lunes, 31 de enero de 2011

Una pelea que sincera posiciones

LA ARENA

La Mesa de Enlace, que reúne a las cuatro principales entidades del campo, está envuelta en una pelea interna que tiene un final abierto. La decisión del ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, de pedirle a los molineros que le compren 500.000 toneladas de trigo a la cooperativa Agricultores Federados Argentinos, vinculada a la Federación Agraria Argentina, sirvió como detonante para especialmente la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas salieran a atacar al hombre fuerte de la FAA, Eduardo Buzzi.

Este no se quedó callado, y tras recibir con beneplácito la orden oficial, le retrucó a Hugo Biolcati y a Mario Llambías. "¿Por qué se hacen tantos problemas algunos de mis colegas porque ahora sea AFA el beneficiario, junto a muchos productores vinculados a la Federación Agraria, cuando durante años no dijeron nada de los enormes beneficios que recibieron de Cargill, Dreyfus o Bunge?"

Ayer Llambías volvió a cargar contra Buzzi asegurando que prioriza los intereses de la FAA por sobre los de la Mesa de Enlace, y hasta lo acusó de no ayudar a lograr "soluciones de fondo" en sector agropecuario. No fue el único que apuntó en esa dirección. Desde Carbap, perteneciente a CRA, el vicepresidente Juan Balfour, habló de "gatopardismo" y de que busca "sacar provecho, confundiendo a los productores y debilitando a la Mesa de Enlace". Antes Biolcati había llegado a decir -sin una pizca de vergüenza- que la SRA fue la primera entidad en cuestionar a las multinacionales y especialmente a Cargill.

Parece mentira escuchar esas palabras de dirigentes de las mismas entidades que no abrieron la boca cuando el menemismo destruyó al campo, pero que ahora demonizan al kirchnerismo cuando ya es muy difícil ocultar que los sectores rurales están obteniendo ganancias históricas. En todo caso, que el Gobierno haya priorizado a una cooperativa relacionada a la FAA tiene concordancia con su postura frente a la rechazada resolución 125, de segmentar las retenciones a favor de los pequeños y medianos productores.

Nadie puede asegurar que la fuerte disputa dirigencial termine por dividir al campo, pero sí es factible que deje heridas difíciles de curar; más aún si se tiene en cuenta que Buzzi, aun con cuestionamientos a las políticas oficiales, viene solicitando más controles en la comercialización del trigo para evitar que "unos pocos grupos multinacionales" sigan ganando cifras millonarias a costa de los chacareros pymes.

Todas estas acusaciones cruzadas están poniendo las cosas donde históricamente estuvieron. La Federación Agraria en una vereda y los grandes terratenientes de la Rural y CRA en otra. De hecho, cómo se puede criticar a un dirigente -sea ruralista, gremialista o político- por defender a sus asociados. ¿O acaso Biolcati y Llambías alguna vez han pensado en los padecimientos de los productores que posean 20, 50 o 100 hectáreas, o poco más?

Es cierto que determinadas resoluciones del Gobierno beneficiaron a las multinacionales, que concentran el jugoso negocio de las exportaciones de granos; pero también es real que los K mejoraron las ganancias del campo y que aún tienen asignaturas pendientes con relación a una mejor redistribución de la riqueza. Esa es una batalla todavía más difícil y de largo aliento.
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