia y la pérdida de vidas humanas. Instamos también a la normalización de la institucionalidad democrática, pero al no tener el cuadro completo de situación le pedimos a la OEA que sea la encargada de hacer una evaluación del asunto”, al paso que agregaba que “tal como se ven las cosas hasta el momento "sería apresurado hacer declaraciones concluyentes”. [3] Pero la Canciller chilena, Soledad Alvear, de rancia prosapia demócrata cristiana, vio las cosas de otra manera y atolondradamente emitió un venenoso comunicado que, siguiendo puntualmente la línea establecida por la Casa Blanca, acusaba de los hechos de violencia y alteración de la institucionalidad al depuesto presidente Hugo Chávez. De este modo, el supuesto “gobierno modelo” de las transiciones democráticas de América Latina reprendía a la víctima y se alineaba claramente con el victimario. El vergonzoso mensaje de Alvear –¡jamás repudiado o desautorizado por Lagos!- decía textualmente que “el gobierno de Chile lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de vidas humanas y de heridos, violentando la Carta Democrática Interamericana a través de esta crisis de gobernabilidad”.

En otras palabras, la cancillería chilena culpaba al gobierno de Chávez de violar la institucionalidad democrática y cargaba las tintas sobre un pasaje de la declaración del Grupo de Río que condenaba la “interrupción del orden institucional en Venezuela generada por un proceso de polarización”, proceso que se atribuía exclusivamente al gobierno bolivariano. El propio Lagos declaró, todavía en San José, que “se condena el hecho porque hubo una interrupción del orden constitucional. Ese es un hecho. Pero, por otra parte, nos parece muy importante la capacidad que tengamos de colaborar con las nuevas autoridades para salir adelante”, una manera muy sutil de reconocer a los golpistas. Y ese era el otro hecho: el golpe de estado. Pero de ese hecho Lagos no habló. Obediente a ese llamado a la colaboración formulado por su presidente, el embajador de Chile en Venezuela, Marcos Álvarez, no se demoró en hacer explícito su respaldo a los golpistas destacando que “el nuevo Presidente tiene una excelente relación con Chile”. En línea con las declaraciones de sus superiores se negó a calificar a la destitución de Chávez como un golpe de estado. Apenas unas horas después del arresto de Chávez dijo textualmente a varios medios de su país que “aquí no se ha hablado de golpe de estado. No lo ha habido (...) Hoy me asombra la tranquilidad y civilidad de este pueblo empapado de democracia durante 40 años. Las democracias, sabemos, también son imperfectas, pero son democracias al fin y al cabo”. Tiempo después Santiago procuraba despegarse de los dichos de su embajador y le solicitaría a Álvarez su renuncia al cargo. Pero el daño ya estaba hecho. [4]

Cabe preguntarse: ¿por qué los redactores de Latinobarómetro pasaron por alto un golpe de estado como el que efímeramente triunfara en Venezuela? No tenemos elementos para dar una respuesta definitiva aunque sí podemos arriesgar una conjetura, que es la siguiente: porque en la visión ofuscada e ideológicamente sesgada del pensamiento convencional de las ciencias sociales, pensamiento al cual adhieren los redactores del Informe, en Venezuela no hubo un golpe de estado sino una breve escaramuza institucional que fue resuelta en 48 horas. Claro que esta opción no es inocente porque al interpretar las cosas de esta manera se vela el accionar de la derecha, los golpistas, y la coalición reaccionaria que no vaciló en engañar al pueblo, asesinar a inocentes en la masacre de Puente Llaguno y quedar a un paso de producir un magnicidio, con las imprevisibles consecuencias que esto podría haber acarreado para la sociedad venezolana. Se oculta también un hecho que la historia confirma una y otra vez: que si la democracia logró consolidarse fue siempre y en todas partes a pesar de la oposición –a veces pacífica pero en muchos casos violenta- de la burguesía y la derecha política. Y que cuando aquella amenaza desbordar los muy estrechos límites de la democracia burguesa aún la derecha “más institucional y legalista” -caracterización que con harta ingenuidad se le atribuía a la derecha chilena a comienzos de los años setentas- no vacila en arrojar por la borda todos sus escrúpulos y apuesta todas sus cartas a la recomposición violenta del orden amenazado. Tal como Marx lo apuntara en un célebre pasaje de El 18 Brumario de Luis Bonaparte , la burguesía siempre preferirá “un final con terror al terror sin fin” materializado en el constante avance de los plebeyos y la amenaza a sus riquezas y privilegios. Esa fue la opción de la derecha chilena (incluyendo, obviamente, a la hipócritamente centrista y legalista Democracia Cristiana) el 11 de Septiembre de 1973 y esa fue también la opción de la derecha venezolana el 11 de Abril del 2002. Sólo que en este último caso la reacción popular le quebró la mano a los golpistas. Cosas como estas no pueden ser dejadas de lado en ningún análisis riguroso sobre la vida política de nuestros países. En estos casos, el silencio tiene un insoportable olor a complicidad.

La larga saga del golpismo latinoamericano

Pero, ¿fue el que se produjo en la República Bolivariana de Venezuela el único golpe que ignoraron los redactores del informe? Un breve recuento, sumario in extremis, indica que no. Que en realidad en los últimos 31 años hubo varios más.[5] Entre ellos, sobresalen los siguientes, también olvidados, y que apenas mencionaremos aquí.

El Salvador 1979

El 15 de Octubre de 1979 se produce el golpe de estado que depone al gobierno conservador del general Carlos Humberto Romero e instala una autotitulada Junta Revolucionaria de Gobierno. La creciente represión del depuesto presidente no lograba contener el impresionante crecimiento de la protesta social que a falta de canales institucionales de expresión se inclinaba cada vez con mayor decisión hacia la lucha armada, engrosando los cuadros del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Ante ello la respuesta oficial fue intensificar las operaciones represivas y dar rienda suelta a los paramilitares de la ultraderecha. Esto produjo el estallido de una guerra civil que se prolongaría entre 1980 y 1992 y que enfrentaría a las fuerzas armadas salvadoreñas con el FMLN hasta que, ante la imposibilidad de que alguna de las dos partes pudiera triunfar, se firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec en Enero de 1992. En los meses iniciales de la guerra civil se produjo el asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, ultimado mientras celebraba misa por un comando paramilitar de ultraderecha. Cabe señalar que el proceso político salvadoreño estuvo fuertemente influenciado por lo que estaba ocurriendo en otros países del área, muy especialmente Nicaragua, donde la prolongada lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional acababa de derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en Julio de 1979.

Bolivia 1978, 1979, 1980

El 24 de Noviembre de 1978 un golpe de estado comandado por el general David Padilla derrocó al también general Juan Pereda Asbún. El golpe declaraba su intención de democratizar la vida política del país convocando a elecciones generales, mismas que se efectuaron en Julio de 1979 consagrando el triunfo de Hernán Siles Zuazo. Dados los antecedentes del candidato y su gestión presidencial en 1956-1960 en la fase final de la Revolución Boliviana de 1952, tanto Estados Unidos como las dictaduras del Cono Sur presionaron fuertemente para evitar que el Congreso lo designara como presidente dado que en las elecciones no había alcanzado la mayoría absoluta de los votos. Ante la imposibilidad de lograr una mayoría parlamentaria que lo instalara en el Palacio Quemado el Congreso optó por designar provisoriamente a Walter Guevara Arce con el mandato de convocar a nuevas elecciones presidenciales en 1980.

No obstante, el 1º de Noviembre de 1979 un sangriento golpe militar -que dejó por lo menos un centenar de muertos y más de treinta personas desaparecidas- derrocó al gobierno. No obstante, la enconada resistencia popular hizo que el jefe de los golpistas, Alberto Natusch Busch, tuviera que presentar su renuncia un par de semanas después, ocasión en la que el Congreso designó como presidenta interina a Lidia Gueiler, fijándose además la fecha de la próxima elección presidencial el 29 de Junio de 1980. Realizadas las elecciones, luego de un fracasado intento de asesinar a Siles Zuazo mediante la voladura del pequeño avión que debía transportarlo durante su campaña electoral, el resultado de la misma lo consagró una vez más como ganador. Esto precipitó un nuevo golpe de estado, perpetrado el 17 de Julio de 1980, liderado por Luis García Meza y Luis Arce Gómez, dos políticos estrechamente vinculados al narcotráfico y a la dictadura militar argentina. El régimen encabezado por García Meza hizo del terrorismo de estado su principal instrumento de gobierno, dejando un luctuoso saldo de víctimas en todo el país. Acosado por las grandes movilizaciones populares debió ceder el poder el 4 de Agosto de 1981, abriéndose un período de transición que culminaría el 10 de Octubre de 1982 con la asunción de Hernán Siles Zuazo a la presidencia de la república, reconociéndose como válido el resultado de los comicios que tuvieran lugar en 1980.

Paraguay 1989

Un golpe de estado perpetrado el 3 de Febrero de 1989 bajo el liderazgo del general Andrés Rodríguez puso fin a la dictadura del general Alfredo Stroessner que había gobernado durante 34 años con mano férrea y haciendo gala de un rabioso anticomunismo que le valió el constante apoyo de Washington. Entre las principales medidas tomadas por Rodríguez se cuentan la legalización de los partidos de oposición (antes el único reconocido legalmente era el Partido Colorado), el encarcelamiento y posterior exilio de Stroessner, la abolición de la pena de muerte y la derogación de la ley marcial, en vigencia durante unos treinta años. Poco tiempo después convocaría a elecciones y su candidatura triunfaría por estrecho margen sobre sus competidores, dando inicio a un proceso de institucionalización democrática que, pese a sus limitaciones, continúa hasta el día de hoy. Las razones profundas que pudieron haber motivado su golpe en contra de quien era no sólo su socio comercial sino también su consuegro son aún desconocidas, pero con el derrocamiento del stroessnismo se abrió una nueva página en la vida política del Paraguay.

Haití 1988, 1990, 1991, 2004

Es bien conocida la inestabilidad que caracteriza la vida política de la primera nación en conquistar su independencia en América Latina y el Caribe. Haití pagó muy cara su osadía: emanciparse del yugo francés y abolir la esclavitud desencadenó una serie de represalias de su antigua metrópolis y sus aliados en el “mundo libre” que convirtieron a una de las más valiosas joyas coloniales del Caribe en el país más pobre del hemisferio occidental.

En Junio de1988, un golpe de estado derrocó a Leslie F. Manigat, quien había triunfado en las primeras elecciones libres del país organizadas una vez concluida la dictadura de Jean-Claude Duvalier. El autor del golpe fue a su vez derrocado por otro golpe, perpetrado por Prosper Avril en Septiembre de ese mismo año. En Marzo de1990 Ertha Pascal-Trouillot es designada presidenta provisional, para ser a su vez derrocada por un golpe en Febrero de 1991. Jean-Bertrand Aristide, que había triunfado en las elecciones es derrocado el 30 de Septiembre de 1991. Exiliado por unos años, regresa en 1994 para concluir su mandato. Re-electo en 2001, un nuevo golpe lo desaloja del poder en 2004.

Conclusión

El pensamiento hegemónico en el mundo de las ciencias sociales idealiza no sólo los procesos económicos al proponer falsas y absurdas teorías sobre el “efecto derrame”, por ejemplo, según la cual en un cierto momento la acrecentada riqueza de los más ricos tropezaría con un límite que haría que proporciones crecientes de aquélla comenzaran a “derramarse hacia abajo” aliviando de este modo la pobreza de los más pobres. El saber convencional también hace lo propio con la política, al postular una concepción igualmente errónea de la democratización que nada tiene que ver con los violentos y complejos procesos que en el mundo real hicieron posible que un reducido grupo de naciones construyeran un estado y una sociedad democráticas.

Entre otras cosas el paradigma hegemónico en la ciencia política convencional persuade a sus cultores que sólo lo que se puede contar cuenta, y que se puede hacer un buen análisis político prescindiendo del estudio de los condicionantes estructurales y el influjo de los factores históricos. Errónea visión que, dado el colonialismo cultural que prevalece en la periferia del imperio, va de la mano con la aceptación acrítica de los presuntos “desarrollos teóricos y metodológicos” procedentes de la academia norteamericana a la vez que rechaza, con similar enjundia, los aportes que el pensamiento crítico ha realizado para el análisis de los grandes temas de la realidad latinoamericana

Esta radical distorsión ocasionada por una teoría que es poco más que la codificación de las ideas dominantes en la sociedad actual -que, como Marx y Engels lo señalaran en La Ideología Alemana, son las ideas de la clase dominante- ha propiciado la proliferación de visiones idílicas sobre los “avances democráticos” en América Latina y el Caribe, concebidos como una flecha ascendente e irreversible hacia la democracia liberal definida según el ejemplo del bipartidismo norteamericano. Componentes centrales de este modelo democrático son el presuntamente virtuoso “corrimiento hacia el centro” del espectro político y la exaltación de la buena gobernanza entendida, claro está, como la congruencia entre las políticas públicas del estado “democrático” y las preferencias de los amos del mercado. Se comprende que a la luz de estas premisas ideológicas fenómenos como el chavismo o la experiencia gubernativa de Evo Morales y Rafael Correa, para no hablar de la Revolución Cubana, no sean otra cosa que aberrantes desvíos o francos retrocesos del “correcto” rumbo de la historia.

Una concepción como esa no puede sino ignorar los grandes conflictos sociales y la violencia que signaron los progresos democráticos en el mundo desarrollado, conflictos y violencia que también se despliegan en los países de la periferia como producto de la tenaz resistencia que las clases dominantes oponen a las luchas populares por la democracia. Una visión idílica, que concibe a la democracia como el terso despliegue de una voluntad democratizadora al margen de reacciones, restauraciones y contramarchas -es decir, al margen de la lucha de clases- es igualmente inepta para dar cuenta de las reiteradas tentativas de revertir los avances democráticos, por imperfectos que sean, y para restaurar por la vía autoritaria del golpe de estado un orden predemocrático congruente con los intereses dominantes. [6] Al idealizar a las muy imperfectas “democracias realmente existentes” de la región (repetimos: en su mayoría, plutocracias travestidas) el golpe de Honduras apareció ante los ojos de los redactores del Informe Latinobarómetro 2009 como un insólito rayo caído luego de treinta y un años de cielos serenos. Los golpes de estado en Bolivia, El Salvador, Haití, Paraguay y Venezuela tanto como las turbulentas sucesiones presidenciales experimentadas por varios países fueron ignorados en medio del desaprensivo entusiasmo generado por los avances de lo que Samuel P. Huntington (paradojalmente, uno de los teóricos más enconadamente adversarios de la democracia) denominara la “tercera ola democrática”. Con esas anteojeras teóricas los numerosos golpes de estado de las tres últimas décadas simplemente se invisibilizaron, y los redactores del Informe cayeron víctimas de este engaño.

Notas:
1] Cf. Informe Latinobarómetro 2009, http://www.latinobarometro.org/
2] José Manuel Fernández , “Sobre la participación de España y de EEUU en el golpe de estado de Venezuela”, en http://www.nodo50.org/plataformabolivariana/Documentacion/Documentos/GolpeParticipEsp.htm
3] Luis Moreiro, “Condenó el Grupo Río la ruptura democrática”, en La Nación (Buenos Aires) Sábado 13 de Abril de 2002.
4] Cf. Sergio Ramírez S., “Plena coincidencia con los golpistas venezolanos”, 22 Abril 2002, en http://www.rodelu.net/ramirez/ramire82.htm
5] Conste que estamos excluyendo de esa caracterización de “golpe de estado” a los recambios presidenciales que tuvieron lugar como consecuencia de grandes movilizaciones populares que se resolvieron al interior de los mecanismos de sucesión institucionalmente establecidos. Casos de De la Rúa, Argentina 2001; Sánchez de Lozada y Mesa, en Bolivia 2003 y 2005; Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, en Ecuador en 1997, 2000 y 2005; Collor de Mello, en Brasil 1992; Carlos Andrés Pérez, Venezuela 1993 y Cubas, en Paraguay 1999 entre otros. Tampoco tomamos en cuenta casos como los del “autogolpe” de Alberto Fujimori, ocurrido el 5 de Abril de 1992 en el Perú. Si tuviéramos que contar todos estos casos la cronología de la inestabilidad política en esta “tercera ola democrática” en América Latina sería mucho más extensa de lo que el saber convencional de la ciencia política está dispuesto a reconocer.
6] Sobre las “democracias realmente existentes” en América Latina ver nuestro Aristóteles en Macondo. Notas sobre el fetichismo democrático en América Latina (Córdoba: Espartaco, 2009) y “La verdad sobre la democracia capitalista”, en Socialist Register en Español (Buenos Aires: Centro Cultural de la Cooperación y CLACSO, 2006), pp. 45-78. El hilo conductor de estos trabajos es un análisis crítico del uso (y abuso) del término “democracia” para referirse a gobiernos que, salvo contadas excepciones, son apenas oligarquías o plutocracias apenas disimuladas bajo los ropajes exteriores de la democracia.

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Elecciones en Chile. El mito del cambio en Sebastián Piñera

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Su insistencia en el cambio se presenta como un contrasentido.

De transformarse en jefe de estado, tiene a su alcance un reducido espacio de poder y un estrecho margen de maniobra para cambiar políticas públicas exitosas y asentadas en 20 años de gobiernos de la Concertación.

Su aspiración, aunque loable se ve poco práctica.

Tomemos el ejemplo de Barack Obama.

Venció proclamando cambio, los ha habido, por cierto la imagen. Aunque gran parte de su programa se ha bloqueado por la agenda neoconservadora instalada hace 30 años.

Veamos Alemania. En 60 años de gobiernos post segunda guerra, al menos 25 de ellos han estado dominados por la social democracia y en los restantes, el “input” social demócrata en la administración ha estado vigente, o ha servido de puente de salvación al gobierno conservador.

Cuál es ese input: concebir el rol del estado como clave en el bienestar y la seguridad social, y forjar un grado consensuado de regulación del sistema económico para que la economía no se despegue de la sociedad.

Ha sido prácticamente imposible en la Alemania post 1945, erradicar ese sello “socialistoide” para algunos, en la administración del bien público.

Es el principal problema que enfrenta el cambio de Sebastian Piñera.

En Chile se instaló en 20 años una agenda pública de tipo socialdemócrata con respetables grados de consolidación que le será difícil desmantelar en cuatro años.

En el plano que sea, la coalición de centro-izquierda ha dejado un sello de progreso y que amenazarlo con un cambio radical – en sustancia- sería venturoso y hasta desestabilizador.

Pocas veces, una oposición de derecha tan contraria a la concepción de gobernar de la centro-izquierda que ha sido abierta hasta límites permisibles, podría amenazar la estabilidad de Chile como en esta oportunidad que se le presenta para gobernar.

Es otro contrasentido porque voceros y analistas de la misma oposición consideraron esta apertura como un tipo de cogobierno. De allí la incertidumbre. ¿Por qué tanto encono entonces?

El movimiento anti Concertación ha sido eficaz porque los medios en un 90 o, 95 %, han mostrado una faz claramente anti Concertación durante un largo período.

¿La pregunta es por qué? si la coalición de gobierno ha logrado estabilidad interna y prestigio internacional.

Los que controlan esos medios, no pueden sustentar el juicio de que la Concertación conducía a otra Unidad Popular 1970.

Tampoco es creíble el argumento de la corrupción. La corrupción forma parte del arte de gobernar y dirigir empresas privadas. Aunque se rebata, es consustancial al poder de las elites, está en el poder corporativo que se analice. La causa puede estar en otro lado.

Los problemas graves no solucionados condicionan cada vez más la administración del Estado en un sistema capitalista que muestra síntomas de fatiga económica y política desde hace varias décadas.

Esta se hecho más evidente a partir de los años 80, con la aplicación del ajuste estructural a las economías. El ajuste no pudo reformular el sistema político que lo sustente y funciona con la coerción.

La derecha y su candidato, niegan este diagnóstico porque precisamente son parte del problema. Propician una rigidez ideológica asentada en que “la única forma de solventar el sistema es mediante la gestión de las finanzas y la seguridad”, y reducir el rol del Estado. El modelo Bush.

Una economía política de mensaje simple basada en un libre mercado sin regulación, y aplicando más coerción.

Hay un virtuosismo en la postura vaga sobre el cambio, porque la oposición de derecha forma parte integral de los errores de la Concertación.

El punto es crear desconfianza hacia el Estado, y para vencer dependen de esa desconfianza generada desde que asumió la Concertación.

Uno lee, y no encuentra en los programas de Piñera un meollo acerca de cuál es el cambio sustantivo. Lo que se recoge es una aseveración de que el esquema de gobierno se centraría en una mejor gestión de las finanzas y la seguridad.

Esto no es suficiente para el nivel de carencias que todavía existen y por la situación que se genera de un progresismo interrumpido en caso de que la Concertación salga del gobierno.

Lo del progresismo interrumpido y el clima de amenaza a la estabilidad no es propaganda del comando de Frei. Son millones de personas que ven amenazadas conquistas sociales restituidas por la Concertación y que es expresado en la alta adhesión al Gobierno.

Es probable que el problema de fondo no esté en que la Concertación pierda el poder. El problema consiste en lo que Piñera desea proyectar, y que no es lo que es.

Y está la incertidumbre respecto al Estado. No es poco.

Foto: Chile, política - Sebastián Piñera, candidato a presidente. / Autor: EL REPUERTERO

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Entrevista a Jorge Majfud: “Yo también elegiría a Lula pero sólo le creería al Che Guevara”

Miguel Ángel García

Pasados los resúmenes de rigor que tendemos a hacer al finalizar un año, procedemos a preguntarnos cómo será el nuevo que se inicia. Los astrólogos se convierten en estrellas de la televisión. Todos -hasta los más incrédulos- queremos saber por adelantado cómo nos irán las cosas este año. En esta entrevista con Jorge Majfud buscamos una síntesis, según su punto de vista.

-¿Cómo ve el mundo en la nueva década que enfrentamos?

-En la mayoría de las lenguas europeas, cuando nos referimos al futuro lo visualizamos y lo verbalizamos como algo que está adelante. “Más adelante veremos que…” El pasado está atrás; “a lo pasado, pisado…” En pueblos más contemplativos como el griego, el pasado es lo que está hacia adelante, porque es lo que se puede ver. El futuro no, por lo tanto, para el griego el futuro está hacia atrás, a nuestras espaldas, llegando y pasando por nosotros para luego convertirse en hechos y memoria. En nuestra civilización, los protagonistas somos nosotros, no el tiempo ni la historia, somos los caminantes que hacen camino. En versos de Machado, “…al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Para nosotros el futuro es lo que está por delante al caminar y, no sin paradoja, es lo que menos claramente podemos ver. Apenas podemos predecir el movimiento de un huracán mirando Google Earth o creyéndole a The Weather Channel, pero no podemos predecir casi nada sobre un huracán que todavía no se ha formado. Aún así, la sabiduría consiste en saber pre-ver y si acaso pre-decir…

-Voy a ser más específico. ¿Cómo ve el mundo en el 2010?

-La obsesión por parecerse a Estados Unidos, maldiciendo todo lo norteamericano, seguirá su marcha triunfal. Mientras, Estados Unidos se aproxima a un capitalismo de estado, mientras maldice el modelo chino.

-¿No cree que China representa una alternativa al imperialismo americano?

-Sí. China es una alternativa al imperialismo americano, pero no una alternativa al imperialismo. Ni siquiera es una alternativa al imperialismo a la americana.

-En veinte años China será el país más rico del planeta.

-Sí. Pero la mayoría de la población china no alcanzaría el nivel económico per cápita de los norteamericanos antes de 2080 o 2100. Esto suponiendo que todas las tendencias de hoy sigan sin cambios durante medio siglo. No olvidemos que en veinte años China tendrá una población dramáticamente envejecida.

El progreso económico es importante y casi indispensable para sacar a una población del hambre y del atraso. No obstante este tipo de progreso-euforia medido según el porcentaje anual del PIB y en la mentada “capacidad de consumo” de sus habitantes es una forma casi animal de avanzar. Por algo la conducta de la bolsa de Wall Street se define como bull market (toro) o bear market (oso) según avanza atropellando o se retira precavido. Por otra parte, aun suponiendo que este parámetro de medir el éxito de una sociedad fuese el mejor, aún así queda claro que a la humanidad se les han acabado las ideas.

Pensemos en los últimos mil años, para no ir muy lejos. El humanismo en el siglo XII, el Renacimiento, el capitalismo burgués, el Iluminismo del siglo XVIII, las sucesivas revoluciones americana, la revolución francesa, la revolución industrial, el nacimiento del liberalismo y del marxismo, las democracias representativas, los movimientos de liberación de todo tipo y color, como el feminismo, el poscolonialismo, la lucha por los derechos de negros, amarillos, verdes, homosexuales, etcétera. Todos fueron, a su tiempo, propuestas radicales que desafiaron las convicciones unánimes de sus épocas, movieron los estamentos más profundos de las sociedades y, al menos desde mi punto de vista, significaron nuevos pasos hacia el progreso de la liberación del individuo. No sin retrocesos dramáticos, no sin nuevas formas de explotación y tiranías, claro.. Ninguna nueva idea, por virtuosa que sea, se impuso nunca sin la resistencia del poder de turno. Pero con sangre o sin ella se fue creando una nueva conciencia social e individual que hoy predomina.

Ahora, si nos preguntamos qué es lo nuevo que tiene nuestro tiempo para ofrecerle a la historia no encontramos nada.

-Pero todo tiempo tiene algo bueno. ¿Qué es lo bueno de nuestro tiempo?

-Cierto tipo de resistencias sociales que se conocen como grupos que luchan a favor de algo que tiene sus raíces en el humanismo más temprano, del que hablábamos. Todos referidos a derechos humanos en general y con nombres y acciones específicas, como el derecho de los niños, el derecho de las mujeres, el derecho de los pobres, el derecho de las parejas homosexuales a la igualdad civil, etcétera.

La lucha de los grupos ecologistas es otra de las resistencias propias de nuestro tiempo, pero no son suficientes como para constituirse en una propuesta revolucionaria, en una alternativa a la obsesión central, que es el incremento del PIB. GDP, Gross Domestic Product, éste es el lema universal que guía los gobiernos y los agentes más poderosos de la sociedad global.

Como lo venimos mencionando desde hace años, quizás lo nuevo que tiene nuestro tiempo para ofrecerle a la historia es la radicalización de la democracia directa. Otra vez, esta novedad no es más que la radicalización de la democracia representativa que a su vez fue la radicalización del Iluminismo que a su vez fue la radicalización de la crítica humanista. Pero hoy por hoy siento que ese camino es más oscuro y empedrado de lo que pensábamos a finales del siglo XX. Uno de los instrumentos de ese fenómeno es Internet, que al igual que la imprenta en el siglo XV, los libros de bolsillo del siglo XVI, la prensa escrita del siglo XIX y los mass media del siglo XX sirvieron tanto para democratizar la información, la cultura y, consecuentemente, el poder pero también sirvió para esclavizarla. La Era digital se encuentra en un estado de inmadurez senil. Es decir, a medida que los medios de comunicación se perfeccionan, los individuos, los supuestos fines, se convierten en otros medios. Somos consumidores que nos creemos individuos libres. Nos estamos alienando, aislando, al tiempo que nos enorgullecemos de lo conectados que estamos. Como los insectos, volamos hacia la luz y nos quemamos en el fuego.

-¿Qué líder mundial sería el modelo a seguir?

-En este sentido, no hay líderes mundiales. Seguramente tampoco son necesarios. Lo que hay, y mucho, son productos publicitarios construidos en el discurso del PIB, de la megalomanía, de la excusa del pragmatismo. En la cultura de lo nuevo no hay ninguna idea nueva. De hecho lo que hoy se considera sabiduría es el éxito económico y éste se comporta ante los presidentes y ante los economistas como el número de la lotería. Quienes aciertan recuerdan que soñaron con ese número. Los astrólogos olvidan sus cien errores y repiten su único acierto. Mañana será otra historia y así vamos erráticos, consumiendo discursos triunfalistas por aquí, explicaciones del fracaso por allá.

-¿No le cree a ningún político?

-A ninguno. A unos menos que a otros, pero al fin a ninguno. Ni a Obama ni a Hu Jintao, ni a Lula ni a los Kirchner, ni a Uribe ni a Chávez, ni a Sarkozy, ni a Putin, ni a nadie. Lo único que creo es que cada uno organiza su discurso según las conveniencias del momento. De vez en cuando se estrechan las manos, un beso y un abrazo. Luego, según el precio del petróleo cae o las bolsas se hacen el oso, uno amenaza al otro con alguna acción o sólo de palabra y todo sirve para ir creando ese nivel de de conflicto necesario para mantener el crecimiento anual del PIB por encima del equis por ciento y a la vez consolidarse en la conciencia de sus votantes que todavía en la sociedad global sufren de la trampa de los nacionalismos.

-¿Lula o el Che Guevara?

Si me dieran a elegir hoy un presidente entre Lula y el Che Guevara, elegiría a Lula, pero la verdad que sólo le creería al Che.

Foto: Jorge Majfud es escritor y profesor uruguayo, radicado en Estados Unidos. / Autor: WIKIPEDIA

Miguel Ángel García es periodista mexicano.

Jorge Majfud es escritor y profesor uruguayo, radicado en Estados Unidos.

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Sobre la lucha obrera en Argentina o ¿por qué sucedió Terrabusi?

Enrico Simonetti (especial para ARGENPRESS.info)

La lucha de los obreros y obreras de la fábrica ex - Terrabusi puso en el centro de la escena política, por primera vez en todo el ciclo kirchnerista, a la lucha de la clase obrera ocupada y sus potencialidades para conmover la política nacional. Hasta entonces la contienda política en Argentina venía teñida de cabo a rabo por los colores de la derecha y la oposición burguesa al gobierno. Así, entramos en un nuevo capítulo de la crisis capitalista en nuestro país. Inclusive, es posible que esta lucha trace las formas que irá asumiendo el cada día más acentuado ascenso político del movimiento obrero. Su principal elemento hay que verlo en el incremento en la conciencia obrera de la independencia política como clase. El desarrollo profundo de este elemento es el principal acicate para la entrada en Argentina de un nuevo proceso revolucionario.

Los capítulos de la crisis capitalista en nuestras latitudes

Desde un análisis materialista de la realidad social hay que empezar por tener en cuenta el fenómeno más universal, más abarcador que, al mismo tiempo, se traduce y expresa en las multiplicidades más específicas, más concretas y determinadas. En la sociedad actual, la realidad más universal es el hecho de que la producción social de la vida se realiza por medio de la explotación capitalista del trabajado asalariado. Es decir, que la relación entre el capital y el trabajo es la fundamental de la sociedad que vivimos. La característica particular del momento presente es que esta relación se encuentra en los inicios de, quizá, su peor crisis histórica. Por eso la crisis capitalista mundial es el fenómeno más destacado del presente. A modo analítico podemos establecer una división cronológica de los momentos que viene atravesando la crisis en Argentina, según los acontecimientos más relevantes de la lucha de clases.

El primer capítulo de la crisis estuvo signado por el conflicto entre el gobierno nacional y las patronales agrarias, conformando un frente burgués opositor con base social entre las clases medias de la ciudad y el campo y simpatías en franjas de los sectores populares. Este capítulo se cierra con la derrota del gobierno nacional en el senado. Así la sociedad argentina queda polarizada entre dos bandos patronales: el agro-exportador representado por “el campo” y la oposición política (UCR, PJ disidente), y el “industrial” representado por el gobierno de Cristina Kirchner.

El 2º capítulo de la crisis comienza con el voto “no positivo” de Cobos en el Senado, al mismo tiempo que, en el plano internacional, en septiembre de 2008 hace eclosión la Bolsa de Wall Street y con ella arrastra al precipio financiero a la economía mundial. Bancos, bolsas de inversión, pulpos insignes del capitalismo caen unos tras a otros ante los ojos de millones a lo largo y ancho del mundo. Así, la crisis capitalista comenzó a acelerarse, entrando en un proceso masivo de destrucción de fuerzas productivas, y con ellas, de fuerza de trabajo. Desde entonces se cuentan en todo el mundo un incremento de 50millones de nuevos desocupados, llegando ya a los 200 millones de desempleados en total… una verdadera pandemia social.

Durante todo este 2ª capítulo, la irrupción de la crisis en nuestro país tuvo un desarrollo acelerado, produciendo una contracción importante de la producción económica, una masiva fuga de capitales, inflación galopante, depreciación de la moneda y con ella del salario de los trabajadores y, al ritmo de la tendencia mundial… unos 400.000 despidos, es decir, un quiebre significativo de la relación entre el capital y el trabajo, lo que viene traduciéndose en luchas moleculares de resistencia obrera en busca de mantener los puestos de trabajo. En el medio se produjeron dos acontecimientos significativos: las elecciones legislativas donde el kirchnerismo sufrió una derrota política importante y el golpe de Estado en Honduras, ambos el último 28 de Junio. Estos dos hechos podemos decir que marcan el cierre del 2º capítulo de la crisis capitalista en nuestro país y abren la entrada al 3º que, a todas luces se expresa en la lucha de los trabajadores de la ex – Terrabusi.

Terrabusi: punta del iceberg de la emergencia obrera

¿Qué cambia con lucha de los trabajadores de Terrabusi? ¿De qué fenómeno es expresión? ¿Qué nuevas tendencias anuncia?

El estallido de esta crisis ha impactado en las clases sociales, radicalizándolas en sus políticas, objetivos, tareas y métodos. Y esta radicalidad afecta tanto a la burguesía como al proletariado. Desde entonces, todos los elementos que se encontraban procesándose lentamente en el período anterior comenzaron a agudizarse, acelerando su desarrollo. El continuo desarrollo de estos elementos lo hará crecer en cantidad y combinarse con otros produciendo nuevos, superiores, cualitativamente distintos a los anteriores. La lucha de Terrabusi expresa un salto de calidad de este proceso y anuncia elementos de esta nueva etapa. Pero para comprender la nueva etapa que se está abriendo es necesario analizar las bases sobre las que esta emergiendo esta nueva generación de luchadores obreros que, tarde o temprano, será parte directiva de los principales acontecimientos de la lucha de clases.

La recomposición del movimiento obrero

La crisis capitalista como factor revolucionario en la lucha de clases

¿Qué entendemos cuando decimos que la crisis capitalista actúa como un factor revolucionario en la lucha de clases? Para esto, es necesario delimitar el concepto de factor y de su atributo, revolucionario. Un factor es una determinación histórica que actúa sobre el resto. Un factor es una determinación, en movimiento, que actúa sobre la formación social de la que es parte, condicionándola en alguna medida. La división en clases sociales es un factor de determinación estructural de la sociedad actual. El Estado un factor de determinación superestructural. El primero es un factor de determinación orgánico, condiciona al segundo en primer lugar. El segundo lo condicionada, pero mediado por un conjunto de determinaciones secundarias. El funcionamiento de la estructura determina el funcionamiento de la superestructura. Cuando la primera entra en crisis actúa desestabilizando a la segunda.

La conciencia de la clase obrera es un elemento de la superestructura, como toda la ideología y la subjetividad humana en general. El movimiento del desarrollo de las fuerzas productivas durante un período “normal” y estable dentro del capitalismo imprime una dinámica de apaciguamiento relativo de las contradicciones de la sociedad. En cambio en períodos de crisis, aumenta la tensión de las contradicciones y se incrementa el ritmo de desarrollo (o mejor dicho, de descomposición) de las fuerzas productivas. Y esto implica el desarrollo, en la conciencia social, de nuevas formas de pensamiento, entrando en crisis las viejas formas de comprender el funcionamiento de lo social. La crisis, por esta razón, es un factor catalizador de la conciencia. Y en este plano es revolucionario su actuar.

¿Cuál es el sentido político de esta crisis en la conciencia social?

La crisis capitalista amenaza con convertirse en una profunda depresión económica a escala global. Luego de décadas de triunfalismo capitalista encarnadas en la ideología neoliberal, las masas del mundo ven desplomarse las proclamas de que el mercado tiene la capacidad de asegurar el bienestar o, en todo caso, que sea la única forma de sociedad posible. El que cae no es el Muro de Berlín sino el de Wall Street. El que cae no es el stalinismo usurpador de las banderas del socialismo, sino el imperialismo norteamericano saqueador de nuestras sociedades. Ningún gobierno del mundo, ninguna clase dominante está en condiciones de salir de la crisis sin pasar por una más o menos acentuada crisis social, cuando no política. En el plano de la conciencia social, decíamos, se esta volviendo un factor determinante y en sí mismo revolucionario. Lo revolucionario estriba en un doble aspecto. Uno objetivo, anclado en el quiebre forzoso de la relacion capital-trabajo y otro subjetivo como relatamos recién.

El aspecto objetivo es parte del proceso central por el cual el modo de producción capitalista se deshace de toda la cantidad necesaria de fuerzas productivas que “le sobra” para continuar produciendo. Así, a término de 2009 se consumaron aproximadamente más de 50 millones de despidos en todo el mundo. El conflicto en Kraft-Terrabusi fue una expresión de esta tendencia mundial. La patronal norteamericana planea realizar un ajuste de personal en toda América Latina. En Argentina pretendió echar a uno de los tres turnos de trabajo -casi 1000 obreros-, de modo de pasar de un régimen de trabajo de 8 horas diarias a uno de 12 horas. De esta manera aumentaría la explotación de la fuerza trabajo y bajaría costos salariales. Pero se chocó con la organización y conciencia de la clase trabajadora acumulada en todo este nuevo ciclo de recuperación de fuerzas. Es decir, la crisis y las formas de solución que impone la burguesía, ya están haciendo eclosión con el nuevo movimiento obrero, joven y combativo. Entonces, lo re
volucionario es que este quiebre de la relación social fundamental de la sociedad capitalista empuja objetivamente a la lucha de clases y derriba la paz social necesaria para el funcionamiento estable del régimen capitalista.

Con esta acción destructiva de las patronales, los trabajadores ven con sus propios ojos que la crisis económica busca solucionarse haciéndosele pagar. Esto aumenta el desprestigio de clase empresaria y la sitúa en la vereda de enfrente de quienes trabajan diariamente. El ejemplo de Kraft nos marca el camino inverso: que los trabajadores pueden resistir el intento de la patronal de “socializar” los costos de crisis…. Y en Zanón encontramos el ejemplo en el cual los trabajadores pasaron de la resistencia a hacer carne la consigna central de hoy: “que la crisis la paguen los capitalistas”. De ahi que la ocupación obrera de planta se vuelva una necesidad del presente ante los ataques patronales.

Fortalecimiento social de la clase

Durante el período comprendido entre el 2003 y fines de 2006 la clase trabajadora se vio fortalecida socialmente con la creación de casi 4 millones de puestos de trabajo. La industria ocupó el primer lugar en la generación de empleo representando más del 20% del total, llegando a ocupar más del 90% de su capacidad instalada. Estos elementos nutrieron las filas del proletariado industrial de una nueva generación con atributos sociales y subjetivos distintos que explican parte del proceso de recomposición política del movimiento obrero.

Esta nueva generación es mayoritariamente joven, entre los 18 y los 35 años de edad. Esto tiene como elemento subjetivo que no sufre la carga en sus espaldas de la última gran derrota de la clase trabajadora en manos de la dictadura militar de Videla y compañía. De igual modo, esta generación ha visto mejorar su situación económica, puesto que antes de conseguir trabajo en estos establecimientos fabriles había vivido, siendo más o menos joven, el desierto de la desocupación de la década del 90´. Por su puesto, y esto se constata hablando con cualquiera de estos trabajadores, ninguno quiere volver a vivir esa realidad, por lo que la defensa de su trabajo se vuelve para ellos de una importancia decisiva. En la conservación de su condición encuentra hoy esta nueva generación las bases más sólidas de su lucha.

Este agregado cuantitativo a la clase obrera argentina no sólo aumenta su fuerza numérica y la dota de mayor peso social sino que, al mismo tiempo, la transforma en calidad, aportándole una nueva generación joven que viene revitalizando los procesos de lucha y organización al interior de los lugares de trabajo. En este sentido estamos en presencia de un nuevo movimiento obrero, caracterizado por el nuevo ciclo de la lucha de clases abierto con la rebelión popular de 2001-2002.

Los métodos de la rebelión popular en el nuevo movimiento obrero

Esta nueva generación obrera es hija directa de la rebelión popular de 2001-2002, lo que modificó la relación de fuerzas entre las clases sociales en Argentina, disponiendo a los trabajadores en mejores condiciones para organizarse y luchar por sus demandas.

Gran parte de sus actuales métodos de organización y lucha tienen ejemplo en las asambleas barriales de sectores medios y desocupados gestadas al calor de la rebelión popular; donde se hacía ejercicio vivo de la más profunda democracia directa. Así como en la herramienta de lucha más popular de la Argentina actual: el corte de calle o ruta. En todo el nuevo proceso de re-composición obrera se combinan estos dos elementos: la democracia de base y la acción directa en las calles. El primero se traduce, en general, en lucha antiburocrática, mientras que el segundo pone al movimiento obrero en experiencia directa con el aparato represivo del estado. En el plano anti-patronal la lucha no se traduce, todavía, en un ataque directo –es decir, en la ocupación obrera del establecimiento-, sino en paros, bloqueos de salidas de camiones con mercadería, u tomas parciales de planta, excepto cuando las patronales realizan un lock-out y a los obreros se les plantea objetivamente la toma de planta como una necesidad de supervivencia.

Esta transmisión de experiencia, ya sea por participación directa de fracciones obreras en acciones siendo desocupados, y ahora las incorparan en sus lugares de trabajo o por el hecho de seguir el ejemplo, explica estos elementos de recomposición organizativa y el espíritu de combatividad que se expresa en esta nueva generación.

Debilitamiento histórico de la burocracia sindical

Durante el proceso de rebelión popular de 2001-2002, no irrumpió de forma masiva la clase trabajadora ocupada. Así, el régimen político burgués no vio atacada una de sus instituciones de dominio central: la burocracia sindical y sus poderosos sindicatos maniatados al estado. O sólo lo hizo de forma parcial. De hecho, durante todo el período del gobierno de De la Rúa la central sindical que agrupa al proletariado industrial (corazón de la estructura productiva), la CGT, estuvo en la oposición política, realizando varios paros generales.

En el actual contexto político, donde gobierna el Partido Justicialista y el líder de la central sindical, Moyano, pertenece a la cúpula del peronismo… la situación es bien distinta. Si bien durante estos años, la burocracia de la CGT y también de la CTA, hicieron bandera de los “triunfos” económicos del gobierno, como la creación de casi 4 millones de puestos de trabajo, hoy las cosas han empezado a invertirse: la crisis capitalista carcome las bases de cualquier política “populista” o “progresista” y ahora la burocracia tiene que dar la cara ante los trabajadores de los planes patronales de ajuste. Será la tercera vez que las direcciones sindicales del movimiento obrero argentino post-dictadura (primero con la crisis del 89' y segundo con la crisis del 2001) tendrán que evitar que los trabajadores rompan los chalecos de fuerzas burocráticos... y cada vez estos chalecos están más débiles.

En los 90' una fracción de la clase buscó una vía alternativa a la dirección burocrática de la CGT y formó la CTA... pero hoy ambas centrales tienden a parecerse cada vez y la única alternativa que vienen encontrando los trabajadores es su propia organización independiente de ambas direcciones, e inclusive contra ellas y sus maniobras crecientemente antiobreras. De esta manera, caracterizamos que la burocracia sindical, en todas sus formas y colores políticos, desde la más reaccionaria hasta la más progresista, se encuentra en una crisis histórica, que viene posibilitando el surgimiento de un tercer actor político en el movimiento obrero, objeto de los análisis que venimos desarrollando.

Democracia fabril y poder obrero

La democracia de base toma formas diversas según el tamaño del establecimiento, la tradición de la fábrica, la conciencia de los trabajadores, la inserción de la burocracia en la planta y el grado de inserción de corrientes políticas independientes de los partidos patronales. Pero la democracia no es sólo una cuestión de método, que podría oponerse al método burocrático y verticalista de los dirigentes sindicales patronales o reformistas, sino que en su seno se halla el germen y la condición de posibilidad del desarrollo de una política socialista y revolucionario dentro del movimiento obrero. Esto, por supuesto, no significa que al ya haber democracia obrera en un establecimiento la política de los obreros sea directamente revolucionaria. Pero sin el desarrollo de la democracia de base es imposible el desarrollo de la conciencia de clase y su elevación política a una conciencia socialista en donde los trabajadores asuman la tarea estratégica de luchar por un gobierno obrero.

En relación a esto Gramsci planteaba que “las comisiones internas, desarrolladas y enriquecidas deberán ser mañana los órganos del poder proletario que sustituye al capitalista en todas sus funciones útiles de dirección y de administración” . Es decir, que las comisiones internas –como las de Kraft, Subte, por poner ejemplos actuales- como organismos de representación obrera democrática, basadas en asambleas y cuerpos de delegados, tienen como tarea histórica convertirse en organismos obreros de gobierno… en contraposición al comando burgués en la planta y en el Estado. En Argentina el ejemplo reciente más significativo de poder obrero a nivel fabril es el de Zanón, donde los trabajadores ocuparon la planta y la pusieron a funcionar bajo su control, planificando y administrando el conjunto de la producción.

De la necesidad del partido revolucionario

Los trabajadores, además de necesitar organismos de masas amplios y democráticos (soviets, consejos o juntas obreras, coordinadoras interfabriles, cordones industriales,etc.) mediante los cuales unificarse en millones y ejercer el control de la producción, necesitan dotarse de una organización política que oriente estas tareas en un sentido superador de las condiciones sociales del capitalismo. Es decir, una herramienta de lucha que nuclée a la fracción más experimentada, combativa y conciente de los interés del conjunto de la clase y sus aliados entre los oprimidos.

Hablamos de la necesidad de un partido político de la clase trabajadora. Pero no de cualquier partido, puesto que un partido donde halla millones de trabajadores no es necesariamente un partido revolucionario. Lo cuantitativo no es nada sin una determinación cualitativa, de una conciencia. Para eso es necesario que esos trabajadores estén dotados de un programa de transformación y una estrategia socialista. Ambos elementos insoslayables para cimentar un partido que se diferencie históricamente de los demás y se plantee como el orientador de las mas amplias masas trabajadoras, campesinas, medias, estudiantiles, etc. Un partido que, siendo la fracción más conciente de la clase, tenga la capacidad de hegemonizar una alianza de clases revolucionaria, popular y de masas para enfrentar el régimen burgués y sentar las bases un gobierno obrero y popular, como antesala para la extensión del socialismo a escala internacional.

Enrico Simonetti esProfesor de Filosofía.

Autor foto: MDZOL

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“La clase obrera va al paraíso”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

En los años 60 el director neorrealista italiano Mario Monicelli dirigió dos testimonios cinematográficos de las luchas de los trabajadores en la Italia prefascista una “la clase obrera va al paraíso”, y otra “il compagni”, traducida en nuestro país como los compañeros. En las mismas los personajes eran activistas y delegados sindicales sacrificados que preferían pasar hambre a disponer del aporte de los trabajadores para comprar alimentos.

De esa madera era Agustin Tosco, el “gringo” como le llamaban sus compañeros. –Nacido en Córdoba en un hogar campesino, al terminar la primaria ingresó a una Escuela de Artes y Oficios. A los 19 años entró a trabajar como ayudante en la Empresa Provincial de Energía, y fue elegido como subdelegado. Al año siguiente era ya delegado y a los 23 años – en 1953 –fue electo Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba

Simpatizante del peronismo enfrentó el golpe de 1955.Luego de la intervención recuperó el gremio siendo en la década del 60 uno de los mas destacados dirigentes, liderando junto con Atilio López y Elpidio Torres el “Cordobazo”.

Detenido, fue juzgado por los Consejos De Guerra y recluido en la cárcel de Rawson, encabezando en el pabellón carcelario el homenaje a los compañeros asesinados en Trelew.

Enfrentado a la burocracia sindical y con la oposición de la dirigencia nacional de Luis y Fuerza fue ungido nuevamente, al recuperar la libertad como Secretario General de Luz y Fuerza.-

Lo había conocido en 1967 antes de que se constituyera la C.G.T. de los Argentinos, en el Instituto de Capacitación Obrera que dirigía Luis Cerruti Costa, estrechamos más la relación al comenzar a organizar el diario “El Mundo”,proyecto que el compartió, participando en el Consejo de Redacción y escribiendo como columnista.

Luego de la renuncia del presidente Cámpora, y ante la proclamación de la fórmula Perón –Perón viajé varias veces a Córdoba para convencerlo de la necesidad de armar una alternativa al proyecto del oficialismo, con una fórmula presidencial que integrara él y Armando Jaime-un compañero del peronismo revolucionario salteño.

Su negativa fue terminante.”Mirá Manolo, me dijo, los trabajadores peronistas han luchado 18 años por la vuelta de Perón al gobierno, y yo no puedo enfrentar esta decisión, mas allá de que tenga dudas serias de cómo va a terminar este proceso”.

No se equivocaba el General estaba en un laberinto, que lo llevaba a confiar en su esposa y en López Rega y a impulsar la estructuración de un “Somaten”,como en la España franquista-banda paraestatal que asesinaba a dirigentes anarquistas, comunistas y socialistas.-

Lo vi por última vez dos meses antes de su muerte en setiembre de 1975.Hacía mucho tiempo que estaba clandestino, el Sindicato estaba intervenido, habían asesinado varios compañeros de su agrupación y la represión en la Docta era cada vez mas intensa.

Viajé para encontrarme con él con un amigo entrañable de ambos Jorge Lannot. Le di un informe completo de cómo analizábamos la coyuntura desde el PRT, de las perspectivas del golpe militar y de la necesidad de constituir un Frente Democrático y Antigolpista con todos los sectores del campo popular.

A esos efectos le propuse que viajara a Buenos Aires en dos semanas para darnos tiempo de preparar las reuniones.

A su llegada lo alojamos en la casa de dos compañeros jóvenes abogados. Ella, Liliana estaba embarazada y era una casa segura.

Agustín había viajado con tres compañeros entre los cuáles estaba Di Tofino, su adjunto, un personaje alegre simpático amplio y generoso, que fue al año siguiente secuestrado por la patota del ex General Menéndez, recluido en La Perla y luego de un largo cautiverio asesinado.

Pese al dramatismo de la época que estábamos viviendo se dieron situaciones muy especiales en ese viaje.

Cuándo nos trasladábamos a la casa de Oscar Alende, que nos había invitado a cenar íbamos en tres vehículos .En el de adelante viajaba el “Gringo”,como acompañante de la compañera Liliana, que tenía un a gran panza que podía disuadir a los controles .A su lado Agustín tenía una larga melena postiza, anteojos, y un aspecto distendido fungiendo de esposo de Lilí.

En el vehículo de atrás iba Di Tofino, yo y los compañeros de Córdoba, y en el último compañeros de la custodia que pertenecían al ERP.

Todo parecía normal, caía un a pequeña lluvia finita que mojaba el pavimento y la Avenida 9 de Julio mano al Sur estaba bastante cargada de vehículos, era un sábado y muchos porteños se trasladaban a provincia a visitar a sus familiares, y ocurrió lo que no habíamos previsto. En un semáforo el vehículo en que viajaba el Gringo no pudo frenar en un semáforo y golpeó a otro de adelante.

El conductor de este último descendió indignado. Liliana frenó, puso el guiño y bajó para explicarle lo que le había pasado .Agustín estaba quieto, sentado en su asiento. Resultaba increíble para quién observara la escena que ella, con una panza de seis meses descendiera del auto y no lo hiciera su “marido”.

Di Tofino, con una reacción rápida, bajó del auto, se acercó al conductor del vehículo embestido, le dio su número de seguro y le dijo que no se hiciera problema que la Compañía cubriría el daño.

Ya en la casa de Don Oscar, la narración de lo que había pasado provocó muchas risas y cargadas a Tosco, que no se había portado como un “marido solícito”.

El precario estado de salud que advertimos durante su estancia en la Capital, la clandestinidad, la imposibilidad de tener una atención médica integral, determinó que se le desatara una septicemia, falleciendo el 25 de noviembre de ese año 1975, a los 45 años de edad.

Su ausencia se nota hoy cuándo crece la protesta de las bases obreras que enfrenta al “sindicalismo de negocios” que hoy como ayer conduce los principales sindicatos en contra de los intereses de la clase obrera.

La vida sin utopías es un largo camino hacia la muerte, como decía el poeta; en el caso del “Gringo”, fue un trayecto de luchas y sueños en un momento muy particular de la Argentina

Manuel Justo Gaggero es Abogado. Ex director del diario “El Mundo”.

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Las condenas a Brusa y Storni: La caída de los señores

Pablo Bilsky (REDACCION ROSARIO)

Las condenas a los genocidas que actuaron en la ciudad de Santa Fe, y la que se dictó por abuso sexual agravado al ex arzobispo de esa misma ciudad, Edgardo Storni, significan un salto cualitativo en la calidad institucional e implican un avance significativo en materia de seguridad ciudadana. Peligrosos criminales seguirán detenidos, por lo que hay motivos concretos para sentirnos un poco más seguros. El desafío futuro es hacer que este hecho histórico con escasos precedentes se incorpore al sentido común dominante y lo transforme.

Después de décadas de lucha colectiva, los avances de la verdad y la justicia parecen incontenibles. Y tanto la condena a los genocidas como la que se le dictó al prelado por abuso sexual, más allá de la diferencia entre los delitos cometidos en cada caso, poseen un claro denominador común: ponen fin a privilegios, a complicidades e impunidades que representan un fiel reflejo de los entresijos más oscuros, elitistas y autoritarios enquistados en la sociedad argentina. Las decisiones de la justicia significan un avance de las instituciones sobre viejos poderes concentrados, que rechazan toda forma de institucionalidad, y que en muchos casos se afianzan ideológicamente en conceptos premodernos, arcaicos, aristocráticos y hasta medievales.

Víctor Brusa, el primer magistrado condenado por delitos de lesa humanidad, y el ex arzobispo, el primero en América Latina condenado por abusos sexuales, cometieron delitos amparados por instituciones de distinto origen, pero que en determinadas circunstancias aseguraron por igual la impunidad. De esas dos instituciones, la Justicia por un lado, y la Iglesia por el otro, es esta última la más refractaria a los valores democráticos, porque se ubica en un más allá de las leyes humanas, amparada en una voluntad divina imposible de articular con las normas terrenales de los simples hombres, por lo que los cambios políticos la afectan de otra manera, con otros tiempos.

Las posibles homologaciones entre los casos Brusa y Storni pueden ir más allá: ambos actuaron como "señores" en el antiguo sentido del término, que es el que cabe en estos casos. Los ahora condenados actuaron con la impunidad de quien se cree dueño de la vida y la muerte de sus "súbditos" o “vasallos", conceptos anteriores al de “ciudadano”. Ambos cometieron delitos en el mismo ámbito, la ciudad de Santa Fe, donde todavía pervive un grotesco sistema de patriciado que cuenta con el apoyo y la complicidad de buena parte de los poderes políticos y de la sociedad civil.

Por eso, los actuales avances en materia de verdad y justicia remueven finalmente una rémora propia del oscuro 45. En 1545 el Concilio de Trento impuso el rostro más reaccionario, autoritario de la Iglesia, inaugurando la brutal escalada de la Inquisición como parte de un salto represivo que encontrará su reafirmación en épocas recientes, con los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Ambos papas refirmaron el poder profundamente antidemocrático y sobrenatural de la milenaria institución con sede en el fastuoso Vaticano. En este contexto, el desafío futuro es operar sobre el sentido común imperante, incorporando los contenidos emanados de estos históricos fallos, que son sistemáticamente invisibilizados por los medios de comunicación concentrados, justamente los que más inciden sobre la construcción de la agenda de temas y el sentido común. Los contenidos, los datos, las informaciones y los hechos, concretos, contundentes, irrefutables, que se derivan de estas condenas ejemplares ponen en jaque la estructura y la matriz ideológica del sentido común imperante por estos días en la Argentina. Por este motivo, el desafío a enfrentar no es menor, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existentes, que se expresa tanto en el plano material como en el simbólico. La tarea a realizar en el marco de la denominada lucha por el sentido implica reafirmar la victoria de la militancia sobre la reacción, y convertir ese triunfo de la verdad y la justicia en una victoria cultural de la sociedad.

Operando sobre el sentido común quizás se logre, además, que sectores sociales recuperen su voz, hablen por sí mismos, y dejen de funcionar meros propaladores de discursos que les son ajenos a sus intereses y hasta claramente contrarios. La uniformidad del actual sentido común resulta sorprendente, e indica un grado de incidencia de ciertos medios de comunicación antes desconocido. Este proceso de dominación cultural caracterizado por la concentración y la consiguiente uniformidad, ha comenzado a revertirse, sobre todo a partir de algunos excesos cometidos por el Grupo Clarín. Pero queda mucho por hacer y los ciudadanos y las organizaciones que se embarquen en esta tarea deberán enfrentar monstruos grandes que mienten fuerte, y que cuentan con armas sofisticadas que no están al alcance del ciudadano común, que ya tiene bastante con ganarse el sustento.

Y a la hora de rastrear el origen y la genealogía de estos arcaicos rasgos ideológicos, los testimonios emanados de los juicios a los represores tienen un valor excepcional y merecerían una mayor difusión, por ejemplo, como material de estudio y discusión en escuelas y facultades. Por este motivo, entre otros, es necesaria la mayor publicidad posible de los juicios, no para generar un "show mediático", sino para dar lugar, en todo caso, a un "show didáctico", sin olvidar que la palabra "show" significa "mostrar" y que esto no necesariamente debe estar vinculado al amarillismo.

Los genocidas se siguen pensando a sí mismos como “señores” dueños de la vida y la muerte de sus “súbditos” y se manifiestan humillados por el sólo hecho de verse interpelados por poderes de la democracia, a la que desprecian profundamente. Por eso, la sola difusión de estas oscuras expresiones daría por tierra con la teoría de los dos demonios, entre otras tergiversaciones en boga, y ampliaría la base de sustentación de otros planteos ideológicos y de otros relatos posibles, al servicio de otros intereses.

Los juicios a los genocidas pueden ser instrumentados como una fuente invalorable de contenidos políticos, sociales e ideológicos. En el actual contexto, quizás la acción más revulsiva, más democrática, más constructiva por parte de los sectores progresistas sea llenar de contenido los discursos vacíos, enfrentando de esta manera la principal estrategia de los poderes más concentrados: propiciar lo antipolítico como virtud y superación de las ideologías. De allí que los medios de comunicación al servicio de los poderes económicos más concentrados den aire, construyan y apoyen a aquellos dirigentes que logran hablar diciendo nada, o mejor: destruyendo sistemáticamente la generación de contenido.

Una larga tradición de abusos sexuales

El caso Storni forma parte de una antigua tradición de atropellos contra la dignidad sexual de las personas perpetrados por la Iglesia Católica. Durante la Edad Media y el Renacimiento era parte del folklore y la cultura popular la intensa actividad sexual de los hombres y mujeres de la Iglesia, las orgías y los sistemáticos abortos que se realizaban en los conventos. Todos estos hechos probados y reconocidos por la propia Iglesia dieron lugar, durante siglos, a canciones, cuentos, y chismes. El término "bujarrón" se usaba por entonces como sinónimo de "sodomita". La palabra derivó luego a "bufarrón", vocablo utilizado en Argentina no sólo con el sentido de "homosexual", sino más específicamente para referirse a hombres mayores que tienen relaciones con menores. Y más allá de las cuestiones históricas, el abuso de una situación de poder es el denominador común que se mantiene durante los siglos, casi sin cambios. Los hechos que se le imputaron a Storni tuvieron lugar "cuando el imputado se encontraba en pleno ejercicio de su ministerio, en su carácter de máximo representante de la Iglesia santafesina y autoridad del Seminario Nuestra Señoras", tal como el tribunal que lo condenó a 8 años de prisión dejó sentado en el fallo. El caso Storni, por otra parte, forma parte de una enorme cadena de escándalos que sacudieron a distintos países del mundo durante los últimos años por casos similares que, lejos de ser excepciones y constituir inevitables desvíos propios de toda institución, marcan una tendencia estructural que se remonta a los albores del cristianismo y su problema con la sexualidad humana.

En este caso, la reflexión sobre el fallo en el marco de la batalla por el sentido es necesaria porque la Iglesia Católica todavía pretende erigirse en autoridad moral en nuestra sociedad, dictando normas y recomendaciones en este sentido, y opinando sobre temas de tanto impacto social como aborto, utilización de profilácticos y homosexualidad. Desde su propio origen, esta institución ha tenido graves inconvenientes para resolver la cuestión de la sexualidad, como lo demuestra la milenaria polémica sobre el celibato, que está en el centro de la cuestión de los abusos sexuales.

El celibato sacerdotal aparece en la historia de la Iglesia en tiempos tan tempranos como el siglo IV, se hace manifiesto en el Concilio de Elvira, reiterándose en el Concilio de Letrán en 1123, aunque dicha regulación no fue seguida de manera estricta. Sería en el siglo XVI, en el Concilio de Trento (entre 1545 y 1563), que se estableció de manera definitiva el celibato sacerdotal obligatorio como se le conoce en la actualidad, en respuesta a la Reforma protestante que permitía, e incluso promovía, el matrimonio de los sacerdotes. Las razones expuestas para la adopción del celibato responden a cuestiones morales, por un lado, como intento de poner coto a los excesos de los sacerdotes; y razones económicas, por el otro, por las propiedades de los sacerdotes casados, cuyos hijos podrían reclamar bienes que la Iglesia pretendía mantener para sí. Y a esta altura de la historia es obvia que la institución resolvió muy satisfactoriamente las cuestiones patrimoniales, aunque por otro lado no logró poner límites a la sexualidad de los sacerdotes. Muy por el contrario, los escándalos desatados por abusos demuestran que la sexualidad eclesiástica viene adoptando las formas más aberrantes y dañinas. La condena a Storni no sólo se refiere a ese caso puntual, sino que implica el rechazo a toda una concepción ideológica propia de otras etapas de la historia ya superadas. Con los "señores" en gayola, nos podemos sentir un poco más seguros.

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Sandro de América

Álvaro Cuadra (especial para ARGENPRESS.info)

Nadie como Sandro ha sabido cristalizar en sus canciones el alma melodramática de Latinoamérica. Desde Carlitos Gardel, pasando por Lucho Gatica, y hoy Juan Gabriel o Marco Antonio Solis; “Sandro de América” ha sido capaz de expresar un cierto imaginario profundo de la cultura de arrabal. Tangos, boleros, baladas y rancheras han recreado ese mismo talante. América Latina se deleita en las amarguras y tribulaciones del amor contrariado, en las penas del despecho, en las lágrimas de amor desesperado: “¡Dame el amor, dame la vida!”.

Como en la novela rosa, el protagonista es el amor y, ciertamente la mujer. La mujer, humillada en la vida social, lanza su estocada mortal al “macho” con su mejor arma, el deseo y el amor. El mayor exponente mundial de este género es, sin duda, Charles Chaplin quien plasmó su talento en su inolvidable filme “City Lights”, donde “La violetera” resuena contra el silencio, mostrándonos en todo su esplendor los brillos del melodrama

Alimento cotidiano de millones de mujeres sencillas para sus más afiebradas fantasías, el lirismo melodramático ordena y prescribe el mundo emocional latinoamericano. Lo melodramático es, ineluctablemente, cursi y con aromas de pachulí, he ahí su singularidad y su encantamiento. Ella como objeto del deseo alimenta el empalagoso almíbar del melodrama: ““Tus labios de rubí de rojo carmesí…”

El sufrimiento es parte constitutiva del relato melodramático. Tanto en las canciones como en el radioteatro y las telenovelas se apela a situaciones rebuscadas para provocar el llanto: por ello se habla de “picar cebollas”. De algún modo, se regresa a la narrativa infantil de buenos y malos: una angelical muchacha ciega, por ejemplo, es maltratada por su madrastra, como en Cenicienta. Cada canción es un episodio “cebolla”, una situación límite: “Penas y penas y penas hay dentro de mi…”

A diferencia de otras culturas, en que lo melodramático también está presente como “soap opera” o “culebrones”, y en figuras como Sara Montiel cuyo tema “El relicario” es ya inmortal; En nuestras tierras el melodrama constituye un código cultural básico. El melodrama se canta y escenifica con una lágrima en la garganta. Sus motivos recurrentes lindan con el sagrado amor a la madre, la “vieja”, la erótica prostibularia, el “macho herido”, el amor imposible, entre muchos. “Arráncame la vida de un tirón que el corazón ya te lo he dado…”

Hay una concomitancia evidente entre la cultura popular melodramática y las formas políticas populistas latinoamericanas, asentadas, precisamente en dicho imaginario. Todo caudillo latinoamericano es, consciente o no de ello, el protagonista de una “cebolla” historia de amor con las masas plebeyas que le siguen. No podemos olvidar que todo caudillo se identifica con su pueblo desde códigos emocionales preconscientes, allí se verifica la alquimia de su atractivo.

Visto como pura exterioridad, el melodrama es estéticamente “kitsch”. Ello no da cuenta, sin embargo, de la genuina experiencia emocional que supone esta variante estética. Se trata, qué duda cabe, de cuadros emocionales de trazos gruesos y colores primarios, sin matices. El melodrama es la “inteligencia emocional” de las masas en Latinoamérica. Por ello, Sandro es hoy objeto de culto como uno de los mayores exponentes de esta forma de arte.

Sandro, al igual que Gardel y Lucho Gatica, pertenece a toda Latinoamérica, pues los tangos, boleros y rancheras se escuchan en cada casa humilde de este continente, delineando un imaginario que se ha trasmitido de madres a hijos en cada generación. Como un soterrado código emocional y sólo comparable a la religión, el vino del melodrama se bebe en una copa rota que hiere los labios: la “cebolla” es uno de los pilares de nuestra cultura y Sandro de América, ya la ha cantado para siempre. : “Arráncame la vida de un tirón que el corazón ya te lo he dado. Apaga uno por uno sus latidos, pero no me lleves al camino del olvido”.

Foto: Argentina, Cultura - Sandro de América. Foto en la tapa del álbum Sandro de América de 1969. / Fuente: WIKIPEDIA

Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad Arcis.

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Como si Belgrano fuera cubano

Carlos del Frade (APE)

La Argentina está a horas de comenzar a celebrar los doscientos años del sueño colectivo inconcluso amanecido el 25 de mayo de 1810.

Desde aquellas jornadas, hay un pensamiento que viene transitando los pliegues íntimos de la historia: no habrá felicidad si no hay “repartición” de la riqueza, como le gustaba escribir tanto a Mariano Moreno como a Manuel Belgrano. Sin esa “repartición”, las fortunas acumuladas en pocas manos “serán perjudiciales” para miles y miles de “sudamericanos”, gritaban con claridad aquellos primeros papeles que resumían el proyecto de “la nueva y gloriosa nación”.

Belgrano iba más lejos aún y sostenía que la pobreza y las enfermedades son consecuencia de los monopolios, la corrupción, el contrabando y la concentración de dinero en pocas manos.

Muy cerca de la ciudad donde Don Manuel inventara la bandera como símbolo de unidad para los desesperados que lo seguían en su loca aventura de inventar un país libre, en Villa Gobernador Gálvez, a pocos kilómetros de Rosario, Jesús Solís, de solamente veintidós años, fue procesado por abandono de persona seguido de muerte agravada por el vínculo.

Es que su hija, Celeste, de tres meses, murió por un cuadro de desnutrición avanzado. El juez que sostuvo el fallo aseguró que Jesús tenía los medios materiales suficientes para resguardar la salud de su hija. Pero no lo hizo.

La crónica dice que un médico les había advertido del estado de su hija, “inclusive indicó la ingesta de leche maternizada —que le proveyó el mismo centro de salud— de sulfato ferroso, un complejo vitamínico y ácido fólico. Ante ese cuadro, el profesional citó a la madre para que concurriera al día siguiente, donde seguirían con los exámenes. También durante esa visita la instruiría en el preparado del biberón. Pero la mujer no fue a la consulta. Tan grave era el cuadro de la chiquita, que el médico la mandó a buscar por un asistente social que no la pudo ubicar en su domicilio. Finalmente, la nena falleció con un peso 2,335 kilogramos”, remarca la nota.

Más allá de las responsabilidades que la justicia encontró en los padres de Celeste sería bueno preguntar por qué en la Argentina siguen muriéndose los chicos por falta de una buena alimentación.

Quizás, entre otras cosas, porque aquellos papeles de Belgrano y Moreno están muy lejos de ser leídos y practicados por los que dicen imitarlos.

Quizás no vendría mal pensar qué pasó en otros países de la patria grande que lograron su independencia mucho después de la Argentina.

En estos días se conoció que hay 146 millones de niños menores de cinco años bajo peso, según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Sin embargo, el único país que no tiene este problema derivado de la desnutrición es la isla de Cuba. La investigación asegura que el país centroamericano ha eliminado la desnutrición infantil severa y se convirtió en la única nación que sigue avanzando en esta lucha a contramano de casi la mayoría de los estados en vías de desarrollo.

Según el informe, “el estado cubano garantiza una canasta básica alimenticia que permite la nutrición de su población al menos en los niveles básicos mediante la red de distribución de productos normados”.

Más allá de los casos particulares, el incumplimiento de aquel proyecto de Belgrano y Moreno sigue siendo la triste respuesta a los casos como Celeste en contraposición a los ejemplos que surgen de los lugares en donde los principios históricos están por encima de los intereses de unos pocos.

Fuente imagen: APE

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Reportaje a Pino Solanas: «A las provincias les proponemos una petrolera estatal y federal»

COPENOA

En esta oportunidad, habla del «fracaso del modelo neoliberal profundizado por el kirchnerismo» y asegura: «El negocio para las provincias ha sido pésimo».

Solanas presidirá desde este año la Comisión de Energía de Diputados. Desde allí, promoverá los proyectos vertebrales de las Cinco Causas de Proyecto Sur, como el de Petroar. Frente a esto, se manifestaron tanto sectores empresarios como el ministro de Planificación de la Nación, Julio De Vido. Sin sobresaltarse por los temores empresarios, responde al ministro kirchnerista y asegura que «tenemos que revertir el pésimo negocio que se ha hecho con la provincialización del 94».

Algunos sectores empresarios se han mostrado preocupados por proyectos como Petroar

Es natural que los sectores ligados a las corporaciones estén preocupados ante la idea de la recuperación de los recursos petroleros. Pensemos igual que esto requiere de un largo plazo, porque vamos a tener que modificar la Constitución.

También De Vido salió al cruce de estas ideas

En realidad, lo que se esconde es el fondo del debate: ¿las privatizaciones multiplicación las reservas, el enriquecimiento de las provincias y de la nación? Esta es la pregunta de fondo. En la práctica lo que se ve es el fracaso y la estafa del modelo privatizador. Como no ocurrió en ningún lugar del mundo, Menem entregó el ciclo completo de la producción: las reservas, la extracción, el transporte, la refinación y la venta en estaciones, sin control público y a simple declaración jurada de las petroleras, dando vía libre a toda la evasión fiscal que se les ocurra. El fracaso, tiene que ver con que las petroleras se chuparon todas las reservas que teníamos (35 años de gas y 25 de petróleo) y no las repusieron, algo que es norma básica. Se desmontaron los organismos de control. En los países del norte, las concesiones se auditan cada 60 días.

¿Y se acaban los pozos petroleros?

En realidad, los que se acaban son los pozos que están a 500 metros o a 1000, pero hay a 6000, a 8000 y a 10000, claro que lleva tiempo y dinero. Lo mismo que la explotación en la plataforma marítima. Pero con un barril a 60 dólares o más, con un costo promedio de 5 y 6 dólares una vez descubierto el barril y vendiéndolo las petroleras a 42 y 47 dólares a las refinerías para su procesamiento, el negocio es monumental. En definitiva, las petroleras nos han dejado sin gas y sin petróleo. Hoy hay cinco años de gas y 4 de crudo y estamos importando. Es un escándalo que De Vido desinforme y engañe.

Además, Argentina se autoabastecía hasta hace poco tiempo

Claro, la privatización terminó con el autoabastecimiento y nos convirtieron en importadores. Desde Menem, permitieron que Argentina se convirtiera en un importador, a pesar de que no somos ni Venezuela ni Arabia Saudita. Crearon 9 gasoductos para llevarse el gas a países vecinos. No hicieron las inversiones y se dedicaron a exportar. Un disparate. Lejos de haber tenido política de recuperación de los hidrocarburos y de inversión en una petrolera nacional como podría haber sido Enarsa, se limitaron a otorgar concesiones en áreas marítimas y en las cuencas más importantes al capitalismo de amigos de los Kirchner, como la nueva petrolera de Cristóbal López.

¿Y las provincias no se beneficiaron?

Las provincias mantienen contratos por 12, 13 o ahora en Santa Cruz, buscan prologar las concesiones con Respsol por un punto más o dos de regalías. Cuando en el mundo, en ninguna parte se negocian concesiones por esa ridícula tasa. El negocio ha sido pésimo. Si quisiésemos, en todo caso, las provincias podrían tener el 13 % y la Nación el 87 % de las regalías restantes. En lugar de haber investigado a las petroleras, de haber revisado los contratos y haberlos hecho caer por violación de cláusulas como reposición de yacimientos y preservación del medio ambiente, han optado por el camino chico. Son provincias pobres, con gobiernos corrompidos por las corporaciones, sin el recurso y endeudadas.

¿Y qué proponen a las provincias?

Les planteamos la recuperación del petróleo, haciendo cumplir a través de cláusulas de recuperación de los yacimientos, para construir una petrolera estatal y federal, un nuevo modelo con participación provincial en su conducción y en los beneficios. Tenemos que revertir el pésimo negocio que se ha hecho.

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