miércoles, 19 de enero de 2011

Capo de ARENA y "benefactor" de Posada renuncia a cargo por violencia conyugal

Jean-Guy Allard

Mario Acosta Oertel, vicepresidente del partido opositor ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) salvadoreño, y uno de los cómplices más seguros del terrorista Luis Posada Carriles en El Salvador, renunció a su cargo el domingo, acusado por su esposa de graves abusos.

“Acosta Oertel, con cerca de 30 años de activismo político en las filas de la derecha, era uno de los hombres duros de la ideología anticomunista que ha enarbolado ARENA, durante y después de la guerra civil salvadoreña,” decía ayer la agencia de prensa DPA al reportar el escándalo. El partido ARENA fue asociado al asesinato del obispo Oscar Romero y a numerosos crímenes cometidos por los militares salvadoreños durante décadas.

Acosta, un ex ministro del Interior, protegió en múltiples ocasiones al terrorista y agente CIA Posada Carriles cuyas relaciones particulares con la inteligencia estadounidense conocía.

El coordinador parlamentario del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Salvador Sánchez, confirmó públicamente en el 2008 que el terrorista cubanoamericano tuvo entre sus mejores apoyos en El Salvador, a Mario Acosta, ministro del Interior de los gobiernos de Armando Calderón Sol y Francisco Flores.

Posada también se benefició de los favores del viceministro de Seguridad, Hugo Barrera; Rodrigo Ávila, director de la Policía Nacional Civil (PNC) quién fue candidato en las últimas elecciones presidenciales; y Mauricio Eduardo Sandoval Avilés, que durante los años noventas fue jefe del Organismo de Inteligencia del Estado – es decir en la plantilla de la CIA - para pasar luego a la jefatura de la PNC.

En una entrevista con el diario Prensa Gráfica, realizada en el 2003 en su celda de Panamá, Posada se negó a hablar de sus contactos con el Gobierno de Duarte en el cual este criminal se apareció de asesor de la presidencia en materia de seguridad: "Oyeme… me la está poniendo dura… ¿eh?… no voy a echar "pa'lante" a nadie porque usted está ahora aquí", lanzó con su habitual prepotencia al reportero que lo interrogaba.

En varias oportunidades, el entonces opositor FMLN reclamó una investigación para establecer las circunstancias exactas de la presencia de Posada Carriles en El Salvador y, más precisamente, esclarecer cada detalle de la alianza del terrorista, asesino y torturador con los dirigentes, incluyendo a Acosta, de la entonces gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) de perfil fascistoide.

ARENA acaba de anunciar que reemplazará de inmediato a Acosta en el cargo de vicepresidente de campaña y miembro del consejo ejecutivo, máxima dirección del partido.

La esposa del “benefactor” de Posada, Ana Marta Rodríguez Llerena de Acosta, contó entre lágrimas a la prensa salvadoreña, las agresiones sufridas por parte de Acosta Oertel por más de 30 años. “La agresión ha sido continua, yo he vivido en medio de golpes, amenazas, incluso en una ocasión me llevó El Playón, fue el 18 de enero de 2004, allá por Opico, y sacó su arma, me disparó pero no me cayó la bala”, señaló a La Prensa Gráfica.

Tras un año de tratamiento de quimioterapia por el cáncer que sufre en un seno, la mujer decidió denunciar a su marido ante las autoridades debido a las amenazas hechas por parte de su esposo a la abogada de la institución donde pedir ayuda.

“Yo le llamé al señor Acosta Oertel, pero él me salió con una prepotencia galopante, me amenazó, me dijo que no sabía con quién me estaba metiendo”, relató Silvia de Bonilla, abogada de Llerena de Acosta.

A Acosta, le queda ahora comparecer para los abusos cometidos contra su esposa y, tarde o temprano, para su complicidad durante décadas con el terrorista internacional Luis Posada Carriles cuya presencia durante años en El Salvador, país que usó para sus acciones criminales contra Cuba, recibió toda su protección.

En El Paso, Texas, Posada se encuentra enjuiciado por mentir a la Inmigración norteamericana, un juicio donde inevitablemente se van a manifestar algunos de los fantasmas de sus crímenes cometidos en una docena de países, muchos de Centroamérica.

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