lunes, 31 de enero de 2011

Venezuela: Sin debate revolucionario viene el caos

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)

La ausencia de debate, de crítica y autocrítica revolucionarias, tanto en el plano interno como en el plano público, es la condición que conduciría irremediablemente a acabar con el proceso de cambios iniciado en Venezuela con el triunfo de Hugo Chávez en 1998. Tal carencia es, si no el origen, al menos el caldo de cultivo para un mesianismo errático que puede destruir los principales valores de la conducta revolucionaria e impide la construcción sostenida de una sociedad alternativa al capitalismo.

Desde esta columna, y también dentro de los limitados espacios internos de la militancia en el PSUV, hemos proclamado la urgente e insoslayable necesidad del ejercicio de la crítica y la autocrítica revolucionarias como el elemento central que lleva al conocimiento y a la verdad y, con ellos, a desechar lo impropio e impertinente, a corregir, a crear y al reimpulso de los procesos en una línea de construcción coherente. El abandono de estos instrumentos vitales va acumulando una montaña de errores junto con la más pavorosa ineptitud de muchos cuadros y militantes revolucionarios para apreciar la realidad, quienes, en nombre de una lealtad mal entendida, se someten irremediablemente a un estado de obediencia irracional, estado éste que en sí mismo es la negación de la condición revolucionaria. Ante estos obedientes se erigen algunos elegidos (designados) y, sobre todo, un mesías, capaz de desentrañar por sí sólo todos los misterios del proyecto, de formular un plan de acción, de diseñar las iniciativas y ordenar las acciones para cada coyuntura, los cuales (plan de acción, iniciativas y acciones) pueden variar a voluntad del mesías en cualquier momento, sin ninguna explicación, según la particular apreciación de éste de la correlación de fuerzas y las conveniencias. Tal conducta mesiánica está recubierta por una supuesta infalibilidad que proscribe toda opinión, examen o crítica.

Conducir una revolución exige coherencia y participación.

Sin duda que esta especial articulación entre el líder, los elegidos y la “base”, podrá servir para la conducción de una secta religiosa o, en un escenario de guerra, para dirigir la acción de un pelotón, tal vez hasta un batallón de combatientes militares, en un área reducida y en un escenario de alcance limitado dentro de una totalidad; pero nunca para dirigir un proceso revolucionario en un mundo interdependiente y en una sociedad compleja y plural, cuyos integrantes disponen de altos niveles de información, de mediano dominio de la ciencia y la técnica y de creciente voluntad para ejercicio de la democracia y la participación en el contexto de una experiencia histórica y de una legalidad que propone los más amplios derechos individuales, políticos, económicos, sociales y culturales. Las contradicciones saltarán de inmediato a la arena de la conciencia colectiva y formarán una madeja inextricable de confusiones que puede desembocar en un verdadero caos y en el colapso total del proyecto de transformación que se ha propuesto e iniciado. Este colapso no es inmediato, noo…; el mismo se va configurando en la medida que las contradicciones, los avances y retrocesos sin explicaciones generen confusiones cada vez mayores y más complejas, lo cual provoca en los obedientes una situación de incapacidad de ejercitar, incluso la obediencia, mediante la parálisis no solo del raciocinio, sino de la acción al no poder determinar el momento, el lugar de la acción y hacia donde dirigirla. El resto de la sociedad no directamente comprometido con los intereses del sistema de explotación capitalista puede experimentar diversos grados de de desconcierto e incertidumbre, los cuales junto con la insatisfacción de determinadas necesidades y la pérdida credibilidad de los dirigentes genera, primero un sentimiento y posteriormente una posición de separación y rechazo del proyecto de transformación en práctica e incluso contra las bases teóricas del mismo.

Habrá tiempo de corregir para evitar el caos?

La actual coyuntura tiene su punto de partida en la elección a la Asamblea Nacional y se caracteriza, entre otras cosas, por la existencia de un tercio de los electores (unos 5 millones) que permaneció expectante frente al proceso; de los que asistieron a votar un poco más de la mitad lo hizo por candidatos distintos a la fórmula apoyada por el gobierno, y aún cuando no se corresponde proporcionalmente con los votos obtenidos, la presencia en la Asamblea de más de un tercio de miembros que adversan al gobierno, frente a un quinquenio de actuación, casi sin contraparte en dicha Asamblea. Esta situación tiene la concurrencia del desastre de las lluvias que coloca en tensión a las fuerzas en pugna y que sirve de motivo para poner en práctica, desde la cúpula de la dirección política, la táctica de la concentración absoluta de facultades en el ejecutivo y especialmente en reforzar el liderazgo unipersonal y mesiánico del camarada presidente, lo cual se manifiesta fehacientemente a través de diversos medios y en especial una nueva Ley Habilitante (que se suma a otras cuatro otorgadas antes y esta vez por 18 meses, algo nunca visto), las repetidas transmisiones conjuntas de radio y televisión, la reiterativa presencia del presidente copando todos los escenarios, el descarado adelanto de la campaña presidencial utilizando la investidura presidencial y los medios de comunicación del estado para lanzar la autopropuesta (sin someterla a discusión dentro del PSUV ni sus aliados) y la actitud de poder personal absoluto desplegada por el presidente en cada una de sus intervenciones y decisiones (yo doy, yo decido, yo quiero, yo les digo, ehh tú… quiero que hagas cual, tráeme tal…, exprópiese…). No sabemos si en este estado de cosas y avanzado como se encuentra el rumbo al caos y al colapso, puedan tener efectos severas correcciones, en caso de que el camarada presidente se percate de la realidad y opte por aceptar esos correctivos; sin embargo volvemos a manifestar nuestra convicción de la necesidad del debate y del ejercicio de la crítica y la autocrítica revolucionarias, justamente para que la crítica de la oposición conservadora y regresiva no termine legitimando una vez más al sistema capitalista y se produzca una destrucción de todo lo que hemos avanzado y una restauración de lo transformado. Hace un año, ante la ausencia de debate y la persecución a la crítica, escribimos:

“Uno de los objetivos de la transformación social es la incorporación consciente de la población en el estudio y decisión sobre los problemas locales, regionales y nacionales. En la medida en que avanza el proceso revolucionario, avanza también la participación de los colectivos en los asuntos públicos y tal participación será, cada vez más, una participación con criterio propio de acuerdo con los intereses colectivos y adversando la conducta burocrática impositiva, ineficaz, indolente y corrupta que exista en los diferentes estratos de la función pública. Un gobierno y un partido revolucionarios tienen que promover esta acción crítica y participativa de los diferentes sectores de la sociedad. La consulta es para que la población emita su opinión, no para que manifieste su aprobación automática. La acción u omisión del gobierno y de los demás entes públicos está sujeta al escrutinio de la población que será afectada por las mismas. Por ello, esa conducta debe estar en consonancia estricta con los valores, principios y objetivos del proyecto general y de los planes que se han legitimado, así como con las normas legales, sociales y morales que rigen su comportamiento. Es la crítica, el debate y la acción popular la que permite mantener el proceso en sus cabales. Es lo que el presidente Chávez ha llamado parafraseando a Trotski “el látigo de la revolución”

La pluralidad revolucionaria motor del debate para avanzar

No todos los revolucionarios o sectores progresistas están en la misma organización política o social. Muchos de ellos no están incorporados a ningún partido y no por ello dejan de ser revolucionarios ni parte del pueblo o de los trabajadores venezolanos. Por tanto, no todos tienen la misma opinión ni el mismo criterio en torno a los planes e iniciativas en marcha. Es el debate a fondo de posiciones lo que nos hará avanzar al ritmo y con la consistencia necesaria para construir una nueva sociedad capaz de superar al capitalismo en todos sus aspectos y de lograr la solución definitiva de los graves problemas que hoy afectan a la mayoría.”

Hoy lo manifestamos de nuevo con el agravante de que poco se ha hecho desde la cúpula del poder político para corregir.

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