miércoles, 19 de enero de 2011

Camino al congreso: Rectificación o ajuste (XIX)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

En su intervención en la más reciente sesión de la Asamblea Nacional el presidente cubano Raúl Castro llamó a revisar: “…Qué orientaciones del Jefe de la Revolución hemos cumplido y cuáles no, desde su vibrante alegato La Historia Me Absolverá hasta hoy”. La exhortación indica que la rectificación auspiciada por el próximo Congreso del Partido puede incluso conducir al rescate de acentos originales del proceso revolucionario cubano.

Esta vez no se trata de la reacción a una coyuntura desfavorable sino de cambios estructurales y de conceptos derivados de una comprensión de que el modelo instalado, no sólo para la gestión económica sino referido a los métodos y al estilo de ejercer el poder, gobernar y dirigir a la sociedad, ha perdido eficacia y se impone rectificar.

Salvando obvias distancias y escalas, el modelo vigente en Cuba no es funcional aproximadamente por las mismas razones que no lo fue en la Unión Soviética y en los países socialista de Europa y Asia y su supervivencia se explica por el carácter de la Revolución Cubana y el liderazgo encabezado por Fidel y Raúl Castro que marcan la diferencia.

Basta una aproximación a la gestación del movimiento revolucionario en Cuba y a la guerra revolucionaria, a la personalidad y trayectoria política de Fidel y Raúl Castro y al proyecto político contenido en el alegato conocido como La Historia me Absolverá para percatarse de que no hay en los orígenes de la Revolución Cubana ningún punto de contacto de aquel movimiento con el socialismo al estilo de la época, ninguna militancia y nada que involucrara a la Unión Soviética.

Según la letra de aquel programa, la transformación de la sociedad cubana era concebida como un proyecto avanzado, no sólo para su época, sino incluso para hoy. Fidel Castro lo resumió así: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política”.

Si bien las tareas sociales y políticas de hoy son totalmente diferentes; al aludir a la Historia Me Absolverá, el presidente Raúl Castro parece referirse al aliento, al estilo, al realismo y a la autoctonía de aquel diseño, que interpretaciones discutible, prematuras y probablemente erróneas, dieron por sobrepasado.

Después de 1959 la rápida mutación del proceso revolucionario hacia las posiciones del socialismo, el acercamiento político y la alianza con la Unión Soviética, se explica por la temprana, irracional y desmesurada y agresiva política norteamericana hacia la Revolución, que motivó una respuesta equivalente de la Unión Soviética que hasta hoy se asume como un gesto de solidaridad, aunque también, la parte soviética obtuvo dividendos geopolíticos.

En realidad aquella alianza, al menos en los primeros 15 años, no influyó decisivamente sobre los aspectos más auténticos del proceso revolucionario, empujado a la radicalización, no por ideas acerca de la conveniencia de la estatización de toda la economía y la regulación de la actividad social, sino como respuesta a la actitud norteamericana que llevó a Cuba contra la cuerdas y la obligó, a pesar de colosales asimetrías, a responder golpe por golpe.

Aun bajo las intensas presiones del bloqueo y las amenazas de agresión militar norteamericana, al éxodo de empresarios, profesionales y técnicos y lo agudo de la confrontación en los primeros años, la Revolución continuó su propio camino alejado de la ortodoxia y del modelo de gestión soviético, fenómeno que resultó ser fuente de contradicciones con la izquierda marxista, incluso con la Unión Soviética.

Con enormes tareas sociales por realizar, acosada por Estados Unidos, aislada de América Latina, incomprendida por parte de la izquierda latinoamericana, en los años setenta del pasado siglo, Cuba produjo un corrimiento que la llevó a adoptar estructuras y procedimientos análogos a los existentes en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Pronto se hizo evidente que, en primer lugar en el plano económico, aquella opción y sobre todo la exagerada copia que la acompañó, no aportaban una solución viable, por lo cual, desde alrededor de 1984, antes de que Gorbachov se enfrascara en la Perestroika, Fidel Castro inició un Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, que cuestionaban el modelo económico trasplantado desde la Unión Soviética.

El fin de La Unión Soviética y la crisis que golpeó implacablemente a Cuba, abortaron la Rectificación. Fidel Castro llamó a la resistencia para salvar, no el modelo que había hecho aguas, sino las conquistas básicas del socialismo, proceso que implicó la adopción de importantes reformas económicas, políticas e incluso ideológicas.

Recordar a la Historia Me Absolverá no es una expresión de nostalgia, ni un retroceso. Retornar a la semilla, no sería en este caso dar marcha atrás y ni siquiera rectificar, sino avanzar y crear.

No se trata ahora de defender ideas exóticas, sino como asoma en La Historia Me Absolverá y estaba ya en la idea de: “Una república con todos y para el bien de todos” de José Martí, de crear no un Estado de clases sino un Estado Social, una economía mixta y floreciente coronadas por una democracia socialista plena y de nuevo tipo.

Obviamente, la democratización a la cubana no es ahora restablecer la Constitución del año 40, sino recrear mediante las reformas pertinentes la que existe, no porque haya sido incorrecta ni omisa, sino porque en la vida y mucho menos en la Revolución, nada es inmutable.

Seguramente el Congreso del Partido y la Conferencia que le seguirá, profundizaran en estos aspectos y como otras tantas veces, la vanguardia militante de la Revolución Cubana, con la dirección histórica al frente, encontraran el camino correcto. Allá nos vemos.

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