miércoles, 2 de febrero de 2011

Ecuador: El fetichismo de la ley

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

La dominación siempre ha luchado por imponernos el fetichismo a la ley. Esa especie de veneración colectiva que posibilita el sometimiento de los más, e incluso el convencimiento de la intangibilidad de la misma. El fetichismo de la ley tiene también otro objetivo: el convencernos que la única y mejor forma de convivencia social está determinada por la normativa legal vigente, la que supuestamente protege a todos los miembros del cuerpo social por igual y a la propia sociedad, por lo que y en consecuencia, deben respetarse, venerarse.

El corolario es evidente, las virtudes de la Ley deben mantenerse para lo cual la dominación sabe que no basta la veneración, por la que debe complementarse con la coacción, esto es el uso de la violencia para imponer el poder normativo. En consecuencia, el fetichismo de la ley pretende dominarnos a través del respeto que supuestamente le debemos, y a la coacción, a la amenaza de la fuerza si la irrespetamos. El resultado es evidente, pretenden castrar nuestra iniciativa hacia la transformación y el cambio, toda vez que ello implica, precisamente, despojarnos de los marcos legales que responden a una situación social dada para construir el marco que corresponda a la utopía de la transformación que nos proponemos.

La premisa anterior permite avizorar la razón por la cual el debate generado por la propuesta de Consulta ha adquirido, a pesar de hallarse en los inicios del proceso, tal virulencia. La consulta y el referendo afectan directamente al poder constituido en el área de justicia, al área en que se ejerce la coacción. Efectivamente, las preguntas cuarta y quinta del referendo pretenden cambiar el principal instrumento de la coacción: el aparato judicial, hasta hoy bajo el control de las clases sociales desplazadas del poder político.

Pero la cerrada oposición también tiene otra explicación, afecta al poder económico: la tercera pregunta del referendo, y la primera y quinta preguntas de la Consulta plantean modificaciones en el ordenamiento económico. A lo que se agrega que la primera y quinta preguntas de la Consulta popular afectan al poder económico real de la dominación: la primera al incluir al enriquecimiento privado no justificado, base de enormes fortunas mal habidas, y la quinta al establecer castigo para la inveterada práctica de un importante número de empresarios.

Siendo ello así, no nos engañemos. El conflicto no pasa por el respeto o irrespeto a la Constitución como lo pretenden los aliados de hoy, enemigos de ayer. Ayer acérrimos defensores de la Constitución de 1998, hoy de la Constitución del 2008. Tampoco el conflicto pasa por el “respeto a la independencia de funciones”, independencia que, por cierto, nunca ha sido la tal si reconocemos las imbricaciones del poder económico con los poderes estatales: ejecutivo, legislativo y judicial; con los poderes fácticos, especialmente con el poder mediático y la iglesia. Si recordamos que el poder económico siempre ha supeditado todos los poderes a sus intereses.

No nos engañemos, ese es solamente el ropaje de una enorme obra de teatro que está montando la dominación, en la cual ellos son los actores principales, contando, desgraciadamente, como actores secundarios, como extras a las fuerzas de izquierda.

Es de esperar que los compañeros que siempre se alinearon y lucharon contra la dominación, que incluso formaron parte del proyecto de transformación con el cual hoy discrepan, sepan nuevamente reconocer cuales son las contradicciones principales, quien es el enemigo principal. Sepan reconocer que en el seno del pueblo, del cual ellos también forman parte, las contradicciones son secundarias.

Tendrán por cierto reticencias, sabores amargos, desamores, incluso resentimientos. Esto es explicable por lo mal que se han tratado contradicciones menores, pero no justifica su posición. No justifica que se amparen en las formas, en el escenario y no disciernan entre la condición, el origen, los intereses diferentes de los actores principales y de quienes dirigen la puesta en escena de esta obra.

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