viernes, 20 de agosto de 2010

Sobre el papel de las fuentes “confiables” de la agresión mediática

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

Hace pocas semanas, la prensa continental (en diversos espacios y tonos) difundió una información proveniente del Departamento de Estado de Estados Unidos, según la cual varios países del mundo, entre ellos Cuba, han sido nuevamente encasillados entre los promotores de terrorismo, en el mundo.

¿La fuente de información? desde luego, el susodicho Departamento de Estado que, desde hace años, se ha arrogado una suerte de juez supremo mundial no solo en asuntos de terrorismo sino en asuntos económicos, de riesgo, de libertad y de democracia. Para ello usa sus organismos oficiales, a los que les da el timbre de impolutos; sobre el bien y el mal. No hace falta decir que los propios Estados Unidos y sus más fieles aliados (como Colombia, México, Chile) jamás aparecen en tales listas a pesar de que hay evidencias más que contundentes que dicen exactamente lo contrario.
Recordemos:
En materia de terrorismo, hace décadas que no se ha “filtrado” algún síntoma de que en la propia Cuba o fuera de ella, se hayan ensayado actos criminales de este tipo. Al contrario, contra Cuba se ha ensayado toda clase de agresiones y de terrorismo de la peor especie. Casi todos ellos, originados, financiados, programados, desde Estados Unidos, especialmente desde la base cubano-americana que recibe anualmente millonarios recursos de los contribuyentes norteamericanos. Ni las “damas de blanco” ni la “bloguera solitaria”, ni los acuciosos corresponsales acreditados en la isla, han señalado, con pruebas, un solo caso que pudiera encestarse en esta clasificación.
Al contrario, los periodistas cubanos suelen conmemorar el asesinato del periodista ecuatoriano Carlos Bastidas, ocurrido en abril/1958, meses antes del triunfo revolucionario. Ese crimen, que quedó impune porque sus autores materiales e intelectuales alcanzaron a huir a Miami (EE.UU.) cuando el triunfo revolucionario (enero 1/1959) fue el último que se cometió en la isla contra un periodista, en el último medio siglo. Eso, desde luego, no lo reconocen ni el Departamento de Estado; peor, mucho peor, la SIP-CIA, el grupo de diarios de América (GDA) o los medios sipianos del sistema.
En cambio, un jurado yanqui (del país que se autocalifica del más libre y justo del mundo) condenó a bestiales penas de prisión a CINCO CUBANOS ANTITERRORISTAS (uno, a doble prisión perpetua) por haber cometido “el crimen” de espiar para su país los planes y preparativos TERRORISTAS que la mafia cubano-americana preparaba contra la isla. Y, en la misma ciudad, se pasean “libre y democráticamente” criminales, terroristas y ladrones no solo de Cuba sino de casi todos nuestros países. Contra ellos, la impoluta justicia norteamericana, no solo que se niega a procesarlos sino que se niega a extraditarlos. Tal el caso de Luis Posada Carriles, el criminal y terrorista que es reclamado por Venezuela para que responda por los crímenes que en ese país cometió antes de que llegue la revolución bolivariana. Y como este asesino, muchos más.
¿A dónde quiero llegar? Pues a demostrar (con un solo hecho y comprobado, de los cientos que hay) que la agresión mediática se da mediante el recurso de citar fuentes de información “de las que no hay duda alguna” En este caso, el Departamento de Estado de Estados Unidos. Y para que a nadie le quede la menor duda de cómo se manejan estas fuentes informativas, hasta el año 2008 funcionaba en Europa una Comisión de Derechos Humanos nada menos que de las Naciones Unidas, que, religiosamente, incluía (sin fundamento alguno) a Cuba en una lista de países (todos del “eje del mal”) que cometían actos contrarios a estos derechos universales. La desfachatez llegó a tal punto que la Asamblea General de las NN.UU. (cerca de 200 miembros) resolvió disolver esa comisión y crear otro organismo que, en realidad, cumpla este propósito con alguna credibilidad.
Sin ir muy lejos, el Ecuador, solo porque tiene de Presidente a un Rafael Correa que tiene un discurso crítico, frente al imperio y los imperitos, por dos ocasiones, en fechas recientes, fue encasillado entre los países “dudosos y de riesgo” por organismos regionales y mundiales.
Contra Venezuela, el Departamento de Estado, la OEA y sus “relatorías” no se cansan de lanzar dardos, sin ninguna fundamentación. Lo mismo contra Evo Morales y Bolivia; contra Daniel Ortega y Nicaragua. En cambio, no dicen ni poco ni nada contra Chile, en donde aún arremete la represión antipopular; contra el Perú, en donde las fuerzas represivas masacraron una manifestación de indígenas orientales y se denuncian actos de corrupción al por mayor; mucho menos contra Colombia, de Álvaro Uribe, y sus “falsos positivos” o sus fosas comunes con más de dos mil asesinados por el militarismo reinante. Alguna observación se formula (eso también porque mataron a dos agentes norteamericanos antidrogas) contra México, en donde hay el espeluznante promedio de por lo menos 10 asesinatos diarios, especialmente en zonas de frontera con Estados Unidos.
Queda claro que el terrorismo mediático en América Latina cuenta con “fuentes de información” de confianza y de cuya autoridad “nadie puede dudar” Y, desde luego, los medios sipianos, por su propia cuenta, ponen también lo suyo, como ese “reportaje colectivo” que publicaron hace un par de meses, los periódicos que forman parte del Grupo de Diarios de América (uno de los organismos patrocinados por la SIP-CIA) sobre que el narcotráfico se paseaba, sin obstáculos, en Ecuador y Venezuela, lo mismo que los denominados “terroristas de las FARC y el ELN” Seríamos ingenuos sin remedio si creyéramos que ese reportaje nada tuvo que ver son las agresiones mediáticas que se dieron contra Ecuador y que, luego, cuando agonizaba el gobierno de Álvaro Uribe, se proyectó contra Venezuela, “con pruebas” que fueron manipuladas en el seno del Comité Permanente de la OEA, que para eso está.
Vamos entendiendo ahora cómo opera en nuestros países (y por extensión, en el mundo entero) eso que hace un par de años comenzó a tipificarse como “terrorismo mediático” Es decir, instituciones locales, regionales y mundiales, que generan acusaciones infundadas, con frecuencia ridículas, y los medios –ni cortos ni perezosos- que se hacen eco de ellos y los retransmiten sin más a millones de lectores, televidentes y radioescuchas, como “verdades inapelables” que no admiten duda alguna.
Simple y llanamente es parte de lo que se denomina “terrorismo mediático” un terrorismo mediático que nació contra la ex URSS, que se ha desarrollado sin escrúpulos contra la revolución cubana, que ahora “enfrenta sin límites” a la revolución Bolivariana de Hugo Chávez, y que arremete contra todo gobierno (Evo, en Bolivia; Correa, en Ecuador; Ortega, en Nicaragua; y hasta la inocente Cristina en Argentina) que “ose” cuestionar al gran imperio de EE.UU. o que dude de las “bondades” del neoliberalismo o que “atente” contra la “libertad y la democracia”,
Sobre esto ultimo, personajes de la famosa OEA, de la SIP y hasta de las Naciones Unidas no descansan en pretender decirnos qué es lo bueno y qué es lo malo en el trámite de la ley de comunicación que debe dictarse por mandato constitucional. Y los diarios sipianos (con El Comercio de Quito, a la cabeza)
son “generosos” en conceder espacios a esas fuentes informativas que luego generan editoriales, artículos de opinión, recomendando a la Asamblea Nacional que no dejen de tomar en cuenta tan “sabios consejos” ya que los que se generan a nivel local y nacional, no son suficientes.
Todo porque no se dicte nunca una ley de comunicación, vieja tesis de la ultra derecha terrorista de América Latina.

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Honduras: Tendenciosas y peligrosas sindicaciones por el diario la Tribuna a periodista sueco

Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

¿Que hace el fotógrafo Amilcar Luque del diario La Tribuna entre los soldados del Ejército?


Hay una regla sagrada del periodismo y es no fraternizarse con algún actor en conflicto si quieres preservar la objetividad en la profesión.

En la página 14 del diario La Tribuna [1] del ex presidente Carlos Flores Facussé (Liberal) relata que su fotógrafo Amilcar Luque fue agredido por representantes de la Comisión de Seguridad de la Resistencia durante la concentración de la Megamarcha realizada por las tres centrales obreras, Magisterio y la Resistencia.

Lo que también relata el reportaje no firmado es lo siguiente:

“Agregó que un ciudadano supuestamente de origen sueco lo tildó de ser infidente de los cuerpos de seguridad del Estado, al mismo tiempo que lo filmaba.”

Ese señalamiento es sumamente extraña, grave y mentirosa. Por que sino fuera por la presencia de la prensa internacional en el lugar por los hechos ayer y por la iniciativa mía de pedir al diputado Marvin Ponce de encargarse el traslado del fotógrafo Amilcar Luque, creo que el señor habría podido pasar otra suerte.

El acto de Conchita Alonso y Micheletti

En la noche del martes topamos con el fotógrafo de La Tribuna. Como es de costumbres se saluda y se intercambia experiencias entre los colegas de los medios. Y con el fotógrafo Amilcar Luque tuve una experiencia el 4 de julio de 2009 cuando nos dirigíamos hacia el aeropuerto Toncontin para cubrir el primer intento del derrocado presidente Zelaya de regresar al país. Me contó que andaba con un carné de la AP pero que trabajaba para La Tribuna.

Durante el acto con la cantante cubana-venezolana le hice la pregunta a la señora Conchita Alonso, si su salida de Venezuela junto con su hermano, Roberto Alonso, tenia que ver con el descubrimiento de 140 paramilitares colombianos que fueron detenidos en el predio de su hermano. Entre las 200 personas presentes, entre ellas el señor Roberto Micheletti, entró una tensión por la delicada pregunta a la cantante que de todas maneras la contestó con todo respeto.

Cuando el señor Micheletti tomó la palabra mucha gente se levantó para tomarle fotos, entre ellos el fotógrafo de La Tribuna, no para registrar al señor Micheletti sino a mi persona.

¿Por qué? ¿Era importante para el reporte en La Tribuna de sacarme a mí una foto? ¿O era por la naturaleza de la pregunta?

Revuelto con los militares

Miércoles 18 de agosto a las 11,09 horas:

Cubrimos la Megamarcha convocada por el movimiento popular hondureño para exigir resultados de las negociaciones del salario mínimo, el reclamo del Magisterio que el régimen paga lo que el estado le debe a INPREMA, que la rectora de Julieta Castellanos se corrige y reintegre los trabajadores despedidos de la Universidad.

Pasamos Hondutel y el General Romeo Vázquez (designado gerente en Hondutel por el presidente Lobo), entrevistamos a Porfirio Ponce, vicepresidente del combativo sindicato Stibys, el dirigente que a su casa llegó, como dice él en la entrevista un “organismo del estado” para echar cantidades de sangre a la cama matrimonial y los cuartos de sus tres hijos y robar el laptop del sindicato. El grupo asaltó la casa en la tarde hace medio año mientras los vecinos, asombrados y con la aboca abierta fueron testigos del asalto que duró 40 minutos sin que los asaltantes tuviera la más mínima prisa.

Entrevistamos al secretario general del sindicato STENEE cuando llegamos al desvío a la presidencia en donde siempre hay dos vallas del ejercito custodiados. Pero vimos que entre los soldados, sus mandos había dos civiles. Uno en terno y corbata con audiófono en una oreja y el otro sacando fotos dirigido hacia la marcha.

Mi camarógrafa enfocaba el fotógrafo y me dijo que era el fotógrafo que la noche anterior me había “encañonado” con su cámara y me decidí ir allá para registrar la ubicación nada “sagrada” por un periodista o fotógrafo.

Y ahí lo tenemos. En el video se puede ver que el señor Amilcar Luque conversa como fuera amigo o compañero con el oficial.

La entrevista con el fotógrafo

De ahí no pasó nada hasta que llegamos al Congreso Nacional donde seguimos a hacer más entrevistas, entre ellas la de Tomy Morales, una líder universitaria del FRU, Frente de Reforma Universitaria, que nos relataba la brutal paliza y tratamiento que los Cobras le dieron el 3 de agosto cuando entraron a la zona autónoma del a UNAH para reprimir por orden de la rectora Julieta Castellanos a los estudiantes y trabajadores del sindicato Sitraunah.

Clausuramos la jornada de trabajo para este día y nos vamos en dirección para almorzar cuando una señora de la Resistencia nos dice que “han atrapado un infiltrado, un fotógrafo”.

Y vamos a la tienda donde se ha refugiado Amilcar Luque. Entramos y le entrevistamos;

* ¿“Qué le pasó?”

– Esos tipos, no sé quienes son, me acusan que yo tomo las fotos y las entrego a las autoridades. Mi único trabajo es tomar fotos para llevárselas al periódico”.

* ¿Como se llama Usted?

– No interesa mi nombre.

* ¿Para quien trabaja?

– Yo trabajo para el diario la Tribuna. Mi trabajo es cubrir todos los eventos acá.

* ¿Por que Usted me sacó una foto anoche en el acto de Micheletti?

– No, yo no he sacado ninguna foto de Usted.

* Si, Usted me sacó una foto apuntándome anoche en el acto de Micheletti.

– Yo nada más sacaba fotos. . .

* ¡Y me estaba apuntando!

– No sé. . . . Yo punté todo el grupo.

Mezclado entre los militares

Le pregunté por que estaba mezclado entre los militares de las dos mallas y respondió que él salía del hotel y que no podía salir de ahí, lo que es cuestionable por que tenemos una persona en el video que incluso entra a la valla donde él y los soldados del ejército se encontraban.

No andaba con el carné de su diario visible, no anda con ningún otro carné visible por lo cual la gente en la marcha lo sospechaban de ser un infiltrado.

Terminamos la entrevista y salimos a la calle. Hay gran indignación y rabia de la gente. Un representante de la comisión de seguridad de la Resistencia necesita cuatro personas que puede trasladar Amilcar Luque a un lugar seguro. Llamo a Marvin Ponce que veo diez metros más allá. Le digo que “por favor hacerle cargo” con los otros tres personas para salvar al señor Amilcar Luque.

Abrazándose con el general Romeo Vázquez

Después que sale Amilcar Luque topamos con Edy Guifarro, miembro de la Comisión de Seguridad del a Resistencia y le entrevistamos y le preguntamos el porqué la detención del Amilcar Luque. Nos cuenta que Luque andaba sacando fotos de los rostros de los manifestantes. Además relataba que chequeando el celular del fotógrafo de La Tribuna descubrieron una foto de Amilcar Luque abrazándose con el general Romeo Vázquez.

Pues así es la vida.

Al otro día cuando la seguridad de la Resistencia detuvo un infiltrado en la asamblea del Magisterio, siendo miembro del área técnica del Ejercito y la Guardia de Honor de la Casa Presidencial, ese individuo tenia en su pantalla del celular una foto de Roberto Micheletti.

Dos suertes, dos diferentes personas y dos diferentes ídolos.

Lo que me hacer recordar el viejo dicho:

“Dime con quien anda y te diré quien eres”.

No mezclar el trabajo con la posición personal

No hay ningún periodista que no tenga simpatías o posiciones políticas. Él que lo diga es un hipócrita. Pero una cosa es mezclar su trabajo como periodista con la posición personal.

En Colombia me decían los colegas nacionales que:

“En Colombia 50 por ciento de los periodistas son honestos pero ganan muy mal. Los otros 50 por ciento ganan bien por que tienen un sueldo adicional que es de la Inteligencia Militar. Por eso, ¡no confíes en ningún periodista colombiano”!

En el momento que tú pones un pie en el otro lado de la malla es fácil de perder toda la confianza adquirida por el trabajo profesional como periodista.

Como periodista no juzgo a nadie. El periodista estudia el tema, investiga, entrevista y elabora el tema. Y a final edita el material que lo entrega al lector, radioescucha o el televidente para que éste saca sus propias conclusiones.

Es, claro que si, un poco diferente a las declaraciones categóricas del señor Renato Álvarez o el grupúsculo de “opinadores” que no tiene nada que ver con un periodismo verdadero con principios.

No sé si el señor Amilcar Luque trabaja con los organismos de seguridad. Y mientras no lo sé tampoco lo acusa de hacerlo. Seria fatal y más que un periodista se ha quemado basándose en conjeturas. Los 30 años de periodista me han enseñado que en este mundo no se puede descartar nada.

Valiosa posición de la resistencia

En todo caso no hay excusa para maltratara ningún periodista o fotógrafo. Doy bienvenida las declaraciones por parte de la dirigencia de la Resistencia en el sentido que ellos no rechazaron la invitación del gerente de Radio América cuando éste quería hablar con los dirigentes para tener el aval para poder cubrir las actividades de la Resistencia. Cualquier periodista o fotógrafo que trabajan en los medios que la Resistencia considera “golpista” merece ser tomados en cuenta y con respeto, “solo hacen su trabajo”, como decía esta tarde David Romero, antigolpista y director de Radio Globo.

Entiendo que no es lo más fácil para los colegas de los medios hondureños que más que periodismo, ejercen una maquinaria propagandista al servicio de unos dueños que son acusados por la Resistencia de ser los autores intelectuales y financiadores del golpe de estado el 28 de junio 2009. Y los colegas, en vez de prostituírse a esos dueños deberían por su propio orgullo de ser periodista organizarse en un sindicato, luchar tanto por sus derechos y no ser tan explotados como son ahora, y tener el derecho de poder decir “NO” a una tarea que significa dar aval informático y político como un golpe de estado.

Muchos periodistas en el mundo, sobre todo en Europa, tienen ese derecho, decir “NO” si la tarea de punto de vista ética viola la dignidad humana.

¿Por que no hay sindicato en La Tribuna y Televicentro?

¿Qué dirá Carlos Flores Facussé cuando el fotógrafo Amilcar Luque de su diario se niega a arriesgar la vida cubriendo las manifestaciones populares en forma escondida?

¿Qué diría Flores y Ferrari si los trabajadores, periodistas y fotógrafos y todo el personal de Televicentro o de La Tribuna se organizaran en un sindicato?

Nota:

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Ocaso del imperio

Carlos del Frade (APE)

Cuando se vive sin sentido, se mata sin sentido.

El imperio vive matando.

El imperio vive sin sentido.

Manda a sus jóvenes a robar materias primas -más allá de sus fronteras- para continuar el estilo de vida norteamericano.

Es decir que el imperio manda a sus muchachos a matar en nombre de la libertad y la democracia.

Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial inventa guerras, despliega tropas sobre el planeta y ocupa tierras donde todavía hay petróleo.

Le llama civilización a cada una de sus masacres.

Pero sus jóvenes ya no quieren vivir matando pero no pueden vivir de otra manera porque esa es la orden que recibieron desde que se alistaron en las legendarias y sanguinarias tropas del imperio.

Y cuando ya no hay en qué creer es difícil sostener la existencia.

Durante junio pasado 32 soldados norteamericanos se suicidaron luego de participar de las invasiones a Irak y Afganistán, cifra que supera a las producidas durante la guerra de Vietnam.

-El año pasado se quitaron la vida con sus propias manos más efectivos de los que cayeron en combate en Afganistán . La mayoría de nosotros conoce a un compañero que lo hizo al regresar a casa y los guarismos no incluyen siquiera a quienes se suicidan al terminar su servicio: están fuera del sistema y sus muertes suelen ser ignoradas- dice el militar Tim Embree ante la llamada Comisión de Asuntos relativos a los Veteranos de la Cámara de Representantes.

Ya no hay gloria en las invasiones del imperio ni para sus propios hijos.

Matan sin sentido porque viven sin sentido.

Entonces se suicidan después de profundas depresiones.

Para colmo vuelven a su tierra de lejanas oportunidades y se encuentran con una tasa de desocupación cada vez más grande. Y los más afectados son los veteranos de guerra. La primera consecuencia es que pierden sus casas.

Cuentan Kevin y George Lucey que su hijo Jeff, de solamente veintitrés años, se colgó en el sótano de su casa. “La madre relató que al mes de participar en la invasión enviaba cartas a su novia en las que hablaba de las “cosas inmorales” que él estaba haciendo. Una vez en el hogar, Jeff comenzó a soltar frases inconexas sobre Nasiriya, la ciudad al sudeste de Bagdad en la que tuvo lugar la primera gran batalla de los invasores contra el ejército regular iraquí. Un día recibió a su hermana Amy con lágrimas en los ojos diciéndole que era un asesino. Antes de suicidarse, dejó sobre su cama las chapas de identificación de dos efectivos iraquíes que había matado aunque no portaban armas. Jeff solía mirarlas con frecuencia”, apuntan las crónicas periodísticas.

Como sucedió en Vietnam, Estados Unidos ha comenzado a drogar a sus soldados para que vayan al frente en nombre de la democracia, la libertad y Occidente. Pero el efecto alucinógeno cada día dura menos y sobreviene la conciencia de matar sin sentido.

El imperio comienza a derrumbarse de manera lenta y silenciosa en cada muchacho que elige su propia muerte porque apenas puede disfrutar de ese último y desesperado acto de libertad en medio de tantas órdenes impuestas durante décadas.

Fuente foto: APE

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Venezuela: Para avanzar en revolución

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)

Expropiaciones y socialismo

Hace meses, en esta misma columna, expresamos que el propósito central del socialismo es “cambiar el patrón de acumulación de la riqueza producida y liberar las potentes fuerzas productivas represadas por unas relaciones sociales de producción que impiden el desarrollo exponencial de las capacidades productivas”.

Esta definición, de acuerdo con la teoría del Socialismo Científico, surge del análisis del sistema capitalista de producción y de sus insolubles contradicciones. Mientras la sociedad en su conjunto se hace más productiva a causa del desarrollo de la ciencia y de la técnica, las relaciones sociales de producción, caracterizadas por el trabajo asalariado (y explotado), la propiedad privada de los medios de producción y en consecuencia del producto, alimentan una bestial acumulación capitalista, que en su búsqueda de la máxima rentabilidad sostienen artificialmente altos los precios de los productos restringiendo la oferta, con lo cual se origina un cercenamiento del desarrollo de las fuerzas productivas. En el capitalismo, la ciencia y la técnica avanzan hacia infinitas posibilidades productivas, mientras que la organización económica de la sociedad, la propiedad privada de los medios de producción y las formas jurídicas que la acompañan restringen, amarran, y muchas veces destruyen, esas enormes posibilidades.
Premisas básicas del Socialismo

Cambiar esas relaciones conduciría a “liberar” las fuerzas productivas porque la acumulación ya no se haría para los propietarios privados excluyendo al resto, sino para el conjunto de la sociedad, la cual dispondría, progresivamente y cada vez más, de todo lo que necesita cada quien para su existencia y para el desarrollo de su personalidad y sus capacidades. Los propietarios privados se convertirían en propietarios colectivos de los medios de producción y disfrutarían, al igual que los demás, de la riqueza producida en condiciones de respeto y solidaridad y en proporción a sus capacidades y aportes a la producción. Tales son, muy sintéticamente, las premisas básicas del socialismo como alternativa al capitalismo.

Como puede observarse, no se trata simplemente de distribuir la riqueza, como algunos creen por ignorancia, o hacen creer por mala fe. No se trata de reproducir la leyenda de Robin Hood: Quitarle al rico para darle al pobre. Esta visión es errada y altamente perniciosa conduciendo rápidamente al empobrecimiento y a la ruina general, porque alienta el aprovechamiento o consumo improductivo de lo que otros producen; es, en sí misma, la esencia del rentismo y del consumismo. Es causa, además, de la mayor inconsciencia colectiva llevando irremediablemente al fracaso del esfuerzo revolucionario. Es una falsa concepción del Socialismo que se vale de los fundamentos justicieros de éste para implantar experiencias primitivas que sólo sirven a oscuros y trágicos intereses particulares esencialmente capitalistas, aunque se encubran con una fraseología socialista.

La socialización depende de las particularidades sociales.

El tránsito socialista (que es un proceso largo y complejo) requiere, entonces, la propiedad colectiva de los medios de producción para que ocurra la liberación de las fuerzas productivas y para asegurar que la producción responda a las necesidades sociales de acuerdo con un plan de prioridades y con los recursos disponibles. Las modalidades, el ritmo y la oportunidad en las cuales esta transformación se realiza dependerán de las características de cada sociedad singularmente determinada y de las condiciones sociales, políticas y culturales en las cuales se desencadena la transformación.

En el caso venezolano ya se ha consumado la colectivización de la propiedad de las principales fuentes de ingreso externo (petróleo y derivados, aluminio, hierro, acero, oro y otros minerales), totalmente en algunos casos y casi totalmente en otros y coloca al Estado en posesión y dominio de una parte sustancial de los medios de producción necesarios para adelantar la transición socialista, sin necesidad de grandes procesos expropiatorios. Lo fundamental es que se socialice la propiedad estatal mediante el establecimiento inmediato de prácticas o modalidades de gestión democrática por parte de los trabajadores que laboran en ellas y de la sociedad, de manera que el Estado deje de ser un instrumento al servicio del capital y pase a ser un instrumento al servicio de la sociedad.

Expropiar sólo lo indispensable.

En consecuencia de esta situación, la ejecución de la expropiación, prevista en las Constituciones desde hace muchas décadas y reglamentada en una Ley especial, directamente asociada a las nociones de interés colectivo y bienestar general, bien común, utilidad pública o social, se ve limitada estrictamente a aquellos casos en los cuales exista una imperiosa necesidad de la intervención estatal en beneficio de la colectividad para mejorar sustancialmente el desempeño de las unidades económicas correspondientes o la calidad y cantidad del producto y los sistemas de distribución, comercialización o suministro de los productos, tanto para la industria estatal como para la población.

En otras palabras, la expropiación, en el caso venezolano debe sujetarse real y estrictamente a las prioridades del plan de desarrollo y a las normas constitucionales y legales que regulan la materia, con la finalidad de generar una mejoría sustancial en el funcionamiento de la economía y en el bienestar de la colectividad. De lo contrario, las expropiaciones se convierten en un elemento que alienta la desconfianza, la anarquía productiva, la corrupción, el atropello, la incertidumbre jurídica y social. El Estado Socialista debe ser en la práctica concreta el motor de la estabilidad y la eficiencia del proceso de transición. Debe demostrar que conduce certeramente a la organización socialista de la sociedad como superación de la organización capitalista y cada falla, cada desviación, conduce a deslegitimar al socialismo y a impactar en la conciencia colectiva como una propuesta inviable y fracasada, asociándose al derrumbe de otras experiencias y a todo el desprestigio divulgado por los aparatos de propaganda de los grupos económicos transnacionales. De allí la enorme responsabilidad y el extremo cuidado que deben tener los funcionarios gubernamentales para no incurrir en improvisaciones ni en conductas arbitrarias que niegan la condición revolucionaria y agreden al socialismo. Y en dar prioridad absoluta a poner a producir lo que está bajo control estatal y a promover el ejercicio más pleno, real y consciente de la participación de los trabajadores y el pueblo en las decisiones propias del proceso productivo y en la conducción política de la sociedad.

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¿Y a la izquierda del kirchnerismo qué?: Apuntes críticos para una nueva izquierda

Martín Ogando (especial para ARGENPRESS.info)

La coyuntura después del 28J

La derrota de los Kirchner en las elecciones legislativas del 2009 dejó flotando en el ambiente la sensación inequívoca de un fin de ciclo. Era la prueba de fuego luego del “conflicto del campo”, el revés político más importante del kirchnerismo desde su ascenso en el 2003. Aquel conflicto marcó un quiebre de la relación entre el gobierno y un sector de la burguesía (junto a sus voceros políticos y mediáticos), al mismo tiempo que reforzó su aislamiento respecto de las clases medias urbanas y rurales. El deterioro de las posiciones electorales K en puntos clave de la geografía política peronista parecía adelantar su ocaso definitivo. A pesar de mantener un importante caudal electoral a nivel nacional, con poco más del 30% de los sufragios, la caída del mismísimo Néstor Kirchner frente a Francisco de Narváez en la Provincia de Buenos Aires sonó como un golpe de gracia. (1) Se llegó a especular, por aquellos días, que la presidenta no concluiría su mandato.

Las semanas posteriores fueron de balances y previsión de horizontes para la izquierda, y en aquellas reflexiones había un diagnóstico casi unánime: estábamos en presencia del agotamiento del ciclo kirchnerista. La productividad política de su dispositivo de poder era puesta en jaque a dos bandas: por un lado por su jefatura empresarial, cansada de gesticulación populista y decidida a darse una representación política más estable; del otro, por el electorado popular, pensado siempre desde el pejotismo (2) como mera clientela, y que esta vez le daba la espalda. Se pensó lo que vendría como una sobrevida, como un tortuoso camino hacía el 2011 donde el gobierno necesariamente debería replegarse y pactar con la oposición, resignando cuotas de poder.

Lo más importante para nosotros, sin embargo, era lo que el derrumbe del kirchnerismo podía significar en tanto “desbloqueo” de las posibilidades de acumulación por parte de la izquierda, sobre todo a partir del debilitamiento de las expectativas sociales y los mecanismos de cooptación que tan eficientemente habían aportado a la estabilización capitalista. Un año después hay que decir que aquellos pronósticos eran errados. Muy por el contrario, el gobierno de Cristina Fernández retomó la iniciativa y volvió a imponer la agenda política, y el escenario de polarización resultante, no solo mantuvo, sino que redobló los desafíos que se nos presentan a los militantes del campo popular. Reflexionar sobre este último punto es el objetivo central del presente artículo.

Durante los meses que siguieron al 28J el kirchnerismo decidió “dar pelea”. Y decidió darla en su campo y con las armas que conoce. Básicamente, aprovechando la ventaja relativa que supone su mayor audacia para “hacer política”, capacidad casi atrofiada en la oposición de derecha, merced a décadas de sumisión automática al poder económico, y que, por el contrario, en los K es llevada por momentos al aventurerismo liso y llano. Así, lanzaron una “cruzada” contra un enemigo poderoso pero antipático, como el Grupo Clarín, utilizando banderas sentidas por parte de la población, como el “Fútbol para Todos” y el impulso a la causa por apropiación a Ernestina Herrera, la dueña del monopolio. La votación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue la batalla de fondo y, dejando atrás el fantasma de la 125 (3), el gobierno conquistó un triunfo relevante, que en este caso significó también un avance popular frente a la reglamentación de la dictadura. Pero el gobierno no ha reaccionado con un “giro a la izquierda” luego de la derrota del 2009, como pretenden algunos, sino que ha retomado la iniciativa con un juego más bien pendular. No ha dudado ante la posibilidad de avanzar con medidas que, más allá de su intencionalidad, constituyen conquistas sociales o democráticas, siempre que éstas sirvan para fortalecer su posición relativa frente a la oposición. De esta forma, junto a la mencionada Ley de Medios, se cuenta la implementación de la Asignación Universal por Hijo (con indudables repercusiones en el bolsillo de los hogares mas pobres) y el impulso presidencial a la ley de matrimonio igualitario, si bien los legisladores K han votado divididos. En el mismo periodo, sin embargo, se ha recostado más decididamente que nunca en los gobernadores y caudillos del PJ y en la cúpula de la CGT, dejando en ridículo la anunciada renovación de la política; ha fortalecido su relación con las empresas mineras y otras industrias extractivas que saquean y contaminan nuestras tierras; ha avanzado en el pago de la deuda externa y en la segunda etapa del canje, presentados insólitamente como herramientas de soberanía nacional; y las relaciones con el Departamento de Estado norteamericano pasan por un excelente momento. Como sea, merced a estas medidas, y a una repercusión moderada de la crisis económica internacional, el gobierno recuperó parte del terreno perdido en junio de 2009.

Enfrente encontró una oposición de derecha y centro-derecha extraordinariamente funcional. En primer lugar, porque su involucramiento con las políticas económicas neoliberales les garantiza el rechazo de una parte del pueblo que, sin embargo, no siente simpatía alguna por el gobierno. En segundo lugar, porque su dispersión e incoherencia es notable, lo que ha redundado en un impotencia casi absoluta para capitalizar el desgaste kirchnerista.

El pan-radicalismo fue el ganador más evidente del periodo que va de la 125 hasta el 28J, siendo el espacio con más probabilidades de imponer un sucesor en el 2011. Sin embargo, la desconcertante permanencia de Cobos en el ejecutivo, criticada dentro y fuera de la UCR, ha degradado su imagen positiva, dejando muy atrás en el tiempo su episódico papel de héroe. Hoy, lejos está de ser un presidenciable indiscutido. Mientras, las posibilidades de Alfonsín hijo aumentan, apuntaladas por el “aparato” radical y la posibilidad de presentar un cara más “progre” contra el kirchnerismo, y Lilita Carrió acaba de quebrar el Acuerdo Cívico y Social en medio de uno de sus habituales espásmos megalómanos. El llamado Peronismo Federal se sabe portador de la estructura política más sólida y del favoritismo de los factores de poder económico más importantes, al tiempo que es conciente de su debilidad en el terreno de las candidaturas. Reutemann sigue cavilando, mientras que Eduardo Duhalde, el más perdurable político burgués de los últimos veinte años, se sabe dueño de una alta imagen negativa en la sociedad. El impredecible Francisco de Narváez sigue siendo la principal carta electoral de este espacio. La centro-izquierda, con sus exponentes Binner, Stolbizer y Juez, está a mitad de camino de un acuerdo con la Coalición Cívica y/o el radicalismo, aunque no son descartados como aliados por el espacio de Pino Solanas. Tal es así que este último no ha dudado en aparecer en bloque con la oposición liberal, cajoneado sus planteos nacionalistas y progresistas, llegando incluso a destacar
ultimamente sus importantes acuerdos con Carrió.

Párrafo aparte merece la situación de Mauricio Macri. Fuertemente golpeado por el escándalo de las escuchas ilegales, confía en su mayoría legislativa para evitar la destitución, aunque las deserciones en el bando propio (sobre todo del peronismo porteño) son un fantasma que lo acosa. A pesar de esto, y de la pésima gestión al frente de la Ciudad de Buenos Aires, no se lo puede descartar en la carrera presidencial, sobre todo porque mantiene su crédito mas importante: ser el candidato mas cómodo y funcional para el kirchnerismo, el cual presumiblemente hará todo lo posible para toparse con él en el ballotage del 2011.

En los últimos meses sectores de la oposición han intentado modificar este tablero. El protagonismo de la cúpula radical en la aprobación de la ley de matrimonio igualitario y el planteo del 82% móvil, de indudable impacto social, parecen ir en ese sentido. A esta ultima jugada el gobierno ha respondido con el aumento de las jubilaciones y de las asignaciones familiares, pero tendrá que enfrentar, en las próximas semanas, la probable media sanción en diputados de un proyecto impulsado por la oposición, que cuenta con innegable simpatía popular. Veremos qué ocurre en los próximos meses.

Como sea, para la izquierda sigue siendo un desafío romper la polarización planteada. Es por eso que, partiendo de un diagnóstico de la etapa y de una caracterización del kirchnerismo, lo imprescindible es analizar qué posibilidades de construcción contrahegemónica se abren para el campo popular. En pocas palabras: tenemos la urgencia de pensar/prefigurar/construir una forma de contestación efectiva (y no meramente retórica o denuncialista) a la gestión del estado capitalista encabezada por los K. Lejos estamos de tener alguna receta al respecto. Sin embargo, sí tenemos un recorrido, reflexiones, experiencias, intuiciones y convicciones ético – políticas que nos marcan un camino.

¿Proyecto nacional – popular…

Definir el carácter social y la perspectiva política del kirchnerismo ha llevado a una de las polémicas mas profundas de los últimos tiempos al interior del campo popular. En los polos de un amplio abanico de opiniones encontramos la siguiente contraposición: ¿Proyecto nacional – popular o simple continuismo neoliberal? Ni lo uno ni lo otro, respondemos tentativamente, e intentaremos explicitar aquí nuestra propia caracterización.

Sabemos que toda definición de un fenómeno actúa por aproximaciones sucesivas al mismo, y por lo tanto, elegimos el camino de ir construyendo lecturas provisorias del kirchnerismo, incompletas (y a ser completadas y/o corregidas) pero productivas a la hora de orientar una praxis política contrahegemónica. Siendo así, lo primero es “marcar la cancha”, es decir, definir qué no es este gobierno. Y no es, como algunos sostienen, un movimiento nacional – popular, ni portador de proyecto refundacional alguno.

No lo es por origen, ya que Néstor Kirchner asume el poder en 2003 para continuar la obra de su “mentor”, Eduardo Duhalde (4), encarando con éxito la reconstitución de la “normalidad” capitalista, tanto en lo relativo a las ganancias empresarias como a la relegitimación de un orden. Tarea reaccionaria por definición, al proporcionar una salida hacia delante a la crisis del capital, sacar al pueblo de las calles y restaurar el funcionamiento de las instituciones dañadas por la intervención popular del 2001 – 2002.

No lo es por política, ya que en lo económico y en lo social los dos gobiernos K han sostenido un programa netamente capitalista, en completa articulación con una de las fracciones más concentradas de las grandes empresas nacionales y transnacionales (5). Peor aún, el kirchnerismo no sólo ha sido el agente de la reconstrucción hegemónica capitalista, sino que ni siquiera ha encarado una política de reformas o “democratización del bienestar” dentro de este sistema, elemento indispensable de cualquier movimiento cuanto menos “populista” o nacionalista (6). El aumento de la brecha entre ricos y pobres, el reforzamiento del modelo extractivo primario-exportador, el mantenimiento de gran parte de las leyes laborales de los 90, el sostenimiento de un sistema impositivo netamente regresivo, el pago de la deuda externa, la política sistemática de subsidios a las grandes empresas, el ocultamiento de los índices reales de inflación mediante la intervención al INDEC, constituyen una brevísima enumeración que desmonta rápidamente la supuesta “progresividad” del kirchnerismo.

No lo es por perspectiva, ya que no se piensa a sí mismo como un movimiento de gradual transformación del Estado capitalista, sino como una elite política destinada a mantenerse el mayor tiempo posible en la administración eficiente del mismo. Esto ha quedado al desnudo en otro de los elementos decisivos a la hora de preguntarse sobre el carácter de una fuerza política: su relación con “las masas” y con las organizaciones sociales en particular. La transversalidad fue un experimento trunco y de corto aliento, y la “nueva política” rápidamente terminó en los brazos de los viejos caudillos del PJ. En todos estos años el kirchnerismo jamás eligió apoyarse en una movilización social extendida que pudiera escapar a su control. De la misma manera, su vínculo con las organizaciones populares estuvo regido por la coptación y destrucción de cualquier tipo de autonomía, sin detenerse incluso ante la corrupción directa de referentes sociales. Las organizaciones que resistieron dicha política han sufrido la represión y persecución selectiva, al tiempo que vieron reducida la asistencia estatal. En conclusión, el kirchnerismo no ha recurrido siquiera a la movilización “controlada” de las masas, característica del nacional – populismo.

Una evaluación seria deja al descubierto con cierta rapidez el carácter capitalista y anti-popular del proyecto K, y muestra que la hipótesis de una posible “radicalización” futura carece de todo sustento.

… o continuismo neoliberal?

A pesar de esta evidencia, sectores de nuestro pueblo piensan que el kirchnerismo es una opción “menos mala que otras”, lo único posible en la actual coyuntura, lo cual amerita alguna reflexión. En primer lugar, es indudable que la historia reciente de nuestro continente y el carácter conservador en extremo de otras expresiones políticas de la burguesía, con las cuales disputa el kirchnerismo, explican en gran parte lo extendido de este posibilismo. Sin la secuela de derrotas que nos legó el neoliberalismo, las consecuencias de la dictadura, y las decepciones de los posteriores gobiernos democráticos, es difícil explicar un piso tan extraordinariamente bajo para las expectativas populares. Incluso el propio 2001, que abrió una profunda movilización social, derivó con el tiempo en lo que Maristella Svampa (2008) denominó “una fuerte demanda de orden y normalidad”. Partiendo de esa base, el kirchnerismo ha podido moverse con cierta comodidad, pero es indudable que también tiene el mérito de haber leído adecuadamente el fin de un ciclo y el comienzo de otro.

Frente al crédito abierto por algunos sectores, es algo común que en ámbitos de izquierda intentemos saldar el problema con cierto simplismo: “El kirchnerismo es la derecha”. No compartimos dicho análisis y pensamos que no sirve para la formulación de una política adecuada. A pesar de los aspectos de continuidad que efectivamente existen, no entendemos al kirchnerismo como una mera repetición de los gobiernos neoliberales. Estamos en presencia de una conducción del Estado diferente de las estructuradas durante el Consenso de Washington en toda América Latina. En lo económico, los sectores financieros, bancarios y el capital extranjero vinculado a las privatizadas resignaron posiciones, mientras que algunos sectores productivos “nacionales” (algunos de ellos fuertemente transnacionalizados) mejoraron su posición relativa. Al mismo tiempo, la “extranjerización” del sistema productivo, lejos de revertirse ha dado un nuevo salto producto del abaratamiento de los activos luego de la devaluación. Por otro lado, los sectores extractivos (minería y petróleo) recibieron fuertes privilegios, al tiempo que la agroindustria, ahora con eje en la soja, sigue siendo la clave de la acumulación de divisas (Katz, 2010). Esto último es lo que ha concentrado una fuerte tensión en los aranceles de exportación. La idea de un neo-desarrollismo limitado, en articulación (y tensión) con un modelo extractivo primario-exportador, parece ser la mejor síntesis de la actual configuración económica. (7)

En cuanto a las determinaciones políticas del ciclo K, ya señalamos que su eje ha sido ampliar las bases de la hegemonía capitalista, que se vio fuertemente deteriorada luego del 2001. La debilidad del campo popular para forzar una salida “desde abajo” dio paso a un proceso de recomposición, comandado, en lo político, por una facción relativamente marginal del Partido Justicialista. Sin embargo, la potencia relativa de la movilización, demandaba una salida que tomara en cuenta algunas de sus reivindicaciones y fuera capaz de incorporarlas subordinadamente dentro de esa reconstitución capitalista. Los Kirchner tuvieron gran lucidez en la lectura de estas nuevas coordenadas, dentro de las cuales se tuvo que mover la política de “los de arriba”, por lo menos hasta el 2006.

A esto, los Kirchner le sumaron otro mérito relativo: no estaban dispuestos a ser sólo el salvavidas de una gobernabilidad en crisis, y por lo tanto se lanzaron a “hacer política”, es decir a construir poder político propio. Esto constituyó cierta novedad dentro de la política burguesa, acostumbrada desde 1989 a una subordinación completa y obscenamente directa de la acción política a los grandes grupos económicos y los organismos internacionales. Así, el kirchnerismo no expresa el surgimiento de una “nueva política”, pero sí la rehabilitación de ciertas herramientas que históricamente le han permitido niveles de autonomía al personal político de las clases dominantes. De ahí que en su empeño estabilizador inicial el gobierno contara con una “solidaridad de clase” inquebrantable, pero en la medida que el “miedo a las calles” menguó y que los Kirchner comenzaron a poner en el centro de su agenda la construcción de poder propio, algunos grupos económicos concentrados y la derecha política vieron la oportunidad (y la necesidad) de lanzarse al enfrentamiento abierto. Por su parte, el kirchnerismo demostró no detenerse ante la concesión o la demagogia con causas populares como herramienta de acumulación propia. Es en este marco que, en distintas etapas, se conquistaran una serie de derechos sociales y democráticos, que no ponen en cuestión la orientación capitalista de los dos gobiernos K, pero que constituyen un avance para nuestro pueblo. El impulso (aunque limitado) a los juicios por crímenes de lesa humanidad, la anulación de la obediencia debida y el punto final, la estatización de los fondos jubilatorios de las AFJP, la inclusión en el sistema previsional de 2 millones 400 mil nuevos beneficiarios, la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Medios, la Ley de matrimonio igualitario, son medidas de relevancia social que tienen evidentemente un doble carácter. Por un lado son intentos de apropiación, “desde arriba”, de demandas populares, cuya implementación está viciada de clientelismo y busca anular la iniciativa subalterna, fortaleciendo la hegemonía de un sector de las clases dominantes. Pero por el otro, son conquistas que en muchos casos demandaron años de lucha, y que constituyen un punto de partida para encarar las futuras contiendas en una mejor relación de fuerzas.

Interregno teórico - metodológico

Esta dialéctica de las conquistas que las clases subalternas alcanzan dentro del orden social capitalista debe ser cabalmente comprendida para evitar, tanto la asimilación al sistema como la pasividad sectaria. Desde el sufragio universal hasta la organización sindical, pasando por la integración subordinada de la clase trabajadora al llamado “estado de bienestar”, son producto de esa dialéctica. Conquista e integración, reivindicación y cooptación, son los términos reales a través de los cuales se ha desenvuelto la lucha de clases, y la contradicción con la que ha tenido que lidiar el movimiento emancipatorio de los trabajadores desde sus orígenes, como tempranamente lo advirtió Rosa Luxemburgo (1976). Cada reivindicación que la clase dominante, o una fracción de la misma, se ve obligada a conceder (en muchos casos de manera precaria y provisoria) constituye un intento de asegurar o ampliar las condiciones para su predominio social, al mismo tiempo que debilitar las estrategias confrontativas por parte de las clases subalternas; sin embargo, esas mismas conquistas pasan a formar parte del acervo y la acumulación social de los explotados, generando (en potencia) mejores condiciones para la organización de la lucha anti-sistémica. Es la misma contradicción en la que debemos movernos al “luchar contra el Estado para eliminarlo como instancia de desigualdad y opresión, a la vez que luchamos por ganar territorios en el Estado, que sirvan para avanzar en nuestras conquistas”. (Thwaites Rey, 2004)

Es sobre esta base que nos encontramos con distintos tipos de estados y gobiernos capitalistas. La comprensión de que las clases dominantes adoptan diversas formas y métodos para el ejercicio de su hegemonía forma parte, desde hace mucho tiempo, del arsenal conceptual del marxismo y de todo el pensamiento crítico. Identificar los matices concretos de una forma de ejercicio de la misma es la única herramienta efectiva para combatirla. Así lo entendió Gramsci (2000) cuando desarrolló la forma específica que había adoptado el Estado en el occidente capitalista y pronosticó la inviabilidad de una “revolución de octubre”, de un “asalto al poder”, en la Europa desarrollada, donde era necesario desplegar una extensa “guerra de posiciones” en las trincheras de la sociedad civil. De la misma forma, la militancia actual nos demanda un estudio crítico de las características del Estado capitalista en América Latina y de las formas de ejercicio de gobierno que encontramos en cada país.

El proceso que encabezó el kirchnerismo desde el 2003 puede definirse como una variante particularmente degradada de lo que el citado comunista italiano definió como revolución pasiva y transformismo (8). Gramsci (2000) denomina revolución pasiva al proceso por el cual las clases dominantes, frente al “subversivismo esporádico, elemental e inorgánico de las masas populares”, introducen novedades en su modo de dirigir, buscando “expropiar a las clases subalternas de su iniciativa histórica”. Así, ante la debilidad estratégica de las fuerzas que promueven un cambio desde abajo, la clase dominante retoma la iniciativa y convierte ciertas demandas sociales en “instrumento para tornar gobernables a las clases subalternas” (Campione, 2007).

Por todo esto entendemos que, decir que el kirchnerismo no es “la derecha” o no es neoliberal, lejos está de propiciar algún embellecimiento del mismo, sino que está dictado por un análisis crítico de la realidad y por una perspectiva social anticapitalista. Igualar capitalismo o estado capitalista, con los términos “derecha”, “neoliberalismo”, “fascismo”, etc. no es mas que hacerle un favor a las relaciones de dominación y explotación actuales. Es por eso que nuestra tarea no es la de estigmatizar con lo epítetos políticos mas gruesos al kirchnerismo, sino la de entender sus mecanismos concretos de gobierno para enfrentarlos con mayores probabilidades de éxito desde una perspectiva socialista.
Que (no) hacer.

Nuestra militancia parte de un irrenunciable compromiso ético en el enfrentamiento a todo Estado que sostenga las formas de dominación de clase, el patriarcado, el racismo, el autoritarismo, que son la sustancia misma del sistema de opresión y dominación actual Pero al mismo tiempo intentamos darnos las herramientas necesarias para enfrentar y desarticular la forma concreta en que se ejerce esta dominación en un momento determinado. Y está claro: no es lo mismo enfrentar a un gobierno que promueve el juzgamiento de ciertos jerarcas militares responsables de crímenes de lesa humanidad, que a uno que los apaña en sus círculos de poder más cercano.

En este punto la izquierda tradicional ha fallado de principio a fin. Su incomprensión del kirchnerismo y las tácticas adecuadas para enfrentarlo es tributaria en realidad de un déficit de más largo aliento y ya largamente consolidado: su estéril costumbre de aplicar siempre las mismas recetas, ya viejas y polvorientas, a cada nueva situación. No estamos hablando de la repetición extemporánea de algún “clásico de las revoluciones” de indudable mérito, sino de la regurgitación de fórmulas infalibles en pequeños grupos que giran únicamente alrededor de su propia reproducción.

Es ante este panorama que la pregunta, ¿hay algo a la izquierda del kirchnerismo? no es tan vana como se supone. Si dejamos de lado la utilización chicanera y fraudulenta que hacen de ella los voceros oficiales, nos plantea un problema relevante. Entendida de una manera amplia la respuesta es sencillamente evidente: miles de militantes populares en todo el país siguen sosteniendo las banderas de un cambio social radical; muchísimas organizaciones han generado espacios que, aunque pequeños, son laboratorios de gestación de resistencias y alternativas; las organizaciones autónomas territoriales, las empresas recuperadas, los campesinos en lucha; los obreros que se organizan en sindicatos democráticos y pelean por sus reivindicaciones; y la lista es interminable. Todo esto expresa un algo a la izquierda del kirchnerismo que éste se ha esmerado en reprimir, cooptar o debilitar según el caso. Es éste el material de una, todavía más potencial que presente, alternativa de liberación.

Sin embargo, la pregunta encierra otra lectura, y ésta es: ¿hay capacidad de construir alternativa política con proyección popular a la izquierda del kirchnerismo? Y aquí la cosa se complica. Hay que tener poca honestidad intelectual para negar que, a nivel de las grandes masas, la agenda política de oposición está construida en base a planteos de centro-derecha. Esto no significa necesariamente que la sociedad argentina sea mayoritariamente “de derecha” (esto, en todo caso, demanda un análisis de otro tipo) sino que, en parte, expresa la inexistencia de alternativas político-sociales desde el campo popular. Por supuesto que este problema tiene sus raíces en correlaciones de fuerzas profundas. Después de la dictadura, la gran decepción política que significó el alfonsinismo y las transformaciones neoliberales, nuestro pueblo lejos está de haber recuperado la iniciativa, más allá de grandes resistencias. El 2001 ha sido un punto de inflexión que permitió el re-animamiento de la organización popular y la re-politización de la sociedad, pero no ha abierto un ciclo de ofensiva popular a nivel global.

Esto nos lleva al aspecto en que sí tenemos responsabilidad los militantes populares. Al 2001, nadie llegó preparado y está claro que las construcciones de poder popular eran ínfimas en relación a los desafíos de dicha coyuntura. Sin embargo, hubo una izquierda que estaba relativamente bien organizada en la víspera y que capitalizó coyunturalmente la movilización social posterior. El resultado fue decepcionante. Sin entrar en un balance detallado que no es objeto de este artículo, la intervención de la izquierda tradicional en estos ámbitos estuvo impregnada por un fuerte sectarismo y miradas mesiánicas que derivaron en la faccionalización de los movimientos populares. En las asambleas esto tuvo resultados directamente destructivos, en otros espacios la situación fue mas matizada, y conquistas parciales significativas fueron sin embargo limitadas mediante la apropiación mezquina de las experiencias de base y la negativa permanente a unir las luchas de nuestro pueblo.

Pero si durante el periodo 2001 – 2003 la izquierda tradicional desperdició una oportunidad para fortalecer la acumulación popular, una vez empezado el operativo de estabilización capitalista encabezado por Kirchner la tónica fue el desconcierto generalizado. La “unidad de acción” establecida con la Sociedad Rural Argentina o la defensa de los principales voceros del grupo Clarín fueron el momento cúlmine de un triste itinerario.

Así, responsabilizar a la izquierda tradicional por la inexistencia de una alternativa popular al kirchnerismo, es un acto infantil que oculta problemas mucho mas profundos. Sin embargo, sí es correcto señalar el aporte decisivo que estas organizaciones han hecho para instalar en un amplio sector de la sociedad la idea de que la construcción de esa alternativa no es siquiera viable. Está claro, si depende de esa izquierda, la alternativa no sólo está ausente, sino que es imposible.

Y mucho cuidado. Las organizaciones populares que no queremos reproducir aquellas prácticas, de ninguna manera estamos exentas de estos problemas. Es un mérito indudable el solo hecho de intentarlo, de “abrir la cabeza” y estar dispuestos a aprender de las experiencias de nuestro pueblo en lugar de pretender aleccionar desde un pedestal. Sin embargo, no hay “pasaporte a la nueva política”, solo reflexiones y búsquedas, que van entregando sus frutos, pero siempre tentativas y sujetas a revisión. La mirada crítica sobre nosotros mismos, lo que hacemos y lo que pensamos, es indispensable para entender la cuota de responsabilidad que tenemos en las debilidades del campo popular, y potenciar así nuestro aporte creativo.

Las tentativas de una nueva praxis

Una gran cantidad de compañeras y compañeros venimos explorando esos áridos caminos en pos de la construcción de una nueva “nueva izquierda”, tal como la denominó Miguel Mazzeo (2007), uno de los tantos protagonistas de esta búsqueda. Y está buena la expresión. Porque históricamente, cada época de cambio social, cada nueva revolución ha demandado también una revolución al interior del pensamiento y las organizaciones de izquierda. Han sido “nueva izquierda” el bolchevismo, el anarco sindicalismo, el 26 de Julio, los grupúsculos del mayo francés, el guevarismo, el peronismo revolucionario, y un largo etcétera. Y estamos convencidos de que Nuestra América ha entrado en un nuevo ciclo de cambios históricos, de experimentos sociales, de pueblos haciendo su historia, dignos e insurgentes frente al imperio y al capital. Y allí, de la realidad misma, surgen las demandas de un nuevo pensamiento y de una renovada práctica de la subversión, y desde allí también se empiezan a gestar los nuevos socialismos.

Nos cabe entonces también la responsabilidad de pasar, de esta crítica de la vieja izquierda, del imprescindible momento negativo, a la formulación prepositiva de algunas prácticas constituyentes de una izquierda nueva, rebelde, popular y antidogmática. Porque compartimos el diagnóstico de Daniel Campione (2007) de que “la autorreforma intelectual y moral de la izquierda es indispensable, un requisito de cambio en el propio campo para poder pensar y actuar seriamente hacia el cambio social global (…) Esa autorreforma requiere abarcar los modos de pensar y comportarse, el reconocerse parte del conjunto social y no una minoría ilustrada y naturalmente dirigente”.

Respecto de esta tarea tenemos la siguiente hipótesis: los militantes populares enfrentamos una situación compleja, plagada de dificultades pero también de indiscutibles oportunidades de acumulación. La crisis del 2001 ha quedado atrás, por lo menos en su inmediatez catastrófica y disruptiva. Sin embargo, el propio terreno en el cual se desenvuelve la disputa con este gobierno es expresión de que las cosas han cambiado y de que partimos de un piso más alto y de condiciones de lucha menos desfavorables. ¿O no es acaso un signo central del kirchnerismo arrebatar banderas populares, usufructuar reclamos sentidos, instrumentalizar luchas pretéritas y cooptar a una parte de las organizaciones sociales? Todo esto, como ya señalamos, ha sido puesto en función del fortalecimiento de una facción política que ha garantizado los fundamentos de la acumulación capitalista. Pero esto no deja de ser un reconocimiento del nuevo terreno sobre el que están obligados a moverse aquellos que trabajan por mantener la hegemonía capitalista. Es sobre esta torción de la relación de fuerzas que se han conquistado ciertos derechos sociales y democráticos en los últimos años. Es sobre esta base también que debemos dar la diputa, trinchera por trinchera, en cada terreno, por la construcción de otra hegemonía, desde abajo y a la izquierda.

Sobre esta base, sobre lo que ha “sedimentado” del 2001, y sobre la acumulación de experiencias de los movimientos y de nuestro pueblo todo, entendemos que la actual etapa nos plantea el desafío de proyectar nuestras construcciones sociales hacia una plataforma política. Se trata de buscar los caminos para la confluencia de las diversas experiencias de base que hemos venido construyendo alejadas de los moldes de la izquierda pre-establecida. En una etapa que seguimos entendiendo como de acumulación (y no de enfrentamientos decisivos), pensamos sin embargo que esa acumulación debe dar un salto hacia la articulación y la herramienta política.

Para esto es clave evitar, tanto la ilusión en un supuesto “proyecto nacional – popular”, que lleva a la adaptación y la pérdida de autonomía; como el autismo dogmático que evita las determinaciones concretas de la realidad y repite, como en trance, “su” programa. La receta para esta tarea brilla por su ausencia, pero al menos hay que estar dispuesto a “correr el riesgo”. De esta manera, la misma situación política puede redundar en el mayor aislamiento político o en el aumento de nuestra influencia; en la asimilación al Estado o en el fortalecimiento de nuestras organizaciones. Todo depende de cómo actuemos.

Quisiéramos ser un poco más concretos. Frente a la resolución 125 se produjo la situación de mayor polarización durante los gobiernos K y se conformó la coalición mas importante reunida hasta ahora en su contra. En aquella situación, algunos adoptaron la increíble posición de hacer bloque con las patronales agrarias y la derecha política, bajo la premisa de que el objetivo central era debilitar al gobierno. Otro sector de la izquierda, sin embargo, adoptó una posición menos dañina: se trata de un conflicto entre fracciones burguesas, ninguna encarna un proyecto popular, por lo tanto no estamos ni con uno ni con el otro. Esta política, basada en afirmaciones ciertas, carecía sin embargo de toda posibilidad de intervención real, ya que olvidaba señalar que no “daba lo mismo” para los trabajadores si las patronales del campo lograban terminar definitivamente con las retenciones (como era su programa) y, por lo tanto, no buscaba interpelar a ningún sujeto concreto mas que a su propia “buena conciencia”. En aquel momento surgió el espacio Otro Camino para Superar la Crisis que, partiendo de señalar que efectivamente el gobierno no encarnaba un proyecto popular, apoyó la aplicación de retenciones, señaló su carácter insuficiente así como el direccionamiento anti-popular de esos fondos, y planteó una serie de medidas que deberían acompañar a los aranceles de exportación (9). Más allá de sus limitaciones aquella experiencia nos parece rescatable. Otro ejemplo. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales mostró al gobierno intentando usufructuar la lucha que desde hace años vienen dando organizaciones sociales y medios comunitarios. Ante el impulso a una ley que significa un indudable avance respecto a la normativa vigente, una cantidad de organizaciones le dimos vida a múltiples iniciativas en apoyo a la ley, a la vez que criticamos sus limitaciones, reclamamos el lugar correspondiente para los medios alternativos, y no dejamos de denunciar que este mismo gobierno prorrogó en el 2005 las licencias de (entre otros) el oligopolio Clarín. Es de esta manera que se disputa palmo a palmo el terreno al kirchnerismo, es decir dando pelea por las banderas que pretenden arrancarnos en lugar de entregarlas mansamente mientras nos refugiamos bajo la sombrilla del “izquierdismo” más inmaculado. Nuestra responsabilidad es mostrar que la lucha consecuente por el castigo a los genocidas, contra los grandes medios de des-información, por los derechos de las minorías, por el trabajo para todos, tiene futuro en la medida que sea sostenida por organizaciones populares y autónomas. Es más, el carácter público y masivo que ciertas temáticas toman a partir de la propia publicidad kirchnerista debe ser aprovechado para visibilizar a las organizaciones que luchan hace años por esas banderas y que son sus verdaderas promotoras.

Qué hay un espacio social para construir esta política pareció mostrarlo, entre otras cosas, la elección de Proyecto SUR y Pino Solanas en la Ciudad de Buenos Aires. Por supuesto que dentro de aquel 24% puede presumirse una gran heterogeneidad, pero sin dudas hay también la expresión de un sector de la población que se posicionó a la izquierda de los K. Por cierto, la situación actual de este mismo espacio muestra las dificultades de consolidar una alternativa de este tipo. Las posturas que ha sostenido Solanas en temas sensibles, aliado casi sin distinción con la oposición de derecha abre un interrogante sobre el futuro político de esta fuerza. Igual de objetable parece ser la táctica electoral que contempla como una posibilidad la candidatura presidencial junto al PS, Stolbizer y Juez. Otro emergente de ese espacio como Martín Sabatella pasó a encuadrarse dentro del kirchnerismo crítico, ámbito desde el cual la construcción de alternativa aparece completamente imposible, no sólo desde una opción ético-políca sino desde lo que demuestra la experiencia práctica reciente de las fuerzas políticas que lo han intentado.

La dificultad para establecer una agenda propia, e incluso para intervenir con visibilidad en la agenda de los de arriba no hace otra cosa que expresar la debilidad social de las posiciones contestatarias en el momento actual, la relativa estabilidad de la economía, es decir una relación de fuerzas. Esta misma definición nos debe llevar a evitar los falsos atajos que le escapan a las construcción de poder popular desde la base. Es en la militancia cotidiana, en el territorio, donde residen los nichos de maduración social de nuevas relaciones de fuerzas, que por supuesto demandarán también, para su instalación, enfrentamientos decisivos con los poderes del Estado. En este sentido, Proyecto Sur parece recaer en un problema endémico del progresismo argentino: su desprecio por las construcciones populares de largo aliento y la tentación recurrente del acuerdo electoral providencial que permita “salir de la marginalidad”.

Sin embargo, sabemos que toda una generación de militantes pos-2001 nos hemos encontrado con el problema inverso. Es decir, con el embellecimiento de los movimientos sociales, el enamoramiento de lo local y la fobia a lo político en general y al poder en particular. En lo que viene siendo, a nuestro entender, un fructífero proceso de maduración, existe una izquierda social que manifiesta su voluntad de trascender lo sectorial, lo local, y por lo tanto no puede dejar de pensar en las disputas políticas que tienen relevancia en la coyuntura, aunque no siempre sean las que articulan estratégicamente el enfrentamiento a este sistema y la puesta en pie de un otro posible. Es en este marco que intentamos señalar, líneas arriba, que hay lógicas de intervención y políticas tácticas que maximizan nuestra capacidad de acción contenidas en la actual (y por supuesto cambiante) relación de fuerzas y otras que nos esterilizan de antemano ante cualquier enfrentamiento decisivo. Es que las posiciones revolucionarias no se declaman, sino que se construyen pacientemente, lejos de las opciones binarias y con mediaciones de todo tipo, con opciones ético-políticas intransables pero también con riesgos tácticos indudables.

Una alternativa, desde abajo y sin permiso

Frente a estos desafíos, el entramado heterogéneo de organizaciones que denominamos izquierda independiente es aún débil y está plagado de in-certezas. Sin embargo, en su seno encontramos una rica acumulación de experiencias, de creaciones sociales, que son un punto de partida ineludible de las luchas que vendrán. El rechazo de un programa acabado o una ideología blindada en sí misma es uno de los denominadores comunes de este espacio. Sin embargo, de sus reflexiones y su práctica político-social se extraen ya una serie de ideas-fuerza que son retomadas por una cantidad de colectivos de muy diversas características. Quisiéramos destacar algunas, especialmente relevantes en nuestra opinión.

Construcción de base. Se piensa en una izquierda enraizada en la militancia de base, en los territorios (sean estos fábricas, barrios, escuelas, facultades, campos, espacios de la cultura, etc.). Una construcción sólida, genuina, alejada de los atajos electoralistas o mediáticos, aparece como uno de los pocos reaseguros posibles contra la burocratización, la asimilación al sistema o el estancamiento sectario de nuestras organizaciones. Significa también pensar el trabajo de base como eje de la militancia, como una práctica dialógica en la cual no autoproclamamos vanguardias ni llevamos “verdades” al pueblo, sino que buscamos construir juntos el conocimiento para la subversión social.

Poder popular. Se pone en el centro la construcción de poder popular. Esto es, la puesta en pie desde la base de instituciones, prácticas y subjetividades alternativas al sistema y que disputen con este en distintos ámbitos de la realidad social. Es una concepción del poder como relación social, y particularmente como relación de fuerzas a construir, en lugar de como institución a la cual “tomar por asalto”. Construir poder popular es construir nuestra autonomía como clase subalterna hoy, al tiempo que las vías para la destrucción del poder opresor y su reemplazo por un poder hacer, democrático y de los trabajadores. Es pensar en las modificaciones (aún preliminares) de la relación de fuerzas como “guerra de posiciones” (Gramsci, 2000), a la vez que mantener la perspectiva de una disputa global contra el poder estatal.

Política prefigurativa. Porque la sociedad por la que luchamos se empieza a construir en las nuevas relaciones humanas que seamos capaces de establecer, en la solidaridad y la búsqueda de valores opuestos al egoísmo, la competencia y el individualismo. Por eso la lógica de construcción de nuestros colectivos no puede ser centralista, vertical y autoritaria, si lo que queremos es una sociedad fundada en valores éticos opuestos.

Sujeto plural. Hay una extendida vocación por articular sujetos populares diversos que a partir de prácticas heterogéneas participan del enfrentamiento al actual sistema. Sin poner en duda el papel central que los trabajadores pueden tener en la articulación de proyectos emancipatorios, apostamos por la integración de un sujeto anticapitalista múltiple junto a pueblos originarios, campesinos, estudiantes, movimientos en defensa de las minorías, de géneros, profesionales, artistas, y todos los compañeros y compañeras explotados, oprimidos y discriminados por este sistema.

Latinoamericanismo. La idea mariateguiana de que el socialismo no debe ser “ni calco, ni copia”, sino creación heroica de los pueblos es constitutiva de una nueva generación militante. La recuperación del marxismo latinoamericano y otras tradiciones críticas de Nuestra América es un imperativo del momento, lo cual demanda también cuestionar los ropajes eurocéntricos que ha sabido tener el pensamiento socialista. Esto implica sentir como propia la lucha de los pueblos del continente, que luchan contra el imperialismo y construyen sus caminos de liberación.

Articulación social y proyección política. Es una necesidad cada vez más urgente superar la fragmentación de gran parte de las experiencias del campo popular. El arraigo en el territorio y en la militancia de base ha sido a menudo contrapuesto a las disputas políticas a nivel general y convertidos en “fines en sí mismos” de carácter meramente local. La articulación de una alternativa social y política de carácter popular es el desafío del momento, por lo menos en sus instancias iniciales o preparatorias. Como señala Mabel Thwaites Rey (2004), tenemos la necesidad de “acometer la organización política que permita acumular las fuerzas necesarias para cambiar el mundo, una herramienta (…) que parta de la autonomía de sus integrantes, que no sustituya (…) que respete tiempos, perspectivas y diferencias diversas y, a la vez, (…) encuentre puntos de unidad que permitan avanzar hacia las metas colectivamente propuestas, (…) que articule la confrontación social con la lucha política”.

Todo esto debe realizarse sobre un terreno político que, aunque complejo, no deja de ser extraordinariamente más fértil para el pensamiento emancipatorio que el conocido por la militancia de los 90. La situación particular de nuestro continente, epicentro de las resistencias a la lógica depredadora del capitalismo y de la construcción de nuevas alternativas, es un punto de referencia ineludible. Por otro lado, cientos de experiencias militantes han emergido, portadoras de nuevas lógicas, prácticas y concepciones. Lo que se ha dado en llamar izquierda independiente, está constituida por una variedad de organizaciones muy diversas pero que tienen en común estar abordando la reflexión sobre los ejes antes descriptos.

El incipiente desarrollo de la COMPA (Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina) que busca sintetizar diferentes experiencias, en la perspectiva de una herramienta política anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal es un paso alentador. Pero el espectro de una nueva “nueva izquierda” excede en mucho a las organizaciones que formamos parte de la COMPA, son miles los compañeros y compañeras que participan de organizaciones sindicales, estudiantiles, territoriales, colectivos culturales, de generos, comunidades originarias, organizaciones campesinas, espacios intelectuales, que están renovando el pensamiento y la práctica contrahegemónica en nuestro país. Es ésta la base para el fortalecimiento de nuevos proyectos emancipatorios, de matriz socialista, carácter popular y ambición de alternativa política.

Pensamos los próximos años como decisivos en la consolidación de este nuevo espacio emergente dentro de la izquierda argentina. La disputa dentro del proyecto K ha mostrado ya su inviabilidad, y las organizaciones que lo intentaron lejos estuvieron de ampliar decisivamente su influencia político-social a cambio de hipotecar su independencia. Las organizaciones de la izquierda tradicional no constituyen ya, en nuestra opinión, alternativa alguna. Recae sobre un multiforme y todavía fragmentado espacio, al que llamamos izquierda independiente, la enorme responsabilidad de avanzar en la construcción de una alternativa popular y de un horizonte socialista en los próximos años. Las dificultades a sortear son evidentes y el terreno a recorrer es mucho, sin embargo hay razones para la utopía. Miles de militantes, una historia de lucha por recoger, cumpas que día a día luchan por cambiar esta sociedad, toda la vitalidad de nuestras construcciones de base, el estímulo que significan los procesos de cambio en nuestro continente, son la savia vital de este sueño compartido. En eso estamos y desde aquí buscamos aportar modestamente, con el imprescindible “pesimismo de la inteligencia” pero, sobre todo, con todo el “optimismo de la voluntad”.

Martín Ogando es sociólogo, docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y militante de la Juventud Rebelde 20 de Diciembre.

Notas:
1) A nivel país, para diputados nacionales, el Frente para la Victoria sacó el 30,7%, apenas por debajo del Acuerdo Cívico y Social (30,9%). En la Pcia. de Buenos Aires, Unión – Pro consiguió un sorpresivo 34,58% contra el 32,11% del Frente para la Victoria
2) Decimos “pejotismo” en referencia a las características asumidas por el Partido Justicialista actual. Esta definición no necesariamente cuadra para el conjunto del movimiento peronista a lo largo de su historia, lo cual demandaría un debate mas preciso.
3) Este era el número de la resolución del Ministerio de Economía que aumentaba los aranceles de exportación, y que fue rechazada en el senado.
4) Lo fundamental de esta tarea, realizada por el ex vicepresidente de Carlos Menem, fue sin dudas la devaluación asimétrica.
5) Un ejemplo paradigmático de las vinculaciones del kirchnerismo con algunos de los empresarios más poderosos de la Argentina puede leerse en “En este país, a todo el que tiene guita lo ataca la zurda”, Diario La Nación, 25/07/2010. Allí Carlos Blaquier, dueño de Ledesma y responsable del tristemente célebre apagón, hace una enfática defensa del gobierno.
6) El kirchnerismo no es, evidentemente, un movimiento nacional – popular, en el sentido gramsciano de encarar la “reforma integral”, es decir material, moral e intelectual de una sociedad; pero tampoco lo es en el sentido limitado de un movimiento que procede a una reforma parcial del estado, integrando al mismo nuevos sectores sociales (por definición subalternos) y apoyándose para dicha ampliación estatal en la movilización de masas.
7) “Pero la meta industrialista es tan sólo neo-desarrollista. Ya no busca erigir un aparato fabril con auxilio de las estatizaciones o el proteccionismo frente a un sector agrario estancado. Sólo pretende reconstituir el debilitado tejido industrial, en coexistencia con una estructura agro-capitalista renovada y tecnificada. El viejo desarrollismo ha sido sustituido por esta variante agro-industrial.”, Katz, Claudio (2010) Los nuevos desequilibrios de la economía argentina en Revista Lucha de Ideas (Buenos Aires) N° 1, septiembre.
8) Transformismo es la denominación que le da Antonio Gramsci al proceso mediante el cual las clases dirigentes absorben intelectuales orgánicos de las clases subalternas como forma de ampliar su capacidad hegemónica. Gramsci, Antonio (2000) Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Ediciones Nueva Vision, Buenos Aires, Argentina
9) Las declaraciones de Otro Camino para Superar la Crisis pueden consultarse en http://otrocamino.wordpress.com

Bibliografía

- Boron, A. (2008): Socialismo del siglo XXI ¿Hay vida después del neoliberalismo?, Ed. Luxemburgo, Buenos Aires.
- Campione, D. (2007): Para leer a Gramsci, Ed. del CCC, Buenos Aires
- Gramsci, A. (2000): Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el estado moderno, Ed. Nueva Vision, Buenos Aires.
- Luxemburg, R. (1976): Obras escogidas, Ed. Pluma, Buenos Aires
- Katz, C.: “Los nuevos desequilibrios de la economía argentina” en Revista Lucha de Ideas N° 1, Septiembre 2010, Buenos Aires.
- Mazzeo, M. (2007): El sueño de una cosa. (Introducción al poder popular), El Colectivo, Buenos Aires.
- Mazzeo, M.; Acha O.; y otros (2007): Reflexiones sobre el poder popular, El Colectivo, Buenos Aires.
- Svampa, M. (2008): Cambio de época. Movimientos Sociales y poder político, Siglo XXI, Buenos Aires.
- Thwaites Rey, M.: “Autonomía: ¿Mito o posibilidad para la construcción de poder popular?”. En: Revista Espacios Nº 12, Julio2004, Quito.

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El caso subterráneos de Buenos Aires: Notas sobre el nuevo sindicalismo en la Argentina

Mariano Pacheco (REVISTA HERRAMIENTA)

Los combates que más importan -me dijo Megafón- nunca salen a
la luz del mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia.
Leopoldo Marechal, Megafón o la guerra

El trabajo de los pobres es la mina de los ricos.
Karl Marx, El capital

A modo de introducción

La actual composición de la clase obrera argentina, producto de las transformaciones estructurales impuestas tras la ofensiva neoliberal, es heterogénea y está signada por la precarización laboral, la subocupación y sobreocupación masivas y un amplio margen de desempleados.(1) Es en este contexto que va a desarrollarse la experiencia antiburocrática del subterráneo, en una década en la que el protagonismo de la resistencia popular antineoliberal recae en sectores periféricos al movimiento obrero organizado.(2)

Esto no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la represión de la dictadura se concentró en esta clase (80% de los 30.000 detenidos-desaparecidos eran asalariados y el 30%, obreros industriales) y que las cúpulas sindicales fueron cómplices y parte de la ofensiva conservadora (el devenir empresario de los dirigentes sindicales no es más que una consecuencia de este proceso).(3) De allí que la reconstitución de experiencias combativas y antiburocráticas al interior del movimiento obrero aparezca, en los últimos años, como una novedad. Por más que retomen y recuperen el largo historial que cuenta en el haber de nuestra clase.

Un nuevo sindicato democrático y participativo

En el subterráneo de Buenos Aires trabajan alrededor de 3.000 trabajadores. Se estima que viajan, diariamente, 1.000.000 de pasajeros. A través de seis líneas se conectan los puntos más importantes de la ciudad. Allí radica (y los trabajadores lo han comprendido muy bien), una de sus mayores fortalezas. Parar el subte (metro) es paralizar la Capital Federal.

Febrero de 2009: trabajadoras y trabajadores del subte realizan un Plebiscito de consulta para desafiliarse de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) y crear la Asociación Gremial de Trabajadores de Subte y Premetro (AGTSyP). La participación de los trabajadores es masiva, a pesar de las agresiones que sufren por parte de una patota de UTA. Los resultados arrojan una arrolladora mayoría (alrededor del 90%) a favor del “Sí” al nuevo sindicato. La propuesta se realiza luego de que, en agosto de 2008, la UTA intentara expulsar a los integrantes del cuerpo de delegados a partir de un sumario interno, en el que el “tribunal de ética” del sindicato los acusa de “falta de organicidad”. Dos meses después del plebiscito, se realizan las elecciones para delegados del nuevo sindicato en todos los sectores, de todas las líneas y en todos los turnos (87 en total, a diferencia de los 21 del cuerpo de delegados). Se inicia así la pelea por la inscripción gremial.

Junto con los cuerpos de delegados por línea y el plenario general de delegados, se conforma una Comisión Directiva Provisoria, cuya tarea central es poner en funcionamiento el nuevo sindicato, aun antes de que sea legalmente reconocido. Así se pasa a la estructuración de una dinámica que en realidad ya lleva años. Las antiguas comisiones del cuerpo de delegados se convierten en Secretarías, a las que se les suman otras nuevas (Cultura, Acción social y Turismo, Prensa, Finanzas, Género, Gremial, Organización). Todas las actividades de las Secretarías van a desarrollarse en medio de una seguidilla de medidas de lucha que lograron instalar el reclamo del subte en la opinión pública. Las medidas (que incluyeron apertura de molinetes -dejando viajar gratis a los pasajeros e informándolos sobre cuál era el reclamo-, una masiva movilización al Ministerio de Trabajo de la Nación y una serie de paros escalonados que comenzaron con 2, 3 y 4 horas y finalizaron con la paralización del subte durante todo el día) comenzaron luego de que el Ministerio desoyera la presentación del pedido de inscripción gremial, que legalmente avala a la nueva asociación.

El año terminó con la firma de un acta que ha posicionado a la AGTSyP en mejores condiciones para continuar la lucha por el reconocimiento gremial.(4) Entre otras cosas porque les permitió obtener una tutela sindical, tanto para los delegados como para las autoridades del nuevo sindicato, que paradójicamente el Ministerio no estuvo dispuesto a reconocer. Es decir que, en cuanto a la protección legal, “los trabajadores del Subte lograron que los representantes de la AGTSyP fuesen igualados a aquellos sindicatos que tienen la personería gremial; que en el régimen de la ley de asociaciones profesionales (ley 23.551) son quienes llevan adelante las negociaciones paritarias por tener la mayor representatividad de los trabajadores”.(5)

De allí que la AGTSyP haya logrado, a partir de entonces, “representar” a los trabajadores ante el gobierno y la empresa. No está de más mencionar que, además, lograron tirar atrás el descuento compulsivo del 1% que la empresa y la UTA (avalados por el gobierno) habían acordado descontar a cada trabajador, para engrosar las arcas de la UTA. Todo esto ha sido muy importante, aunque la última palabra no está dicha.
Seguramente, es por todo lo mencionado que la lucha de los trabajadores del subte (junto con la de los de Kraft), logró captar la atención de gran parte de la opinión pública durante todo el año. Tengamos en cuenta que en el año 2009, con el advenimiento de la crisis financiera internacional, el empresariado buscó saldar sus cuentas a costa del aumento del desempleo y el deterioro de las condiciones laborales. Allí donde las organizaciones gremiales estuvieron firmes (el caso del subte fue uno de ellos), se pudo evitar esta nueva embestida patronal. Este caso, si bien no es una excepción aislada, tampoco puede expresar, ni mucho menos, la realidad del conjunto del movimiento obrero argentino en la actualidad. Sólo como un dato cabe mencionar el informe trimestral de estadísticas laborales y económicas Nº 12 del Taller de Estudios Laborales (octubre de 2009), que sostiene que sólo el 12% de los establecimientos laborales cuenta con delegados. De allí que en el subte, la fortaleza del cuerpo de delegados, haya impedido cualquier intento de ajuste que pese sobre las espaldas de los trabajadores: ni despidos, ni suspensiones, ni rebajas salariales.

Sobre certezas e incertidumbres, avances y retrocesos

Desde hace décadas -siglos- las luchas políticas son pensadas desde algunos conceptos que han surgido del arte de la guerra. Uno de los teóricos más importantes ha sido Karl von Clausewitz. Un alemán que, más allá de ese nombre raro y difícil de pronunciar, supo ligar la guerra con la política de un modo ejemplar. Según las conceptualizaciones de este autor, la guerra viene a ser una suerte de duelo, pero a escala ampliada (entre Estados Nación o, también, podemos pensarla nosotros hoy -luego de Marx, claro está- como guerra entre clases). No caben dudas que a diferencia de los duelos clásicos, donde cada uno de los contrincantes poseía un arma similar y un parejo entrenamiento en su utilización, en las guerras (al menos en las modernas), no hay una reciprocidad entre los adversarios. Es decir, no rige una igualdad entre ambos (pensemos sino en la invasión norteamericana a Iraq o en los recursos con que cuenta la burguesía y no la clase obrera).

Hay una frase por la que seguramente Clausewitz se hizo tan famoso: “La guerra es la política por otros medios”.(6) De esta frase se desprende la idea de que la guerra es sólo un medio (de fuerza) para imponer un objetivo (político). De allí que, a diferencia de un duelo individual, que se realiza sólo en un momento determinado, en la guerra haya diferentes momentos: de enfrentamiento directo y de preparación, de acción y de descanso. Aunque lo que distingue a la guerra es el combate, no puede dejar de contarse como parte de ella al conjunto de actividades preparativas de los enfrentamientos.

Pensando en estas conceptualizaciones y en las luchas libradas por las trabajadoras y los trabajadores del subte, tal vez sea conveniente recordar que, décadas más tarde, hubo quienes criticaron al teórico alemán por haber invertido esa frase, que en un principio era: “La política es la guerra por otros medios”. Es decir que de lo que se trata es de poner sobre la mesa que, aun en tiempos en que se supone que hay un juego pacífico de políticas en pugna, en realidad lo que se está ocultando, velando, es un enfrentamiento que no aparece de manera manifiesta.

Y aquí quisiera rescatar la experiencia desarrollada desde el subte. Porque sospecho que si hay algo que pueden aportar a otras peleas de nuestra clase, seguramente tenga que ver con las formas en que han encarado cada paso que han dado. Han sabido, por un lado, posicionarse desde una perspectiva clasista (más allá de las palabras que utilicen para autodenominar la experiencia), comprendiendo a fondo que no existe un sujeto neutral, o para decirlo -ahora sí- con las palabras de Foucault, que “un frente de batalla atraviesa toda la sociedad, continua y permanentemente, poniendo a cada uno de nosotros en un campo o en otro”(7) y que, por lo tanto, somos siempre, necesariamente, el adversario de alguien. Por otro lado, han ido aprendiendo que no siempre se puede atacar y estar a la ofensiva. Y que hacerlo no sólo es irresponsable, sino que implica subestimar al enemigo. Porque los objetivos propios deben fijarse de acuerdo con la capacidad (política, ideológica, organizativa) que se tenga, pero también teniendo en consideración la capacidad del enemigo para imponer los intereses opuestos.(8)

Tal vez por eso, desde el subte, se fue desarrollando toda una serie de actividades cotidianas, que casi nunca han salido en los medios masivos de comunicación. Porque entre batalla y batalla, no se dejaron amedrentar por el enemigo de clase, no aceptaron resignadamente la situación de defensiva, sino que fueron aprovechando los momentos calmos para fortalecerse. Aun estando dispuestos a retroceder, si fuera necesario, pero siempre en vistas de avanzar. En este sentido han desarrollado, como método principal, aquel sugerido por Mao Tse Tung: el que consiste en “aprender a combatir en el curso mismo de la guerra”.(9) Han podido ver, analizar de una manera dinámica las relaciones entre las fuerzas en pugna, caracterizando a la fuerza propia tanto como a la del enemigo. Lo han hecho dejando a un lado -rescatando nuevamente los planteos del líder comunista chino- la mirada unilateral entre el enemigo y la fuerza propia; entre el frente y la retaguardia; entre el ataque y la defensa; entre el combate y el descanso; entre la dispersión y la concentración de las fuerzas y el mando; entre el crecimiento y la consolidación; entre...

La tercera es la vencida: un poco de historia

Podemos establecer un recorrido a través de las luchas del subte de la siguiente manera: desde 1974 a 1994; desde 1994 a 2004 y desde esa fecha a la actualidad (escribir sobre el proceso que va desde la fundación del subterráneo, a principios del siglo XX, hasta mediados de la década del 70, llevaría un libro entero). Obviamente, toda clasificación siempre es forzada, y arbitraria.

En el primer período se desarrolla la experiencia de la Coordinadora Interlíneas “Cinco de abril”.(10) El nombre viene de la reivindicación de aquel día de 1975 (dos meses antes del rodrigazo), cuando en el subte se rebelaron contra la UTA y entraron en conflicto, desafiando las fuerzas policiales, al gobierno y la burocracia sindical. Desde la Coordinadora van a dinamizarse algunos de los paros, aún en plena dictadura (en 1976 y en 1979), desafiando la militarización de las instalaciones. También tienen lugar pequeños gestos de resistencia, como continuar tomando mate, a pesar de la prohibición patronal-militar, o editar un boletín. Varios de sus referentes fueron encarcelados, secuestrados o directamente asesinados por los grupos de tareas de la Triple A primero, o de las fuerzas armadas después.

Desde 1980 a 1983 entra nuevo personal a trabajar al subte. Algunos de ellos militantes de izquierda. También, por primera vez, ingresan mujeres. Los cálculos patronales fallaron: más que dóciles, como pensaban, se mostraron bien dispuestas a dar peleas gremiales. Se abre así un nuevo proceso, paralelo al militar y al de la burocracia sindical, desde el cual van a impulsarse nuevas instancias organizativas (la comisión de base y la mesa de representantes), desde donde poder dar la pelea por recuperar las seis horas por insalubridad, que habían sido elevadas a 7 por la Junta Militar (luego del triunfo, durante el gobierno de Alfonsín, las 6 horas van a perderse nuevamente con el Menemato, que irá más lejos que la dictadura, extendiendo la jornada laboral a 8 horas. Finalmente, las 6 horas van a ser recuperadas nuevamente en 2004, tras las luchas encabezadas por los metrodelegados). A mediados de los 80, junto con la lucha por las 6 horas, va a producirse un intento por conformar un sindicato propio, como parte de las batallas contra la burocracia de la UTA, que cuando no estuvo ausente estuvo jugando para el otro bando. Pero la iniciativa no prosperó. Hubo que esperar un cuarto de siglo para que el sueño de un nuevo sindicato se transformase en realidad.

El futuro ya llegó

En enero de 1994, Metrovías se hizo cargo de la concesión de la única red de subterráneos del país. Más de la mitad del personal fue indemnizado o se fue con el retiro voluntario. Acorde con los nuevos tiempos, la empresa perteneciente al grupo Roggio (que hizo negocios con todos los gobiernos: desde la dictadura militar hasta el actual, pasando por el de Alfonsín, Menem, Duhalde y Néstor Kirchner) tercerizaron varias de las tareas. Dos años después, viendo que la UTA no había hecho nada ante la privatización, y que no hacía nada ante el nuevo atropello patronal (donde los despidos eran moneda corriente), un grupo de trabajadores comenzó con la organización clandestina de agrupaciones que realizaron publicaciones y pegaron stickers en las formaciones denunciado la situación en la que trabajaban.

Al año siguiente lograron implementar el primer paro. Desde ese momento hasta hoy, no hubo un año, prácticamente, en que los trabajadores del subte no libraran una batalla en defensa de sus derechos. Desde conseguir que no se realicen despidos, hasta el nuevo sindicato, pasando por luchas salariales, por mejores condiciones de trabajo y contra la “racionalización” capitalista. En el año 2000, este proceso se expresó en el Cuerpo de Delegados: 12, de los 21 miembros, ya no respondían a la UTA. Desde el inicio del nuevo milenio la lucha cobró un enorme impulso. Veamos algunos ejemplos.

En 2001 lucharon hasta que la empresa retrocedió en su intento de eliminar el puesto de guarda. En 2002 comenzó a instalarse la lucha contra la insalubridad. En 2003 se reconquistaron las 6 horas de trabajo por insalubridad para un sector y al año siguiente esa conquista se generalizó. El 2004 es un año clave, ya que se realizaron medidas de fuerza contra las máquinas expendedoras de boletos que intentó imponer la empresa, pero también contra los acuerdos salariales firmados por la UTA.

Al año siguiente lograron, en un contexto de precarización laboral creciente, que los trabajadores de la empresa tercerizada de limpieza pasaran a convenio: 6 horas, mayores salarios y mejores condiciones laborales. Lograron, asimismo, romper el techo salarial del 19% que la burocracia sindical, el gobierno y la empresa intentaron imponer en las paritarias, conquistando un aumento salarial del 44%, colocando a los trabajadores del subte entre los mejores pagos del país. También en 2005 se paralizó el subte en repudio por la presencia en el país del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. En 2006, con piquetes sobre las vías acompañando la huelga, lograron el pase a convenio del resto de los trabajadores de tercerizadas. En 2007 realizaron la campaña de denuncia por los malos servicios de la empresa y la falta de inversión. En 2008 la situación con UTA llegó a su punto de enfrentamiento más alto: el sindicato promovió elecciones fraudulentas. El ausentismo de los trabajadores fue mayoritario. Las condiciones de construcción al interior del sindicato quedaron definitivamente clausuradas. Se dieron los primeros pasos para conformar la nueva asociación gremial.

La importancia de las pequeñas victorias

El del subte es uno de los pocos ejemplos en que un sector del movimiento obrero logra resistir la tercerización y la precarización, y librar luchas por la estabilidad laboral y mejores condiciones de trabajo. Si esto fue posible ha sido, en gran medida, porque han ido avanzando con pasos (grandes o pequeños) firmes.

El movimiento de nuestra clase avanza, cuando en sus luchas se van conquistando pequeñas victorias. Por más que sean transitorias, como supo señalar Marx.(11) Esta es una enseñanza que ha dejado la lucha de los sectores populares, durante décadas. Esta valorización de las pequeñas victorias es fundamental, ya que -como suele afirmar el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil- no basta con victorias políticas: las movilizaciones, las luchas deben traer triunfos materiales. La conquista del pago de un adicional en concepto de guardería, luego de la lucha librada por las mujeres en 1984,(12) o la posibilidad de cambiar las sillas de las boleterías, tener papel higiénico y jabón, poder ir al baño y tener bidones con agua potable, luego de las batallas libradas en 1997,(13) son otros de los ejemplos.

Conquistas materiales, pero también simbólicas. De allí que se rescate con tanto ímpetu la experiencia cultural del subte, que desde hace varios años edita libros y películas, organiza cursos de formación para sus delegados y ha gestado ese formidable instrumento de comunicación que es la página web metrodelegados; y que ahora, tras la conformación del nuevo sindicato, se ha dedicado a continuar esas tareas y a realizar otras nuevas: revista cultural Acoplando; festival “Vamos las bandas del subte”; “Jornadas Subterráneas: pasado, presente y futuro del movimiento obrero” en la Universidad de Buenos Aires. Jornadas en las que pudo verse, por ejemplo, un cartel con la inscripción “Dos horas menos, dos horas más”, en alusión a las actividades culturales que ahora se pueden realizar, en gran medida, gracias a la reducción de la jornada laboral.

Por último, no quisiera dejar de mencionar “el caso Rovira”, un verdadero aporte a la lucha democrática. Se trata del ex oficial de la Policía Federal, Miguel Ángel Rovira, ex custodio personal de José López Rega y miembro de la plana mayor de la Triple A). En 2007, cuando tenía 72 años, fue juzgado por delitos de lesa humanidad, y posteriormente detenido. Por esos días, imitando un subtepass (un boleto), los metrodelegados -junto con el Grupo de Arte Callejero- diseñaron un “escrachepass”, con la leyenda “Genocida Miguel Ángel Rovira, jefe de seguridad de Metrovías”, que la agrupación H.I.J.O.S repartió en los vagones del subte, durante los días previos a un escrache que le realizaron. No es de extrañar que un tipo como Rovira haya sido un jefe de seguridad de Metrovías. Si el propio Aldo Roggio no tuvo ningún empacho en declarar públicamente, sobre el período de la dictadura: “yo parto de que acá hubo una guerra y en la guerra pasan cosas. En ese momento yo estuve de acuerdo con la guerra contra la subversión. Ha sido un parto doloroso pero necesario para el país...”.(14)

Palabras finales

La del subte viene siendo una batalla sindical que se libra en los planos político, económico y cultural, al mismo tiempo, buscando cambiar las formas del accionar sindical, recuperando una basta tradición obrera que, en nuestro país, ha buscado tomar en sus manos, también, la educación, la política y la cultura.(15) Los activistas del subte han aprendido a fortalecer la organización por abajo, en unidad de los distintos sectores políticos antiburocráticos, más allá de las diferencias. Sin ánimos de pretender trasplantar experiencias, pero convencido de que una lucha y una práctica político-sindical como esta puede aportar a la reflexión y la práctica de otras experiencias, he tratado de ensayar un recorrido por las batallas y las peripecias que las trabajadoras y los trabajadores del subterráneo han venido transitando.

Porque no han sido pocos los aportes que desde el subte se han realizado a la conformación de esto que se ha dado en llamar “nuevo sindicalismo”. Un sindicalismo que se presenta ensayando una construcción que pone el acento en la lucha; que valora las asambleas y otras formas de organización democrática, entre otros rasgos que hacen a una cultura política que antagonice con la del capital. Dato insoslayable, si pensamos que la construcción de una nueva cultura es fundamental en la perspectiva de fortalecer la autonomía y consolidar una visión independiente de nuestra clase. Esa visión que durante décadas se ha ido manifestando, recreando y rehaciendo, de acuerdo con las circunstancias y los momentos políticos. Esa que, como un insistente fantasma (como el de Giuseppe y Leonardo, obreros italianos, que construyeron los primeros tramos de vías y que hoy -según la leyenda- se aparecen por los túneles), aparece y reaparece, recordando que hay mujeres y hombres que no se resignan, que continúan, que continuamos, luchando por otro sindicalismo, por otro país, por otro mundo. Ese fantasma, sin duda, desde hace años recorre el subte

Mariano Pacheco es trabajador de Subterráneos de Buenos Aires (boletero), e integrante de la Secretaría de Cultura y Formación de la Asociación Gremial de Trabajadores de Subte y Premetro, (AGTSyP). Estudiante de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Integrante del consejo de redacción de Herramienta. Colaborador de los sitios web Prensa De Frente y Portal Darío Vive. Militante de La Fragua, agrupación de base del Frente Popular Darío Santillán. E-mail: marianopacheco9@hotmail.com

Notas:
1) Para una reconstrucción del nacimiento y desarrollo de de esas nuevas formas organizativas ver: Pacheco, Mariano, De Cutral Có a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados, Buenos Aires, El Colectivo y Desde el Subte editorial, 2010.
2) Ya Deleuze ha advertido sobre esta dificultad de los sindicatos que, nacidos en la etapa histórica de lucha contra las disciplinas y el encierro, se encuentran inadaptados en las “sociedades de control”, no comprendiendo las nuevas formas de resistencia. De allí uno de los desafíos más importantes para estas nuevas experiencias: pensarse desde las nuevas realidades, sin dogmatismos. Cf. Deleuze, Guilles, Post-scriptum a las sociedades de control, s/d; “Control y devenir” (entrevista con Toni Negri), versión digital.
3) Aldo Casas ha señalado que “esta burocracia (la de los dirigentes y estructuras sindicales que colaboraron activamente con la dictadura y con lo más sucio de la guerra sucia) cavó una zanja llena de sangre que difícilmente puede cerrarse o disimularse. Ser reformista, corrupto, o incluso traidor de tal o cual conflicto, es una cosa: ser entregadores y cómplices activos de las torturas y desapariciones es otra cualitativamente más grave” (Casas, Aldo, “¿Unidad, unicidad, democracia sindical?”, www.prensadefrente.org, febrero 2010).
4) Tal como ha remarcado Belkin “el momento de la negociación es una etapa sumamente importante. Quizás tan importante como los momentos de la acción directa. Los contrincantes buscan acordar los términos del armisticio. El bando vencedor intentará que se hagan efectivas, que se transformen en conquistas concretas, las victorias obtenidas en el campo de batalla. Por su parte, el bando derrotado, hará todo lo posible para minimizar sus pérdidas. Sería un error ceder en la mesa de negociación lo que se consiguió en el terreno de la acción directa. Que las posiciones conquistadas sean reconocidas por el adversario y se plasmen en medidas efectivas es tan importante como la lucha abierta contra el enemigo”. Belkin, Alejandro, “La AGTSyP sigue haciendo historia. Importante avance en la lucha por el reconocimiento estatal al Sindicato del Subte”, en www.prensadefrente.org, febrero de 2010.
5) Vocos, Federico, “La democracia sindical, una demanda que crece desde abajo”, Boletín de SUDESTADA, en www.sudestada.com.ar, febrero de 2010.
6) Von Clausewitz, Karl, De la guerra, Buenos Aires, Distal, 2003.
7) Foucault, Michel, “La guerra en la filigrana de la paz”, en: -, Genealogía del racismo, La Plata, Altamira, 1996.
8) Olmedo, Carlos, “Aportes críticos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias al ‘Documento Base para la Reactualización de la Línea Político-Militar’”, en: Baschetti, Roberto (Compilador), Documentos (1970-1973). De la guerrilla peronista al gobierno popular, La Plata, De La Campana, 1995.
9) Mao Tse Tung, “Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria, 1936, en: Selección de escritos militares, Buenos Aires, La rosa blindada, 1972.
10) Cuerpo de delegados del subterráneo, 2006, Buenos Aires, Cuando el terror no paraliza: 1974/1982, Desde el subte.
11) Marx, Karl El Manifiesto Comunista, Buenos Aires, Herramienta, 2008.
12) Salud, Claudia Roxana, 2007, Buenos Aires, Las trabajadoras del subte protagonistas de cambios. Una aproximación sobre la situación laboral de las mujeres en el subterráneo de Buenos Aires (1981-2004), Desde el subte.
13) Bouvet, Virginia,2008, Buenos Aires, Un fantasma recorre el subte. Crónica de la lucha de los trabajadores de Metrovías, Desde el subte.
14) Luis Majul, Los dueños de la Argentina, citado en La Verdad Obrera Nº 251, versión digital.
15) Corbière, Emilio J., “La cultura obrera argentina como base de la transformación social (1890-1940)”, en: Herramienta 12 (2000).

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