viernes, 7 de enero de 2011

Argentina: En el reino de la guaranguería

LA ARENA

La Argentina es un país que sobradamente ha evidenciado tener una población femenina altamente calificada; lo prueban designaciones, presencia y premios obtenidos por nuestras mujeres en los campos más variados de la ciencia y el arte, tanto en el país como en el exterior ¿Por qué entonces -se pregunta un analista de la moda internacional- somos tan proclives a la guaranguería en la persona femenina?.

Convengamos que el americanismo "guarango" es una de esas palabras difíciles de reemplazar porque su significado excede con mucho al "grosero" que indica el diccionario. "El guarango -dice el citado analista- es un grosero que se asume perfectamente como tal, que reivindica su calidad de ordinario y que pretende imponerla como conducta hegemónica. No le basta con promover y aplaudir la chabacanería elevada a forma de entretenimiento; se dedica asimismo a menospreciar y burlarse de la cultura, la intelectualidad, la inteligencia, el refinamiento; practica la prepotencia, el atropello. Se impone por el rugido, el empujón, los golpes. Es el compadrito puesto al día y aupado al puesto de caudillo". A poco que se esfuerce el lector seguramente recordará algunos personajes de la radio y, sobre todo, la TV a los que esta definición les cabe como traje a medida.

Conviene destacar que no se trata solamente de una variación del machismo, que forma parte de los componentes considerados; también hay mujeres que conducen medios y que hacen de la guaranguería un culto -o un negocio- y la exhiben desfachatadamente, dándole carácter de moda e insertándola en una población desprevenida arguyendo que eso no es más que cultura surgida del vulgo.

Un cabal ejemplo de lo dicho suelen ser las llamadas "chicas de tapa" y también las invitadas a los programas de chimentos en las que campea una vulgaridad manifiesta. A ellas los medios, de cualquier tipo, las convierten en una mercancía más. El precio a pagar por quince minutos de fama es manifestar una guaranguería que va desde el obligatorio teñido de rubio nórdico -en un país de mayoría genética morena- hasta la manifestación y exhibición exagerada de sus atributos femeninos. A esos detalles, claro, se les deben sumar otros de modas efímeras pero que dejarán marcas perdurables, caso del botox, los piercing o las cirugías aumentativas. Como señala el analista citado "la chica de tapa es emblemática del predominio de una manera guaranga de actuar, de ver y de armar la vida". En suma: un emblema de la cultura guaranga que promueven otros mientras se llenan los bolsillos.

Estas someras consideraciones, comprobables en lo inmediato por cualquier persona, nos llevan a las consideraciones del primer párrafo: la vigencia, la promoción de una imagen guaranga -y falsa- de la mujer argentina en los medios masivos de comunicación. El fenómeno aparece como generalizado en el resto del mundo pero con aristas equilibrantes que dejan en claro que es muy otro el paradigma femenino. Nosotros, evidentemente, no hemos sido capaces de crear los anticuerpos para evitar tanta deformación y dejamos que se nos traslade al amparo del "rating" sacrosanto. Así la guaranguería, disfrazada de cultura popular, campea por la suyas.

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