viernes, 4 de febrero de 2011

Crisis capitalista y revueltas populares (Parte II - Final)

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

II. Los mecanismos y agentes de formación y mantenimiento del consenso

La estrategia del sistema capitalista consiste en preservar su dominación si es posible con el consenso de las clases oprimidas y explotadas. El consenso de los explotados (que Gramsci llamó fase hegemónica del capitalismo) facilita el aumento de la rentabilidad del capital y reduce los costos políticos de la opresión.

Pero las clases dominantes, que son muy previsoras, tienen preparado un vasto arsenal, que incluye lo jurídico (estado de sitio, leyes antiterroristas, incriminación de la protesta social, etc) hasta el recurso puro y simple a las fuerzas armadas y policiales, a grupos paramilitares y parapoliciales, a bandas armadas de desclasados, a espías y provocadores infiltrados en los movimientos sociales, etc., para los momentos en que el consenso de “los de abajo” se resquebraja, crecen las protestas y las luchas y el sistema no quiere o no puede seguir haciéndole concesiones reales o vendiéndole “espejitos de colores”.

Los agentes productores de consenso tienen a su disposición esa formidable “arma de distracción masiva” que son los medios masivos de comunicación, que vehiculizan como información, seudoanálisis, debates, entretenimientos, etc., las distintas variantes de la ideología de las clases dominantes. La propiedad de esos medios de comunicación está sometida desde hace tiempo a un proceso de concentración, que se ha acentuado en los últimos decenios, formado por grandes conglomerados transnacionales que se ocupan al mismo tiempo de las actividades más diversas, desde la fabricación de equipos electrónicos para uso militar hasta el tratamiento y distribución del agua potable y la recolección de residuos.

Por ejemplo General Electric, que entre otras cosas produce piezas para la industria bélica, es propietaria de la National Broadcasting Company y de otras emisoras de televisión.

Socpresse (Dassault) y Matra – Hachette (Lagardère), que controlan casi toda la prensa francesa, son al mismo tiempo los dos más grandes fabricantes de armas de Francia.

Es decir que de la comunidad de intereses existente entre los grandes medios de comunicación de masa y el gran capital a través del capital financiero y de los presupuestos publicitarios, se ha pasado a una comunidad concreta de intereses a través de la fusión de conglomerados industriales de diversa naturaleza que incluyen medios de comunicación de masas.

Los agentes productores del consenso.

Las estrategias discursivas para hacer aceptar el sistema vigente por “los de abajo” no siempre funcionan con eficacia. Cuando la situación objetiva se hace insostenible para los “de abajo” y los “de arriba” no pueden o no quieren hacer concesiones (como es el caso actualmente), se producen las rebeliones o revueltas populares que se pueden transformar en revoluciones si “los de abajo” adquieren la conciencia de la necesidad de un cambio profundo en la sociedad y disponen de la organización necesaria para llevarlo a cabo.

Los encargados de que la gente siga pensando que el capitalismo forma parte del orden natural de las cosas, es decir los agentes productores del consenso, son el sistema educativo, las elites políticas y toda una serie de “especialistas” en toda clase de temas que gozan de una gran visibilidad mediática (economistas, juristas, académicos, “politólogos”, sociólogos, historiadores, filósofos, editorialistas, periodistas, etc.) quienes, aunque con discursos formalmente diferentes, tienen en común estar identificados ideológicamente con el sistema.

Su misión es hacer aceptar como inevitables, prácticamente como fenómenos de la naturaleza las catástrofes sociales inherentes al sistema capitalista y hacer creer que no hay alternativa viable a ese sistema.

Contribuyen de manera indirecta a esa producción de consenso hacia el sistema vigente (y a una más grande confusión ideológica en la izquierda) quienes se declaran solidarios con los regímenes llamados progresistas o revolucionarios, pasan por alto acríticamente sus extravíos, errores y abandonos, descubren las bondades de la economía de mercado y de la instauración de un “socialismo de mercado” (una verdadera contradicción en los términos), que conducen a conservar o a restablecer el sistema capitalista bajo un velo retórico que incluye meter en la misma bolsa a Marx y a Adam Smith con la pretensión de inventar una nueva teoría de la economía política.

Se equivocan: para comprender cómo funciona el sistema capitalista hoy, hay que estudiar a Marx y aplicar su método. A Marx se lo ha dado muchas veces por muerto. Pero siempre ha vuelto. Y esta vez -como escribió alguien- volvió para quedarse.

El método discursivo de los agentes productores de consenso no es espontáneo o improvisado sino que emplea diversas estrategias, que tienen algo de arte, a veces con ingredientes más o menos científicos, relacionados con los de la publicidad comercial. El primer escalón de ese método discursivo es la mentira, ya sea por omisión, por deformación o falsificación de hechos reales o por simple invención de hechos inexistentes.

La eficacia de la mentira está en relación directa con la autoridad del autor de la misma, ya sea ésta intelectual (especialista real o presunto en el tema) o funcional (Presidente, ministro, líder de la oposición, etc.).

Hay mentiras oficiales que han servido para desatar guerras, como la supuesta posesión por Irak de armas de destrucción masiva y otras con resultados menos cruentos pero utilizadas regularmente, como la falsificación y/o manipulación de estadísticas.

Otras estrategias más sofisticadas que la simple mentira utilizan los avances recientes de la publicidad comercial, que aplica los estudios de las neurociencias acerca del papel de los sentimientos y las emociones en la toma de decisiones del consumidor (por qué una persona compra un producto y no otro). En 2002 el Premio Nóbel de economía fue otorgado por el Banco de Suecia al psicólogo Daniel Kahneman por sus estudios en esa materia.

Aplicando esta metodología a los temas políticos, los agentes productores de consenso se empeñan en que su mensaje apunte a los sentimientos y emociones de los destinatarios del mismo, por ejemplo el temor, la inseguridad, la ira, la angustia o el placer.

La memoria histórica es un elemento importante en la formación de la conciencia colectiva autónoma, crítica y autocrítica , que puede ser un antídoto eficaz contra la hegemonía cultural e ideológica de las clases dominantes. Ese proceso de formación de la conciencia colectiva puede ser desviado por la falsificación, la tergiversación o la interpretación caprichosa de los hechos históricos, tarea en la que se especializan algunos intelectuales al servicio del sistema. Pero como casi siempre esos especialistas tienen una vocación pluridisciplinaria (se creen autorizados a opinar sobre todo) también se ocupan de tergiversar la actualidad.

El lenguaje, como vector de ideologías, ocupa también un lugar esencial para lograr el consenso y es por eso que las elites dominantes han perfeccionado el arte de la manipulación del mismo.

El oxímoron, es decir las frases que contienen dos términos o ideas antagónicos como si fueran coherentes, que se emplea en literatura (obscura claridad, silencio ensordecedor) es de uso común sobre todo en los mensajes populistas, de derecha como de izquierda. Quizás en ese sentido el más característico y de siniestra memoria es el nombre del partido hitlerista: nacional-socialista. Ya citamos como ejemplo de contradicción en los términos u oxímoron la expresión “socialismo de mercado” y podemos agregar la palabra “flexiseguridad” que se refiere a los contratos de trabajo flexibles que son todo, menos seguros.

Los graves daños sociales causados por las políticas ultraliberales, acentuaron el malestar de las clases populares. A fin de tratar de evitar una profunda crisis de consenso y que los conflictos se agravaran, se comenzó a hablar del “posliberalismo” o “posneoliberalismo” intentando disociar la noción de capitalismo de la de “neoliberalismo”.

La permeabilidad ideológica de la gran mayoría de la izquierda la llevó a adoptar ese discurso “antineoliberal” de la derecha, al parecer olvidando que el objetivo de la izquierda debe ser acabar con la explotación del hombre por el hombre, inherente al sistema capitalista en todas sus variantes.

En las prácticas del “marketing” comercial se ha ido evolucionando de la promoción de un producto a la de una marca (logo) y actualmente se está en la etapa de la promoción de una historia (“storytelling”, que podría traducirse como comunicación narrativa). Es decir no se vende solo un objeto o un servicio apoyado en la notoriedad de la marca sino una historia que envuelve a la mercadería. Por ejemplo el teléfono móbil de última generación que nos transportará a un mundo féerico donde caerán los muros de nuestra soledad. O el automóvil que nos permitirá recorrer paisajes increíbles sólos o acompañados por una familia que –dentro del automóvil ideal- respira felicidad.

Este método de marketing ha sido adoptado por la política para manipular las mentes. Por ejemplo Estados Unidos, que es, como se sabe, el paladín de la libertad y la democracia en el mundo, invadió Irak para neutralizar las armas nucleares y restablecer la democracia, ocupa Afganistán para ayudar a construir un Estado libre y democrático, etc.etc. Esa es la “storytelling” o comunicación narrativa sobre Estados Unidos. Pero la realidad es que cuando así conviene a sus intereses y a su geopolítica, Estados Unidos promueve y sostiene dictaduras sanguinarias o regímenes que, sin ser formalmente dictaduras, violan sistemáticamente los derechos humanos. Los ejemplos que pueden darse, históricos y actuales, son numerosos y abarcan todos los continentes.

El Gobierno argentino, que se autodefine como nacional y popular, cumplió, según él, un acto de independencia y patriotismo pagando al capital financiero internacional parte de una deuda externa espúrea e ilegítima. Y aprobó una ley de medios contando el cuento (storytelling) de que su objetivo era democratizar los medios de comunicación y ponerlos al alcance de las organizaciones sociales, con lo que logró el apoyo de todos los sectores “progresistas”. En la práctica esa ley ha servido para abrir de par en par las puertas del país a las grandes transnacionales de los medios masivos de comunicación .

Cuando un hecho manifiestamente negativo es inocultable, para calmar a la opinión pública se anuncian medidas para contrarrestarlo, las que en general nunca se ponen en ejecución. La crisis económico-financiera actual y las “medidas” anunciadas por las grandes potencias, por ejemplo en los shows mediáticos del G 20, es un ejemplo típico de ello.

Cuando deben aplicarse, sin posibilidad de ocultarlas, medidas antipopulares se emplea, como escribe Chomsky , la estrategia de la gradualidad, para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos y la estrategia de diferir, que es otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato .

Esta metodología tiene desde hace algunos años jerarquía de teoría político-económica. En 1996 el Centro de desarrollo económico de la OCDE publicó su Cuaderno de política económica nº 13 con un trabajo titulado La faisabilité politique de l’ajustement (La factibilidad política del ajuste) donde el autor se refería a los riesgos políticos del ajuste y a cómo evitarlos y escribía: los riesgos políticos de la estabilización dependen de las medidas que se tomen. Un buen calendario de su puesta en práctica, una constitución adaptada y un debilitamiento de los corporatismos (léase sindicatos) reducen los riesgos.

La última conquista del sistema en la materia de preservar el consenso anestesiando las mentes del ciudadano común son los videojuegos y los teléfonos móbiles multiuso. Además de constituir un negocio que proporciona ganancias exorbitantes (la gente renueva sin cesar los juegos y los aparatos para tener siempre el último modelo) es actualmente, después de la televisión, el instrumento paralizante del pensamiento autónomo (cuando no la causa de neurosis agudas) de los seres humanos más utilizado en el mundo.

Decenas de millones de personas en el mundo emplean la mayor parte de su a veces escaso tiempo libre para dedicarlo al uso de esos aparatos, “chateando” o entrando con los videojuegos en un mundo virtual del que muchas veces les cuesta salir. También puede suceder que transporten a la realidad ese mundo virtual y salgan a matar gente como acaban de ver en un videojuego.

Sin embargo, la telefonía y las redes electrónicas pueden convertirse en un arma de doble filo a medida que la cantidad de usuarios aumenta, pues puede ser un formidable medio de comunicación horizontal que, aunque en detrimento del insubstituible diálogo entre interlocutores físicamente presentes, logra sortear la comunicación vertical y unidireccional de los medios masivos de comunicación. Ha hecho la demostración de su utilidad en las revueltas populares en distintos países.

Las redes electrónicas tienen un inmenso potencial de acceso a la información de las fuentes más variadas y a las opiniones más diversas. Es mucho más provechoso emplear el tiempo disponible en la utilización de esa diversidad de fuentes para instruirse y formarse una opinión propia que descerebrarse con los videojuegos.

Fuerza es constatar que las crisis (ésta y todas la anteriores) son inherentes al sistema capitalista.

Hay quienes piensan que esta es la “crisis final” del sistema.

Las mayorías están haciendo la experiencia dolorosa de los estragos de la crisis actual y comienzan a rebelarse.

Las revueltas populares en Túnez y en Egipto sobre fondo de opresión, hambre y desocupación, que los medios conservadores y alguna gente de izquierda han calificado de “revolución” (distorsionando así la idea de revolución mediante la manipulación del lenguaje) se mueven dentro de marcos muy estrechos, porque a pesar de su masividad, el poder de decisión lo siguen teniendo las elites dominantes con el respaldo de las fuerzas armadas y con el apoyo explícito de las grandes potencias encabezadas por Estados Unidos, que se han pronunciado por una “transición ordenada” (cambiar algo para que todo siga igual).

Mubarak ha anunciado que se queda para dirigir la “transición” y el Ejército (financiado y abastecido por Estados Unidos a un costo de mil millones de dólares anuales) informa al pueblo que sus reivindicaciones han sido satisfechas y lo “invita” a retirarse de las calles.

En un comunicado del 2 de febrero, la Confederación Sindical Internacional denuncia la escalada de violencia que llevan a cabo contramanifestantes -dice el comunicado- fomentada por las autoridades. La CSI condena también la instrucción dada por las autoridades a los empleados de los servicios públicos y de empresas del Estado de colaborar con los contramanifestantes y denuncia los despidos de que son víctimas los empleados que participaron en las manifestaciones antigubernamentales.

Esta es la “transición ordenada” dirigida por Mubarak.

Los límites de estas revueltas populares se pueden explicar por el hecho de que el consenso de los oprimidos y explotados se mantiene en lo esencial, es decir que siguen considerando que el sistema capitalista y la economía de mercado está en la naturaleza de las cosas, que se puede mejorar pero no se puede cambiar.

Ello es así porque no han llegado a desentrañar la esencia de todos los mecanismos económicos, políticos, ideológicos y culturales de dominación y explotación y no han realizado que el capitalismo es un sistema social, como todos los sistemas sociales que lo precedieron, históricamente limitado y destinado por lo tanto a desaparecer.

Alcanzar esa etapa superior de la conciencia, que permitiría pasar de las rebeliones para echar a un gobierno dictatorial u oponerse a políticas marcadamente antisociales, a las revoluciones para cambiar el sistema , es por ahora muy difícil, a causa de los extravíos ideológicos y políticos de la gran mayoría de los partidos y movimientos llamados de izquierda.

Esto se podrá superar cuando los ciudadanos comunes se esfuercen, en base a sus experiencias cotidianas y a través de la reflexión crítica, por desterrar de sus mentes los totems y tabús ideológicos del sistema dominante y comprendan que no deben creer en promesas ni confiar en líderes providenciales y se dispongan a recuperar, en el marco de una sociedad democrática y participativa, el poder de decisión sobre sus propios destinos.

Ver también:
- Crisis capitalista y revueltas populares (Parte I)

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