viernes, 21 de enero de 2011

Chile: La rabia acumulada de Magallanes

Tania Peña (PL)

La fragilidad de los modelos excluyentes y la capacidad de lucha de los pueblos son algunas de las lecciones que dejó sobre la mesa el conflicto por el gas en la Patagonia chilena.

Lo que vimos en la región de Magallanes y Antártica rompe con la idea unánimemente aceptada que la población no se moviliza y se deja atropellar por las decisiones políticas que la afectan, opinó el académico chileno Eric Eduardo Palma.

De hecho, el acuerdo sellado con el Gobierno que puso fin a una semana de paro y protestas masivas en varias ciudades del extremo sur chileno, y en particular en Punta Arenas, la capital magallánica situada a tres mil kilómetros de Santiago, fue considerado como un triunfo de la unidad popular por los propios habitantes de la zona.

El movimiento social logró colocar en el centro de la discusión las condiciones y el estilo de vida de la gente que habita la tierra más austral de América, destacó un comunicado público de la Asamblea Ciudadana, entidad rectora de las manifestaciones, integrada por organizaciones sociales, sindicales y vecinales.

En círculos parlamentarios se opinó de igual modo. "Se marcó un antes y un después para todas las regiones del país contra el centralismo y la toma de decisiones sin considerar a la ciudadanía", subrayó la diputada de la Democracia Cristiana Carolina Goic.

"Ganó toda una región, todo un pueblo que se autoconvocó", destacó el senador independiente Carlos Bianchi.

Pero otros ángulos de reflexión trascendieron también en el escenario político y apuntan a la génesis del ya acuñado como "conflicto del gas". Y es que la forma de gobernar en Chile, como dijo un avezado comentarista, "ha hecho crisis y no da para más".

Según el diario local El Mostrador, la liviandad con la cual el gobierno enfrentó la crisis del gas indica que la elite política no percibe el malestar de la población con el modelo económico, signado por la desigualdad social y entre regiones.

Magallanes ha puesto descarnadamente sobre la mesa los problemas del desarrollo nacional (â��) y la visión escéptica de la ciudadanía sobre quién recibe los beneficios del crecimiento que ha tenido el país, remarcó un editorial de la citada publicación.

Centralista, concentrador, excluyente, son sólo algunos de los epítetos que en discusiones domésticas del país se le atribuyen al modelo chileno, presentado por Washington como ejemplo de desarrollo y bienestar en Latinoamérica.

La imagen de prosperidad de la nación suramericana, que recorre el mundo a través de los monopolios mediáticos, no da cuenta de otras situaciones que tienden a esconderse bajo la alfombra y que son fuertes señales de las vulnerabilidades del sistema político chileno.

Aunque la revuelta del gas concluyó, lo ocurrido en Magallanes puede repetirse en otras zonas extremas de Chile, abandonadas y desprotegidas, alerta el periodista Alejandro Guillier, para quien el estallido de Punta Arenas contra un proyecto de alza de casi el 20 por ciento de las tarifas del gas doméstico fue la manifestación de una tremenda frustración acumulada.

Guillier advierte incluso que aunque finalmente la subida del gas sólo quedó en un tres por ciento y el gobierno accedió a incrementar los subsidios a las familias más vulnerables, "el futuro no está para nada despejado" y resume que aún quedan preguntas por responder acerca del origen de la crisis magallánica.

El detonante lo produjo un acuerdo entre la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) y la distribuidora Gasco, defendido por el Ejecutivo como garantía para el desarrollo energético de la región y como opción salvadora ante un previsible quiebre de la estatal petrolera.

Sin embargo, voces discordantes en el escenario político alertaron sobre otros propósitos: "Las verdaderas intenciones están en hacer un buen negocio para el sector privado", opinó la diputada de la zona Carolina Goic.

Goic hizo alusión a los despidos masivos en lo que va de año, en la ENAP, y al anuncio de licitación de los bloques de pozos con mayores posibilidades de obtener buenos resultados financieros, como signos de la entrega de la estatal.

Coincidente con la parlamentaria, el académico de la Universidad de Santiago Bernardo Navarrete no descartó tampoco que hacia el vórtice del conflicto del gas se estuvieran moviendo los hilos conducentes a la privatización de la empresa.

"Las políticas neoliberales en Chile a lo largo de más de 30 años han destruido prácticamente la capacidad productiva de ENAP, que ha sido privatizada a pedazos", denunció el sitio web Red Diario Digital.

El libro histórico de Magallanes, en consecuencia, cerró apenas un capítulo.

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