miércoles, 19 de enero de 2011

Trabajo y vida, ante profecía Maya

Marcos Alfonso (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
Desde hace algunos años existe el solapado revuelo universal -seriales y filmes incluidos- acerca de que en 2012, según profecía Maya, el mundo en que habitamos se irá a bolina, como el papalote.

Incluso, determinadas catástrofes acontecidas en los últimos años, como el nefasto terremoto haitiano o las incontinentes lluvias en Venezuela y Brasil, los Aladinos del poder, en burdo rejuego mediático, tratan de entretener y las achacan al preludio de la desaparición terráquea.

A pesar de esfuerzos de gobiernos, instituciones y personas serias, poco se hace o dice acerca de los globalizadores de la industria y los nocivos gases que generan o los promotores de guerras o conflictos quienes sí tienen abocado al planeta a su desaparición.

De todas formas, el pasado tres de enero, en su portal web, el Centro de Estudios Mayas (CEM), del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM), publicó que “el 22 de diciembre de 2012 no se acabará el mundo ni ocurrirá una catástrofe; tampoco existe alguna profecía Maya al respecto, como se ha divulgado en afirmaciones sin sustento científico”.

“En su calendario, los Mayas no describieron una profecía sino el término de un ciclo de 13 bactunes, equivalentes a cinco mil 125 años, y el inicio de otra etapa”, aseveró Carmen Valverde Valdés, coordinadora del CEM.

El bactun, acota Tomás Pérez, otro investigador del CEM, es la unidad de tiempo en esa cultura equivalente a 144 mil días del calendario occidental.

Especialistas han aseverado que esa cultura poseía la noción circular del tiempo, es decir, que lo sucedido en algún momento puede volverse a repetir.

De acuerdo con criterios de la coordinadora el CEM para los Mayas, cuando se escriben los anales se realiza una profecía, pues dada su concepción cíclica de los sucesos y su repetición, si se habla sobre sus vaticinios “en realidad se trata de lo que registraron en su propia historia, en una forma de escritura que es siempre críptica y simbólica”.

La fecha tan llevada y traída de diciembre de 2012 es el inicio de otro nuevo ciclo de vida de acuerdo con el calendario Maya, una cultura de la cual aseguran que jamás habló del Apocalipsis. “La ceremonia de 2010 es marketing”, asevera Carmen Valverde.

Lo cierto es que alrededor de tales supuestos apocalípticos se han tejido ya unas cuantas historias -y las porvenir- pero lo cierto es que nada se hace, o muy poco, para revertir los verdaderos daños en los cuales la mano del hombre sí puede ser capaz de eliminar su propia existencia.

Harto elocuente es la tragedia del pueblo haitiano azotado por el terremoto devastador, primero, y luego por la epidemia de cólera. Salvo la cooperación de Cuba y algunas pocas Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) en materia de salud, las famosas ayudas prometidas todavía están por palparse.

Como sentenciara sabiamente el trovador Silvio Rodríguez: “La era está pariendo un corazón (…) y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir”. Ahí, a mi juicio, radica la profecía. Salvar y salvarnos, aunque los poderosos resguarden sus arcas en quiméricas naves espaciales para viajar “al otro mundo”.

Pobre de la otra vida extra terrestre si semejantes personajes traspasan los insondables abismos celestiales. Entonces habrá que esperar por la creación de otro nuevo universo.

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