lunes, 31 de enero de 2011

Postular el comunismo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

No sabemos si, tras lo ocurrido hace unas semanas en Grecia y lo que sucede ahora en Túnez y en Egipto, hay una explosión de indignación o una revolución que pueda extenderse como reguero de pólvora.

Pero lo que sí es cierto es que esta parte del mundo, el Mediterráneo -cuna de la civilización occidental-, está muy convulsa. Y da la impresión de que esto no ha hecho más que empezar y no tiene vuelta atrás...

Pues bien, comienza una fase de la historia presente que aconseja desempolvar muchas cosas para tratar de convencer de nuevo a cada sociedad y al mundo entero de que sólo un sistema puede salvarles: el comunismo marxista.

Pues no es el comunismo, es el capitalismo el que ha fracasado pese a que se arrastre para retardar su total desmoronamiento. Ya no sabe qué hacer ni qué inventar para alimentar la riqueza de los ricos. El camino que llevan las cosas pone al descubierto el progresivo empobrecimiento, la progresiva inasistencia social y el saqueo sin escrúpulo emboscado en ingeniería financiera. La privatización galopante precipita los acontecimientos.

No sabemos cuánto durará este presente y sombrío panorama hasta presenciar primero el desempleo masivo, luego las carencias generalizadas y más tarde el hambre. La sociedad capitalista va a tener que volver la mirada al comunismo como el último refugio.
Lo ideal sería que el comunismo se impusiese en los pueblos por elección y autopersuasión; lo lógico sería que lo asumiese la inteligencia colectiva de los pueblos y de la humanidad, pues el comunismo es el sumum de la racionalidad aplicada a la organización social. Pero como las religiones implacables, los absolutismos y la fuerza bruta, en las primeras etapas de la historia, y luego el pan y circo, los espejuelos, la veneración inducida de la ilusión de libertad y las fórmulas blandas, como el eurocomunismo, han actuado de control social levantando un muro prácticamente infranqueable entre el pensamiento del socialismo real y la creencia en el buen vivir para siempre y para todos, el comunismo no tendrá más remedio que ir introduciéndose a presión, por levas u oleadas, en la conciencia colectiva. En mi artículo "Por qué soy totalitario" ya exponía las razones por las que los fascismos y sucedáneos no admiten ni razones ni debates ni contemplaciones. Es por eso, me temo, por lo que sólo, por segunda vez, mediante el totalitarismo será posible relanzar el comunismo. Las grandes, medianas y aun pequeñas fortunas son capaces de hundirse en la ciénaga antes que desprenderse del lastre de su riqueza que les arrastra al fondo, cuando la riqueza concentrada en pocos termina siendo la ruina de todos..

Hay varios ejemplos de la idoneidad del comunismo. Marinaleda en España, el estado de Kerala en la India, Cuba, Corea y China. China, a la que el enemigo no ha tenido más remedio que respetar por distintas razones y especialmente geográficas, ha podido a lo largo de cincuenta años desarrollar su programa comunista. Las generaciones que se han sucedido en China han ido instruyéndose en la doctrina del respeto mutuo y de la justicia distributiva, y ahora están en condiciones de adueñarse del mundo por la vía pacífica y sencilla de las finanzas, si quisieran. Lo que significa sencillamente que el comunismo no sólo no ha fracasado, es que ha triunfado.

Échese un vistazo a la justicia social o a los derechos humanos en los países campeones del capitalismo; véanse las condiciones precarias de vida de millones y millones en manos de unos cuantos "agentes sociales", fortunas y mercados, compárese luego con el armónico desarrollo material y moral de allá donde está establecido el comunismo, y se verá hasta qué punto el capitalismo representa un grado de subdesarrollo biológico y colectivo que no debiera durar un solo ciclo más.

Relanzar el comunismo, organizarse la sociedad con la inteligencia del comunismo marxista, impedir la atomización de las ideas en torno a la forma y el fondo en que el comunismo debe abrirse paso en España y en el mundo es el desafío. La suerte de las sociedades capitalistas está echada, y de la rapidez con la que se sustituya por el molde, el pensamiento y la praxis comunista depende la supervivencia de la sociedad vertebrada, esa colectividad alejada de la masa informe y la horda. La insurrección europea vaciará de contenido estas falsísimas democracias, que serán sustituidas por un modelo asambleario que habrá de conducirnos al socialismo real. Cualquier otra iniciativa para cambiar a la sociedad política y económica, que no sea el reestablecimiento del comunismo nacional y mundial, está condenada al fracaso. Cualquier otra que durase el tiempo justo que dura el entusiasmo, será otro espejismo como lo es el capitalismo y la estas farsantes democracias.

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