miércoles, 19 de enero de 2011

Arizona: Nadie está a salvo

Silvio González (PL)

La seguridad personal de los miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial está seriamente amenazada a partir del criminal atentado contra una congresista en Tucson, Arizona, señala el equipo de especialistas STATFOR.

Este lamentable incidente ha desatado un amplio debate en Estados Unidos relacionado con el uso y abuso de la retórica violenta, del odio racial armado y del creciente accionar de los grupos de odio.

Los representantes y senadores en el Congreso son 535, pero los jueces federales alcanzan la cifra de tres mil, sin contar otras categorías de funcionarios públicos que ahora también pueden estar en riesgo, asegura el sitio Right Side News.

Atentar contra un congresista es un delito grave que compete a las autoridades federales evitar o investigar profundamente con el más alto nivel de prioridad.

Desde los tiempos del movimiento por los derechos civiles de los estadounidenses de raza negra en los años cincuentas, un estado nunca ha estado tan afectado por las crisis, los conflictos y la tragedia como es el caso de Arizona apunta el periodista Randall Amster, del sitio Commons Dreams.org.

La congresista Gabrielle Giffords fue herida de gravedad cuando un hombre armado le disparó a mansalva y también asesinó a John McCarthy Roll un juez federal.

En la matanza, ocurrida cuando ella hablaba en una esquina a sus electores, seis de ellos murieron, entre los cuales figuraba una niña de nueve años de edad, y 19 resultaron heridos.

Giffords y McCarthy Roll habían sido blancos de insultos, hostigamiento personal y amenazas por parte de manifestantes extremistas opuestos a una reforma migratoria y a la gestión política del presidente Barack Obama.

Pero ninguno de esos antecedentes fue debidamente investigado por las autoridades competentes, según la periodista Chrystia Freeland, de la revista The Atlantic.

Como puntualizaba en el diario New York Times el periodista Matt Bai, el legado del incidente en Tucson marca el viraje más peligroso del incendiario discurso racista que muchos políticos utilizan contra el actual gobierno.

También pudiera tratarse de otra etapa más siniestra con consecuencias impredecibles, lo que amenaza con extenderse a otros estados donde los grupos de odio ven en Arizona un paradigma a imitar, según manifiesta la misma fuente.

Pero lo cierto es que los analistas reconocen que este ambiente peligroso se acrecentó cuando Obama asumió la presidencia y que estos hechos sangrientos son mensajes que los más poderosos conglomerados insisten en enviarle de manera desafiante a cada rato.

El hostigamiento proveniente de los sectores más recalcitrantes contra Obama es tal que según el sitio Berowitz Report cuando el presidente estuvo en Hawaii de vacaciones de navidad fue perseguido por elementos del movimiento que le exigen presentar públicamente su certificado de nacimiento.

Estos lo consideran un africano y alegan que no es digno de la nacionalidad estadounidense, ni de la presidencia porque su natal Hawaii fue anexado y no tiene categoría oficial de ser un estado de la unión con todos los derechos, según la líder de este movimiento Orly Taitz.

Sarah Palin, la ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Republicano, dijo que Hawaii no tiene visos de ser un nombre estadounidense sino extranjero y que Alaska sí suena muy norteamericano, sin tomar en cuenta que es un nombre esquimal.

Palin se caracteriza por utilizar en su oratoria cotidiana un culto obsesivo a favor de la exacerbación del racismo, la violencia y la división entre los estadounidenses.

En ocasión de la discusión de la reforma de salud en el Congreso, a la cual Palin se oponía incisivamente, publicó en su página web un mapa con los nombres y direcciones de 20 congresistas demócratas ubicados en una mirilla telescópica de un fusil y entre ellos estaba el nombre de Giffords, la victima del actual atentado.

En la esquina donde se ubica la oficina de la congresista demócrata Giffords ocurrieron desde marzo pasado incesantes protestas organizadas por el extremista Tea Party, del cual Palin es una de sus caras más visibles.

Alfredo Gutierrez, un ex legislador estatal, asegura que nunca antes el ambiente fue tan violento, ni tan radical el extremismo y la hostilidad imperante en el estado como desde que apareció el Tea Party.

El ejecutor del atentado es el joven de 22 años, identificado como Jared Lee Loughner, el cual dijo que le preocupa que estén entrando a Estados Unidos gente analfabeta y reconoció que su libro favorito era Mi lucha, de Adolf Hitler.

En las pasadas elecciones legislativas de noviembre el contrincante de la victima fue el miembro del Tea Party Jesse Kelly, el cual recibió múltiples críticas por un anuncio publicitario que pagó en aquella etapa.

Según muestra ese anuncio, él mismo se filmó en un campo de tiro donde Nelly decía "apunten bien sus armas para lograr una Victoria y recarguen sus fusiles automáticos M 16".

Otro de los congresistas de Arizona que ha sido reiteradamente amenazado es el hispano Raúl Grijalva, quien tiene protección actualmente las 24 horas por parte del Buró Federal de Investigaciones.

Ese servicio teme que Grijalva pueda resultar la próxima victima de un largo listado de congresistas amenazados de muerte por diversos grupos de odio.

Los investigadores policiales se debaten entre si esta acción armada fue la iniciativa de un hombre en solitario, o de toda una maquinaria bien organizada y entrenada que continuará actuando en el futuro contra aquellos que considere sus adversarios.

El periodista Dave Zirin del blog The Nation expone que si Sarah Palin y sus acólitos seguidores en el Tea Party fueran islámicos, hace tiempo los servicios especiales estadounidenses los hubieran apresado y torturado por terroristas.

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