martes, 1 de febrero de 2011

Ecuador: Institucionalidad e inconsecuencia política

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

El amigo José Laso, tiene la gran virtud de conducirnos con sus textos por recovecos de reflexiones pasadas, que han dormido en nuestra memoria. Sus “Próximos melodramas” [1], paradójicamente, nos ha conducido a negar su condición de tales para explicar los acontecimientos políticos recientes. Asumir que existe algo más profundo que los explica. Que no se trata tan sólo de que unos se queden y otros se vayan.

Que lo fundamental no es si las preguntas de la Consulta proceden o no. Si no, de cómo entendernos ante la institucionalidad y ante el proceso político en marcha. Que no se trata, entonces, de divergencias secundarias sino de contradicciones principales. Sino, como explicarnos esa conjunción de La Junta de Beneficencia y la UNE, del MPD con la Democracia Cristiana, de Pachakutik con el Partido Social Cristiano, de la Izquierda Democrática con la ex militancia del MIR, del semanario Opción con El Universo, el periódico En Marcha del PCML con El Comercio, de Alberto con Emilio Palacio, de María Paula Romo con María Josefa Coronel, de... y así sucesivamente.

Creemos, estamos convencidos de que ello solamente se explica por una falta de comprensión o por el abandono por parte de las fuerzas de izquierda de una verdad que siempre les fue propia, que todo proceso político de cambio y transformación, no se diga revolucionario, en algún momento debe, inevitablemente, entrar en contradicción manifiesta con la institucionalidad, con el statu quo, ya que, lo contrario, le conduciría a esterilizarlo políticamente, al convertirla en fuerza que defiende la institucionalidad a ultranza. En términos de teoría política, su actitud les habría convertido en demócratas burgueses, esto es en parte de quienes defienden la democracia formal, la normatividad que la sustenta y posibilita. Abandono, consciente o inconsciente, que los conduce a relegar la democracia real por la cual siempre lucharon, a pesar de que en sus discursos, henchidos de convencimiento y convicción, manifiestan preocupación por la igualdad y la justicia social, objetivo en el cual, siempre se plantearon, incluso en forma explícita, irrespetar todo el ordenamiento jurídico [2].

En otros términos, lo que sostenemos es que las fuerzas de izquierda han olvidado sus predicamentos e incluso su práctica política pasada. Han olvidado que casi en su gran mayoría siempre se pronunciaron por la construcción de la democracia real, por la democracia directa en lugar de la democracia representativa; por la independencia de clase y la consecuente no alianza con las fuerzas política de las clases dominantes; por luchar contra las imposiciones del poder extranjero por ser antiimperialistas se decían. Por ello , y mucho más, extraña que no adviertan que hoy confluyen, armonizan posiciones, se mantienen estrechamente unidos, casi fundidos con lo más conspicuos de los representantes de la clases dominantes; con ello y más por ellos que por sus propias convicciones la democracia directa, les es cada vez más lejana, incómoda; por ello, y en esta vez por sus intereses políticos concretos, se han convertido en acérrimos defensores de la Constitución y las leyes.

Todo ello extraña y sorprende, pero admira más este trajinar actual de la izquierda estrechamente unida, cual yuntas, con todas las organizaciones creadas por la CIA en toda América Latina para tratar de paliar el derrumbamiento de los partidos políticos tradicionales, como ellos mismos denunciaron. Han olvidado que para tratar de postergar la debacle final del sistema proliferaron, bajo esa égida y financiamiento, las participaciones ciudadanas, los somos, los poderes ciudadanos, los podemos, los observadores y veedores de toda laya, todos en ese mismo estilo y objetivos, los que se aposentaron en el quehacer político diario de nuestro países, crecieron y hoy son los críticos del proceso de transformación y consabidos aliados de esa izquierda que prometía defenestrarlos, exterminarlos.

Por ese abandono, por ese convertirse en burros pies de la derecha ecuatoriana, la izquierda no entiende o no quiere entender la intencionalidad de algunas preguntas. Cuando no quieren entender, la razón es evidente: son sus preguntas las que debían constar como nos plantea Edgar Isch del MPD [3]. Cuando no entienden, como lo reconozco y comparto, obedece a un enfoque comunicacional limitado del gobierno nacional: el olvido de que la información, en éste y en otros casos, es siempre mejor que la propaganda. Que la propaganda en solitario puede incluso crear adeptos incondicionales, más la transformación exige militantes enterados, formados, conscientes, aptos para el debate y la enseñanza. Los cambios propuestos para la distritalización de la justicia, hasta ayer, antes del informe semanal sólo lo conocía el Presidente y su entorno más cercano como lo señaló, a pesar de la importancia para sustentar dos preguntas. El concepto de independencia como acto de libertad, por primera vez lo utilizó el Presidente en la entrevista televisiva de ayer por la noche, a pesar de la importancia para defender las representaciones sugeridas. La sugerencia de incorporar normas de conducta fue sólo enunciado por el Presidente, la comunicación no ha realizado ningún acercamiento a este tema que dice a la lucha mediática.

Pero los defectos no solo responden al limitado enfoque comunicacional, otros son conceptuales. Buen ejemplo es la pregunta que limita el reconocimiento de un nuevo espacio para concretar la participación ciudadana en la comunicación. Otro, el privilegiar la relación intersectorial en comunicación relegando las formas de propiedad cruzada mucho más importantes para fortalecer la diversidad de voces y la democracia. El invertir la relación sectorial entre comunicación y otros sectores, no responde a la conceptualización fundamental que dice a la necesidad de reducir la influencia de lo comercial para mejorar la calidad de los contenidos comunicacionales.

Limitaciones más, limitaciones menos. Omisiones o cometimientos. Por cierto no invalidan la democracia directa. No convalidan un retorno y defensa de la democracia representativa. No justifican alianzas espurias con los enemigos de clase de siempre. No explican ese sentarse de la izquierda en el banquillo de la derecha. No puede tomarse como muletilla para abandonar las filas, hoy cuando se acercan batallas que marcarán el futuro de nuestras naciones.

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