martes, 1 de febrero de 2011

El atentado terrorista en Domodédovo destapa la vulnerabilidad de los aeropuertos de Rusia

Armando Pérez (RIA NOVOSTI)

El atentado terrorista perpetrado la semana pasada en el aeropuerto Domodédovo de Moscú destapó la vulnerabilidad de los aeropuertos de Rusia, blancos fáciles para las agrupaciones extremistas en guerra contra el gobierno ruso y la población civil como su víctima principal.

A pesar de las medidas de seguridad, que supuestamente existen en los aeropuertos rusos, el pasado 24 de enero a las 16.32 hora local de Moscú, un terrorista accionó entre 5 y 7 kilogramos de explosivos con esquirlas ocasionado la muerte de 35 personas y cerca de 180 heridos, la mayoría de los cuales siguen internados en hospitales.

La explosión, entre otras cosas, la primera que ocurre en el interior de un aeropuerto moscovita, ocurrió en una de las salas de recibo, es decir, donde el público se aglomera para a recibir a los pasajeros procedentes vuelos internacionales o internos.

Según expertos, el terrorista y supuestos cómplices, pudieron burlar los controles que como se supo después, son mínimos para las personas que entran al aeropuerto a despedir o recibir pasajeros.

Como en la mayoría de los aeropuertos del mundo, control de equipaje en Domodédovo se realiza en durante los trámites de aduana y embarque tanto para las salidas como para la entradas, pero esto resultó insuficiente.

Por lo visto, tampoco funcionó el sistema vigilancia en las salas de espera, recibo, pasillos y lugares de afluencia de público, porque ningún policía o agente de seguridad del aeropuerto pudo impedir que el terrorista activara su bomba entre el gentío.

Simultáneamente a las informaciones imprecisas sobre el número de muertos y heridos, o si el terrorista fue uno varios, fuentes oficiales informaron sobre serias irregularidades por parte de la administración del aeropuerto, sus estructuras de seguridad y también de la policía, tanto responsable de la seguridad ciudadana como las unidades encargadas de la seguridad del transporte.

El presidente ruso, Dmitri Medvéd en términos muy severos, se manifestó a favor de “sacudir” a la policía, pedir cuentas a los funcionarios responsables de la seguridad y reforzar las medidas antiterroristas en aeropuertos, estaciones de tren y terminales de buses en todo el país.

Es decir, la cuestión de seguridad para la población las anda tan mal que el Kremlin resolvió intervenir en asunto, y al día siguiente, el viceprimer ministro Serguei Ivanov anunció la destitución de cuatro funcionario de alto rango de la Inspección Federal de Transporte y otras entidades.

Además, Medvédev ordenó establecer un riguroso control a las empresas elaboradoras de materia prima y las productoras de explosivos, que en adelante deberán registrar y numerar cada unidad de producción.

Como interpretó la prensa, se trata de una medida radical, ya que teóricamente hasta ahora, los terroristas podían adquirir explosivos sin muchos problemas mediante sobornos e intermediarios.

Ante la vulnerabilidad de la población en los complejos de transporte, Medvédev nombró un nuevo viceministro del Interior con la función exclusiva de reforzar la seguridad en el transporte.

Pero los expertos opinan que con nombramientos y decretos es difícil solucionar el problema del terrorismo porque hay otros factores negativos que fomentan su propagación.

Como la desinformación, el caos informativo y la xenofobia que corroe las relaciones entre las etnias que viven en Rusia.

Citando fuentes oficiales, inicialmente la prensa reveló que la fiscalía estableció que el atentado en Domodédovo fue ejecutado por una banda terrorista, que planeó atentados terroristas en Nochevieja en Moscú.

Según la prensa, la banda no pudo cometer más atentados porque en el pasado 31 de diciembre, una mujer integrante de la banda murió al manipular una bomba en un pabellón situado en un club deportivo al suroeste de Moscú. Las circunstancias del incidente indujo a la policía a considerar que la mujer estaba implicada en el atentado terrorista en Domodédovo.

Pero al final, el comité de investigación de la fiscalía (CI) de Rusia anunció oficialmente que había establecido la identidad del autor del atentado en el aeropuerto moscovita y que el atentado en Domodédovo y la terrorista muerta en el club deportivo no estaban relacionados entre si.

Pero la cadena de desinformación ya estaba en marcha y complicó más la situación porque los servicios de seguridad detuvieron en Volgogrado (ciudad a unos 950 km al sureste de Moscú) a una supuesta cómplice de la mujer fallecida. Se trata de Zeinab Suyúnova de 26 años de edad que confesó haber estado preparándose para llevar a cabo un atentado suicida.

Las mismas entidades informaron sobre la detención de otros cuatro sospechosos de terrorismo y se expidió orden de búsqueda y captura contra cinco personas más, entre ellas el wahabita (extremista islámico) de origen eslavo, Vitali Razdobudko.

En consecuencia, el padre de Razdobudko por poco muere en manos de una muchedumbre que intentó lincharlo públicamente la semana pasada, agravando al máximo la confrontación y la intolerancia étnica en Rusia, tan o más peligrosa que el mismo terrorismo.

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