martes, 23 de febrero de 2010

La maldición que arrastran los imperios

Rafael Bautista (especial para ARGENPRESS.info)

Un nuevo éxodo acontece en el siglo XXI, quizás de mayor trascendencia que aquel que inaugura la historia de las liberaciones. Antes se trató de una salida, ahora la salida ya no es posible (posible es la liberación de los pueblos, inminente la caída de la otrora potencia unipolar y apremiante un nuevo orden mundial).

El poder imperial se ha magnificado y ensoberbecido, pero eso no le hace más poderoso sino más vulnerable; por eso inaugura su decadencia con el derrumbe de sus santuarios: precipitando sus torres (de Babel), precipita su propia caída. La salida ahora se expresa como retorno; no sólo por la privatización y mercantilización de la vida y del planeta, sino por devolverle al mundo, y a nosotros, el equilibrio destruido en cinco siglos de explotación inmisericorde e irracional. No hay salidas: nuestro mundo es uno solo. Pero hay alternativas. Si el capital es la muerte, la alternativa es la vida: la vida de la humanidad y la vida de la naturaleza. Por eso tiene sentido el retorno; si el desarrollo que nos promete el primer mundo nos conduce al suicidio, la revolución consiste en frenar esa carrera insensata: si ya no se sabe hacia dónde se va, es menester hacer un alto, darse la vuelta y ver de dónde se ha venido. Retornar quiere decir: recuperar los caminos que, como humanidad, habíamos perdido (en cinco siglos de empoderamiento del sistema-mundo moderno). Si lo que propone el primer mundo es vivir mejor; la pregunta inevitable es: ¿mejor que quién? Cinco siglos de modernidad responden: mejor que el resto del mundo; por eso enjuiciamos, de modo categórico, al “desarrollo” moderno: ese “desarrollo” es subdesarrollo nuestro, la riqueza del primer mundo es miseria para el resto del mundo, el precio de esa riqueza es la muerte de la humanidad y de la naturaleza.

Pero el imperio no escucha y, en esa sordera, precipita su propio derrumbe. Así como se endureció el corazón del faraón, así se endurece el corazón del imperio; y todas las plagas que provoca son plagas que salen de su boca. La primera plaga hiere al río Nilo, cubriéndolo de sangre; lo que era objeto de culto, para los egipcios, se derrumba ante sus propios ojos (el Nilo era considerado una divinidad; la vida provenía de sus aguas, que llenaba de verdor el desierto inmediato al río). Si el objeto actual de culto es el dólar, ¿qué representa la crisis financiera? Si el poderío militar gringo era el alarde imperial, ¿qué significan las derrotas en Irak y Afganistán? Si el control del petróleo del Medio Oriente era la garantía de la hegemonía norteamericana, ¿qué significa la pérdida de ese control? Para decirlo en los términos que le gusta al fundamentalismo gringo, en lenguaje apocalíptico y milenarista: ¿no estaremos presenciando la primera de las plagas que inaugura el colapso del imperio?

La narración mítica que evoca la liberación de los esclavos despierta, en la historia posterior, sólo la decrépita fetidez de la decadencia del imperio egipcio. Ya nadie rememora su esplendor, pero todos rememoran los milagros de la liberación; es decir, lo que permanece, en la historia, no es el imperio aquél sino la liberación de los esclavos. Después de aquello, Egipto nunca volvió a recobrar el esplendor milenario del imperio más antiguo de la historia de la humanidad. Babilonia corrió también una suerte parecida, la misma que arrastra a Roma (el paradigma moderno, pues hasta en su arquitectura, siempre busca evocarla). Es una maldición que arrastran los imperios. Semejante destino replican aquellos que se alzan en la época moderna: son gigantes de bronce con pies de barro. Por eso su decadencia es siempre interna. El peso de su poder se hace tan descomunal que, precisamente, ese peso, los desmorona por dentro. Pero no es sólo un peso físico (militar por ejemplo), sino el peso de la arrogancia y la soberbia: escupen a los cielos sus propósitos perversos quienes en la tierra se alzan como si fueran dioses. España fue imperio alrededor de tres siglos, Inglaterra logra su hegemonía mundial por casi un siglo, Estados Unidos apenas supera el medio siglo pero, ya en plena decadencia, arrastra esa maldición como penitencia. ¿Presenciaremos en sus demenciales apuestas bélicas la catastrófica caída del imperio más soberbio en la historia de la humanidad?

Repasemos esta decadencia. El mito de la globalización, alimentado por la mediocra-CIA global, feneció ya en marzo de 2004, cuando no sólo British Petroleum, sino la banca anglosajona, admiten la imposibilidad de controlar el petróleo de Irak, es decir, delatan la pérdida de la guerra que habían desatado por el control geoenergético del medio oriente. A esto hay que añadir que, en el orden geoestratégico, Rusia (triunfante ante la agresión de Georgia en Osetia del Sur), en agosto de 2008, obliga a rediseñar la geopolítica global: acababa el orden unipolar en el mundo. Las nuevas potencias emergentes: China, Rusia, India, Brasil, además de Irán, logran reconfigurar el nuevo orden multipolar del siglo XXI. La crisis financiera global, desde septiembre de 2005, con la quiebra de Lehman Brothers, no hace más que confirmar el fin acelerado de un modelo. Pero el modelo, cuya decrepitud amenaza toda la vida en el planeta, no se refiere sólo a un modelo económico, el capitalismo, sino a lo que le sostiene: su modelo de vida (cuya expresión económica es el capital) que, en quinientos años, se desató como la bestia del Apocalipsis, hambrienta de todas las riquezas del mundo.

¿Ironías de la vida o justicia histórica? Esta decrepitud empieza a carcomer, de modo ostensible, las economías de las potencias que se originaron a lo largo de la época moderna. Pues no se trata sólo de Estados Unidos e Inglaterra (hijos putativos de la libertad y la democracia), comprometidos en una doble guerra financiera global, contra el yuan chino y contra el euro; sino que, resultado de la crisis financiera y producto del complot mediático de la banca anglosajona, España y Portugal (junto a Grecia e Irlanda) parecen ser los primeros sacrificados del colapso que amenaza a la eurozona. Francia y Alemania actúan a la defensiva y se arriman a Rusia, algo impensable después de la caída del muro, pero algo inevitable ante la debacle europea. Europa y Estados Unidos se preguntarán: ¿cómo es que nos arrastra esta decadencia si somos los creadores de la mejor economía y la mejor democracia? El resto del mundo (el 80% que debe sufrir la miseria que produce la riqueza del primer mundo) responde, interrogando al G-7: ¿es acaso la economía del primer mundo la mejor economía, es acaso la democracia que han producido una verdadera democracia, es acaso su política una buena política? La perversidad del proyecto moderno, en el primer siglo de su primera globalización, siglo XVI, produjo más de cien millones de muertes; ¿cuántas más ha producido en su posterior expansión? En definitiva, ¿cuál es el precio real de “modernizar” todos los ámbitos de la vida? El último despliegue globalizador consistía básicamente en la actualización del propósito inicial: mercantilizar todo, es decir, ponerle precio a todo; esto condujo a la privatización acelerada de, no sólo las responsabilidades públicas de los Estados, sino de los recursos básicos que hacen posible la vida de la humanidad. Resultado de ello: la muerte de la humanidad trae consigo la muerte del planeta.

Hasta la década de los sesenta, el mercado global de productos agrícolas, según la FAO, aseguraba excedentes comerciales cercanos a los 7000 millones de dólares anuales, en los países del sur del globo. Este excedente desaparece para fines de los ochenta, cuando todos estos países, fieles a las doctrinas de los organismos internacionales, abrazan las prerrogativas neoliberales: apertura de fronteras, ventajas comparativas y ajustes estructurales. Hoy, sin excepción, todos los países del sur son, irremediablemente, importadores de alimentos. Producto de las políticas neoliberales se mina la soberanía alimentaria y, en consecuencia, se produce la generación de miseria y hambruna a escala planetaria. Si la comercialización de las semillas se encontraba (aunque precariamente) democratizada, hoy, más del 80% del mercado de semillas, a nivel global, es propiedad de 10 empresas transnacionales (como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bayer, etc.), que imponen al mundo qué se debe producir, qué y cómo se debe comer y dónde se debe de comprar.

El primer mundo moderno-occidental argüirá: ¿pero nunca la humanidad había producido tanta riqueza? Pero, preguntamos: ¿cuál es el precio de esa riqueza? ¿Es racional una riqueza que produce muerte y desolación? Si el fin de todos es ser feliz, ¿se puede ser feliz produciendo infelicidad en los demás? ¿Puede acaso el 20% rico del planeta vivir feliz produciendo la muerte acelerada del planeta entero? Desde que el norte rico impuso al sur pobre la fatalidad de su destino: abastecerle de recursos, esclavos, mercados, oportunidades financieras (robo legal), hasta basurero de sus desperdicios; minó toda posibilidad de convivencia racional. Para ello fueron los imperios modernos los causantes de la aparición de regímenes totalitarios en todo el planeta (por eso la colonialidad es consustancial a la modernidad). El sistema-mundo moderno, que reordena el globo produciendo una clasificación mundial es, por eso mismo, moderno-colonial. Por ello puede decirse que la clasificación social es posterior, porque previamente acontece una clasificación racial. Se puede decir que el racismo es el núcleo ético-mítico del mundo moderno. Todo su conocimiento posterior (y hasta el marco categorial de sus relaciones jurídicas) tiene como fundamento el prejuicio moderno por antonomasia: el racismo. La determinación inicial de este racismo (fenómeno exclusivamente moderno) es el eurocentrismo, núcleo ontológico y ordenador epistemológico de la filosofía y las ciencias modernas.

La hegemonía norteamericana, que se hace global gracias a la segunda guerra mundial, pues como país triunfante impone al mundo su orden financiero (a partir de su moneda), patrocina también su revolución cultural. Aquello imputable sólo a China es algo que siempre se hizo para construir hegemonía (algo que no desea reconocer Europa es que la inquisición, la quema de brujas, fue la revolución cultural de la cristiandad latino-europea; la “extirpación de las idolatrías”, en el Nuevo Mundo, fue la masacre civilizatoria que inaugura la revolución cultural de la modernidad, seguida por el racismo ilustrado francés y el romanticismo alemán –justificaciones ideológicas de la expansión europea en el mundo–, frente a los cuales, la revolución cultural en China fue un juego de niños). La revolución cultural gringa era Hollywood, pero ahora, con la mediocra-CIA, esta revolución radicaliza sus propósitos; ya no se trata de una expansión del mercado global sino de la invasión y ocupación de la subjetividad: control total y absoluto (pretensión idolátrica de quien se cree dios en la tierra). El totalitarismo se resignifica con las grandes cadenas mediáticas. Los ejércitos son precedidos ahora por las grandes cadenas de información. Pero este pretendido control total no es más que una ilusión. Por eso la infantería no desaparece y, ahora, con la privatización de las funciones militares, no hace más que demostrar que el control práctico es el que, en última instancia, define la potestad real. Por eso la “tormenta en el desierto” no se podía ganar desde las computadoras. En esa tormenta siguen atrapadas las potencias y, aunque presuman a diario de sus victorias, sólo evidencian su larga y sinuosa derrota (Irak y Afganistán han descubierto los límites del poder militar del Pentágono; quienes ahora, miran pálida y celosamente, la superioridad tecnológica militar que están alcanzando Rusia, India, China y hasta Corea del Norte).

En la lógica de la mafia, que fue la política que desplegó en el mundo la decadente potencia unipolar, desobedecer no era opción política. Pero, privando de opciones a los demás, los gringos se privaron, ellos mismos, de toda opción. En eso consistió la administración Bush; las bravuconadas últimas eran la antesala de una decrepitud que ya daba síntomas de insania. Pretendiendo controlar el petróleo del medio oriente, acabó minando su propia hegemonía energética mundial, al grado de haber posibilitado que Rusia (su enemiga histórica) sea quien conduzca, de ahora en adelante, el orden geoenergético global (posicionando también, de mejor modo, a Brasil, Venezuela e Irán). China (el otro adversario gringo), cuando se acelera el colapso del G-7, logra, de modo estratégico, llevar la batuta en el orden geoeconómico (junto al circuito étnico que le rodea: Hong Kong, Taiwán, Singapur, Macao); los antiguos aliados gringos se le escapan de las manos: Japón, Turquía y, ahora, Ucrania. Triunfos para Rusia y China, y grandes pérdidas geopolíticas para Estados Unidos.

Mientras más desbocado es el despliegue militar, más catastróficas las derrotas (sobre todo en lo económico: según el reporte Wegelin, la deuda gringa sobrepasa en 600% en relación a su PIB); las más de 900 bases militares gringas desparramadas en el mundo, suponen un gasto, sólo en mantención, de cerca a 300.000 millones de dólares anuales, sin contar el último desembolso que solicitó Obama al congreso de 900.000 millones. Es decir, todo esto no hace más que socavar la base financiera que soporta la musculatura militar gringa (la última que le queda). Además de reeditar, por su ceguera histórica, producto de la maldición que arrastra, los errores de los imperios: sobre extensión imperial y guerra perpetua, la cual, para llevarse a cabo, provoca la insolvencia y el colapso de su poderío militar. Esto es lo que originó, entre otras cosas (como la desregulación financiera, los paraísos fiscales, cuentas fantasmas, etc., artilugios neoliberales), el derrumbe financiero; perdido el control de los hidrocarburos, ¿sobre qué pretendían recomponer su orden global?, ¿acaso sobre el conocimiento y la información? Uno de los productos de este supuesto conocimiento “infalible” son los derechos especiales de giro; ¿acaso esto remediará la decrepitud del dólar? No sólo el rublo y el yuan amenazan la hegemonía global del dólar (también el euro desea salvarse presenciando de palco el declive del dólar) sino la moneda que propician las petro-monarquías árabes, el gulfo (hasta Ambrose Evans-Pritchard admite esto). La urgencia del sucre pasa por este reordenamiento financiero global. El 65% que todavía posee el dólar en los flujos financieros y comerciales globales tienen como único respaldo su fuerza militar. Por eso la fisonomía, que no se aclara todavía, del nuevo orden financiero global, arrastra este lastre: la insolvencia de un dólar que tiene, como única garantía, sus bombas nucleares.

El despliegue militar que emprende Estados Unidos es un despliegue que arrastra una serie de maldiciones; como lo es la arremetida contra el país de los talibán (donde Estados Unidos no ha hecho más que desarrollar la producción de opio: toda la tierra destinada al opio supera en tres veces la destinada en toda América a la producción de coca, esa es su famosa guerra declarada contra las drogas). Afganistán fue la tumba de los soviéticos y antes fue la tumba de Alejandro el Magno (la máxima expansión helénica; desde entonces los afanes expansionistas de lo que ahora se considera occidente –ignorancia histórica moderna–, nunca pudieron ir más allá del cercano oriente, como sucede con Roma; hasta que aparece el mundo moderno, pero, aun así, nunca, por ejemplo, llegaron a colonizar China). Perdida la guerra en Afganistán (cuando la última reunión de los invasores, en la conferencia sobre Afganistán llevada a cabo en Londres, ya discute el cómo salir sin el rabo entre las piernas), se pierde la posibilidad de controlar la distribución gasífera del Asia central (cuyo control pasaba por controlar la provincia de Kandahar y su conexión estratégica; similar a la desestabilización proyectada en Pakistán, para negarle un conducto geográfico a China del petróleo proveniente de Irán). El unilateralismo gringo les propinó esta suerte de derrota histórica, además de propinarse a sí mismo, el imperio gringo, otra derrota: confiados ciegamente en el éxito, pues para eso destruyeron las torres gemelas (con la hollywoodense puesta en escena de un atentado), abandonaron a su patio trasero; lo cual les costó un resurgir de procesos revolucionarios en América Latina.

Por eso el decadente imperio se encuentra en apuros y, en medio de estos, actúa por mero instinto de sobrevivencia. Su hundimiento es inminente, pero en ese hundimiento, la apuesta que realiza es suicida; como quienes conducen los aviones que se estrellan en las torres gemelas. Ante la crisis global, la repuesta es amenazante: si caigo, haré de mi caída una catástrofe, de tal magnitud, que produzca la caída de todos. Ni el mundo, ni el planeta tienen prioridad a la única prioridad que maneja la agenda gringa: su sobrevivencia. Por sobrevivir está dispuesta a acabar con la humanidad entera. Eso retrata la película 2012, cuyo único logro parece ser esta nota: el plan de los ricos del mundo es salvarse a sí mismos. El plan financiero pasa por la misma necedad: salvando a la banca privada no se salva nada, es más, es la mejor forma de perder todo. Sale más caro salvar a la banca que salvar del hambre a la humanidad entera, con el aditamento siguiente: salvando a la banca se acelera el derrumbe financiero, pues los banqueros son adictos a los juegos especulativos porque, además, los gobiernos les acostumbraron a garantizar sus pérdidas con dinero de los contribuyentes.

La banca financiera es insolvente; no en vano se pronostica (LEAP/Europe 2020) que para el 2010 los bancos se desplomarán nuevamente, cuando se descubra que la crisis no fue enfrentada sino, más bien, fueron los causantes socorridos con dinero público, haciendo de los problemas pasados verdaderas pesadillas futuras. Por eso se dice que, no sólo Obama o Gordon Brown, sino los otros jerarcas del decrépito G-7, en su perorata sobre las dimensiones de la crisis global, no hacen más que manifestar su ignorancia sobre la naturaleza de la crisis (si Bernanke, presidente de la Reserva Federal, andaba coreando que la economía gringa se recuperará –mientras USA declina a menos del 25% del PIB global y los países emergentes suben por encima del 35%–, Neil Barofsky, inspector general por parte del Congreso de los Estados Unidos para vigilar los rescates bancarios, en enero del 2010, señaló que la crisis no se ha resuelto y que probablemente será mucho peor). La ignorancia proviene precisamente de quienes producen la crisis. Las palabras de Lula (que omitieron las grandes cadenas de información, con excepción del Telesur) no podían ser más certeras, en abril del 2009, previas a la reunión del G-20, ante Gordon Brown, en Brasilia: “esta crisis no fue producida por ningún indio, ni ningún negro, ni ningún pobre. Fue causada por gente blanca de ojos azules, por los comportamientos irracionales de los ricos del primer mundo”.

Y las palabras, del cacique Guaicaipuro Cuatemoc, no podían ser más actuales: “… también yo puedo reclamar pagos e intereses. Consta en el Archivo de Indias, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América (…) deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios (…) prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización (…). ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados? (…). En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo (…). Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo”.

La irracionalidad provoca la ceguera, y ésta, la demencia en los actos. Hay una guerra desatada por los gringos, en el orden geoenergético, contra Rusia y China (a quien Estados Unidos, sin decirlo, ya le ha declarado una guerra fría). En el orden geopolítico, la guerra supone recapturar las áreas de influencia. En eso consiste la invasión a Haití. La triangulación actual le permite el control del Caribe (control extendido al sur del continente): Honduras (donde propicia el golpe del gorileti), Haití y Colombia (con la instalación de las 7 bases). El terremoto no es algo que le cae del cielo sino algo que provoca de modo anticipado (como lo fue el tsunami del 2008); por ello la hazaña logística de la invasión (con 10.000 efectivos ya el primer día) sólo puede tener una explicación: el pre-posicionamiento estratégico de divisiones militares ya dispuestas. Se trata de provocación y no de producción del evento (lo cual sugiere una serie de condicionantes para que la provocación sea efectivizada). La tecnología del proyecto denominado HAARP (High frequency Advance Aurora Research Project) contiene investigaciones que datan desde fines del siglo XVIII (si consideramos que este proyecto usa el pulso electromagnético tesla, cuyo inventor es Nikola Tesla), pasando por las investigaciones del proyecto “Seal”, en New Zeland, ya en la segunda guerra mundial, hasta las investigaciones soviéticas del Pamir o “máquina de hacer terremotos” que, desde el 1975, realizan experimentos sísmicos en la cordillera Pamir, hasta el 1995, cuando en plena decadencia soviética, son reclutados los investigadores y el laboratorio completo (de Niznhi, en Novgorod) por la US Air Force, llevados a Estados Unidos e integrados en el proyecto HAARP.

El objetivo del tsunami del 2008 (provocado por experimentos nucleares submarinos, como lo devela el propio Jerusalem Post) era debilitar a los tigres asiáticos. El objetivo actual, con el terremoto de Haití, es dislocar geopolíticamente el desarrollo de los países emergentes; no se trata sólo de Haití sino de restablecer el control geopolítico del Caribe y, en consecuencia, del sur del continente americano. Si la flota rusa realiza maniobras militares en el Caribe y China acuerdos energéticos en América del Sur, los gringos no tienen otra opción que la recaptura de su área inmediata de influencia. China emprendió acuerdos estratégicos con Venezuela, Brasil y Rusia, otorgándoles créditos, para exploración y explotación de petróleo, de 6 billones de dólares al primero, 10 al segundo y 25 al tercero, asegurando así la adquisición de petróleo por décadas. Mientras Estados Unidos le va cerrando a China los corredores de los golfos de Omán y Aden (por eso la invasión a Yemen, para cerrar las puertas de las riquezas hidrocarburíferas de la península arábiga, cerrando el estrecho de Bab al Mandab o Puerta de las Lágrimas, frenando el abastecimiento energético de China), del estrecho de Ormuz y el de Malaca, además de la reciente venta de 6.000 millones de dólares en armas a Taiwán y las crecientes relaciones de Washington con el Dalai Lama, declarando así la guerra fría con la potencia china; los chinos no sólo que se abren a otros mercados sino que abren geopolíticamente el mundo a nuevas perspectivas que, de aprovecharse de modo efectivo, el orden multipolar estaría dando la estocada final al derrumbe anglosajón.

Estados Unidos intenta proteger, con la invasión a Haití, su vulnerabilidad en el Caribe (amenazando además al lado oriental de la isla de Cuba); y con la ofensiva contra Irán (mediante la invasión a Yemen) y el estrangulamiento energético a China, estaría apostando al amedrentamiento (cosa que ya no le sirvió con Corea del Norte; tampoco los últimos regateos de la flaqueza bélica gringa: si pretendió el trueque de Irán por Taiwán con China, o Ucrania por Irán con Rusia, el intento le costó empeorar su debilitamiento; pues Ucrania, con las últimas elecciones, se desmarca de la influencia anglosajona, y Taiwán observa, expectante, la desglobalización, pues si una de las mayores entidades financieras inglesas, como es el banco HSBC, muda sus oficinas centrales a Hong Kong, no hace más que anunciar a los cuatro vientos el ascenso de Asia en las finanzas mundiales). En América del Sur la injerencia gringa juega también sus últimas cartas, ansioso de un cambio de eje en las jefaturas políticas del continente; el triunfo de Piñeyra en Chile le provoca un respiro, con ello pretendería negarle el cobre a China, además de confabular, junto a Perú y Colombia, una suerte de rodeo estratégico a países como Bolivia y Ecuador; el panorama en Argentina le es alentador, gracias a la creciente campaña mediática antigubernamental (como parte de las guerras mediáticas patrocinadas por la CIA y el Pentágono), similar a la antesala del golpe en Honduras. Uruguay demuestra que las llamadas “izquierdas democráticas” son las menos democráticas y las más irresponsables, replicando situaciones históricas anteriores, donde Uruguay sirvió de punta de lanza para disminuir y socavar el posicionamiento de Argentina y Brasil, cosa que, hoy por hoy, estaría a punto de ser posible con la complicidad de las burguesías de ambos países, tan sujetas al dólar. Lo cual no haría más que demostrar que las grandes enemigas de un desarrollo económico independiente de estas economías son sus propias burguesías. Aliarse con el dólar habría sido como un pacto diabólico que las condena a no poder independizarse nunca.

En este contexto, quienes se duermen, acaban siendo atrapados por el sueño americano, convirtiendo en pesadilla la vida, ya no sólo de sus países, sino del mundo entero. La apuesta gringa no es apuesta para nadie. El suicidio no es alternativa. El desarrollismo euro-norteamericano-céntrico conduce a un solo fin: el fin de todos y de todo. Por eso se trata, no sólo de una crisis financiera sino de una crisis civilizatoria; no se trata de una crisis sistémica al interior del capitalismo. Lo que constata esta crisis es la imposibilidad de continuar una forma de vida que para desarrollarse, socava constantemente la vida del 80% de la humanidad y la vida del planeta entero. Hasta el magnate ruso del aluminio se da cuenta de algo tan evidente: esta crisis modificará el modelo anglosajón del consumo. Esto inevitablemente tiende a cambiar los valores fundamentales del mundo moderno-occidental. La insistencia en recuperar la hegemonía anglosajona no hace más que precipitar el desorden, hasta de modos dramáticos, del nuevo orden que empieza a gestarse. Por eso Estados Unidos aparece como un estorbo para un nuevo equilibrio político global. Ya no puede insistir su papel rector cuando las instituciones que aseguraban ese papel se hallan, no sólo en decadencia (como el FMI) sino que ya no poseen justificación alguna de su existencia.

El nuevo orden se configura ya en el este y, con ello, vuelve el pacífico a ser centro de la economía mundial (como lo fue por milenios), desplazando al atlántico y al occidente; cerrando así una de las épocas más oscuras e infames en la historia mundial (con más muertes y en tan poco tiempo, comparado a los 7 milenios de civilización humana, además de una crisis ecológica nunca antes sufrida): los cinco siglos de modernidad. China, Japón y Corea del Sur empujan un desarrollo tendiente a reducir su dependencia económica con occidente. También Rusia apunta a la creación de un nuevo orden regional en el lejano oriente y el Asia central; los programas de cooperación entre Pekín y Moscú, llegan ya a los 205 proyectos regionales conjuntos hasta el 2018, incluyendo a Kazajstan, Turmekistan y Uzbekistan. China asegura sus inversiones convirtiéndose en la administradora de la seguridad regional, con ello deja en nada la emergencia gringa de cerrar los estrechos de Ormuz y Malaca. Si el golfo pérsico se había convertido en la más explosiva zona de la geopolítica global, donde parecían estrellarse los intereses de Washington y Pekin; con la jugada estratégica china, los intentos de la Casa Blanca caen en saco roto, pues los chinos abren sus intereses por otros lados y los rusos se perfilan como los patrocinadores del nuevo reordenamiento geoenergético global (Francia y Alemania se rusifican, es decir, se alejan de Washington, conscientes de su dependencia gasífera, además del acoso agresivo que sufre el euro de parte de la libra esterlina); donde Rusia ya no brinda sus recursos gasíferos al despilfarro de occidente sino que empieza a usarlo estratégicamente (Turmekistan comprometió su entera exportación de gas a China, Rusia e Irán), teniendo Rusia el 75% de las reservas de gas en todo el Asia central, lo que le coloca en el primer lugar en reservas mundiales. Este reordenamiento geoenergético que patrocina tiene que ver con el hecho de que el mar Caspio posee las terceras reservas de petróleo mundiales, lo cual le posiciona como uno de los lugares geoestratégicos de mayor importancia.

Por eso, de hoy en adelante, aparece la prerrogativa de manejar los recursos energéticos con criterios estratégicos, porque la energía se ha vuelto vital para todo desarrollo, por eso no puede abandonarse los recursos energéticos a las irracionales leyes del libre mercado. De eso trata la nueva configuración global; ninguna de las potencias emergentes es autosuficiente (ya sea económica, financiera o energéticamente, todas son vulnerables en algún aspecto), lo cual les conduce a tomar conciencia de algo que empieza a tomar cuerpo: la competencia multipolar pasa por el desarrollo de una política exterior, en todos los ámbitos, que busque y asegure más la cooperación que la confrontación (en Bolivia aparece la cooperación con una especificación más sugerente: la complementariedad y la reciprocidad; el comercio debe reestructurarse a partir de la solidaridad, esto indica una transformación en los principios económicos y políticos de las relaciones internacionales). Los países emergentes ya no pueden perseguir un propio desarrollo desentendiéndose del desarrollo del resto. Por eso no se trata de salir sino de acoger. El mundo es nuestro único hogar.

Ningún desarrollo puede socavar aquello que es hogar de toda la humanidad y toda la naturaleza. En este contexto es que se destaca la creación, en China, de la Comisión Nacional de Energía, una especie de comisión supra-ministerial, que reúne a la Comisión de Desarrollo, de Reforma, Energía Nuclear y al Banco Central. El uso de la energía no sólo tiende a su uso combinado, diversificado, sino a su sostenibilidad; cuyo criterio ya no sea la rentabilidad (entendida en términos de ganancia) sino la racionalidad ecológica. El uso racional y responsable de la energía pasa por otorgar capacidad de decisión, en las políticas energéticas, a los afectados por dichas políticas. Si la afectada es la propia naturaleza, ¿cómo es que escuchamos su parecer? Esto, inevitablemente, ha de revolucionar el concepto mismo de política. Ampliar la esfera de las decisiones pasa por una radicalización de la democracia; ya no se trata de la discusión entre democracia representativa o participativa, sino de la recuperación comunitaria y ampliada del “demos” que constituye a la democracia misma. Consolidar el incipiente orden multipolar en el mundo, pasa por esa ampliación democrática, a nivel global. En momentos de crisis económica, el mejor administrador no es precisamente el rico (quien sólo sabe despilfarrar la riqueza) sino el pobre. No hay solución para la pobreza mundial sin la participación de los pobres del mundo. Los ricos también quieren una reforma, pero sin que ésta toque su dominio financiero; de su quiebra inminente no emana consejo que pueda atender la humanidad, es mejor que aprendan a escuchar. A su sentido empresarial debemos oponerle un sentido de responsabilidad, también su salvación depende de una salvación mundial.

Un nuevo éxodo se levanta en la historia mundial. El imperio se resiste en su decadencia, “se endurece su corazón”; su boca origina sus propias desgracias. La maldición que arrastra es lo que le desmorona. Informes de inteligencia no sólo delatan la balcanización (producto de los Carteles del narcotráfico y de la excesiva injerencia gringa) de México, sino de la fenecida potencia unipolar. Resurgen en Norteamérica los odios del sur contra el norte; el partido del té es la clara manifestación de una regresión en la política gringa (el sector más racista de la extrema derecha fundamentalista genera el “Tea Party” y promueve a Sarah Palin; si la Unión Soviética colapsó definitivamente con un presidente borracho como era Yeltsin, no es raro que la nueva presidenciable en gringolandia, ante el fracaso anticipado de Obama –quien se volvió blanco más rápido que Michael Jackson–, sea la iletrada ex candidata republicana a la vicepresidencia). Si la opulencia fue el factor principal de estabilidad gringa, ¿qué pasará cuando esta opulencia sucumba? Egipto acabó cuando los esclavos (motor de la economía) abandonaron ese imperio y cruzaron el mar de los juncos, hundiendo al mayor ejército conocido hasta ese entonces; ¿será la repatriación de los inmigrantes lo que selle el fin del imperio gringo? Si el New York Times, en febrero del 2009, ya señalaba que el desempleo representaba una amenaza a la estabilidad mundial, ¿qué decir del desempleo creciente (en las naciones avanzadas) que, en el 2009, evidenciaban 500.000 despidos por mes, desalojos superiores a los 2 millones de viviendas, quiebras continuas de los sistemas bancarios, etc.? Por eso no es grato el futuro de los países sujetos al dólar. La supuesta economía exitosa de Chile registra, desde el 2008, considerables caídas (cerca al 2%) que destacan otro hecho: el supuesto éxito neoliberal no es tal, pues los índices de crecimiento económico de la dictadura, nunca fueron superiores a la media del crecimiento anterior; lo que sí creció, de modo alarmante, fue la concentración de la riqueza en el sector privado. La menor distribución genera la apariencia de mayor riqueza. Ese espejismo es la trampa del modelo capitalista. Su decadencia genera otra apariencia: parece más fuerte cuando es más débil.

La modernidad es la era de las apariencias. Produce Estados aparentes, democracias aparentes; por eso, lo más que puede prometer, en plena crisis, son reformas y maquillaje. Desde que empodera su presencia global, sólo puede desarrollar una política de dominación; lo que, a la larga, produce una ausencia de sentido histórico en el conocimiento que patrocina. Se hace conservadora. Por eso la política y la historia se le evaden y éstas aparecen, desde el sur, para imprecarle su falta de visión. La ceguera provoca esta desestabilización global. Hoy empieza la Cumbre de Río; terminar con la OEA debiera ser un imperativo. Sólo Venezuela y Bolivia levantan una voz que debiera ser unánime, no sólo por Honduras, sino por toda la amenaza regional que representa la última invasión a Haití. El 2001, desde Estados Unidos se lanzó otra santa cruzada contra el mundo entero, era la llamada guerra del bien contra el mal. Inventaron un monstruo: el terrorismo; para luchar contra éste se hicieron, ellos mismos, monstruos. Ahora creen que generando cataclismos saldrán ilesos. Pero no se asesina impunemente. Asesinato es, como dice Franz Hinkelammert, suicidio. La injusticia genera maldición y la maldición acaba con el que la origina. Esa es la maldición que arrastran los imperios.

Rafael Bautista es autor de “Pensar Bolivia: Del Estado colonial al Estado Plurinacional”.

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Las revoluciones que preludiaron la Independencia

Olmedo Beluche (especial para ARGENPRESS.info)

Las prolongadas y sangrientas luchas que culminaron en lo que se conoce como la Independencia hispanoamericana prueban el aserto marxista de que los cambios en la estructura económica y social preparan y anticipan los cambios de la superestructura política y cultural. Afirmamos esto, pese a que Carlos Marx no dedicó ningún estudio profundo a la revolución hispanoamericana y, por el contrario, son conocidos sus crasos e imperdonables errores sobre la personalidad de Simón Bolívar.

Lejos de lo que muchos creen, inducidos por las falacias de la historia oficial, la independencia no obedeció a ningún proyecto claramente trazado con antelación, ni a una concepción de nación particular. En la Independencia, los hechos objetivos se impusieron primero y luego la ideología trató de darles coherencia. Primero las clases sociales y sus fracciones actuaron en procura de sus propios intereses y luego sus ideólogos fueron acomodando el discurso para justificar sus actos y compactar a la sociedad tras su proyecto particular.

Aunque hubo desde la Conquista frecuentes choques entre los intereses de los conquistadores (luego convertidos en encomenderos, hacendados y comerciantes, los criollos), y la Corona española, drama anticipado y personificado por el propio Vasco Núñez de Balboa, lo cierto es que la idea o ideología de una unidad nacional con España no se rompió sino hasta bien avanzada la crisis del Imperio español forzada por los reiterados errores de la monarquía y factores internacionales.

Para una referencia de los hechos concretos, remito a la monumental obra del historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra Historia.

Los gobiernos borbónicos y sus medidas socavaron el imperio:

Alejándonos de toda valoración subjetiva, hemos de empezar señalando que durante el siglo XVIII hubo un intento de la dinastía de los Borbones, en especial de Carlos III, por modernizar a España e industrializarla en una carrera que empezaba a perder frente a potencias como Holanda, Francia y principalmente Inglaterra. El problema es que las medidas económicas de los Borbones, lejos de lograr el objetivo que pretendían, terminaron fomentando las contradicciones que ya la realidad había incubado.

Como bien señala Nahuel Moreno: “Un imperio atrasado, semifeudal, que impulsa el desarrollo capitalista, provoca tendencias centrífugas, no centrípetas, que no tienden a consolidar el poder sino a debilitarlo, a destruirlo” (Método de interpretación de la historia argentina).

Se procuró proteger y estimular la producción industrial y el comercio de otros puertos de la península Ibérica hacia América, rompiendo el tradicional monopolio de Sevilla y Cádiz. Para financiar el estímulo económico que la tarea planteaba se requería extraer los recursos financieros de alguna parte, y no fue del enorme aparato burocrático feudal de medio millón de nobles (1 de cada 20 españoles, en 1789), y otros tantos curas. Además en un marco en que el comercio naval inglés ya era el primero del mundo y España se había estancado.

Se procedió aumentando la extracción de plusvalía de las colonias americanas, estimulando ciertas industrias allende el mar, pero arreciando las cargas fiscales y cerrando el monopolio comercial con otras potencias, en momento en que habían empezado a filtrarse las manufacturas inglesas a precios mucho más bajos. Incluso cuando el flujo comercial inglés era incontenible, se permitió su comercio, siempre y cuando pasaran las mercaderías previamente por la península.

En América el status social comprendía: en la cúspide, un funcionariado español que vigilaba los intereses de la Corona a través de instituciones como la Audiencia , los Virreyes, Capitanes generales, oidores, etc. La capa superior de la sociedad hispanoamericana estaba compuesta por una oligarquía (los criollos), organizada en torno a los Cabildos de las ciudades, compuesta de comerciantes y grande hacendados que se dedicaban a la producción extractiva de minerales (oro y plata) y algunos productos agrícolas de exportación (azúcar, cacao, etc.), a través de la explotación de mano de obra esclava de origen africano o simiesclava indígena, mediante el sistema denominado la mita. En el medio, la sociedad estaba compuesta por grupos de artesanos y productores agrícolas en pequeña escala para el mercado interior, mayormente mestizos.

A decir de Liévano Aguirre, equilibrio social se sostuvo por 200 años gracias a las Leyes de Indias, que intentaban defender algunos derechos (como los resguardos) indígenas frente a los abusos de los criollos. Aunque esta legislación nunca se cumplió a cabalidad, la Corona era vista por los más explotados como una especie de árbitro al que acudían frente a los intentos de empeorar las condiciones de vida y de trabajo por parte de los criollos.

Incluso este hecho limitó, hasta bien entrado el siglo XIX, las demandas por mayor poder político y económico de los criollos, dando al traste con el primer proyecto independentista, salvo en Buenos Aires, y mantuvo hasta la restauración de Fernando VII (1814) la ilusión de que las medidas que se tomaban eran en su nombre. Antes que la Independencia , el clamor creciente de las élites hispanoamericanas era el acceso a los cargos públicos y, por encima de todo, el “libre comercio”.

Regresando al siglo XVIII, para aumentar los recursos de la monarquía se recurrió a varias medidas, todas las cuales, afectaron al conjunto de las clases sociales hispanoamericanas:

Entrega del monopolio del comercio a compañías privadas (como la Cía. Real Francesa de Guinea, la Cía. Inglesa del Mar del Sur y una empresa de Guipuzcua). Por ejemplo, esta última terminó monopolizando el comercio de cacao venezolano, haciendo caer sus precios y llevando a la crisis tanto a productores como a comerciantes internos.

José Gálvez, asesor de Carlos III, culpó de la falta de dinamismo económico a las Leyes de Indias enfilando el ataque contra los resguardos indígenas y permitiendo a los hacendados apropiárselos para forzar a la población a emigrar y ofrecerse como mano de obra barata para las haciendas. Pero, según Liévano, “tal práctica plantearía, por primera vez en tierras americanas, una controversia revolucionaria no entre el estado español y los estamentos privilegiados, sino entre la metrópoli opresora y sus dominios, cuyas distintas zonas de opinión se sentirían víctimas, por igual, de un despotismo intolerable”.

El aumento abusivo de todos los impuestos, en especial el de la alcabala (implicó una inflación en los precios de los artículos de primera necesidad), el de la armada de Barlovento, el “graciosos donativo” (tributo personal de dos pesos para los blancos y un peso para las castas “de color”), el monopolio de los estancos, con el consiguiente aumento del licor y el tabaco, etc. “…desde el indio hasta el magnate, comenzaron a demostrar, con impresionante uniformidad, su descontento con las providencias de la Corona ”.

Pese a que el conjunto de las reformas borbónicas golpeaban a todos los sectores sociales de la vida colonial, las víctimas centrales fueron las poblaciones indígenas. La superexplotación del indio y la pérdida de sus derechos consagrados sería la base de la extracción de un excedente que debía drenar a los bolsillos de los explotadores criollos y de éstos a la metrópoli y a las arcas de la monarquía.

Por esta razón, las primeras sublevaciones populares tuvieron como actores centrales a los pueblos indígenas, pero también por eso, los criollos no sólo se abstuvieron de apoyarlas, sino que prefirieron aliarse al absolutismo español para aplastarlas.

Las revoluciones previas a la independencia:

Una de las primeras medidas de “modernización” borbónicas consistió en la expulsión de los jesuitas y la destrucción de sus misiones en Paraguay, a mediados del siglo XVIII. No vamos a profundizar la descripción de los logros económicos y culturales de las misiones guaraníes porque existe una amplia literatura que muestra cómo, respetando los derechos indígenas, los jesuitas lograron considerables éxitos en todos los órdenes.

Mediante el Tratado de Madrid se decidió la destrucción de las misiones entregando gran parte del territorio paraguayo al imperio portugués. Esto motivó la primera gran huelga general indígena, y la posterior organización de un ejército al mando del cacique Sepee, que asestó fuertes derrotas militares tanto a españoles como a portugueses, forzándoles a firmar un breve armisticio en 1754. Esta primera revolución victoriosa indígena causó gran impacto moral en el mundo, pero convenció a ambas coronas de organizar una gran expedición militar que terminó con un genocidio y la destrucción de las misiones.

Esta primera sublevación indígena no tenía por objetivo la independencia, sino la defensa de los derechos adquiridos, aunque ya llevaba la semilla que acabaría fructificando medio siglo después en la Independencia.

En palabras del cabildo indígena de Santa Rosa, citada por Liévano: “Cuando puesta la mano sobre los Santos Evangelios juramos fidelidad a Dios y al rey, sus sacerdotes y gobernadores nos prometieron, en nombre de él, paz y protección perpetua, y ahora quieren que abandonemos la patria. ¿Será creíble que tan poco estables sean las promesas, la fe y la amistad de los españoles?”. En palabras del cacique Sepee: “…Nosotros en nada hemos faltado al servicio de nuestro rey…”.

Las medidas borbónicas también golpearon el nivel de vida del pueblo en España, produciéndose una sublevación popular en Madrid el 26 de marzo de 1776 que obligó a Carlos III a refugiarse en Aranjuez, de la que se culpó a los jesuitas y sumó otro motivo para la disolución y encarcelamiento de los miembros de la orden.

Los jesuitas vienen a cuento porque, contrario a la que pueda suponerse, la primera proclama independentista, no salió de la pluma de un ilustrado libre pensador, sino de un cura jesuita de Arequipa exiliado en Italia, Juan Pablo Vizcardo, cuyo manifiesto fue traído por Francisco de Miranda. Liévano cita el texto:

“Bajo cualquier aspecto que se considere nuestra dependencia de España se verá que todos nuestros deberes nos obligan a terminarla… Semejante a un tutor perverso que se ha acostumbrado a vivir en el fasto y la opulencia, a expensas de su pupilo, la corte de España ve con el mayor pavor aproximarse el momento que la naturaleza, la razón y la justicia han prescrito para emanciparse de una tutela tan tiránica… El valor con que las colonias inglesas de América han combatido por la libertad, de que ahora gozan gloriosamente, cubre de vergüenza nuestra indolencia… que se ahora el estímulo de nuestro honor, provocado por los ultrajes que han durado trescientos años”.

En 1780-81, acontecieron dos poderosas revoluciones que estremecieron el imperio español en América, que constituyen el preludio de la Independencia : la insurrección indígena en Perú, liderada por Tupac Amaru y la revolución de los Comuneros en el Nuevo Reino de Granada (Colombia).

En ambos casos las élites criollas se espantaron ante la profundidad del levantamiento popular y, aunque los sublevados se levantaron contra las mismas medidas de la monarquía de las que ellos se quejaban lastimeramente, rápidamente comprendieron que sus intereses de clase estaban en peligro. Por ello, prefirieron aliarse a las autoridades españolas en la represión del movimiento, aunque fuera a costa de ver sacrificadas parcialmente sus ganancias.

La rebelión de Tupac Amaru estuvo precedida en 1742 por otra liderada por Juan Santos, en la zona de Tama y Jauja, que duró 14 años para ser derrotada. En 1780, en Tinta, los indígenas se sublevan y ejecutan al corregidor dirigidos por José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru. La rebelión se extiende por toda la sierra, y éste es proclamado rey del Perú, bajo el nombre de José I.

Pero a Tupac Amaru no pudo movilizar grandes ejércitos por la reticencia cultural de los indígenas a salir de sus territorios comarcales (ayllú) y por las expectativas infundadas que puso en los criollos. Liévano cita su proclama: “Ha sido mi ánimo que no se le siga a mis paisanos criollos algún perjuicio, sino que vivamos como hermanos, y congregados en un cuerpo, destruyendo a los europeos…”. Mismos criollos que celebraron su derrota, ejecución y desmembramiento.

Dice don Liévano que al llegar las noticias del Perú a los indígenas de la Nueva Granada , hubo proclamas como la del pueblo de Tocaima: “Viva el rey inca y mueran los chapetones, que si el rey de España tiene calzones, yo también los tengo; y si tiene vasallos con bocas de fuego, yo también los tengo, con hondas que es mejor”.

El 21 de octubre de 1780 hubo motines en “Mogotes, Simacota, Barichará, Charalá, Onzaga y Tunja”. A inicios de 1781 hubo una sublevación en Pasto. Pero el gran movimiento, que pasó a llamarse en la historia la Rebelión de los Comuneros, estalló el 16 de marzo de 1781 en El Socorro, una zona más bien mestiza.

Ese día, con gran afluencia de gente en el mercado, las autoridades pegaron en las paredes el edicto con los nuevos impuestos. Una mujer humilde, Manuela Beltrán, con gesto enfurecido arrancó el edicto y lo rompió en pedazos, dando inicio a la sublevación que saqueó los estancos y persiguió a los funcionarios. Fueron derrocadas las autoridades, la revuelta llegó a comunidades vecinas y se convocó un mes después una Junta que pasó a gobernar. El grito de la revuelta resume la falta de claridad de los objetivos políticos: “¡Viva el rey y abajo el mal gobierno!”

Lejos de apaciguarse, la insurrección se radicalizó en las semanas siguientes y el pueblo empezó a exigir la marcha hasta la capital del Virreinato con la consigna: “¡A Santa Fe!” Para detenerles se envió desde Bogotá una pequeña expedición militar que sólo sirvió para enardecer los ánimos y catalizar un ejército popular de 5 mil personas a cargo de un mestizo llamado Berbeo, quien a la postre acabaría traicionando el movimiento.

“Comenzó entonces uno de los más espléndidos espectáculos de nuestra historia. De las villas, las aldeas y las campiñas brotaron millares de personas, armadas de palos, viejos fusiles o instrumentos de labranza… Lo que en un principio fue delgada fila de insurgentes se convirtió pronto en inmensa avalancha humana, sobre la cual flotaba, como una bandera, el sordo rumor de las quejas nunca oídas, de los sufrimientos no comprendidos de los desheredados, de las viejas frustraciones de un pueblo que marchaba, en apretadas montoneras, en busca de su destino”. (Indalecio Liévano Aguirre).

La marea humana llegó hasta las puertas de Bogotá, pero una conspiración urdida entre algunos dirigentes del movimiento, los criollos de la ciudad y el obispo, les hizo detenerse en Zipaquirá, donde acamparon en espera de sus demandas fueran escuchadas y se firmara un acuerdo que las recogiera.

Del grueso de la rebelión comunera salió el ala más radical, encabezada por José Antonio Galán, quien con una pequeña tropa se dedicó a esparcir la insurrección por el centro del país, por el valle del Magdalena hasta llegar a la zona minera de Mariquita y Antioquia. El movimiento de Galán fue más allá de la rebelión contra las medidas fiscales y tocó la médula de la sociedad de clases, la propiedad privada, la repartición de la tierra y la abolición del trabajo esclavo. Las consignas que movieron a Galán y su gente, sembrando el terror entre los hacendados fueron: “¡Unión de los oprimidos contra los opresores!” y “¡Se acabó la esclavitud!”

Más tarde, derrotado el movimiento, la oligarquía criolla y las autoridades coloniales se ensañarían contra él, siendo no sólo ejecutado, sino que su cuerpo fue, como el de Tupac Amaru, descuartizado y enviados sus miembros a diversos pueblos para que sirviera de escarnio.

En junio de 1781, en Zipaquirá, se firmó un acta, entre los líderes de los insurrectos y representantes de la oligarquía de Bogotá, por la cual se congelaban las medidas fiscales. Pero como bien demuestra don Indalecio, las autoridades y los oligarcas criollos jamás pensaron cumplir lo pactado, sino ganar tiempo para que se desmontara el movimiento, retornara el Virrey de Cartagena y trajera tropas suficientes para garantizar la represión y el orden público. Tal cual sucedió con posterioridad.

Queda para otra ocasión el análisis de las reacciones frente a las medidas borbónicas en otras zonas con alta población indígena, como Guatemala y México. Pero en 1810, al momento del estallido popular liderado por el cura Miguel Hidalgo demandas semejantes quedaron expresadas en el Grito de Dolores y, posteriormente en la proclama del Congreso de Chipalcingo (1813), convocado por Morelos, que decreta la abolición de la esclavitud y del tributo indígena. Ellos, igual que Galán y Amaru, son traicionados y asesinados por la oligarquía criolla.

Indalecio Liévano Aguirre cierra el interesante capítulo sobre la rebelión de los Comuneros señalando un hecho que no es casual, sino que marca la misma esencia de la oligarquía criolla hispanoamericana: el líder popular José Galán es apresado y entregado a las autoridades por Salvador Plata, prominente criollo del Socorro, familiar directo de Vicente Azuero Plata, quien años más tarde sería el brazo derecho de Francisco de Paula Santander en las intrigas contra Nariño y Simón Bolívar, que llevarían al hundimiento de la Gran Colombia.

Bibliografía:
- Liévano Aguirre, Indalecio. Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. Intermedio Editores – Círculo de Lectores, S. A. Bogotá, 2002.
- Luna, Félix. La independencia argentina y americana (1802-1824). La Nación , S.A. Buenos Aires, 2003.
- Moreno, Nahuel. Método de interpretación de la historia argentina. Ediciones Antídoto. Buenos Aires, 1989.

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Haití: ¿Reconstruir qué?

Carlos Malbrán

“Sola
ay estoy sola
Llevé triunfalmente mi cosecha maravillosa
pero los laureles que mueren tienen otro aroma
el aroma desesperado de los adioses sin rencor
se mezclan tanta aspereza y tanta suavidad
que no he remplazado mis pobres flores marchitas.”
Jeanine Tavernier-Louis (Poeta haitiana)

Quisqueya la bella

Quisqueya, (madre de toda la tierra), llamaban los taínos a esta hermosa isla que Haití comparte con la República Dominicana. El ambicioso Colón en su primer viaje la llamó La Española y tan fascinado estaba con Las Antillas que lleno de entusiasmo en su primera carta a los reyes de España les decía:

“La Hipaniola es maravilla: las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan fermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares…”. Más adelante prometía: “… que pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hobieren menester…”

Queda claro que el objetivo de aquella travesía era apropiarse de riquezas y a ello se dedicaron los conquistadores sometiendo al trabajo forzado a los naturales. Con tal empeño lo hicieron que ya a mediados del siglo XVI casi no quedaban indígenas y entonces comenzó el otro genocidio: el de los esclavos de África, que fueron traídos por miles a estas tierras para ser explotados salvajemente.

Un siglo después, los españoles abandonaron la parte occidental de la isla, que los nativos llamaban Ayiti, (tierras altas), que no tardaría en convertirse en refugio de piratas ingleses que hacían su agosto atacando barcos españoles y ocupando tierras con el visto bueno de su majestad británica. Pero como no eran sólo los ingleses los que andaban a la caza de una parte del botín recién descubierto, los franceses ocuparon Ayití al que llamaron Saint Dominique y continuaron con la obra genocida y devastadora con grandes resultados. En el siglo XVII Haití era el primer productor mundial de caña de azúcar.

Además de su costo en sangre humana, el precio para Quisqueya fue terrible. Los bosques fueron arrasados para dar lugar a los cultivos de caña, especies, café, chocolate, algodón e índigo y durante la Segunda Guerra Mundial los estadounidenses aceleraron la deforestación para plantar sisal y hevea. La tala continuó con el dictador Duvalier, que vendió al mundo toneladas de maderas finas como la caoba y el resultado es que si al llegar los españoles los bosques ocupaban el 80% del territorio, hoy en Haití se ha reducido al 2% y en República Dominicana al 30%, con las consiguientes consecuencias climáticas.

Al independizarse los Estados Unidos de Norteamérica, se rompe el monopolio comercial británico y la nueva nación cambia sus proveedores de azúcar, que hasta entonces habían sido las colonias británicas de Jamaica y Barbados, reemplazándolos en beneficio de Saint-Domingue. Por entonces Cabo Haitiano, (Cap Haitien), se llamaba Cap Français y era considerado "El París del Nuevo Mundo". Esplendor teñido por la sangre de más de medio millón de esclavos traídos de África, a los que se propinó el peor trato que se registra en las crónicas de la esclavitud. Las torturas y las injusticias fueron alimentando el rencor de una población negra que superaba en un 90% a los blancos que entre propietarios, burócratas, comerciantes y soldados, no sumaban 40 mil, y los cerca de 28 mil mulatos libres, que eran propietarios de un tercio de las plantaciones azucareras y de los esclavos.

La noche del 14 de agosto de 1791

Las plantaciones están adormecidas en la molicie del domingo. Por la tarde ha llovido, pero no ha servido de mucho; casi no ha refrescado, la humedad hace más insoportable el calor de agosto. Ahora la tormenta ha cobrado fuerza y los relámpagos iluminan los anegados trillos secretos de la selva donde la adormidera se frunce al paso sigiloso de los negros que caminan chapoteando como movidos por una voz interior que los convoca.

Empapados por la lluvia, con el agua que les resbala sobre la piel, marchan indiferentes a los truenos y al fango. Van en búsqueda de su destino.

Durante varias noches las voces graves y profundas han brotado del vientre de los tambores transmitiendo el mensaje en un código ancestral que vino desde África, polizonte involuntario en la memoria colectiva de los esclavos. Es la voz de Damballah, Damballah Dios; Damballah serpiente; Damballah protector; convocándolos a Bois Cayman.

Vienen por cientos, desde todas partes convergen en aquel claro del bosque, en el que imponente, los espera Bouckman, el gran bokú, poseído por la fuerza de "Ogún de los hierros, Ogún el guerrero, Ogún mariscal, Ogún de las lanzas", que ahora ha detenido la lluvia para que no apague las hogueras que iluminan todo el lugar, pero quedan los truenos, que me mezclan con el repicar de los tambores y dan un toque fantasmagórico a la reunión.

Sobre un tablado improvisado con troncos para que todos puedan verlo, el gran bokú alza sus brazos y habla:

"¡Escuchadme todos! Bon Dieu, que ha hecho el sol que nos alumbra desde las alturas, que subleva la mar y hace rugir el trueno, oculto en una nube, nos mira. Él ve lo que hacen los blancos.

El dios de los blancos pide crimen. Bon Dieu desea bondad.

Pero Bon Dieu exige venganza. Él dirigirá nuestros brazos. Él nos ayudará. Arrojad la imagen del dios de los blancos que tiene sed de nuestras lágrimas y escuchad la voz de la libertad, que habla a nuestro corazón".

Dicho esto celebró un ritual de sacrificando un cerdo y dio a todos a beber la sangre caliente.

Bailaron después una danza de guerra, prestaron solemne juramento de solidaridad; prometieron liberarse de la dominación blanca y desanduvieron luego los caminos.

Así comenzó la rebelión de esclavos más grande de la historia del continente.

François Dominique

No conocía la libertad.

Había nacido esclavo en la parte occidental de la Isla de Santo Domingo en 1743. África no era para él la nostalgia, sino los de recuerdos de sus padres con los que había sido acunado en la plantación de Bayón de Libertas, donde pasó su infancia de niño esclavo.

Vivaz e inteligente, pronto comprendió que la diferencia entre los mandaban y los que obedecían no estaba solamente en el poder del látigo, sino en saber leer y se aplicó con ahínco estudiar en el poco tiempo que le dejaba su condición de esclavo. Leyó cuanto libro cayó en sus manos, desde las novelas europeas de su tiempo a las "Memorias Militares" de Plutarco o "Epicteto" de Raynal, y por supuesto Voltaire, junto con los enciclopedistas que habían inspirado la Revolución Francesa.

Su inteligencia llamaba la atención de sus amos que lo convirtieron en su cochero y su capacidad de observación lo llevó a estudiar las cualidades de ciertas yerbas de la selva, convirtiéndose en médico de campo.

Fue con este cargo que entró años después al ejército el hombre que conocido como Toussaint L'ouverture se convertiría en liberador de sus hermanos de raza, expulsando a los franceses.

La lucha fue tan terrible como glorioso el resultado. El 1º de enero de 1804 Saint Domique se convirtió en el primer territorio de América Latina que conseguía liberarse del yugo colonial. Era la primera rebelión negra triunfante y dio origen a la primera República negra del mundo. Proclamada la independencia el gobierno revolucionario retomó el nombre de Haití, (Ayiti) y abolió la esclavitud. Osadía que está pagando aún en nuestros días, porque de inmediato todas las “blancas y civilizadas” naciones del mundo, aislaron a Haití, temerosas de que el ejemplo de los esclavos liberados se reprodujera en su misma casa.

En 1792 la Asamblea Nacional Francesa decidió otorgar la ciudadanía a los hombres libres de color y dos años más tarde abolió la esclavitud de todas las colonias francesas.

Pero en 1802 Napoleón decide restablecer la esclavitud y envía a Haití un contingente de 24 mil hombres al mando de su cuñado, el general Leclerc, quien consigue engañar a un grupo de los haitianos prometiendo no restablecer la esclavitud. Toussaint Louverture no cree en esta promesa y lucha. Pero la suerte está echada porque la superioridad del ejército francés es notable en número de hombres y armamento. Toussaint ofrece su capitulación a cambio de quedar libre y de que sus tropas se integren al ejército francés. Más cuando llegan las noticias de la reinstauración de la esclavitud en la colonia francesa de Guadalupe, la traición queda al descubierto y los rebeldes reinician la lucha, pero ya Louverture ha sido capturado y es enviado a Francia donde morirá encarcelado en 1803.

No obstante los haitianos luchan con tal tenacidad que logran vencer a las tropas napoleónicas y entran en Puerto Príncipe, en octubre de 1803. Los franceses que habían perdido miles de hombres se retiran en diciembre y el primero de enero de 1804 se proclama la república.

Francia será siempre una amenaza para la joven nación y la historia nos muestra un caso que puede parecer inverosímil y absurdo: cazaron a hombres como bestias; los esclavizaron y cuando estos obtuvieron su libertad luchando, la nación que había derrocado a la monarquía bajo la divisa de “Libertad, igualdad, fraternidad”, en 1814 exigió a Haití una indemnización de 150 millones de francos oro, que en 1838 rebajó a 90 millones. Un puñado de negros casi desarmados había humillado al ejército napoleónico, y eso debía pagarse muy caro. Recién cuando Haití aceptó pagar, Francia la reconoció como nación independiente y comenzó a percibir las cuotas de la indemnización que Haití terminó de pagar en 1883. Haití es el único caso en América que debió pagar por su libertad un tributo al colonizador.

La Francia republicana, no sólo no indemnizó a quienes había vejado, sino que les cobró y si usamos la calculadora Haití pagó el equivalente a lo que hoy serían 15 mil millones de euros, pero no nos preocupemos, porque el Presidente Sarkzoy en su reciente visita a la zona de desastre prometió que Francia “donará” 326 millones de euros para ayudar a Haití, claro que esto incluye la condonación de 56 millones que la nación caribeña debe. Lo que en buena aritmética nos dice que de las finanzas francesas sólo saldrán 270 millones de euros.

Algo no me cierra bien en las cuentas porque según mi calculadora, después de esta “donación”, o reintegro si queremos darle su verdadero nombre, Francia le quedaría debiendo a Haití 14730 millones de euros más los intereses correspondientes. ¿O no?

Desde siempre el pueblo haitiano ha tenido que soportar invasiones, (de Estados Unidos de Norteamérica desde 1915 a 1934), dictaduras bajo el patrocinio de los Estados Unidos, golpes de Estado y nuevas invasiones, para ostentar el doloroso blasón de ser el país que ha sufrido más cantidad de intervenciones imperialistas en América Latina. Si antaño Haití fue una colonia con mayoría de esclavos, como república nació aislada y sometida a la explotación. Las decisiones sobre lo que debía o no hacerse en el país fueron tomadas invariablemente en el exterior. Pongamos un ejemplo: En 1930, para evitar confusión entre el nombre de la República de Haití y el nombre la isla, la Junta de Geografía de los Estados Unidos (U.S.G.B./United States Geographic Board) decidió, de manera unilateral, nombrar la isla como Hispaniola en homenaje a los colonizadores españoles. Nadie protestó por esto y así fue borrado de un plumazo todo el pasado de los taínos.

En los últimos días el mundo ha sido testigo del drama del pueblo haitiano víctima de una catástrofe natural que no es sino una más de sus penurias que viene a sumarse a la calamidad social y económica a que ha sido históricamente sometido por los amos del mundo y los terratenientes nativos asociados a ellos que lo han convertido en el pueblo más pobre de América.

Un terremoto muy largo

Más de 300 mil seres humanos quedaron sepultados por el terremoto y a simple vista se puede observar que si las condiciones de vida hubieran sido otras, el número de víctimas habría sido mucho menor, porque Haití no está en ruinas por el movimiento sísmico, sino que lo estaba mucho antes de que este sucediera.

Desde 1957 hasta 1986 el país estuvo en manos del dictador François Duvalier, conocido como “Papá Doc”, que se encargó de instaurar una de las más feroces dictaduras que ha conocido América con fuertes lazos con la Casa Blanca y fue sucedido por su hijo Jean-Claude, que sería derrocado por un golpe de estado.

En 1988 Jean-Bertrand Aristide, un cura salesiano de una pequeña parroquia de Puerto Príncipe declaró: “El imperialismo americano ha sustentado al gobierno de Haití. Las elecciones no son la salida, las elecciones son un modo de aquellos en el poder para controlar al pueblo. La solución es la revolución, primero en el espíritu del Evangelio; Jesús no podía aceptar que el pueblo pase hambre. Es un conflicto entre clases, entre ricos y pobres. Mi trabajo es de predicar y organizar...”. Esto y ser expulsado de la orden fueron la misma cosa, pero en 1991se convirtió en el primer presidente electo democráticamente y una de sus primeras medidas fue proponer un aumento del salario mínimo de 1.76 a 2.94 dólares y si antes lo habían echado de la congregación salesiana, las empresas maquiladoras norteamericanas en Haití, Nike, Levis y Wrangels, entre otras, corrieron a llamar a la CIA que se agenciaron a unos cuantos militares y prepararon y financiaron el golpe de estado que derrocó a tan atrevido presidente, que no entendía algo tan simple como: usted nos deja explotar a su pueblo, enriquézcase y haga como que gobierna.

Pero algo salió mal, a los haitianos esto no les gustó y además hubo una reacción internacional contra el golpe. El remedio fue peor que la enfermedad y el caos paralizó la producción de las empresas estadunidenses, que otra vez tocaron a las puertas de la Casa Blanca para encontrar solución. Aristide fue repuesto en su cargo, después de asegurar la impunidad de los golpistas.

Una vez más las tropas norteamericanas se apropiaron de Haití, ahora con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU y ya que estaban se apoderaron de toda la documentación referente a las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura militar y es posible que también de las pruebas de la participación de la CIA.

Aristide fue reelecto en 2004. Esto era más de lo que los norteamericanos podían soportar y entonces se encargaron de sitiarlo económicamente y asediarlo con el Fondo Monetario Internacional. El Presidente haitiano no había aprendido la lección, de modo que volvió a insistir con el asunto del salario mínimo, y como si esto fuera poco, tuvo además el atrevimiento de reclamarle a Francia la devolución de aquella “indemnización” de la que ya hemos hablado. Era mucho, Los Estados Unidos y Francia se encargaron de expulsarlo del poder.

Inmediatamente después de la invasión franco-yanqui, el gobierno norteamericano buscó la complicidad de la ONU para crear una fuerza internacional que disfrazada de misión humanitaria mantuviera al país ocupado militarmente, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, el Salvador y Paraguay, y otros, se prestaron al juego. Algunas de las labores “humanitarias” de estas tropas han sido aplastar la resistencia haitiana a la que prefirieron llamar “proliferación de delincuentes armados” realizando verdaderas masacres en Solei Citi, el barrio más pobre de Puerto Príncipe, y bastión de los partidarios de Aristide, con un costo de 150 muertos y unos meses antes del terremoto reprimir brutalmente, con un saldo de cinco muertos, la huelga de más de un mes que sostuvieron los trabajadores textiles, que cobran 46 dólares mensuales y reclamaban aquel aumento que quería otorgar Aristide.

En cuanto esta “misión humanitaria” estuvo instalada el gobierno de EEUU hizo aprobar una ley que libera del pago de impuestos, terrenos, luz y gas a las multinacionales que se instalen en Haití, ley que fue extendida por otros 10 años más por el gobierno títere de Preval.

Nunca un terremoto ha sido tan oportuno porque tal como estaban las cosas, el estallido social era inminente, y le permitió al Presidente Obama enviar rápidamente más de 10 mil marines a tomar militarmente el país.

Médicos Sin Fronteras y otras instituciones han denunciado que la invasión yanqui impidió la ayuda sanitaria en los primeros momentos y Françoise Saulnier, directora jurídica de MSF declaró: “La cirugía es una prioridad urgente en tales catástrofes. Están los tres primeros días para sacar a la gente de los escombros, los tres días siguientes para hacerles las intervenciones quirúrgicas y después la comida, el abrigo, el agua. Se mezcló todo, la atención a la vida de la gente se atrasó en tanto que la logística militar que puede ser útil al cuarto o aun al octavo día, atestó el aeropuerto” y agregó que los tres días que se perdieron crearon importantes problemas de infección, de gangrenas y hubo que hacer amputaciones que se hubieran podido evitar.

Canadá Haití Action Network denuncia que "Desde que la Fuerza Aérea de los EE.UU. tomó el control unilateral del aeropuerto de Puerto Príncipe, se ha privilegiado a los vuelos militares sobre los civiles humanitarios. Como resultado, un número incalculable de personas han muerto innecesariamente... "

La ayuda norteamericana ha sido a punta de bayoneta y mientras el Presidente Obama promete apenas 100 millones de dólares de ayuda para los haitianos que son casi nueve millones de seres humanos en la miseria más atroz que se pueda imaginar, destinó varios billones de dólares para salvar a un puñado de banqueros que estafaron al mundo.

Por supuesto era necesario que los medios justificaran la invasión y con total obediencia se han dedicado a manipular la información con una carga de racismo que nos recuerda al señor Goebbels de los mejores tiempos del Tercer Reich, calificando a las víctimas de saqueadores y carroñeros.

Un investigador de la talla de Pascual Serrano escribió al respecto: “El abuso de los vocablos "saqueo" y "pillaje" es constante e ilícito en la medida en que en la mayoría de los casos los objetos que son apropiados son de uso básico y vital. Los damnificados de un terremoto que se han quedado sin vivienda, sin comida y sin agua, no roban una televisión de plasma o un aire acondicionado. Sin embargo los titulares insisten en estas palabras delictivas…”, y el propio Wall Street Journal señaló que “funcionarios de EE.UU. han puesto de relieve las cuestiones de seguridad por el retraso en el suministro de ayuda. Pero un equipo de médicos cubanos se ha visto tratando a cientos de pacientes sin ningún tipo de arma de fuego o soldado visible. La embajada de Estados Unidos en Haití dice que no ha sido capaz de entregar el equipo necesario "por razones de seguridad". Pero de hecho, no se ha reportado un solo caso de trabajadores de ayuda atacado por los haitianos”.

La realidad es que Haití está situada en un punto estratégico en el mapa geopolítico de América, en un lugar desde el cual se puede controlar todo el Caribe, Centro América y parte de Sudamérica, a lo que hay que agregar que sólo 90 kilómetros la separan de Cuba. Pero además con trabajadores de salarios más bajos que los de la Cuenca Asiática y muy cercano al mercado norteamericano, lo hacen el lugar ideal para las maquiladoras norteamericanas. Todo lo que explica la precipitada “ayuda” norteamericana y tenga usted por seguro que mientras usted lee esto, algunos empresarios de la gran nación del norte, se relamen haciendo cálculos sobre lo que ganaran “ayudando” en la reconstrucción de Haití.

Porque ahora se habla insistentemente de reconstruir. Sólo que como soy muy mal pensado me pregunto:

¿Reconstruir qué?

Porque dice el diccionario que reconstruir es volver a construir y echemos un vistazo a lo que había antes del terremoto para ver si vale la pena:

Desde hace años todas las noches se corta el suministro de energía eléctrica, porque las tormentas tropicales de 2008 barrieron con la ya de por sí escasa infraestructura eléctrica y de comunicaciones.

El analfabetismo es de más del 47%; el 90% de las escuelas son privadas y las secundarias matriculan sólo al 20% de la población elegible.

El 80% de la población está desocupada y vive por debajo del umbral de pobreza y dos tercios de ella dependen de la pesca y la agricultura fragilizada por el empobrecimiento del suelo y la deforestación que continuará su marcha acelerada porque en medio de la pobreza, la mayor parte de la gente cocina con leña.

El promedio de vida alcanza a 57 años y casi la mitad de las causas de muertes están atribuidas al VIH/SIDA, infecciones respiratorias, meningitis y enfermedades de diarrea, incluyendo el cólera y la tifoidea, mientras el promedio de hijos por mujer es de 4.86, el más alto de continente. Sólo la mitad de los niños están vacunados y únicamente el 40% de ellos tiene acceso a asistencia médica básica. El 90% de los niños del Haití sufren de enfermedades hídricas y de parásitos intestinales.

Aproximadamente el 5% de la población adulta sufren del VIH. Los casos de tuberculosis son de diez veces más altos que el promedio del resto de América Latina.

La renta per cápita el año pasado fue de 772 dólares, la más baja del continente que coloca a Haití en la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

Si queremos tener una idea del nivel de pobreza, digamos que a gran parte de la población sus ingresos no le alcanzan para comprar pan, arroz u otros alimentos básicos y subsisten adquiriendo a bajo precio una especie de galleta hecha con barro, (si, leyó bien: fango), manteca vegetal y sal, con los consiguientes resultados en cuanto a desnutrición y otras enfermedades.

¿Esto es lo que se quiere reconstruir?

¿Reconstruir un paraíso de hambreados trabajadores, con los salarios más bajos del mundo para que las empresas norteamericanas puedan explotarlos con total impunidad, teniendo además la ventaja de no pagar impuestos ni prestaciones?

¿Reconstruir la miseria?

Las televisoras, siempre atentas al ranking, se han disputado en estos días las imágenes del horror y precipitadamente organizaron maratones para recaudar ayuda, que por supuesto Haití necesita. Haciendo hincapié en un supuesto vacío de poder y la actitud vandálica de los habitantes de un país que es inferior y está compuesto por negros violentos proclives al saqueo.

Grandes estrellas de la farándula, y otros que no son tan grandes pero encontraron en ello una forma de que los vean, se tomaron de la manito y alegremente cantaron por Haití, lo que igualmente sirvió a las televisoras porque eso también sube el ranking.

Haití tiene una larga historia de robos de niños, adopciones ilegales e incluso de vehementes sospechas de tráfico de órganos de niños, pero el mundo parece que acaba de enterarse que esto sucede.
Pobre Haití

Se habla de reconstruir, no de reparar siglos de injusticia; no de devolver lo que a lo largo de su historia le han arrebatado a esta pequeña nación que fue la primera en liberarse de América Latina.

El Haití de los negros sublevados que un día dijeron no a la ignominia.

El Haití del general Alexandre Petion, que siendo presidente apoyó a Simón Bolívar económicamente para que preparara allí en 1816 la Expedición de los Cayos, que sería determinante para la independencia de la Gran Colombia.

Dentro de pocos días no habrá personas emergiendo milagrosamente de entre los escombros del terremoto; la sangre se habrá secado y las imágenes de un Haití devastado pero carentes de morbosidad, dejarán de interesar a los canales de televisión.

Seguirá el hambre, la miseria endémica y el tráfico ilegal de niños, pero Haití habrá desaparecido de las pantallas, dejando lugar a nuevas noticias mientras los marines norteamericanos imponen la “ayuda estadounidense” y las condiciones de una “reconstrucción” que resulte beneficiosa para el imperio.

Foto: Haití – Niños en un orfanato en Puerto Príncipe. / Autor: Marcello Casal - ABR

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“Exitosa ofensiva” militar del Premio Nobel 2009 en Afganistán

Marcel Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

La Organización del Atlántico Norte (OTAN), respondiendo a directrices del Pentágono, ha lanzado una “exitosa ofensiva” en Afganistán. El resultado es de decenas de civiles muertos... por error.

Tienen malas costumbres estos afganos: ser parecidos entre ellos, vestirse como ellos, pensar que esa es tierra de ellos y que tienen derecho a darse los gobiernos que ellos quieren, comer como ellos quieren, tener costumbres que son propias de ellos.
Y claro combatir como lo saben hacer ellos desde hace siglos contra los invasores, a quienes han intentado, infructuosamente según constata la historia, ocupar sus tierras, instalarse como dueños para utilizar su territorio, para “Gloria de su Majestad” o “en nombre de Dios”, en realidad como base de operaciones apuntando a otros países de la región (Rusia, China, India), que instalan gobernantes y preparan traidores para asesinar a su propio pueblo. O venderle opio y heroína al mundo
Todo lo cual, según unos analistas de la metrópolis de hoy, los propagandistas del imperio, es claramente contrario a los valores cristianos y occidentales, que en nombre de un Dios ajeno y unos intereses geopolíticos, y financieros, buscan imponer a sangre y fuego.
Según parece el Premio Nobel 2009, Barack Obama, ha debido ceder ante los centuriones de la industria militar y los estrategas de la guerra dejando de lado la retórica. Y es de nuevo el lenguaje belicista, altanero el que impera en Washington, que parece dispuesta a darles una lección a esos rebeldes montañeses que se resisten a ser esclavos, o que quisieran un pais soberano, sin tropas de ocupación ni gobiernos peleles.
Entonces, en los hechos concretos, según el criterio de la práctica, Obama no parece ser tan pacífico, ni los afganos tan convencidos de las bondades de una democracia impuesta manu miltari.
Lo cierto es que la maquinaria militar de la OTAN, llamada eufemísticamente Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) lanzo la llamada Operación Moshtarak, (Juntos, en idioma dari), es una típica operación de castigo contra un territorio y un pueblo en rebeldía contra el invasor colonial.
El general James Jones, consejero de Seguridad Nacional de Obama se ha apresurado en asegurar el “éxito” de la operación, que incluye a 5 mil soldados estadounidenses, otros miles de británicos, y efectivos de Dinamarca, Estonia y Canadá, y unos 2000 efectivos locales en lucha contra los 80 mil habitantes de Marjah, objetivo de la operación.
Y el plan del Premio Nobel de la Paz es enviar a Afganistán 30 mil soldados más, utilizando las más sofisticadas armas del arsenal, pero que no podrán evitar empantanarse en la guerra.
Jones aseguró que “el presidente Karzai”, instalado en el poder a través de unas “elecciones” con el dedo en el gatillo, ha apoyado la operación , advirtiendo que a diferencia de lo ocurrido en el pasado, las fuerzas internacionales y estadounidenses no se retirarán de la zona tras haber tomado el control, sino que se quedarán para crear oportunidades económicas y un entorno seguro con la ayuda del gobierno local”.
Es decir tras la tierra arrasada, la ocupación territorial, las tropas utilizadas como gendarmes.
Uno podría decir, “Remember Vietnam”, pero lo claro es que si se quedan no podrán dormir tranquilos, y deberán pagar el costo de la ocupación: es decir serán muchos los ataúdes que volverán a los países que mantienen tropas y son cómplices de semejantes acciones.
Una vez más en la historia, se ha dado un excelente motivo de lucha a los afganos. Ya sucedió con los ingleses, también con los soviéticos y sus soldados pagaron el costo de una derrota vergonzante a manos de esos montañeses descalzos, pero armados de una voluntad de lucha inquebrantable.
Sucederá lo mismo con los estadounidenses y la OTAN, a menos que hagan desaparecer el país de la faz de la tierra.
Hay que decir que esta guerra comenzó mucho antes del 11 de septiembre de 2001, como una respuesta al brutal atentado contra las Torres Gemelas. Ya antes se había desarrollado las operaciones encubiertas para hostigar a la Unión Soviética, se entreno y financió a los talibanes.
No hay que olvidar que Osama Bin Laden fue entrenado por la CIA tanto en su preparación guerrillera como en los manejos bancarios para financiar la los 35 mil efectivos de 40 países que combatieron a las fuerza soviética instaladas en Afganistán, desde 1979 a 1989.
De manera que el combate de hoy contra los talibanes es solo un paso más en los objetivos estadounidenses de mantener en territorio de Afganistán de una base de operaciones regional y a falta de “obamas” confiables, han debido instalarse ellos mismos. Y hacer el trabajo sucio con sus propias manos.
En estas circunstancias históricas y escenario geográfico, no es posible esperar , ni siquiera que una victoria militar sea posible ni una solución. Podrán asesinar en acciones terroristas a líderes rebeldes, como de hecho se está haciendo en estos días, pero eso solo alimentará nuevas y mayores rebeldías, y generará nuevos combatientes, es decir alimentarán la espiral de violencia, terrorismo y guerra asimétrica que tanto dicen temer., y con razón.
Es decir Afganistán desatará la inseguridad a nivel global. Y no podrán quejarse de haber desatado los demonios.
Que el uso y abuso de la fuerza bélica no es la vía mas aconsejable para hacer un mundo seguro y justo debiera saberlo el Premio Nobel de la Paz 2009.

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Una lluvia destituyente

Elena Luz González Bazán (especial para ARGENPRESS.info)

Buenos Aires y parte del Gran Buenos Aires se vieron envueltos por ríos de agua. Cayó una lluvia impiadosa sobre las ciudades, barrios y aledaños, formando afluentes imparables. No pidieron permiso, no se anunciaron, arrasaron con todo, como torrentes de montaña. Así fue el lunes 15 no así, este viernes 19 de febrero, que hubo alerta meteorológica. Hoy lunes 22 de febrero, cayeron alrededor de 50 milímetros. Ríos inclementes no tuvieron piedad superó, en muchos casos, varios barrios porteños y del gran Buenos Aires, el metro y medio de altura.

Los más osados pudieron nadar, arrastrarse entre la lluvia, chocar con basura y materiales de todo tipo, autos a la deriva, audaces y valientes transeúntes fueron sorteando de acuerdo a las aptitudes físicas de cada uno. A los desprevenidos y desamparadas habitantes de este rincón Argentino los amparaban los dioses; desde el Dios Tlaloc, divinidad de la lluvia y la fertilidad Azteca, o el Pariacaca, dios pre Inca del agua, la lluvia y los vientos, el dios de los Mayas, Chaac, dios de la lluvia y la fertilidad, y así de seguido podemos nombrar a Buda, Confucio, Mahoma, Cristo, o el mismo Dios Cristiano.

Las disculpas han sido múltiples, y los pesares inmensos. Las pérdidas no tienen aún un cálculo preciso, y el temor que va quedando cuando llueve avanza, crece y angustia.

El temor, todo el mundo mira el cielo, clamando en silencio: detente, estamos desamparados, lo que se eligió ayer y hoy han dejado inermes a los ciudadanos de la ciudad y el gran Buenos Aires, ahora está lloviendo… ¿hasta cuando lloverá?

Este es un aspecto, por otro lado, esto no es sólo un problema meteorológico, sino es la impresionante agresión que ha hecho el hombre contra el medio ambiente y su conservación. Agresión que va derivando en una situación cada vez más apremiante, la deforestación, las escasas obras hídricas, la matanza de peces y animales, los ríos altamente contaminados, la falta de limpieza de las grandes urbes, y la rapiña de una denominada clase política, en nuestro país en particular y en el mundo en general, van dejando un gusto y una situación que algunos quieren explicar con predicciones, como la de los Mayas, a cumplirse el 31 de diciembre del 2012 o bien las de la virgen de Fátima diez días antes, el 21 de diciembre, sin por supuesto desmerecer estas predicciones; sino tomar el valor que tenían, por el conocimiento, en el caso de los Mayas, de la naturaleza humana. Y lamentablemente, en estas latitudes, la naturaleza humana es rentista, parasitaria que no quiere la inversión, la producción y el desarrollo.

Asimismo, y como si los problemas de esta envergadura fueran responsabilidad excluyente del partido que gobierna la ciudad, todo cae inexorablemente sobre las anteriores y la actual administración. Y sí son responsables, y mucho, porque las obras no se han realizado aún, pero no es sólo responsabilidad del gobierno comunal, también del gobierno nacional. Esta es la ciudad capital de la República Argentina, si esto pasa aquí hay que suponer lo que sucede en el resto desprotegido del país.

Pregunto: ¿no se podía haber convocado a la prefectura a que colaborara con toda la infraestructura náutica que posee? No, que se hunda el gobierno de Macri y quien lo votó. Mezquindad total. Ni un solo gesto para los habitantes. El gobierno nacional no se inmiscuye o evade su compromiso.

La licenciada Bo de Besozzi, hablando del Síndrome de Estocolmo sostiene que en la Argentina hay una identificación de ponerse del lado de, y sí es así, lamentablemente, como si la realidad fuera blanco o negro, de acuerdo a los actores en disputa.

Si no estás con el gobierno nacional porque no coincidís y criticas sus formas de gobernar, perteneces indiscutiblemente a la oposición política, no importa de cual se trate.

El gobierno o el campo

Los grandes medios o el gobierno

Los que no están con el gobierno son reputados de destituyentes.

Una verdad cerrada, acotada, mediática, donde la pregunta de cualquier ciudadano ante las críticas hacia uno u otro lado es ¿entonces estás con…?

No existe un análisis, reflexión, un pertenecer a otro espacio o forma de pensar. No existe. Hay una propaganda que elabora estas políticas para evitar una reflexión más clara y profunda.

Por eso, el desastre meteorológico donde la ciudad Capital de la Argentina queda envuelta en una hecatombe sin aditamentos, nos conduce a malos gobiernos, anteriores y actuales de toda naturaleza.

Debemos rememorar la entrega de nuestro patrimonio nacional, cuando todos o casi todos repetían que iba a ser mejor la privatización de los servicios públicos.

Y acá tenemos el efecto de las concesiones y privatizaciones. Las empresas colocan un contestador que jamás dice nada. Aparecen, ante tamaña situación un vocero o vocera para decir verdades a medias. La única verdad es la realidad repetía Juan Domingo Perón, y esa realidad es que no se hizo ninguna obra de infraestructura desde la famosa y lapidaria Reforma del Estado, Ley 23.696.

Ninguna.

En ningún espacio concesionado o privatizado: agua, energía, gas, petróleo, teléfonos y mucho menos transportes y ferrocarriles en particular.

Nada.

Todo negocio redondo con grandes subsidios.

Menem lo hizo y lo continúo De La Rúa, los presidentes por un día, Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Todos sin excepción.

No hubo de actuales o anteriores gobernadores, intendentes de la Ciudad de Buenos Aires una actitud para terminar con la reforma del Estado de Dromí – Menem.

Es más, todo continuó su camino ascendente para seguir concesionando, subsidiando y entregando cada vez más patrimonio nacional.

Estas, las lluvias y una ciudad y un gran Buenos Aires desvalido, son las consecuencias de estas políticas de Estado. En este caso, cuando se da en cualquier otro lugar del país, es aún peor, más desamparados, más peligros para la vida humana, menos lugares donde atender a los damnificados y así, se profundiza la catástrofe climática, porque las soluciones no están, y jamás llegan.

Buenos Aires no resiste más, como no resiste Argentina, con hospitales llenos de mugre y cucarachas, sin ventiladores, sin insumos, con pésimos salarios, con una realidad deprimente como los hospitales de Santiago del Estero y Formosa.

Que desilusión para ese gran sanitarista que fue Ramón Carrillo, tener que presenciar el estado de esos hospitales que con tanta dedicación promovió y levantó, los nutrió de todo lo necesario e indispensable, erradicando enfermedades y salvando miles de vidas.

Que pensará ese otro gran sanitarista como fue Arturo Oñativia, que peleando contra las grandes corporaciones de medicamentos, se plantó para hacer una ley que fuera en beneficio del pueblo.

Estas lluvias, si se vuelven a repetir, y ya volvieron hoy, dejarán nuevos tendales, porque lo dice el mismo jefe de gobierno, no hay obras, el Maldonado, cuestionada por la oposición, estará lista en su primer tramo del año que viene. Mientras tanto… a esperar, y la pregunta sería, ¿Por qué no antes?

Apenas asumieron Mauricio Macri y Gabriela Michetti se produjo un temporal, fue entre el 15 y 16 de diciembre 2007, cayeron 88.5 milímetros, se inundó todo, hacía 5 días que habían jurado. Pero ahora hace dos años y dos meses.

En ese momento, como ahora, la ciudad y el Gran Buenos Aires quedaron en condiciones deplorables. ¿No era prioritario comenzar las obras inmediatamente?

¿Cuál era el plan de gobierno?

¿O se vive de la improvisación?

Y el gobierno nacional…

Y el provincial…

Ellos también habían asumido hacía cinco días, pero ahora llevan largos dos años…

¿Cuál es su responsabilidad?, porque en esta ciudad está el gobierno nacional, el porteño, el Congreso, la Justicia y tanto más…

Las empresas de electricidad tienen una gran responsabilidad, del mismo modo que el gobierno nacional es su controlador. Pero los controles no trabajan adecuadamente, como dice el dicho popular, no es culpa del chancho sino quien le da el afrecho.

En estos días caóticos, con miles de personas regresando de sus trabajos, inmersos en una gran cortina de agua por arriba y abajo, no han recibido de la máxima investidura ni una palabra, tampoco lo hizo el lunes 15 de febrero, ni este jueves 19.

Eso sí, el fútbol para todos, hay que preguntarse quienes son todos, recibe 680 millones de pesos, en total de 980 millones y pechito López para un fórmula uno que ahora se cae, 2 millones de dólares.

Ah, y las barras bravas que van gratis a los mundiales, también son solventadas por el gobierno nacional.

La lluvia, maldición de los dioses destituyentes. Impiadosa lluvia. Favorece al campo golpista. Perdón por la ironía.

Hay que responder: Perdón, de que destitución o política destituyente hablan…

Foto: Argentina, Ciudad de Buenos Aires - Inundación provocada por la lluvia caída el 19 de febrero de 2010. / Autor: XINHUA

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