jueves, 6 de mayo de 2010

Grecia: Esto es un atraco

Miguel Giribets (especial para ARGENPRESS.info)

Grecia y la zona euro

Grecia es miembro de la zona euro desde 2001. Para conseguirlo, los gobiernos helenos han falseado descaradamente los datos económicos del país en estos 9 años. Goldman Sachs, uno de los mayores bancos de los EEUU, ayudó a “maquillar” 15.000 millones de euros de deuda externa como divisas y no como préstamo en 2001, para que el país cumpliese con los topes de la UE en materia de endeudamiento público. Goldman Sachs recibió 300 millones de euros como comisión de la operación y unos 735.000 millones de euros en la colocación de estos bonos a partir de 2002. En los últimos años, los gobiernos griegos venían manteniendo que el déficit público, reconocido en la actualidad en torno al 12,7% y creciendo, era tan sólo del 3,7%.

La entrada en la zona euro ha supuesto ventajas: tipos de interés bajos, infraestructuras .. Pero también inconvenientes: al liberalizar el comercio, Grecia ha sido invadida por productos de sus socios del centro y norte de Europa; de esta manera, ha financiado a estos países y, ante una política fiscal casi inexistente y la multibillonaria “ayuda” a los bancos a causa de la burbuja inmobiliaria, ha ido incrementando su deuda pública.

La financiación de las importaciones no venía, pues, de su política fiscal, sino de la banca extranjera, especialmente alemana. “El gobierno conservador anterior prefirió más conseguir dinero de los bancos extranjeros que aumentar los impuestos de la gente más pudiente y así corregir el fraude fiscal. El 95% del dinero que consiguió, vendiendo bonos, fue a bancos europeos. En otras palabras, el 95% de la deuda del estado griego la tienen los bancos europeos (y muy en especial los alemanes).” (Rebelión, Esp, Vicenç Navarro, Grecia no es la causa principal de la crisis del euro, 270410)

La fuga de capitales no cesa. En enero pasado han salido del país de 8 a 10.000 millones de euros, una cifra superior a la última emisión de bonos del Estado. Aparte de la fuga de capitales, un 30% de la economía del país sigue siendo sumergida y, como decimos, la evasión fiscal está a la orden del día (el 90% de los contribuyentes declara a Hacienda unos ingresos anuales de menos de 30.000 euros). "Grecia cuenta con mucha gente rica que no paga impuestos correctamente porque existe una excesiva evasión fiscal" (El Insurgente, Esp., 100210), tal y como reconocía recientemente Papaconstantinou. "El número de personas que declaran unos ingresos superiores a los 100.000 euros al año es 15.000, aproximadamente. No creo que haya nadie en este país que se crea que tan sólo hay 15.000 griegos que ganan más de 100.000 euros al año" (El Insurgente, Esp., 100210), indicó.

Otro problema fiscal de envergadura es que la iglesia, uno de los mayores propietarios del país, no paga impuestos. Aunque los socialdemócratas han manifestado que la iglesia debe pagar como todo el mundo, no se ve medida alguna en esta dirección.

A ello hay que añadir que los gobiernos griegos usan el sector público no como motor de la economía, sino como elemento clientelar. “PASOK y ND utilizan al Estado como núcleo de su sistema clientelar. Y para que esto se entienda bien, un ejemplo concluyente: Grecia debe ser uno de los pocos países del mundo donde un Gobierno de derecha, de orientación teóricamente neoliberal –como el gestionado por ND, entre 2004 y 2009- es capaz de aumentar, sin pestañear -¡ni sentirlo como contradictorio!- el tamaño del sector público y por ende, del gasto. En Grecia, PASOK y ND, no solo utilizan el Estado con fines clientelares sino que, a partir de este último, han alumbrado un sector privado parasitario de la Administración Pública, cuyos puntos de interconexión tienden a ser opacos.” (Rebelión, Esp., ¿Qué está pasando en Grecia?, Dimitris Pantoulas 06410)

EL déficit público forma parte del sistema. De hecho, nació con el capitalismo. Desde el siglo XVII, el capital financiero se apoya en gran medida el déficit público. “Un año sí y otro también, todos los estados contraen nueva deuda, a fin de poder devolver viejos préstamos, que llegan a su vencimiento”. (Granma, Cu., M.R.Krätke, 280310)

Lo que sucede ahora es que la deuda pública griega es el punto de atención de los capitales especulativos, que, con la ayuda de las “agencias calificadoras”, la UE y el gobierno griego, han disparado al alza el precio de los bonos del Estado. Las “agencias calificadoras”, que hacían la vista gorda en la crisis subprime de los EEUU, ahora emplean un desmedido (y sospechoso) rigor en lo que se refiere a las finanzas europeas. “Hace unos días, el Senado estadounidense acusó a las agencias calificadoras de haber fallado y actuado de forma indebida antes de la última gran crisis financiera. El informe de los senadores acusó a S&P y Moody's de haber ayudado a los bancos a esconder los riesgos de las inversiones que promocionaban mientras las dos agencias cobraban comisiones de esos mismo bancos.”(Rebelión, Esp 050510 Gerardo Lissardy- BBC Mundo, calificadoras de riesgo, ¿un poder sin límites?)

Estamos de nuevo ante una operación especulativa de muy altos vuelos. Y las próximas víctimas en esta confabulación parece que serán Portugal y España, mientras que Irlanda e Italia parece que entrarán en consideración en una fase posterior. En total, están en juego muchos miles de millones de euros que, a unos intereses lo más alto posibles, darán buenos beneficios a los especuladores.

Grecia renegociará en 2010 un total de 53.000 millones de euros en intereses y créditos vencidos por deuda pública. Como comparación, Alemania, una economía 10 veces superior a la griega, “sólo” ha de renovar 100.000 millones de euros.

En los momentos actuales, el carecer de moneda propia es un serio inconveniente, porque Grecia no puede recurrir a la devaluación de su moneda para incrementar sus exportaciones y reactivar su economía. Lo que se evidencia con esta crisis es que no se puede tener una moneda como el euro sin “una política económica coordinada y un sistema de compensación financiera” (Granma, Cu., M.R.Krätke, 280310)

Frente a la crisis que estalló hace un par de años, nos han hecho creer que la intervención estatal en favor de las entidades financieras era suficiente. Ahora nos están haciendo creer que todos los problemas son de deuda pública. Y sólo se apuntan como alternativas las subidas de impuestos, las rebajas salariales y las privatizaciones.

El profesor Costas Lapavitsas, del Research on Money and Finance (RMF) dice que "la unión monetaria ha eliminado o limitado la libertad de establecer la política fiscal o monetaria forzando que la presión del ajuste se haya realizado sobre el mercado de trabajo" (El País, Esp., 040410) y que estos países "han comenzado una carrera cuesta abajo fomentando la flexibilidad laboral, la contención salarial y el empleo a tiempo parcial". (El País, Esp., 040410). “Lapavitsas considera "arbitrario exigir el 3% de déficit y el 60% de deuda por igual a todos los países, porque se trata de situaciones muy distintas". En su opinión, "la situación de Grecia dentro del euro es imposible y el recorte tan acelerado del déficit sólo provocará más recesión".” (El País, Esp., 200310)

Alemania y la zona euro

Y es que es el euro es una buena moneda... para que Alemania tenga un mercado donde colocar sus productos. “Más del 50% de la riqueza de la Europa unida se genera en Alemania, Francia, el Reino Unido y las regiones industrializadas de Italia.” (Argenpress Vlad Grinkevich 070310). El resto somos, sobretodo, consumidores endeudados.

De esta forma, Alemania compensa la caída del consumo interno, consecuencia de las medidas impopulares tomadas por sus gobiernos en los últimos años, con un fuerte superávit comercial, a costa de sus socios de la zona euro. Alemania ha congelado sus salarios reales en los últimos 15 años, lo mismo que en España.

El superávit comercial alemán es el segundo del mundo, después de China en términos absolutos, pero el primero del mundo por habitante. De 1999 a 2007 el 70% de su PIB se debió a las exportaciones.

“La austeridad de gasto público (iniciada ya con las reformas Schroeder) en Alemania, junto con la falta de crecimiento de los salarios en aquel país, hace que la escasa demanda interna esté imposibilitando el estímulo económico necesario para salir de la crisis. De ahí que los círculos liberales y conservadores que gobiernan en Alemania intenten basar la recuperación económica en el crecimiento de las exportaciones.” (Rebelión, Esp, Vicenç Navarro, Grecia no es la causa principal de la crisis del euro, 270410).

"Al aplicar las políticas de la UE, los países de la zona euro han iniciado una carrera de apuesta a la baja fomentando la flexibilidad laboral, la contención salarial y el trabajo a tiempo parcial". Según el estudio, la carrera la ha ganado Alemania, pero no a base de mejorar la tecnología e intensificar el capital, sino "a base de exprimir a sus trabajadores" y "mantener su superávit por cuenta corriente financiado con los déficits de las economías periféricas". (El País, Esp., 200310). Un informe colectivo de varios economistas británicos, “coordinado por el profesor Costas Lapavitsas, señala que la Unión Monetaria ha eliminado o limitado las políticas fiscales, provocando que el ajuste haya recaído sobre el mercado de trabajo.” (El País, Esp., 200310). Así, como casos más extremos, Islandia tuvo que reducir un 30% sus prestaciones sociales; Letonia ha subido el IVA, bajado un 20% el salarios de los funcionarios y cerrado un centenar de escuelas; en Lituania, Estonia y Hungría también se ha bajado el suelo de los funcionarios y se han encarecido los gastos de las familias en educación y sanidad; Irlanda ha gastado el 30% de su PIB en el rescate de su sector financiero.

Grecia no es un caso “especial”

El capitalismo sufre una crisis generalizada, de la que creemos no tiene salida. Se nos quiere hacer creer que Grecia es un caso “especial”, cuando son todas las economías (en especial la norteamericana) las que van a la deriva.

La deuda pública griega, que tanto se demoniza, está prácticamente en la media de los países de la OCDE. La deuda pública japonesa es del 200% del PIB, la cifra más alta en los países capitalistas desarrollados y muy superior a la griega. En España el pago de la deuda pública es la tercera partida de los Presupuestos del Estado, detrás de las pensiones y las prestaciones por desempleo.

EEUU tiene un déficit público cercano al 12% del PIB. El déficit de Gran Bretaña es del 11,5% y el de España del 11,2%, algo inferiores al griego.

La deuda pública griega tan sólo está en un 30% en manos griegas, y el 59% está repartido por varios países europeos, sobretodo bancos franceses y alemanes. “Según datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), a finales de septiembre del año pasado la exposición de los bancos alemanes en la región rondaba los 330.800 millones de dólares, 306.800 millones en el caso de Francia y 156.300 en el de Reino Unido. En total, la exposición de los bancos europeos en la zona supera los dos billones.” (El País, Esp., 120210). El español BBVA es la sexta entidad del mundo que más deuda griega posee, unos 587 millones de euros.

A finales de 2010, se estima que el total de la deuda será de 290.000 millones de euros (125% del PIB)

Lo realmente “especial” de Grecia son sus movimientos de masas. Especialmente desde el asesinato por la policía del joven de 15 años Alexis Grigoropulos en diciembre de 2008, Grecia se distingue del resto de Europa por sus grandes movilizaciones y el grado de radicalidad de las mismas. El plan de ajuste a Grecia busca, sin duda alguna, “ajustar las cuentas” a los trabajadores más combativos de Europa.

Portugal y España

Cuando los especuladores consideren que ya no pueden exprimir más a la economía griega, pondrán su atención en Portugal y España. El hecho es que la deuda pública se negocia a través de bancos privados y a los precios que ellos fijan; entidades como Alpha Bank, Bank of America-Merrill Lynch, Banco Comercial, ING y Société Genérale tienen mucho que ver en este entramado especulativo.

El disparo de partida lo ha dado el FMI que, en un informe del 22 de abril 2010 señala que la economía portuguesa va de mal en peor: Portugal crecerá menos de lo previsto y tampoco conseguirá rebajar el déficit en las cifras presupuestadas; el déficit público será del 7,5% del PIB, frente al 6,6% previsto; el desempleo se mantendrá entre el 10 y el 11%.

Como consecuencia, los bonos portugueses a 10 años han pasado al 4,77% y Portugal ahora forma parte, junto con Grecia e Islandia, de los países con seguros al incumplimiento de la deuda pública. Y ello a pesar de que la deuda pública portuguesa es el de 86% del PIB., muy lejos de las cifras griegas.

Los especuladores también apuntan hacia España. El 4 abril 2010 rumores sobre la debilidad de la economía de España, curiosamente publicados a la vez en varios medios de difusión, provocan una de las mayores caídas de la bolsa que se recuerdan.

La tragedia griega

Acto primero. Victoria electoral de los socialistas, octubre 2009

A comienzos de octubre de 2009 tienen lugar las elecciones generales que dan la victoria a los socialistas de Papandreu. Es el fin de 5 años y medio de gobierno conservador. La mala gestión económica es el tema central de la campaña electoral. Grecia tiene una deuda pública que supera a su PIB, aunque reciba más ayudas comunitarias que ningún otro país europeo.

Los socialistas prometen puestos de trabajo y aumentos salariales y en las pensiones. Se incrementará la presión fiscal sobre los más ricos y la Iglesia, se controlará la evasión fiscal y se luchará contra la corrupción.

Pero nada de ello se cumple. Una vez el poder, los socialistas se limitan a aplicar simplemente el recetario neoliberal, con un guión que les dictan los especuladores, la UE y el FMI. Los socialistas han ganado las elecciones porque la nueva tragedia griega necesita nuevos actores; los anteriores ya no sirven.

Acto segundo. Preparando el terreno, octubre 2009-abril 2010

En octubre de 2009, al tiempo que los socialistas ganan las elecciones generales, se pone en marcha el mecanismo de atraco a la economía y al pueblo griego: las agencias calificadoras Fitch y Moody’s rebajan la calificación de solvencia de las finanzas griegas. A continuación, le llega el turno en esta tragedia griega al socialdemócrata Joaquín Almunia, comisario europeo de economía, quien declara que "Grecia es una amenaza para toda la zona euro" (El País, Esp., 091209). Unos días más tarde, cuando el gobierno griego apunta las primeras medidas antisociales, Almunia dice que son “un paso en la buena dirección” (El País, Esp., 161209), pero insiste en que se han de precisar más (o sea, que son insuficientes) cara a una reunión que tendrá lugar en enero próximo entre la UE y Grecia. En marzo pasado el señor Almunia muestra la peor cara de las políticas neoliberales advirtiendo que el crecimiento de la deuda pública en la zona euro en los últimos tres años tardará al menos 10 años en ser absorbida y que este incremento es de alrededor del 20% del PIB. «Durante al menos 10 años» habrá que seguir controlando el déficit para reducir el nivel de deuda pública” (El Periódico, Esp., 230310).

Como exige el guión, el primer ministro, el también socialdemócrata Papandreu, pinta un panorama apocalíptico para su país: el déficit público de 2009 será el triple de lo que había anunciado el anterior gobierno conservador y llegará al 12,7% del PIB, mientras que la deuda pública será más del 120% del PIB en 2010 y del 135% en 2011. Sólo en 2009 la deuda pública había aumentado en 80.000 millones de euros o un 30% del PIB y la deuda externa sube ya al 125% del PIB o 297.000 millones de euros.

A comienzos de diciembre, es Standard & Poor's la que rebaja a calificación de la deuda griega a largo plazo. La Fitch sitúa a esta deuda a un paso de los bonos basura.

Con todo este esfuerzo mediático, la tragedia griega llega al punto a que sus autores querían: la Bolsas de Atenas cae un 6,04% en 8 de diciembre y los bonos del Estado a 10 años se disparan hasta el 5,34% (como referencia, la deuda pública alemana a 10 años está en el 3,13%): los mercados de renta fija y renta variable griegos se han desplomado como un castillo de naipes. Destacan las caídas del Banco Nacional de Grecia con un 9,95%; el Banco de Pireo, con un 8%, y EFG Eurobank, con un 6,5%.

Además, el entorno internacional no es muy favorable, pues los EEUU amanecen con datos empresariales negativos que arrastran a todas las bolsas. Moddy’s echa más leña al fuego avisando del deterioro de las finanzas públicas de EEUU y Gran Bretaña. Como respuesta a la crisis griega, las deudas públicas de Portugal, España, Italia, Irlanda y Polonia se distancian más de la alemana, que está haciendo de refugio de los inversores que huyen de las deudas públicas de estos países.

Para acabarlo de arreglar, Papandreu declara que «por primera vez desde 1974 (cuando se instauró la democracia), la situación de las finanzas públicas amenaza nuestra soberanía nacional». (El Periódico, Esp., 101209).

La labor de las “agencia “calificadoras” ha sido incesante rebajando continuamente la calificación de los bonos del Estado griegos para forzar que suban de precio. El 18 de diciembre, la agencia de calificación Standard & Poor’s pone bajo vigilancia negativa a 4 bancos griegos, y sitúa su deuda a largo plazo a un paso de los bonos basura, después de que rebajara aún más la calificación de la deuda del país. Los bancos sonn EFG, Alpha, Banco Nacional de Grecia y Piraeus. Con estas medidas, Standard & Poor’s daba a entender que las medidas del gobierno griego eran insuficientes: "Esperamos una recesión económica más prolongada y más profunda de lo que en un principio habíamos anticipado" (El País, Esp., 191209).

El 09 abril 2010 la agencia Fitch Ratings califica la deuda pública griega a un paso del bono basura. El 22 de abril 2010 la agencia Moody’s rebaja aún más la calificación de la deuda griega. Los bonos a 10 años ya están en el 8,74% y los bonos a 2 años están en más del 10%, una cifra nunca alcanza por ningún país de la zona euro. Standard & Poor's rebaja de nuevo la calificación de la deuda griega al nivel de los bonos basura y el bono griego a 10 años llega al 10% el 27 de abril.

Por su parte, el 22 de abril 2010 el euro alcanza los niveles más bajos del año, a 1,326 dólares. Desde diciembre pasado, el euro se ha depreciado un 11% respecto al dólar, lo cual viene muy bien (¡oh casualidad!) a las exportaciones alemanas.

Aunque Papandreu no haya hecho nada (más bien lo contrario) por evitar la que se le viene encima al pueblo griego, la cosa es tan evidente que no tiene más remedio que reconocer que "la amenaza de la especulación y los mal regulados mercados financieros no son una amenaza para Grecia sino para toda la economía mundial". "Las mimas instituciones financieras que fueron rescatadas con el dinero de los contribuyentes están haciendo ahora su fortuna con la desgracia de Grecia, mientras aquellos mismos contribuyentes están pagando el precio de profundas reducciones salariales y servicios sociales" (El País, Esp., 150310)

Acto tercero. Esto es un atraco, mayo 2010

A comienzos de este mes se daba a conocer el plan que la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI han establecido para Grecia. “El plan es sencillo: Grecia obtendrá 110.000 millones de euros de la UE y el FMI en forma de créditos blandos -una cifra "sin precedentes a nivel mundial", según ha dicho Papandreu a sus ministros-. A cambio, Atenas ha de acometer un drástico plan de ajuste de sus cuentas, a través de subidas de impuestos y recorte de gastos. El plan de austeridad pretende recortar el déficit público en 30.000 millones de euros en tres años, según ha anunciado el ministro de Finanzas griego, Yorgos Papaconstantinou. Así, en 2014, Grecia espera que el déficit se sitúe por debajo del 3% del PIB. Éstas son las principales medidas:

- Incremento de IVA hasta el 23%. Este impuesto ya había sufrido recientemente, en marzo, un incremento del 19% hasta el 21%.

- Un 10% de aumento de los impuestos de los carburantes y del alcohol.

- Recorte del 16% de los salarios públicos, mediante la eliminación de dos pagas extraordinarias

- Bajada de las pensiones” (Kaos en la Red, Esp., 030510)

Y aún cabe añadir que se privatizarán empresas públicas, y se señalan ya las de energía y transporte.

¿Qué son los capitales especulativos?

Uno de los rasgos más característicos del “neoliberalismo” (fase del capitalismo que va desde la crisis de los años 70 del siglo pasado a la crisis de 2007) es la aparición de capitales especulativos.

Los capitales especulativos del neoliberalismo son una forma de capital ficticio (es decir, valores que no tienen respaldo en proceso productivo alguno, formados al calor de la actividad económica) pero que añaden un rasgo nuevo: debido a la disminución de la tasa de ganancia, grandes masas de capital salen del proceso productivo y se dedican simplemente a la especulación, para favorecer, en definitiva, el trasvase de renta desde los trabajadores a los capitalistas, aumentando con ello, pues, el grado de explotación de los primeros.

Los beneficios del capital especulativo se hacen a costa del proceso productivo y forman parte de la plusvalía general que se extrae a la masa de trabajadores. Nestor Kohan, hablando del interés, aporta un razonamiento que podemos extrapolar al tema que estamos tratando. “El capital bajo la forma de dinero que devenga interés está vivo, es completamente autónomo frente al trabajo. La explicación que da Marx -dicho muy rápidamente- es que en realidad ese ‘plus’ es simplemente una alícuota, una fracción, una parte del plusvalor que el capital industrial extrae de la explotación de sus obreros, de su fuerza de trabajo. (…) Por eso la fuente de ese ‘plus’ que aparentemente crece solo en el banco, en realidad proviene de la producción, proviene de la explotación de los obreros, proviene del plusvalor que circula entre los diferentes capitalistas.” (El Capital -Historia y método, Néstor Kohan, ed. Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, 2001)

Marx ya indica en El Capital la génesis de los capitales especulativos, cuando señala que la caída de la tasa de ganancia provoca la huída de capitales del proceso productivo hacia la simple especulación. “Al disminuir la cuota de ganancia, aumenta el mínimo de capital que cada capitalista necesita manejar para poder dar un empleo a su trabajo; es decir, tanto para su explotación en general como para que el tiempo de trabajo empleado sea precisamente el tiempo de trabajo necesario para la producción de las mercancías, para que no exceda de la media del tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Y, al mismo tiempo, un capital grande con una cuota de ganancia pequeña acumula más rápidamente que un capital pequeño con una cuota de ganancia grande. Y esta creciente concentración provoca, a su vez, al llegar a un cierto nivel, un nuevo descenso de la cuota de ganancia. La masa de los pequeños capitales desperdigados se ve empujada de este modo a los caminos de la aventura: especulación, combinaciones turbias a base de crédito, manejos especulativos con acciones, crisis. La llamada plétora de capital se refiere siempre, esencialmente, a la plétora del capital en el que la baja de la cuota de ganancia no se ve compensada por su masa –y éstos son siempre los exponentes del capital recientes, de nueva creación– o a la plétora que estos capitales incapaces de desarrollar una acción propia ponen, en forma de crédito, a disposición de los dirigentes de las grandes ramas comerciales. Esta plétora de capital responde a las mismas causas que provocan una superpoblación relativa y constituye, por tanto, un fenómeno complementario de ésta, aunque se mueven en polos contrarios: uno, el del capital ocioso y otro el de la población obrera desocupada.” (Karl Marx, El Capital vol.3)

Asimismo, el capital especulativo lleva a límites más extremos la contradicción entre valor y valor de uso. “Su lógica es la apropiación desenfrenada de plusvalía o, mejor, de ganancia (la ganancia especulativa); realiza así, o por lo menos intenta hacerlo, los deseos derivados de la propia naturaleza íntima del capital: el no compromiso con el valor de uso y, a pesar de ello, la autovalorización. Conduce o pretende conducir la contradicción valor / valor de uso al extremo de su desarrollo, es decir, teóricamente, a la destrucción del valor de uso”. (Capital especulativo parasitario versus capital financiero, R.A.Carcanholo y otro, Internet)

Veamos algunos datos de los años 1980-1996. El Producto Mundial Bruto (PMB) creció a 2,5% de promedio anual; el comercio, a un 5% (dos veces más que el PMB); los préstamos, a un 10% (dos veces más que el comercio); el intercambio de monedas, a 23,75% (más de cuatro veces que el comercio); y, el de acciones, a 25% (cinco veces más que el comercio o diez veces más que el PMB). Desde entonces, la tendencia no ha hecho más que acentuarse y hemos asistido a un desplazamiento, desde la explosión burbuja bursátil de la "nueva economía", hasta la reciente explosión de la burbuja inmobiliaria y todo el entramado financiero que ella conllevaba.

A nivel mundial, “la relación entre activos financieros y la producción la dan los siguientes datos:

año %
1980 109%
2005 316%
2006 405%

Es decir, en la actualidad el 75% de los valores financieros no tienen relación con proceso productivo alguno, son pura especulación.

En la zona euro el porcentaje entre los activos financieros y la producción en 2006 fue del 303%.

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Las tres dimensiones de la crisis (Parte IV). Escenarios y alternativas

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Resulta muy difícil predecir cuánto tiempo podrá el neoliberalismo posponer el estallido de sus contradicciones estructurales. Pero la prorroga de estos desenlaces seguramente conducirá a conmociones más severas. Existen varias posibilidades para el desemboque de la crisis.

Otro reciclaje

Al comienzo del 2010 el ajuste comienza a reemplazar al socorro, en la gestión de la crisis. La socialización de pérdidas a cuenta del estado tiende a ser sustituida por ataques más directos a las condiciones de vida de los trabajadores. Con distinta intensidad y temporalidad, en varios países se ha puesto en marcha este giro hacia el atropello. El recorte capitalista exige depurar bancos, eliminar firmas poco competitivas, achicar el financiamiento público e introducir reestructuraciones globales, para compensar las desbalances comerciales y monetarios.

Este proceso de desvalorización de capitales obsoletos siempre se ha instrumentado con sufrimiento popular. Lo que se dirimirá en próximo período es la magnitud de una cirugía que multiplicará el desempleo, la pobreza y la caída del salario. Una hipótesis es la consumación de esta agresión repitiendo lo ocurrido en las últimas dos décadas. En este período los ajustes provocaron enormes conmociones en distintas economías, sin desembocar en una eclosión generalizada y sin modificar la tónica de la etapa.

Al cabo de serios padecimientos populares, estas sacudidas financieras concluyeron con una descompresión del temblor en los países de origen y con irrupciones en nuevas zonas. Esta trayectoria siguieron los estallidos que conmovieron a Estados Unidos (1987, 1991, 2001), Europa (1987), Rusia (1998), Japón (1993), el Sudeste Asiático (1997) y América Latina (México 1994, Brasil 1999, Argentina 2001).

Si la convulsión actual reitera esta secuencia, la reorganización de los bancos más comprometidos y de las empresas más endeudadas se consumará con transferencias de ingresos, limpiezas de pasivos y licuaciones de las deudas, solventadas en la degradación del nivel de vida popular. De esta reorganización surgiría un interregno preparatorio de nuevos desplomes. El ritmo de estos colapsos se ha intensificado desde mediados de los años 80, potenciando las turbulencias que entre 1970 y el 2007 derivaron en 124 crisis bancarias, 208 crisis cambiarias y 63 crisis de deuda soberana. (1

Pero un escenario de este tipo exigiría también dilatar las crisis de realización y valorización del capital, mediante los mismos mecanismos que permitieron sobrellevar estos desequilibrios durante veinte años. Requeriría la permanencia de ajustes competitivos en los momentos de alivio y socorros estatales en las situaciones críticas.

La regeneración del modelo actual exigiría posponer los desequilibrios de la demanda, con otra sobrevida del consumo financiarizado fuera de Estados Unidos, ya que la convulsión actual ha golpeado como nunca a los consumidores de la primera potencia (y de otros países que abusaron del modelo crediticio, como España y Gran Bretaña). Se necesitaría incorporar al consumo financiarizado a nuevos segmentos de la clase media de la semiperiferia, recurriendo a políticas económicas neo-desarrollistas. (2

Esta expansión de la demanda en China, India, Brasil o Rusia podría compensar, pero no sustituir al volumen consumo del Primer Mundo. Aunque en los últimos meses se avizoran cierto cambios de roles en la economía mundial, con mayores exportaciones de los países centrales y crecientes importaciones de las economías semiperiféricas, los grandes mercados internos están localizados en el primer segmento y las posibilidades de fabricar con bajos costos se ubican en el segundo grupo.

La supervivencia de la etapa neoliberal necesitaría cimentarse también en un continuado repunte de la tasa de ganancia. Una vez superada la erosión de beneficios que generará el desplome recesivo del 2008-10, los mecanismos para sostener esa rentabilidad no diferirían de los utilizados en las últimas décadas. Pero exigirían profundizar ciertos cursos.

Un aumento de la tasa de explotación sería el principal instrumento para preservar la valorización del capital. Ya sobran indicios de esta tendencia con la arremetida reaccionaria en Grecia, España y Portugal. En estos países se procesa el gran test de un atropello, que las clases dominantes han tomado como hoja de ruta.

Otro instrumento de esta batalla serán los recortes de los convenios laborales que prepararan las grandes corporaciones, siguiendo el modelo establecido por General Motors. Una empresa quebrada es actualmente monitoreada por los delegados de un gobierno, que invirtió 50.000 millones de dólares en el rescate y ha tomado a su cargo el 60% de las acciones de la compañía. Este manejo orienta la recuperación de la rentabilidad a costa de los trabajadores. Los despidos, el deterioro de las condiciones laborales y la pérdida de las conquistas sociales se financian con fondos públicos.

La posibilidad de sostener la tasa de ganancia con mayor abaratamiento de las materias primas presenta, en cambio, mayores dificultades. Estos insumos se han encarecido en el último quinquenio como reacción cíclica a la desvalorización precedente, Como existe, además, un contexto de escasez de los productos básicos demandados por las economías intermedias es improbable un retorno a las bajas cotizaciones de los años 90.

Tampoco es nítido el nivel que alcanzaría la depuración de empresas. Los procesos de fusión y concentración de firmas coexisten con socorros estatales, que a veces reciclan el dinamismo inversor y en otros casos deterioran los patrones de competitividad que instauró el neoliberalismo.

Contexto de desenlace

Otro escenario de la crisis es un agravamiento sin respiro de todos los desequilibrios, con pocas compensaciones y virulentas definiciones. En este caso, tendería a producirse una confluencia de los desarreglos coyunturales del 2008-10, con las crisis de realización y valorización de las últimas décadas. Este empalme sería factible por la magnitud de una conmoción que afectó en forma simultánea a las economías desarrolladas, introdujo un contagio global y desató recesiones más acentuadas.

En este escenario la crisis asumiría una intensidad mayúscula, que podría emular lo ocurrido durante la depresión del 30 o asemejarse a la stanflation de los años 70. La deflación constituiría el rasgo típico del primer sendero. Supondría una virulenta caída del poder adquisitivo, junto a la masificación del desempleo en las economías centrales. Esta declinación de los precios introduciría un mecanismo de ajuste para desvalorizar la fuerza de trabajo y depurar los capitales. Un desemboque inflacionario conduciría por otro camino, a esa misma adaptación de los precios a los nuevos valores de las mercancías. (3

Las tendencias más recientes de Europa y Asia parecen indicar cierta preeminencia del recorrido inflacionario, que en todo caso será anticipado por las políticas económicas de los gobiernos. En Estados Unidos ha comenzado una discusión sobre la forma de reducir la deuda pública y muchos economistas se inclinan por repetir su licuación, mediante el mismo aumento de los precios que se registró en la posguerra. Pero ese procedimiento requeriría, además, una elevada tasa de crecimiento que resulta muy improbable. (4)

También podría irrumpir una combinación de ambas variantes, adaptada a la actual etapa de capitalismo mundializado. Pero cualquiera de estas alternativas conduciría a colapsos mayúsculos. Lo ocurrido en los años 30 y 70 demuestra, además, que este tipo de crisis puede desembocar en giros cualitativos de la dinámica del sistema, que en la actualidad tendrían connotaciones planetarias. (5)

Resulta imposible anticipar cuál será el desenlace final de la eclosión del 2008-10. En los primeros meses de la crisis parecía inminente un desplome mayor, pero el alivio del 2009 moderó esta impresión. Entre los marxistas existen distintos presagios sobre la envergadura de esta eclosión. (6)

Ortodoxos y heterodoxos

Los debates sobre la crisis han concentrado la atención de todos los economistas. Los neoliberales ya dejaron atrás su desconcierto inicial y recitan nuevamente la mitología del capitalismo eterno. Consideran que este sistema retomará su marcha floreciente, luego de corregir las imperfecciones que desencadenaron el transitorio desplome financiero del 2008-10. (7)

Pero este tipo de fábulas han perdido credibilidad. Es evidente que la magia del mercado no remonta espontáneamente las crecientes recaídas de la economía. Además, ya no es tan fácil encubrir los terribles padecimientos sociales que rodean a esas convulsiones. A medida que los ajustes se tornan más virulentos, el mensaje neoliberal pierde argumentos, encuentra menor auditorio y se torna más pragmático.

También los heterodoxos exoneran al capitalismo, con sus propuestas de regulación financiera y supervisión de los bancos. Atribuyen exclusivamente la crisis al descontrol de las finanzas y proponen enmendar esta inoperancia con reglamentos y puniciones a los movimientos especulativos. Estiman que estas normas permitirán encarrilar la economía, si se reinstalan segmentaciones operativas en la actividad financiera con cierta primacía de la banca pública. Otras propuestas añaden el desmantelamiento de los grandes bancos y una restricción de operaciones que reduzca la gravitación de los inversores institucionales, en los mecanismos del capitalismo patrimonial. (8)

En los momentos más álgidos de la crisis, estas medidas fueron discutidas en las cumbres presidenciales. Allí se consideró reformar el FMI para reafirmar su rol supervisor del capital financiero internacional. También se ha evaluado la introducción de una tasa Tobin, para acotar los trastornos que genera la vertiginosa movilidad de los fondos circulantes. (9)

Pero con el alivio que siguió al socorro estatal, estas propuestas han perdido predicamento en las cúpulas del poder. Las convocatorias a la regulación siguen en carpeta, pero nadie obstruye la continuada preeminencia del liberalismo financiero. La prohibición de los paraísos bancarios ha pasado a segundo plano, junto a la prometida supresión de las bonificaciones a los directivos. La reforma de entidades que promueve Obama es una versión tan light de la iniciativa original, como la tasa Tobin que propone Brown en Inglaterra.

Sin embargo la sola intención de introducir ciertas restricciones a la actividad de los bancos ha desatado una fuerte presión de Wall Street, que mantiene bloqueado un proyecto para limitar el tamaño de las entidades y transparentar los riesgos involucrados en las operaciones con títulos complejos. También se propone introducir alguna protección a los pequeños tenedores de bonos y otorgar poder a los accionistas para limitar los premios de los ejecutivos.

Pero hasta ahora existe poca predisposición del establishment norteamericano para implementar estos cambios. Algunos teóricos heterodoxos cuestionan la impotencia gubernamental frente a estas presiones. Despotrican contra la insensibilidad de Wall Street y la corrupción de Washington, pero no indagan las razones que condujeron a reemplazar el añorado modelo de posguerra por la desreglamentación liberal.

Especialmente ignoran el papel que asumió la propia competencia entre los bancos, en la primacía de este curso. Esa rivalidad es una característica del capitalismo, que invariablemente socava las regulaciones estatales. La propia expansión de los negocios incentiva este deterioro, a medida que aumenta la búsqueda de nuevas fuentes de provisión crediticia.

Los determinantes capitalistas de la hipertrofia bancaria son desconocidos por todos los analistas que fetichizan las regulaciones y desconocen el basamento social de estas normas. Como suponen que el estado es una institución neutra al servicio de la sociedad (y no de las clases dominantes), vislumbran a los reglamentos como un equitativo paraguas que cubre a la comunidad (sin favorecer a los poderosos).

En los genéricos elogios a futuras regulaciones financieras nunca se aclara quién será beneficiado y afectado por estas reglas. Se omite explicar, que si favorecen a los banqueros no implicarán cambios significativos y si apuntalan a otros sectores (como los industriales), abrirán una pugna competitiva para la recomposición ulterior del poder financiero.

Los keynesianos más afamados y amoldados al poder se han resignado al funcionamiento regresivo del capitalismo. No solo convalidan la gravitación de los banqueros, sino que aceptan la tormentosa expansión del desempleo. Esta actitud los sitúa muy lejos de la “eutanasia del rentista” y muy cerca de las posturas conservadoras. Su apoyo al socorro estatal de los bancos es un ejemplo de esa adaptación.

Esta orientación actualiza el patrón de estrategias macro-económicas, que en la postguerra adoptaron en común los keynesianos y los neoclásicos. Esas convergencias se repitieron posteriormente, mediante regulaciones adaptadas a los principios del libre-mercado y políticas anti-cíclicas amoldadas a los criterios neoliberales.
¿Capitalismo humano?

Otras vertientes heterodoxas discrepan con esa confluencia y proponen una remodelación progresiva del capitalismo, mediante la reducción de la desigualdad. Convocan a revertir el modelo anglosajón a favor de un esquema socialdemócrata para sustituir el neoliberalismo financiero por algún relanzamiento productivo.

Ciertas versiones de este enfoque sugieren introducir de inmediato medidas de protección de los grupos más afectados por la crisis (frenar desalojos, aumentar el seguro de desempleo, introducir un ingreso mínimo universal), junto a reformas sociales (especialmente en salud y educación) que permitan restablecer el destruido estado de bienestar. Otros postulan recrear el espíritu del laborismo y la estrategia de la economía mixta. (10)

Estas visiones no ocultan su nostalgia por el esquema que naufragó en los años 70. Pero convocan a resucitarlo sin explicar las causas de su hundimiento. Cuestionan en forma simultánea al liberalismo y a la gestión colectivista, destacando el carácter fallido de ambos experimentos. Pero olvidan agregar que la estrategia socialdemócrata fue ensayada en mayor escala durante gran parte del siglo XX. No se entiende por qué razón exceptúan a ese esquema de las grandes frustraciones de la centuria pasada.

Muchas de estas vertientes comparten la expectativa de humanizar al capitalismo. Consideran que este sistema perderá su impronta brutal, a medida que las reformas sensibilicen a las elites que comandan el sistema. (11)

Pero este tipo de llamados nunca encuentra eco entre los altos funcionarios de los estados. Estos directivos suelen amoldar el sistema a las cambiantes necesidades de las clases dominantes. Propician acotadas mejoras sociales en los momentos de gran descontento popular y anulan estas reformas en los períodos de reflujo de la resistencia. Lo mismo ocurre con las regulaciones financieras. El capitalismo incorpora ciertos controles que abandona cuando se diluyen las tensiones.

Lo que torna imposible la gestación de un “capitalismo humano” es la continuada rivalidad por el beneficio. La búsqueda de este inalcanzable objetivo conduce a la dilapidar las energías transformadoras de la población. Un sistema asentado en la explotación del hombre por el hombre no puede ser humanizado, ya que vulnera el principio básico de la convivencia entre individuos. Mientras que la competencia por la ganancia impide generar relaciones de cooperación, la ambición por el lucro impone una despiadada cultura de arribismo, egoísmo y darwinismo social

Estos pilares del sistema explican también la periódica recreación de esquemas regulados y liberales. Cuando el principio de la rentabilidad es afectado por el primer curso se abre una traumática sustitución hacia el segundo y en condiciones inversas opera la tendencia complementaria.

La compulsión de los dominadores a agredir a los trabajadores constituye un rasgo intrínseco del capitalismo y no un defecto exclusivo del modelo anglosajón. La conducta conservadora que adoptan los socialdemócratas cuando asumen el gobierno es una prueba contundente de esta dinámica. Lo único que puede limitar los atropellos de los dominadores es la resistencia social de los oprimidos y la gestación de estrategias políticas anticapitalistas.

Un nuevo tipo de socialismo

La visión heterodoxa convencional es impugnada por muchos analistas radicales, que cuestionan los remiendos superficiales a la misma estructura de dominación. Resaltan la profundidad de la crisis actual, destacando la multiplicidad de sus impactos y objetando la simple apelación a las regulaciones. Consideran que el estallido del 2008-10 ha puesto contra las cuerdas a todo el régimen de acumulación instaurado por el neoliberalismo. (12)

Este enfoque evalúa acertadamente la magnitud del temblor, pero no explicita las conexiones existentes entre este esquema y sus pilares capitalistas. La convulsión actual presenta un doble alcance: afecta las estructuras del neoliberalismo, pero socava al mismo tiempo sus cimientos capitalistas.

Es un error divorciar ambas facetas, aludiendo de forma genérica al carácter sistémico de la crisis, sin precisar su naturaleza capitalista. Hay que subrayar cuál es el modo de producción corroído por esa eclosión. Si se recurre a múltiples términos y calificaciones sin mencionar a este sistema, resulta imposible comprender el sentido de la crisis.

La principal implicancia de esta caracterización es su corolario. Cuándo se resalta el carácter capitalista de la crisis se pone también sobre la mesa la necesidad de una opción socialista. El capitalismo no es una variante de las relaciones entre la sociedad civil y el estado, que podría mejorarse perfeccionando una u otra entidad. Es un régimen asentado en la propiedad privada de los medios de producción y en la explotación del trabajo asalariado, que solo puede erradicarse con iniciativas de construcción socialista.

El significado de esta meta ha generado muchos interrogantes desde el colapso del denominado “socialismo real”. Este desplome introdujo gran desconfianza en la posibilidad de gestar una sociedad que supere las desgracias del capitalismo. Pero la reaparición de la crisis vuelve a poner en debate esta opción.

Hasta los fanáticos defensores del orden vigente, reconocen en la actualidad, que el capitalismo ha perdido la atracción que reconquistó luego de la implosión de la URSS. En otros textos hemos explicado por qué razón ese derrumbe coronó el fracaso de una experiencia incompatible con un genuino proyecto socialista. También señalamos en qué medida resulta indispensable reconstituir esta meta sobre nuevos pilares democráticos y revolucionarios. (13)

Un horizonte de este tipo presupone propuestas anticapitalistas, también ajenas al “socialismo de mercado”, que planteó inicialmente la irrupción de China en el escenario global. Las referencias a ese proyecto han declinado en los últimos años, con la consolidación de una clase dominante que afianza la conversión de ese país en una típica potencia capitalista. Este acelerado viraje torna particularmente ilusorias las expectativas de forjar un “consenso de Pekín” progresista y favorable, en contraposición al regresivo “consenso de Washington”. (14)

Ningún dato de la política internacional de China avala esta creencia. Al contrario, todas las iniciativas que adopta el gigante oriental en Asia, África o América Latina están guiadas por cálculos de rentabilidad y ambiciones de dominación. En los tratados comerciales, en los convenios de inversión y en las definiciones geopolíticas, no existen diferencias significativas entre China y Estados Unidos, Europa o Japón.

El socialismo es un proyecto a recrear desde abajo, con experiencias que abran horizontes anticapitalistas. En estas acciones comenzarían a vislumbrarse los contornos de un futuro de igualdad, democracia y libertad. Se han propuesto muchos términos para definir ese porvenir, pero el socialismo continúa aportando la denominación más certera. El desafío es adaptar esa meta a un nuevo tipo de cataclismo, que amenaza a la sociedad contemporánea.

Ver también:

Notas:
1) Ver: Le Monde, 30-3-10.
2) Escenarios de este tipo son evaluados por analistas como: Yeldan Erinc, “On the nature and causes of the collapse of wealth of nations”, Working Series n 197, PERI, Amherst, 2009.
3) La diferencia entre ambas variantes es parcialmente expuesta por Arrighi Giovanni, “The winding paths of capital”, New Left Review 56, March April 2009.
4) Entre 1946 y 1956 la deuda pública del país pasó de 271.000 millones de dólares a 274.000, pero como el PBI se duplicó y se registró una inflación del 40%, la deuda quedó reducida en forma drástica. La repetición de este esquema enfrenta enormes obstáculos en la actualidad. Ver: Krugman Paul, “La deuda de Grecia, una espiral mortal hacia el default”, Clarín, 10-4-10.
5) Esta nueva proyección espacial es analizada por Harvey David. Los límites del capitalismo y la teoría marxista, Editorial Fondo de Cultura Económica; 1990 (cap 13- Punto 6 y cap 10).
6) Pantich estima que tendrá un alcance limitado y Brenner que producirá un desmoronamiento mayúsculo. Panitch Leo, Konings Martijn, “US Financial power in crisis”, Historical Materialism, vol 16, Issue 4, 2008 Brenner Robert, “Un análisis histórico-económico de la actual crisis”, Sin Permiso, 22-2-09.
7) Una apología de este tipo plantea: Sorman Guy, “El sistema capitalista no muere, siempre rebota”, Clarín, 28-10-09
8) Esta visión es expuesta por: Orlean André, “La crise moteur du capitalisme”, Le Monde, 30-3-10. También Ghymers Christian, “Una visión europea”, XI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, La Habana, 2-6 marzo 2009. D´Arista Jane, “Limitar el apalancamiento”, Página 12, 26-5-09.
9) Estos planteos han sido formulados por Krugman Paul, “Es hora de reflotar la tasa Tobin”, Clarín, 28-11-09 Krugman Paul, “Los dilemas de nacionalizar”, Clarín, 7-3-09. También: Stiglitz Joseph, “Un nuevo sistema de crédito es vital para frenar esta crisis”, Clarín, 11-4-09. Lavagna Roberto, “La crisis global reclama reformas no cosméticas”, Clarín, 24-2-09.
10) Blackburn Robin, “La crisis de las hipotecas subprime”, New Left Review, n 50, 2008.
11) Boyer Robert, “Hoy el estado está en mejor posición para definir el futuro”, Página 12, 29-12-08. Hobsbawn Eric, “Si el socialismo colapsó y el capitalismo está en bancarrota: ¿qué viene después”. 29-9- 2008 www.kaosenlared.net
12) Una proyecto de este tipo expone: Ricupero Rubens, “De la crisis global surgirá un capitalismo mucho más humano”, La Nación, 3-6-09.
Ver por ejemplo: Guillen Arturo, “En la encrucijada de la crisis global”, ALAI, 18-6-09
También Kregel Jan, “Regulaciones para después de la crisis”, Página 12, 26-5-09. Kregel, Jan, “Taming the bond market vigilantes: gaining policy space”, XI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, La Habana, 2-6 marzo 2009.
13) Katz Claudio El porvenir del socialismo. Primera edición: Editorial. Herramienta e Imago Mundi, Buenos Aires, 2004. Segunda edición: Monte Avila, Caracas, 2006
14) Esta tesis Arrighi Giovanni, Adam Smith en Pekín, Akal Madrid, 2007 (epílogo).

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

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Costa Rica: La administración Arias

Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

Imaginemos que desarrollamos un conjunto representaciones gráficas que ilustren la evolución registrada en las diferentes facetas de la gestión gubernamental del período de Arias y su hermano.

En lo político, deberíamos obtener una curva que desciende hasta octubre de 2007. Después de esa fecha cambia su pendiente y se vuelve ascendente, si bien a partir de febrero de 2010 –con la elección de Chinchilla- se presenta un punto de inflexión, en virtud del cual la pendiente positiva de la curva se suaviza.
En lo económico, la curva es ascendente a lo largo de 2006 y 2007. Entra en una fase de meseta o estancamiento en 2008 y luego, hacia el último trimestre de este último año y a lo largo de la mayor parte de 2009, va de bajada. Al entrar al presente año, vuelve a tomar forma de meseta o bien adquiere una ruta suavemente ascendente.
En lo social, sin embargo, la curva solo tiene una orientación: hacia abajo, si bien es posible que desde los últimos meses de 2008 y a lo largo de 2009 la caída haya sido a un ritmo especialmente pronunciado.
Esa sería una especie de síntesis gráfica del reinado arista.
La faceta política
Se registra una primera etapa –que culmina con el referendo sobre el TLC con Estados Unidos en octubre de 2007- donde los Arias, no obstante su coalición con todos los poderes oligárquicos y el férreo control de la institucionalidad pública, enfrentó sin embargo un reto histórico de excepcionales dimensiones: una enorme movilización popular a nivel nacional que se alimentó de nuevas y sumamente ricas formas de organización ciudadana integradas en una enorme red de solidaridad, gestión democrática participativa y construcción de discursos alternativos. El No estuvo a un tris de ganar el referendo –lo que habría sido la más grande derrota histórica jamás experimentada por la oligarquía criolla- y si no lo logró fue porque a último momento pecamos de ingenuidad, mientras desde la acera de enfrente, y con absoluto desparpajo y cinismo, se lanzaba una campaña de terror tan masiva como brutal.
Luego del referendo, y por razones que en otra parte he intentado analizar pero sobre las cuales querría volver, se inicia un proceso de paulatina disgregación de esa fuerza ciudadana organizada. Conforme se aproximaba el proceso eleccionario de 2010, el retroceso y la dispersión se aceleraron. Con ello los espacios políticos a disposición de la administración Arias se ensanchaban. Entonces pudieron hacer y deshacer con frescura y despreocupación: la llamada agenda de implementación del TLC, la defensora de los habitantes, el negociado del aeropuerto, JAPDEVA, el agua. Y siga usted sumando. Cada espacio que quedaba vacío conforme las fuerzas progresistas retrocedían, fue aprovechado para imponer su corrupta agenda neoliberal.
En febrero, y con la elección de Chinchilla, el dominio arista se atenúa en la medida en que se entra en una fase de transición. A la nueva presidenta le queda por delante el desafío de replicar el control de la institucionalidad pública que logró su antecesor. Por el momento –a juzgar por la feliz boda Chinchilla-Guevara- esta señora parece capaz de superar a su maestro. Pero ello depende también de qué hagan las organizaciones y partidos progresistas. Mas eso es tema para otro artículo.
La faceta económica
La administración Arias se monta sobre un movimiento ascendente que venía de atrás y el cual llega hasta 2007. En ello poco tuvo que ver el manejo de la política económica por parte de ninguna de las dos administraciones implicadas –Pacheco y los Arias- ya que esencialmente fue el efecto reflejo de un ciclo económico mundial excepcional (el de más elevado crecimiento en cuarenta años).
Luego, como sabemos, viene una crisis económica que aún no se resuelve, la cual suscita, a lo largo de buena parte de 2008 y 2009, la recesión más aguda que el mundo rico ha vivido en los últimos 75 años. La economía de Costa Rica lo resiente muy claramente, ya desde 2008 y más claramente en 2009. El efecto se vio atenuado por la débil integración dentro de la economía nacional, de una porción sustancial del sector exportador: el dominado por capital extranjero, en especial la industria de alta tecnología. Si en los “buenos tiempos” ello limita los impactos positivos, en los malos suaviza el golpe. Aún así el desempleo aumentó de forma sustancial y alcanzó los niveles más elevados registrados en el último cuarto de siglo.
Al iniciarse 2010, y en el ocaso del período arista, los flujos de capital –incluso los de tipo especulativo- podrían estarse reactivando y, con ello, la economía cobra nuevo aire. Ello posiblemente sea fruto de la relativa estabilización de los sistemas financieros en los países ricos en combinación con las bajísimas tasas de interés que por allá prevalecen. Parece entonces haber síntomas de que se estaría reeditando el auge especulativo de 2005-2007. Pero es dudoso que esa tendencia se sostenga, cuando la crisis mundial entra en una nueva fase con el derrumbe del euro y el colapso del endeudamiento público en Europa (el cual, en un plazo más o menos dilatado, podría extenderse a Estados Unidos). A Chinchilla le esperan años de vacas muy flaquitas.
La faceta social
Aquí el camino recorrido ha sido cuesta abajo. La caída se agudizó durante la fase recesiva de 2008-2009, pero, la verdad, es un proceso que ha cubierto los cuatro años. Al respecto, es por completo secundario si los índices oficiales de pobreza bajaron o subieron. Es patético que en Costa Rica se le ponga tan excesivo interés a una forma de medición de la pobreza que pareciera diseñada justo con dos objetivos: primero, fingir que la pobreza es un asunto de simple sobrevivencia biológica para de esa forma garantizar (segundo objetivo) que el mero crecimiento de la economía logre producir –si no por goteo, entonces mediante un asistencialismo vergonzante- la reducción de los índices respectivos. La pobreza tiene un componente cultural que es insoslayable y no es posible abordarla correctamente si no se la vincula con la desigualdad.
Desde ese punto de vista, el gobierno arista es, en realidad, un período de profundización de la desigualdad y la pobreza y de agudización generalizada del deterioro social. Los índices de homicidios como, en sentido amplio, el agravamiento de las manifestaciones de violencia, dan testimonio elocuente de ello. Han sido además tiempos de restricción de la democracia: la célebre “tiranía en democracia” que Arias proclamó urbi et orbi. Ello propicia un juego de retroalimentaciones perversas entre la violencia social y las propuestas fascistas de represión y conculcación de los derechos humanos.
Y, a fin de cuentas, ese es el legado más perdurable y también el más siniestro que dejan Oscar Arias y su hermano: la incansable tenacidad con que se dedicaron a socavar la democracia. En ese contexto, hechos recientes como la violencia ejercida contra la autonomía universitaria y la autonomía sindical, reflejan una atmósfera política y sicológica proclive al autoritarismo. Es algo que trasciende al gobierno arista, pero de lo cual esta ha sido promotor y actor principal. Ello ratifica cuán graves pueden ser las equivocaciones que algunas veces comete el comité Nobel.

Foto: Costa Rica, Política - El presidente de la República, Óscar Arias, y más atrás su hermano, el ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias. / Autor: Mariano Ramírez - LA PRENSA LIBRE

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Ecuador: La reforma judicial, una tarea pendiente

Alberto Maldonado

Sin exageraciones: creo que en el Ecuador no hay una familia que no tenga una queja, una denuncia, algún pero a eso que los juristas llaman “función jurisdiccional” o que en lenguaje más comprensible, hasta no hace mucho, se hablaba del “Poder Judicial” como uno de los tres poderes del Estado, total y completamente autónomo, absoluto.

En la ya vieja teoría liberal del Estado, supuestamente, debía existir esta separación de poderes a fin de evitar “al máximo” que uno (especialmente el ejecutivo) ejerza “presiones indebidas” en los otros; o que uno (especialmente el judicial) deje de cumplir con sus deberes. Inclusive, desde la escuela, se pontificaba que la justicia era como una gran señora vendada los ojos, medio desnuda, que en una mano sostenía una balanza y en la otra la ley.
Pero, ¿alguna vez en algún país se ha aplicado este “principio”? Es probable que si; pero a medias. Por ejemplo, en Francia, después de la revolución francesa (como no podía ser de otra manera) se pretendía que eso era factible. Pero, a nivel mundial, no dejó de denunciarse casos ciertamente dramáticos, como el de Alfred Dreyfus en la propia Francia.
Estados Unidos ha pretendido hacernos creer que esa justicia ha sido siempre uno de los pilares que le ha permitido administrar una “justicia justa” y hasta se ha ensalzado su operatividad. Pero, ¿acaso los migrantes italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzzeti no fueron sentenciados a muerte solo por ser “peligrosos anarquistas” a pesar de que se demostró en el juicio que tuvieron nada que ver con el crimen del que les acusaron? Tanto, como que muchos años después (1967) la justicia norteamericana tuvo que reconocer “su error” y pedir el correspondiente perdón. ¿No es la misma justicianorteamericana la que mantiene en prisión, ya más de 10 años y con sentencias de prisión perpetua, a cinco cubanos por haber cometido el “crimen” de informar a su país (Cuba) respecto de los planes terroristas de la mafia cubano-americana de Miami? ¿No es la justicia norteamericana la que ha sentenciado a muerte a sospechosos de crímenes que, de acuerdo a modernas pruebas de ADN, eran inocentes de toda inocencia?
Desde luego, no es mi propósito insistir en estos y muchos más casos clamorosos de injusticia imperial; pero, pregunto: ¿no son esos hechos demostrativos de que jamás la justicia ha estado (o podía estar) por fuera del sistema económico, político y social imperante? Pongamos el caso contrario: el juez español Garzón está bajo sospecha de haber prevaricado por haber pretendido investigar los crímenes que cometió el franquismo durante 40 años. ¿No son estos síntomas claros de que la justicia no solo que es dependiente de la política prevaleciente en cada país, sino que, a través de los medios masivos de la desinformación, pretende imponer además normas de conducta a toda una región, al mundo?.
El prontuario judicial en Ecuador
Estas consideraciones solo para fundamentar que lo que está ocurriendo, desde siempre, en mi país, en cuanto a la justicia, no es ni su exclusividad ni está desarticulado del sistema imperante. Es el resultado de un largo proceso que viene desde hace dos siglos y que hoy en día ha llegado a tal grado de corrupción y dependencia, que ya nadie cree en la justicia; ni si quiera sus propios actores, toda esa corte de jueces, fiscales, secretarios, amanuenses, conserjes, testigos, peritos, ministros jueces y más “servidores judiciales”. Digo esto porque, a más de uno, en esas reuniones de amigos y amigas, les he escuchado contar, como grandes o pequeñas hazañas, cómo torcieron un juicio u olvidaron un trámite importante o desestimaron una acción, para favorecer a tal o cual actor. Por algo he escuchado que la función judicial en el Ecuador es “una cloaca pestilente”.
Recojo el criterio de un viejo abogado (no doy el nombre, vaya a ser que le enjuicien) que ha dejado de ejercer su profesión, no porque ya esté viejo e inútil, sino porque “en estos tiempos, ya no se litiga en derecho; ya es inútil discutir en doctrina o señalar hechos que han sentado jurisprudencia. Ahora, manda el que más paga o gana el juicio el que más aceite riega” El abogado agregaba: “El poder judicial en el Ecuador es de tal naturaleza poderoso que no ha sido tocado en un siglo a pesar de que todo el mundo está consciente que debería ser parte importantísima de cualquier reforma o cambio. Pero, la revolución ciudadana, hasta la fecha, ni siquiera ha intentado acometer este deber”
Como la gripe AH1N1 (o “gripe porcina”, nadie sabe en qué consiste pero muchos dicen haberla padecido) no necesariamente uno tiene que ser abogado para tener una idea de lo que es la función judicial y de la necesidad URGENTE de un cambio profundo en ese sector; un sector además muy importante en cualquier sociedad. Hablando entre profanos (ya que los letrados se niegan a puntualizar vicios y probables soluciones) se puede ensayar una especie de prontuario de la justicia ecuatoriana:
- Leyes obsoletas, anticuadas, algunas de las cuales datan de fines del siglo 19 o comienzos del 20.
- Reformas y contrarreformas que “magistrados y políticos” a lo largo de los decenios, han aprobado, unas veces para reparar alguna barbaridad jurídica; otras, (la mayor parte) para llevar el agua al molino de cada quien.
- Contradicciones al granel, en todos los cuerpos legales, reglamentarios, normativos, de suerte que el fiscal o el juez o el ministro juez siempre encuentran el artículo o el inciso que le permite “dictar sentencia” (es decir justicia) en tal o cual sentido. Muchas veces, esa sentencia es exactamente lo contrario de la que el mismo juez dictó la semana anterior.
- El cuento de que los trámites judiciales son gratuitos. Desde que uno entra a un juzgado, a una sala, del conserje al juez tienen en los ojos el signo dólares; y al pobre usuario, desde que entra, le ven con cara “verdosa”. Por supuesto, si alguien pretende una investigación con miras a acciones anticorrupción, todos son honrados a carta cabal y si alguien les “ofende con alguna insinuación perversa”, los “agraviados” le amenazan con los siete infiernos.
- El fenómeno de la movilidad o inmovilidad de los juicios. Nadie explica, por ejemplo, cómo es que juicios que recién se inician tienen tal celeridad que salen en corto tiempo mientras el juez, el secretario, el fiscal, aducen que no pueden despachar los juicios acumulados durante años. Uno de esos sociólogos de ocasión, explica el fenómeno mediante esta inobjetable argumentación: “lo mismo que con las prostitutas, hay que pagar para que los juicios se muevan en nuestros juzgados”
Con la misma óptica del empirismo parroquial, puedo señalar unas cuantas acciones que se pueden “implementar” a fin de “ir mejorando” esta función. Desde luego, hay quienes –con clara tendencia nazi uribista- dicen que todo debería comenzar con el fusilamiento ipso facto de todo elemento judicial. Una idea que, desde luego, nosotros la rechazamos de plano y la condenamos. Por ello, vayan estas sugerencias, que a lo mejor merecen el calificativo de ingenuidades cuando no de torpezas jurídicas:
- Una revisión y actualización de todos los cuerpos en vigencia, de manera que sean claros, precisos, concretos y sin contradicciones. ¿Es posible aquello entre abogados? Si se dice que dos abogados tienen tres criterios, sobre un mismo tema.
- Un estricto cumplimiento de los plazos previstos en las propias leyes, especialmente las de procedimiento. Los abogados litigantes dicen que eso es como querer que las damas sean puntuales o lleguen a tiempo a una reunión social. Pero si se establecen sanciones (pecuniarias y penales, según sean los casos) a lo mejor se logra cierta disciplina al respecto.
- Una suerte de auditorías judiciales al azahar hechas sin previo aviso, por un organismo de control y superior. De esta manera, se detectarían muchas de las triquiñuelas que son muy comunes en los juzgados del país. Y sanciones para sus responsables (los secretarios, los fiscales,, los jueces, los peritos, etc.) Las sanciones no solo deben ser la separación o cambio del responsable sino la posibilidad de que pague los perjuicios que pueda haber ocasionado.
- Cierta movilidad administrativa en los distintos niveles judiciales. Un juez de tránsito debería pasar por distintos juzgados de tránsito, en una especie de rotación de funciones. Un fiscal de “misceláneos” a otras fiscalías afines; un secretario y hasta los amanuenses, que igualmente roten. Esto evitaría que el elemento judicial considere “suyo” un juzgado o una función; y también desarticularía cualquier “entendimiento” que ya se haya dado con a, b, c empleados o funcionarios judiciales.
- Una disposición legal que permita que un buen porcentaje de “amanuenses, peritos” provenga de egresados y recién graduados, en escuelas y facultades universitarias de Derecho. Estos administrativos, en ningún caso, podrían estar más de dos años en una misma judicatura y hasta podrían aportar con datos y observaciones que puedan percibir en su corto paso por la judicatura.
- La exoneración de culpas y sanciones para los “coimadores” que confiesen o destapen, con pruebas irrefutables o por lo menos indicios ciertos, de que tales o cuales funcionarios judiciales fueron coimados o procedieron con falta de ética y moral.
- La elección, mediante papeletas, de los magistrados de la hoy llamada Corte Nacional de Justicia, el fiscal general y el organismo de control a crearse. Habría que suprimir el hoy llamado Consejo de la Judicatura por su inoperancia y por su evidente actitud de “espíritu de cuerpo” para con subalternos.
De conformidad con la llamad técnica jurídica o el sentido común (que es el menos común de los sentidos) es seguro que habrá otras ideas “más pertinentes” que las enunciadas. Pero, lo que se impone en el país es que la nueva Asamblea Nacional (que reemplazó al antiguo y desprestigiado congreso) tome el asunto en su verdadera dimensión y comience un proceso de remodelación y saneamiento de esta función del Estado que ha permanecido incólume durante tanto tiempo, que nunca le ha rendido cuentas a nadie y que a ojos vistos está que derrama excrementos por todo lado.
Basta ya de que se pretenda presentar como “reformas” esos cambios –evidentemente políticos y circunstanciales- que cada cierto tiempo se presentan en el país. Eso no sirve sino para el escándalo político y para que los casos grandes queden en la impunidad.

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“El kirchnerismo ha entregado lo poco que faltaba”

OPS

La publicación en febrero de la entrevista a Félix Herrero, referente de Proyecto Sur y el Grupo MORENO, constituyó el puntapié inicial de una serie de reportajes del OPS, a integrantes de fuerzas de izquierda y centroizquierda, sobre la política energética del país. El objetivo de esta serie de testimonios es difundir propuestas alternativas al actual modelo de explotación de los hidrocarburos y estimular el debate en torno a ello.

Con ese propósito, hoy compartimos la extensa charla que mantuvimos con Marcelo García, miembro del Nuevo Proyecto Energético Latinoamericano, autor del libro Saqueo petrolero (2007) y militante de Convergencia de Izquierda. Investigador que durante muchos años desarrolló su trabajo en la “cuna del petróleo argentino”, Comodoro Rivadavia, en diálogo con OPS da testimonio de los perjuicios derivados de la actitud predatoria de las compañías operando en Argentina, las complicidades del poder político, y el papel central que deberían tener los trabajadores en el manejo y gestión de las empresas del sector.

-En los últimos años hemos asistido a un fenómeno que tiene que ver con la creciente dependencia del país respecto de la importación de diversos recursos energéticos, como gas, gasoil, carbón. En términos generales, ¿a qué atribuyen ustedes esta situación?
Hay una combinación de factores. Sólo se podría decir en una primera instancia, y no sería del todo correcto, que es producto de la explotación desmesurada de los recursos naturales, en este caso de los hidrocarburos. Se produce una combinación que hace que esos recursos existentes en el subsuelo argentino ya no sean suficientes, y haya que importar.

Esa es media realidad. La otra mitad tiene que ver, fundamentalmente, con que a partir del ingreso de las compañías privadas en la totalidad del mercado de los hidrocarburos, ellas manejan discrecionalmente la utilización de los mismos. Entonces, por ejemplo, llega el invierno y falta gas. Es cierto, no alcanza el gas para todos los argentinos. Ahora, si todo el gas que se produce en la República Argentina se utilizara para abastecer el mercado interno, fundamentalmente para hacer llegar al conjunto de la población, el gas sería suficiente. El tema es que buena parte de ese gas que se extrae en Argentina, se exporta a los países limítrofes. Entonces, tanto sea Repsol, Petrobrás o PAE, producen gas en la Argentina y una parte importante deciden que es para la exportación. Ahí se produce un desfasaje: es un absurdo que Argentina tenga gas suficiente para abastecerse, pero que exporte a Brasil o a Chile buena parte de la producción, y le tenga que comprar a Bolivia la parte que le hace falta. Hay una combinación. En el ritmo en que se están extrayendo los hidrocarburos, seguramente va a llegar un punto no muy lejano en que va a haber que importar, porque no va a ser suficiente el petróleo o el gas que hay en Argentina.

Esa es buena parte de la explicación: [las operadoras privadas] manejan absolutamente de manera discrecional la utilización de los recursos naturales en ese sentido. Repsol comercializa o extrae el gas en Argentina, y al mismo tiempo lo comercializa en el exterior con los clientes que ellos quieren. Y después termina probablemente siendo al mismo que se le compra, a un precio obviamente mayor, mucho más caro de lo que sale comprarlo y producirlo en Argentina. Y es la propia Repsol la que nos vende el gas más caro a los argentinos. Las grandes ganadoras de todo esto terminan siendo las empresas privadas.

-¿Qué responsabilidad tiene el kirchnerismo?

En el marco de lo ocurrido en los últimos años, el kirchnerismo es un actor fundamental. No es el único, pero en los últimos siete años ha cumplido un rol preponderante: ha liberado todo lo que faltaba liberar del mercado interno para que las empresas privadas puedan manejar discrecionalmente los recursos en función de la rentabilidad, su único objetivo. Habrá que esperar que pase un poco el tiempo, ya que marcar hitos históricos en el momento en que suceden es muy difícil. Nadie hubiese evaluado en el año 1992 que la privatización de YPF iba a ser un hecho histórico. Pero bien se podría considerar que el rol del kirchnerismo en el mercado de los hidrocarburos y la energía podría ser comparado, y aún superar, al del menemismo en la década del 90’.

El kirchnerismo ha profundizado el proceso, ha entregado lo poco que faltaba, que fundamentalmente eran las cuencas off-shore, o sea todo el petróleo y el gas que se encuentra en las cuencas marítimas. Superó al gobierno de la Alianza, cuando De la Rúa firmó la renegociación de Loma de La Lata, en el año 2000, en Neuquén, con el gobernador Sobisch. Los Kirchner firmaron en Chubut, con el gobernador Das Neves, la renegociación del yacimiento Cerro Dragón, el más importante de la Argentina, a cambio de poco menos que espejitos de colores. Y logró un nivel de liberalización de capacidad de manejo de las empresas privadas en el mercado de los hidrocarburos, muy superior a lo que venía sucediendo, y con contradicciones muy grandes en el sentido que le da incentivos fiscales por un lado, y por el otro, lo único que se podría decir “rescatable”, es la aplicación de las retenciones a las exportaciones, que solamente discuten una pequeña porción del mercado, sólo lo que se exporta tiene retenciones. En el caso del gas es un porcentaje relativamente importante; en el caso del petróleo es un porcentaje ínfimo, la mayoría del petróleo queda para el consumo interno, o para la producción de combustibles y derivados.

En ese sentido ha dado saltos muy importantes el kirchnerismo, y hay toda una secuencia de hechos y de acciones de gobierno que marcan con claridad cuál es el fin: las petroleras y las empresas energéticas han sido las grandes beneficiadas, o por lo menos, uno de los sectores que más beneficios ha recibido por parte del gobierno.

-¿Cuál sería su propuesta en torno a la gestión, explotación y comercialización de hidrocarburos?

Hay propuestas de máxima y hay propuestas de mínima, de todo tipo como para contrarrestar esto, que peor de lo que está no puede estar. De ahora en más todo puede ser positivo, no hay posibilidades casi de equivocarse.

Nosotros creemos que hay que nacionalizar los recursos, porque ahí hay toda una discusión de lo que sucedió en 1994 a partir del artículo 124 [de la Constitución Nacional] que provincializó los recursos naturales; es decir que ya no son más de todos los argentinos, sino que son de las provincias en que se encuentran. Eso hay que derribarlo inmediatamente, no puede ser que porque Chubut tiene petróleo y gas, sea el propietario del petróleo y el gas, y porque San Juan tiene minerales, sea el propietario de los minerales. No hay un concepto estratégico de Nación en torno a este tema, no obstante lo cual, el Estado Nacional interviene y es partícipe de la situación.

La primera cuestión es nacionalizar los recursos y ponerlos en manos del Estado Nacional. Segunda cuestión, ponerlos bajo la órbita del Estado, o sea, estatizarlos. Nunca en la Argentina la totalidad de los recursos naturales -en el caso de los hidrocarburos en particular- fueron propiedad exclusiva del Estado. Siempre estuvieron compartidos, obviamente en proporciones mínimas, con el capital privado. Habría que ponerlos en la totalidad del marco del manejo del Estado. En ese sentido, nacionalizando y estatizando, el Estado Nacional -y por ende de los trabajadores y el pueblo argentino- tendría la posibilidad de apropiarse de una renta muy enorme, que hoy está en manos exclusivamente de los privados y la manejan discrecionalmente.

Pero no alcanza solamente con nacionalizar y con estatizar, porque esas medidas podrían ser tomadas por cualquier gobierno. El problema es para qué fin, al servicio de qué los voy a poner. Y en ese marco hay una combinación de factores. Nosotros creemos que [los hidrocarburos] deben ser puestos a disposición y para mejorar la calidad de vida del conjunto de los argentinos. Todas las empresas que sean nacionalizadas y estatizadas -que no deberían recibir ningún tipo de indemnización, sino que por el contrario, habría que ver cuánto le deben esas empresas al Estado Nacional por haber hecho el manejo discrecional, habilitado o no; y los atropellos ambientales y sociales que han provocado en infinidad de lugares de la República Argentina- tienen que estar controladas por los propios trabajadores. No creemos que haya garantías de ningún tipo si fuese el gobierno nacional el que las manejara, así se tratara de un gobierno progresista o inclusive socialista. Si uno hablara de un gobierno socialista, obviamente que los trabajadores serían los que manejarían el propio Estado y ya el control sería obvio del conjunto del funcionamiento del Estado.

Creemos que esa es una pieza clave. Primero porque nadie mejor que los propios trabajadores del sector para poder determinar de qué manera hay que extraer y distribuir los recursos naturales. Y nadie mejor que los trabajadores del sector para determinar cómo deben funcionar esas empresas, con un criterio totalmente distinto al del mercantilismo del capitalismo. Estaríamos hablando de una cosa totalmente distinta.

No obstante igual, esto puede ser hecho sin que haya ningún tipo de revolución, se puede hacer sin que haya un cambio en la relación entre las clases, sin cambiar el sistema económico y social. Son medidas reformistas que van camino a una perspectiva distinta. Eso no podría durar y no se podría extender si no fuera en un avance progresivo sobre cómo ir cambiando el conjunto de la sociedad.

De todas formas, serían medidas que podrían, por ejemplo, resolver tranquilamente el problema habitacional de la Argentina, de la pobreza, de la educación. Miles de problemas que hay hoy en el país y que con esa plata se podrían empezar a resolver. Porque además seguramente que habría que instrumentar un régimen distinto de extracción de los hidrocarburos, sacaríamos lo que necesitamos; y si eventualmente necesitamos obtener ingresos extra, exportaríamos algo. Ahora, estaríamos hablando de un régimen distinto: hoy las empresas sacan todo lo que pueden, con la mayor velocidad posible, sólo para obtener rentabilidad sin importar absolutamente nada. El caso del gas es el más paradigmático. Argentina es uno de los países en América Latina que más gas exporta, y hay 10 millones de argentinos sin gas natural. Una paradoja absurda.

Hay una combinación de cosas que tienen que pasar por ese lado, dentro de una instrumentación de una política distinta. Nosotros no creemos que este gobierno lo vaya a hacer. No vemos que haya indicios de algún otro que, a priori, se presente con posibilidades de hacerlo. Entonces, la única opción que consideramos posible para intentar avanzar en este camino, es que los propios trabajadores y el conjunto del pueblo lo tomen como una herramienta propia y lo lleven adelante a partir de la movilización y la pelea. No vemos otra opción, no vemos que [ésta pase] a través de las urnas, ni votando al radicalismo, ni a Pino Solanas, que inclusive en algunos puntos puede decir cosas parecidas, pero en definitiva plantea cosas muy distintas.

Son discusiones que hay que ir desarrollando y que son complejas, pero que también han cambiado un poco la situación desde lo que fueron los orígenes de la privatización en la década del 90’, donde todo el mundo decía: “las empresas del Estado no sirven para una porquería”, y hubo toda una campaña para que eso fuera así. Hoy esa realidad ha empezado a cambiar, se ha empezado a modificar y demuestra un principio de posibilidad distinta en ese camino. Nosotros creemos que ese camino es el que hay que transitar porque permitiría, como mínimo, mejorar la calidad de vida [del conjunto de los argentinos].

-¿Contemplarían la participación de capital privado?

Probablemente en algunas cosas haya que asociarse con alguna empresa privada. Ahora, es distinto asociarse a una empresa extranjera o una empresa de capital privado, que el hecho de que manejen absolutamente todo. Eso habrá que ver.

Hoy la Argentina no tiene capacidad en sí misma, porque después de la privatización se deshizo de todo, de poder desarrollar algunas cuestiones vinculadas a los aspectos técnicos o instrumentales de la explotación de los hidrocarburos. Cuando se privatizó se privatizó hasta el último tornillo, no quedó nada a nombre del Estado Nacional. Obviamente, si uno expropia se podría quedar con todo, eso es así. Habría que ver, yo no lo descartaría en una primera instancia, pero en otras condiciones. No como se negocia hoy con Enarsa, que Enarsa pone la plata y garantiza que se puedan hacer las exploraciones con cero riesgo empresario, y es un gran negocio para el capital privado.

-Mencionabas el rol que deberían ocupar los trabajadores en este planteo. A juicio de ustedes, ¿qué papel deberían tener los habitantes de los lugares donde existen explotaciones de hidrocarburos?

Nosotros creemos que es una combinación. Hay determinados sectores donde, por ejemplo, los únicos que podrían intervenir en determinadas empresas, son los propios trabajadores. Hay otros en donde es una combinación de elementos, en donde debieran jugar un rol fundamental los trabajadores en complementación de la ciudadanía del lugar.

Una cosa es extraer petróleo, y me parecería muy absurdo que el habitante del lugar diga cómo, cuánto y de qué manera, porque no conoce. Puede determinar en todo caso, qué es lo que lo perjudica para que el que sí maneje la empresa diga “veamos la forma de no perjudicarlo”. Pero yo que estoy en Comodoro Rivadavia, no puedo decir desde dónde se saca el petróleo, cuánto se saca y para qué se saca. Puedo decir, “no me pongan el pozo adentro de mi casa”. En otros rubros sí es importante [la participación de los beneficiarios], por ejemplo, en la distribución o comercialización de gas. Indudablemente que en todos lados habría que determinar cómo se complementan, y cómo se va haciendo que la explotación no vaya en contra.

Indefectiblemente, cuando uno modifica la realidad existente, algún perjuicio provoca. Es imposible sacar petróleo sin que eso genere un detrimento en la naturaleza, lo que hay que ver es cuánto se modifica y cuánto no. Si vamos a modificar como se hace hoy, con altos niveles de contaminación, debemos bajar lo máximo posible esos niveles. Porque sino no habría petróleo, porque no lo podríamos sacar, porque cualquier pozo que hagamos va a modificar la naturaleza. Tendríamos que ver cómo hacemos para modificarla lo menos posible. Eso indudablemente que nos lleva a pensar en otro tipo de sociedad. Habría que pensar en un esquema de sociedad distinta, en donde el consumo no sea lo que prime. Sino que prime fundamentalmente la calidad de vida, por encima del consumo.

El tema es de qué tipo de sociedad estamos hablando. En una sociedad consumista, claro, hace falta mucho más de lo que en verdad se necesita para poder vivir dignamente. En una sociedad en donde el consumo no sea lo que prime, probablemente se podría preservar mucho más el medio ambiente y evitar muchos de los conflictos sociales que se generan con comunidades que viven en los lugares donde se van a hacer las extracciones.

-A propósito de esto, últimamente se ha utilizado la caída en el horizonte de reservas como pretexto para expandir las actividades de exploración y explotación hidrocarburífera a regiones que no registran antecedentes. Estas iniciativas han chocado con los intereses de los habitantes y pueblos originarios, que argumentan que esta expansión perjudica vocaciones productivas preexistentes o pautas de vida ancestrales. ¿Qué evaluación hacen de esta situación y cómo la solucionarían?

Para nosotros el problema fundamental pasa por lo que recién te decía. Se puede convivir con el mundo moderno y el mundo aborigen, en tanto y en cuanto el mundo moderno no signifique un avasallamiento sobre los pueblos originarios. Y en tanto y en cuanto las comunidades de pueblos originarios, si están afincadas en un lugar donde hay recursos naturales, posibiliten su utilización. ¿Cómo se logra eso? En un equilibrio. Hoy no hay tal equilibrio, hoy las compañías privadas pasan por encima de todo.

Habría que llegar a una combinación difícil de transitar, porque cada posición es muy válida, pero habría que llegar a un equilibrio. Hoy no está planteado, las empresas directamente arrasan las comunidades, con un criterio muy mercantilista. Nosotros no tenemos una posición “anti-minera”, no tenemos una posición “anti-industrialización”, sino que creemos que se pueden combinar ambas cosas. Y en ese marco de intentar combinar, habría que ver cuáles son los formatos en los que se puede lograr un equilibrio entre las partes. ¿Por qué no “anti-minera” o “anti-extractiva”? Porque en realidad son cosas que se necesitan. Uno puede discutir si es necesario o no el oro, y en realidad no está mal discutirlo. Ahora, el gas, el petróleo y algunos otros minerales, sí mejoran la calidad de vida de la gente, entonces ya es otra discusión. Habría que ver cuál es el equilibrio, sabiendo que para hacer una extracción de algún tipo de recurso que se encuentra en la tierra, hay que modificarla. Es imposible no modificarla, el tema es cuánto se modifica.

Hay todo un debate con los sectores ambientalistas, nosotros hemos debatido mucho con los autoconvocados de Esquel. En un primer momento tenían una posición muy “anti-minera” solamente, y muchos hoy todavía la tienen, y es muy válida de por sí. Ahora, el problema es, ¿sí a la mina o no a la mina? Si yo estoy mirando la cordillera del lado izquierdo del arroyo Esquel, y vivo en medio de un cerro en donde tengo una choza, y viene una minera y me ofrece trabajo, y puedo ganar dos mil o tres mil pesos que de la otra manera no tengo, entonces es muy difícil decirle “no a la mina”. Ahora, si yo vivo de este lado, y soy empleado público, y tengo un auto para irme todos los fines de semana al Parque Nacional Los Alerces, es muy fácil decir “no a la mina”.

¿Cómo equilibramos esas realidades tan distintas? Uno que se muere de hambre y no tiene trabajo, y otro que tiene garantizado su trabajo y su posibilidad de disfrutar el medio ambiente. Indudablemente que no estamos hablando de este tipo de minería, eso está claro. Lo mismo que decimos en el caso del petróleo, no es esta minería extractiva voraz, que en pocos años liquida cualquier tipo de yacimiento, sin pensar en ningún tipo de preservación del medio ambiente, ni en ningún tipo de equilibrio con las comunidades existentes, ni en dejar ningún tipo de renta. Estamos hablando de otro tipo de cosa, que son complementarias. El tema es tener una definición política que avance en ese sentido.

Las retenciones a la exportación y la regulación de los precios internos son medidas que los estados productores agrupados en la OFEPHI [Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos], las operadoras e inclusive los sindicatos, han criticado, sosteniendo que desincentivan la inversión e inclusive que ponen en riesgo fuentes de trabajo. ¿Qué opinión les merecen estas medidas, y la actitud de estos sectores?

En general las retenciones terminaron siendo casi una obligación para el Estado Nacional en el marco del gobierno kirchnerista, producto de todo lo que se había despojado, sino el Estado lo único que iba a terminar recaudando era el 12% en concepto de regalías, que ni siquiera las cobra el Estado Nacional sino que las cobran las provincias. En algún lado, algo tenía que “manotear”.

El rol que han jugado los gobernadores y la mayoría de los dirigentes sindicales del sector, es complaciente con las empresas y buscan el beneficio fundamentalmente empresario. Todos los logros que han conseguido los trabajadores del sector petrolero no han sido justamente ni por la acción de los gobernadores ni por la acción de los dirigentes sindicales, que pueden haber estado o no al frente de los conflictos. Ahora, los importantes niveles de recuperación salarial que lograron los obreros petroleros en los últimos años fueron fundamentalmente por el enfrentamiento con las patronales. No fue por las negociaciones entre sindicatos y empresas, o el apoyo de los gobernadores. En ese sentido, sí está claro. Pero sí han jugado, ya sean los gobernadores como los propios sindicatos, un rol importante alrededor de esa discusión, porque es una pequeña porción de una torta en la que todo el mundo quiere manotear algo. En ese sentido, ya sean los gobernadores, ya sean los dirigentes sindicales, tienen una cierta importancia.

En Chubut se está discutiendo cómo se reparten las regalías. Del 100%, el Estado provincial se queda con el 84% y reparte el 16% entre los municipios, lo cual pareciera bastante inequitativo. El tema es que podemos discutir un pedacito o podemos discutir todo, tenemos que definir primero qué queremos discutir. La renta petrolera es muy grande y está demostrado que para las petroleras el negocio es muy bueno, y lo ha sido en los últimos años, más cuando el barril llegó a valer U$S 140, que así les modifiquen todas las reglas del juego, siguen jugando. Pan American, es un ejemplo claro, en Argentina pelea para que le bajen las retenciones, es decir, para que pueda ganar más. En Bolivia, su subsidiaria se llama Chaco -Evo Morales modificó las reglas del juego y le cobra más del 80% de regalías- y no se fue, siguió sacando petróleo, pagando un 70% más de regalías. El negocio es muy bueno. El tema es qué es lo que queremos discutir. Este gobierno y todos los gobernadores han demostrado que quieren discutir “lo chiquitito”, beneficiando y garantizando grandes ganancias al capital privado.

-Mencionabas la reforma del artículo 124 como una de las medidas clave en torno al proyecto neoliberal y hablaste de la nacionalización y estatización de los recursos. ¿Qué forma vislumbran ustedes de instrumentar esta medida, porque la única manera posible sería mediante una reforma de la Constitución? ¿Existe alguna otra alternativa, al margen de eso?

En el marco de la realidad actual, y de cómo están repartidas las cartas hoy, no. No queda otra alternativa que presentar un proyecto de ley, y producto del mismo terminarán modificándose uno o varios artículos de la Constitución. Nosotros hemos elaborado, con otros investigadores, un proyecto de ley que publicamos en el libro del Nuevo Proyecto Energético Latinoamericano (NPEL), “Saqueo petrolero”, donde decimos cómo hay que hacerlo en el marco de lo que hoy hay.

Pueden aparecer las hordas revolucionarias, tomar el poder y cambiar todo. Eso no es lo más probable en lo inmediato, por lo que hay que transitar los caminos existentes: un proyecto de ley, que al margen de los votos de los diputados y los senadores, debe tener un determinado nivel de presión social y movilización. Sin eso, no hay ninguna posibilidad, así sea el proyecto de ley más brillante, de que se pueda concretar en la realidad.

-En términos más generales, es sabido que los hidrocarburos se van a acabar en algún momento y las necesidades energéticas van a seguir estando presentes. ¿De qué forma piensan que se empezarían a solucionar esas necesidades y qué prioridad otorgan al desarrollo de otro tipo de energías?

Es cierto que los hidrocarburos, más tarde o más temprano, se van a terminar, el problema es cuánto más tarde. En un mundo consumista, capitalista como este, seguramente ese “más tarde” está más cerca. En un mundo distinto, que no produzca bienes suntuosos sin sentido, probablemente ese “más tarde” sería muchísimo más lejos, hablamos de centenas de años, probablemente. Sabiendo que en algún momento sí van a llegar al final, porque es un recurso no renovable -para que se vuelva a generar petróleo van a tener que pasar cientos de millones de años.

Hay que avanzar en la utilización de energías alternativas, y de formatos de producción alternativos, en una perspectiva que complemente lo que decíamos antes: la extracción actual de los recursos naturales también debe tener la misma característica a la hora de la generación de energías alternativas. Porque para fabricar un molino de viento hace falta petróleo, no hay otra forma. Hay que ver cómo se complementan esas cosas.

Pero sí, nosotros creemos que sí, que hay alternativas. Muchos estudios, muchos trabajos demuestran que hay posibilidad. Lo que no vemos en lo inmediato no es ni el fin de la era del petróleo, ni el recambio fácil de este mundo -tal cual está planteado- de un formato energético a otro. Haría falta una revolución industrial y no se ven perspectivas que eso se vaya a dar en lo inmediato. Por eso también, la visión apocalíptica de que se acaba el petróleo, cambia el mundo, es muy relativa. Esa es la perspectiva, habrá que ver con qué velocidad llega y con qué velocidad no, pero no está previsto que este mundo cambie.

Hay que cambiar el mundo, hay que hacer una revolución industrial, no está previsto en lo inmediato que eso vaya a suceder. Ese fantasma que se agita alrededor del “fin de la era del petróleo” también sirve para las propias empresas. Porque entonces hay que ir a sacar con voracidad y nadie puede decir nada, porque sino se viene la “era del fin del petróleo”. En realidad, probablemente haya mucho más. Hay mucho petróleo que hoy no se saca no porque no exista sino porque no es rentable económicamente para el actual esquema. Pero petróleo en el mundo, probablemente haya de sobra. Sí habría que ver qué clase de perjuicios pueda ocasionar. No es lo mismo explotar petróleo en determinadas cuencas, que en otras, como las de arenas bituminosas. Podría traer más perjuicios esa explotación, que su abandono en el subsuelo.

El mundo tal cual hoy está, sí, va camino a la era del fin del petróleo y probablemente con cierta velocidad. Además hay que tener en claro que recién hemos tocado el cénit del descubrimiento del petróleo rentable. Ahora todo empieza a bajar, pero esa curva se ha desarrollado durante más de cien años. Hay que ver cómo se va complementando. En este mundo tal cual está, es un punto crítico del funcionamiento del planeta. Hay que ver cómo eso se modifica, a partir de cuáles son las prioridades.

Por otro lado, se puede hablar de una realidad diferente. Mucho más sustentable, mucho más a largo plazo, mucho menos consumista. No es posible que en este mundo tal cual está planteado llegue el fin de la era del petróleo y lo reemplace otro tipo de energía sin que sigan provocando los mismos problemas. O peores.

-¿En su organización tienen algún tipo de comisión o área que se encargue de la formulación de políticas o al menos una línea respecto a estos temas, o sobre la explotación de los recursos naturales?

No, en particular no. Nosotros somos una organización muy nueva, la conjunción de tres sectores que confluimos en este partido a mediados del año pasado. Todos veníamos de un mismo tronco original que era el viejo MAS de la década del 80’, pero después nos habíamos dispersado en diferentes corrientes. Y consideramos, siendo coherentes con lo que pensamos, que si esta sociedad no va a cambiar sin un gran proceso de movilización y participación, lo mismo tenemos que hacer en la izquierda. No hay posibilidad de ningún tipo de revolución si la izquierda en sí misma no marcha detrás de un mismo proyecto.

Después cada uno le pondrá los agregados donde más le guste, pero en el marco general, hay que marchar por el mismo camino. Y no sólo de la izquierda sino de un montón de sectores que consideran que esta sociedad, así como está, debe ser modificada. Nosotros le ponemos nombre y apellido, se llama “socialista”, algunos no coinciden del todo en eso, pero sí consideran que hay que cambiar esta. Siendo coherentes con ese esquema, consideramos que era muy importante empezar a confluir en una organización, que no creemos que sea la definitiva ni mucho menos, sino que es un primer paso, o nuestro primer paso, en el marco de confluir en una organización superior, con la perspectiva de cambiar la sociedad.

No tenemos una comisión específica, son temas que algunos conocemos más y otros menos. Tampoco somos tan grandes como para tener muchos especialistas sobre muchos temas. Sí intentamos interpretar la realidad desde una determinada óptica, y en ese marco, todo lo que analizamos lo trazamos alrededor de esa visión. Este tema nos parece que es un tema muy importante, casi medular, es muy definitorio alrededor de qué hacer. En esa perspectiva intentamos confluir con ciertos sectores y seguir confluyendo, porque no creemos que esté acabada la experiencia ni mucho menos, con otros sectores que nos permitan ir empalmando en la construcción de una sociedad distinta, que no depende de iluminados, sino de construcciones colectivas que apunten hacia otra realidad.

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