lunes, 31 de enero de 2011

Decencia no siempre es dignidad

Julio Ortellado (ACTA)

Hoy somos testigos de cómo sistemáticamente se sigue intentando desde el gobierno nacional utilizar y manipular los conceptos que en materia de trabajo y sus alcances han definido tanto organismos internacionales como nuestra propia Central de Trabajadores de la Argentina.

Resulta ser que, según se vierte por Decreto Nº 75 del 2011, este año se denominará “Año del Trabajo Decente, la Salud y Seguridad de los Trabajadores”. Título y definición muy decorosa y oportuna si no tuviéramos en cuenta, según mi humilde opinión, algunos aspectos.

a) Es impensable creer que con el simple hecho de impulsar en toda la papelería oficial de nuestra administración publica un membrete alegórico a esta definición, se resuelvan los temas de fondo que este gobierno no debate ni establece como agenda para que los trabajadores en la Argentina, no sólo tengamos decencia sino también dignidad.

b) Es ingenuo pensar que por decreto se puedan establecer condiciones de formación, difusión, debate, etc, entre los trabajadores y la sociedad, cuando por otro lado lo que este gobierno se ha dedicado a capacitar es cada vez más pobres que aportan desde su trabajo a la economía informal desde una mayor precarización en sus condiciones humanas y laborales.

c) Es insostenible, desde cualquier lógica institucional, que se vayan a desarrollar mecanismos de prevención de la siniestralidad laboral, cuando todavía los dirigentes empresarios y el propio gobierno son parte del negocio de las Aseguradoras de Riesgo de Trabajo (ART).

d) Teniendo en cuenta solamente que la OIT estima que el objetivo general del trabajo decente es provocar cambios positivos en la vida de las personas a nivel nacional y local, reflejando las prioridades de la agenda social, económica y política de los países y del sistema internacional, es que no podemos dejar de agregar, que también el trabajo en condiciones de bien remunerado, con aportes garantes de la seguridad social, la recreación y el descanso en un sistema de país con modelos de producción distributivos y reparto equitativo de las riquezas que los trabajadores generamos, es dignidad para un pueblo socialmente justo.

e) Estimo conveniente aclarar que para que los cambios profundos que necesitamos en nuestro sistema laboral, para que sea más justo y equitativo, necesita de políticas sostenidas en el tiempo, con planificaciones plurianuales y compromisos sociales que abarquen a todos los estamentos de nuestro pueblo en pos de una reafirmación democrática real y no formal.

Por todo esto me queda como conclusión de que estos gestos de oportunidad mezquina por parte de la Presidenta de la Nación, no son nada más que la utilización de definiciones propias de un gobierno liberal que lejos está de querer resolverles los problemas a los trabajadores.

No hay posibilidad alguna de tener trabajo decente si no hay políticos, empresarios y dirigentes honestos, comprometidos en el engrandecimiento de nuestra Patria.

Menos aún podemos pensar que vamos a tener dignidad como trabajadores, si no seguimos peleando por el reconocimiento de nuestros derechos, en contra de la precarización laboral, en contra del trabajo informal, por el derecho a la participación en el debate convencional, por la libre elección, con libertad y democracia de nuestros representantes en los sectores laborales y por un proyecto de país que ya los trabajadores decidimos gobernar para ser definitivamente libres.

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