lunes, 31 de enero de 2011

El incendio de la revolución en Túnez se propaga por Egipto

Andréi Fediashin (RIA NOVOSTI)

Tal y como predijeron los expertos, el “gran incendio” declarado el diciembre pasado en Túnez ya alcanzó Egipto.

El 25 de enero, en Egipto comenzaron manifestaciones, cuyos participantes exigen reformas políticas y económicas y erradicar la corrupción.

También demandan la dimisión del presidente Hosni Mubarak, de 82 años, que dirige el país desde hace 30 años. Las manifestaciones inicialmente esporádicas y locales, en unos cuantos días, se extienden por todo el país.

En los años 2005 y 2008 las manifestaciones contra la pobreza y hambre en Egipto fueron aplastadas de forma rápida y enérgica.

Pero las protestas del año 2011 han superado las de años anteriores y actualmente, el país árabe vive una situación sin precedentes.

Para un país que lleva casi 30 años como en una camisa de fuerza, donde tan sólo en mayo pasado fue anulado parcialmente el estado de emergencia introducido en 1981 a raíz del asesinato del presidente Anwar el-Sadat, el estallido de protestas y desórdenes es un síntoma muy preocupante.

Sobre todo porque el próximo mes de septiembre en Egipto están previstas elecciones presidenciales las cuales deben decidir si Mubarak permanecerá otro mandato en el poder o aupará un sucesor.

Antes de los desórdenes, nadie podía estar seguro de la respuesta. Pero ahora miles de manifestantes salen a las calles con consignas que dicen: “Mubarak, Arabia Saudita te está esperando” (en alusión al presidente tunecino refugiado allí) o “!Fuera! ¡Revolución hasta la victoria!”

En Egipto no habrá un segundo Túnez

Pero Egipto no es Túnez. Con una población de más de 80 millones de personas, Egipto es un país líder entre el mundo árabe en todos los aspectos: el geográfico, estratégico, demográfico, político y económico.

Egipto impulsa y guía todo el Próximo Oriente. Es como un barómetro de la región. Si Egipto está mal, están mal todos.

La Revolución de los Jazmines tunecina, aunque inspiró a los egipcios, no es lo mismo que la Revolución de los Jóvenes, así como Ben Ali no es Hosni Mubarak, estos dos líderes no pueden compararse.

Para mantenerse en el poder 30 años hay que poseer cualidades especiales: tener algo de dictador y tirano, ser cruel y flexible, poseer intuición política, saber salir de los apuros y conocer el carácter nacional. Además, hay que gozar de una autoridad enorme a nivel internacional y manejar con eficacia la potente máquina que representa la policía y el ejército para la represión.

También hay que disponer de un tremendo apoyo desde fuera. Es que Egipto, después de Israel, es el segundo receptor de ayuda económica y política estadounidense. Recibe hasta 3 mil millones de dólares al año. A EEUU, nacido de revueltas y revoluciones, no le caen bien las revoluciones en territorios de sus aliados. Mucho menos si esas revoluciones ocurren en el Cairo.

Cuesta pensar qué será de Oriente Próximo si Egipto cae víctima de la ola de revoluciones que inevitablemente conllevarán a la inestabilidad.

Las consecuencias serán duras para todos. Crecerán ánimos antioccidentales, ideas islamistas radicales, continuará el antagonismo con Israel (Egipto es el principal socio y conciliador en el conflicto), y el flojo proceso de paz se llevará un chasco por completo, Irán se volverá más radical.

Tras las manifestaciones la Secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton expresó confianza en la prudencia del gobierno de Egipto y subrayó que, según las valoraciones norteamericanas, éste “es estable y tomará en consideración las necesidades y los intereses del pueblo de Egipto”.

La declaración es muy parecida a la hecha justo antes de los acontecimientos de Túnez.

¿Mubarak para siempre?

En octubre de este año Hosni Mubarak de 82 años de edad celebrará su 30 aniversario de “reino” en Egipto. Ya batió el record de Leonid Brézhnev (18 años al mando de la URSS) y del Dirigente Chino Mao Zedong (27 años al poder).

El Faraón (así le llaman a Mubarak) ve como su sucesor a su hijo menor Gamal de 41 año de edad, uno de los dirigentes del Partido Nacional Democrático de Egipto y el principal asesor económico de padre. Sin embargo, es probable que los últimos acontecimientos afecten sus planes.

Siendo un político capaz de sustituir a su padre, Gamal no es el candidato oportuno para mitigar la tensión social y política en Egipto.

La formación y la edad de Gamal son idóneas para un líder nacional. Lo de heredar el poder tampoco es algo descomunal para el oriente árabe y oriente en general. Sin embargo, la situación es demasiado inestable y peligrosa, para pasar ahora el poder al hijo. Así que es muy probable, que Mubarak se niegue a participar en las elecciones del otoño.

En la región en general se ven ciertos cambios positivos, provocados por los acontecimientos de Túnez.

Así Siria, por ejemplo, justo después de la revolución de Túnez, a mediados de diciembre, declaró que iba a crear un fondo social de ayuda a los pobres de 300 millones de dólares, que pagará a las familias pobres de Siria mensualmente de 12 a 35 dólares.

Jordania también prepara un paquete de apoyo económico a los pobres.

La revolución de Túnez es una señal preocupante para muchos: dictadores duraderos, primer ministros problemáticos y monarcas del mundo árabe.

Por primera vez en la historia un dictador árabe fue derrumbado no por islamistas o enemigos externos, sino por su propio pueblo. Ahora la atención está centrada en Egipto. Y es que si cae Egipto, caerán todos.

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