martes, 1 de febrero de 2011

La desestabilización del mundo árabe y la extrema derecha de Estados Unidos

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Cualquiera quisiera creer que las revueltas sociales producidas en Egipto y Túnez son movimientos espontáneos exclusivamente basados en coordenadas locales. Supongamos en principio que sea eso. Aún así, no es accidental que en estos movimientos predomine la dispersión ideológica, y que se junten en una misma trinchera liberales por la democracia de tipo occidental, con fundamentalistas para construir sociedades islámicas.

Ese arbolito de pascua no es creíble y el respetado diplomático y jurista Mohammed El - Baradei que aparece con un rol protagónico en la crisis egipcia, tendrá que recurrir a todo su arte de político de internacionalista para aplicarlo a las coordenadas locales y resolver la crisis.

El espectro es amplio. Está la moderación del antiguo y cultísimo liberalismo secular árabe que se opuso tanto a la invasión otomana, como a las overturas de soviéticos y americanos durante la guerra fría. Está en el otro extremo, la hermandad musulmana con respaldo masivo en los sectores de mayor pobreza, convertida en la expresión de mayor rigidez en la identidad religiosa del islamismo que se desea aplicar al mundo árabe. La encrucijada del mundo árabe es precisamente esa disyuntiva entre un liberalismo secular y abierto que naturalmente está expuesto a la influencia de otras culturas, y por otra parte la manifestación a ultranza de la identidad islámica de las sociedades, con un fuerte ingrediente de nacionalismo sobreprotegido de la influencia occidental, sea cristiana o judía.

El -Baradei está frente a una tarea titánica porque su liderazgo no es de la aceptación inicial de toda la oposición por esa dispersión, y además, porque las fuerzas del liberalismo y la hermandad musulmana son radicalmente opuestas.

Ese mundo políticamente aséptico que rodea a estas manifestaciones, es quizás el peor escenario para negociar. Desde el origen, estas revueltas por democracia en Túnez y Egipto responden a motivaciones bien deslavadas en cuanto al punto de vista ideológico. De una información donde predominan más los deseos, las opciones y las vocerías, que el dato duro y el análisis, se desprende que estas revueltas se reducen a la intención de despachar el gobierno existente. Es así que se hace difícil saber el proyecto de sociedad, el “para qué se organizan”, más allá del objetivo de derribar un régimen. Un ex -funcionario egipcio del sistema de naciones unidas señala: “No es descriptible en las manifestaciones la sensación de que: “Esto es lo queremos como población para el país”.

Los problemas políticos de última generación en el mundo árabe, no los históricos de raíces, vienen incubándose desde la posesión colonial de los territorios. Como territorios independientes, los estados asumidos se han reconstruido bajo un contexto de tensiones locales y determinantes externas no resueltas hasta ahora. Así como en muchas otras partes, el colonialismo fue y es asfixiante y en este sentido el rico y poderoso mundo árabe no ha tenido respiro. Es así que en aras de la gobernabilidad se ha optado en general por regímenes autoritarios o militares como el que ha prevalecido en Egipto por más de 30 años bajo Hosni Bubarack, el mismo un ex -oficial de la fuerza aérea.

Aún así, el problema fundamental que destila en los acontecimientos actuales se origina a partir del plan de democratizar el mundo árabe, referido a las naciones ubicadas alrededor del golfo pérsico y el medio oriente. Es allí en esa zona y en ese plan, donde se gesta un diseño maestro de cambiar regímenes promovido por la alianza transatlántica aunque liderado por Estados Unidos bajo la administración de George W. Bush con la fuerte impronta de la extrema derecha republicana, encarnada hoy en los Tea Party. En este plan la ONU ha tenido un rol técnico protagónico como institución de validación internacional. Al ser gestado bajo el patrocinio oficial de la ONU, y al que concurren los países árabes con sus profesionales, el objetivo del plan consiste en transformar progresivamente los marcos políticos de las naciones árabes, y que permitan formar democracias basadas en una representatividad amplia y de legitimidad comprobada.

El proceso de formular este plan, que se inicia con estudios preliminares a comienzos del 2000 y que desemboca en un documento en 2002, sufre dos embates. Primero el ataque a las torres gemelas en 2001, y después la invasión a Irak en 2003. La lucha internacional contra el terrorismo que asume la ONU empantana la formulación del este plan. Sin embargo la construcción del arsenal de ideas y de redes ciudadanas enfocadas a cambiar los regímenes autoritarios y formadas en este período, no cesó y lo que se sembró es lo que se está cosechando ahora: revueltas populares con variada representatividad de intereses pero aséptica en lo político e ideológico como bloque.

La estrategia de revueltas populares con membresía variopinta y asépticas ideológicamente se han observado últimamente en Irán y Myanmar, auque su diseño anterior proviene de la administración republicada de Ronald Reagan en proyectos de desestabilización de gobiernos como el sandinista en Nicaragua.

El reclamo del gobierno de Arabia Saudí es sintomático cuando reitera que “el mundo árabe no se dejará intervenir y que se deberá respetar la autonomía y la independencia del mundo árabe” (The New York Times. 30 enero 2011). Es claro que el gobierno saudí está reclamando de que algo está saliendo fuera del carril y de los compromisos y ellos como nadie, saben cómo funciona la derecha republicana neoconservadora, especialmente la que instala a George W. Bush.

Lo importante es dilucidar por qué se produce esta aceleración de las protestas sociales en momentos en que el principal tema de discusión política en Estados Unidos es el presupuesto fiscal para el Departamento de Defensa. Los republicanos se oponen a la reducción de un 10% durante cinco años - hoy asciende US 708.2 mil millones- y que el enorme déficit fiscal de cerca 1.5 trillones de dólares, sea reducido en otras áreas meno en defensa cuando se enfrentan dos guerras. No se puede descartar la lucha ciega de los lobbies de la industria del armamento presionando a redes políticas para desatar coyunturas desestabilizadoras en los países que justifiquen un alza en los presupuestos para armamentos.

Ante esta alternativa única del discurso republicano de provocar y apaciguar conflictos o guerras, el Gobierno de Barack Obama como se refleja en el reciente discurso del estado de la Unión ha optado por la estrategia de la “Innovación” en todas las áreas de la producción humana para influir, en oposición a la generación de conflictos para dominar por la fuerza. Es un mensaje inequívoco respecto hacia donde se dirige el cauce del liderazgo de Estados unidos en el mundo.

En un mundo transnacional que obtiene dinero a raudales, pero en declive político y económico, y con el advenimiento de nuevas potencias económicas, la monserga del antiimperialismo tradicional sufre de la misma fatiga que la del propio imperialismo convencional. No solo se desplomó el socialismo soviético, también se está desplomando el imperialismo convencional de Estados Unidos y por extensión el de Europa también.

Las cartas están echadas entre demócratas y republicanos y es probable que a nivel global esas cartas ideológicas también estén echadas. Esas son la legión de partidarios de las polarizaciones que desequilibran para obtener ventajas políticas, en oposición al otro bloque ciudadano que busca argumentos para la negociación. La historia ha demostrado que en los períodos de polarizaciones agudas, las castas guerreras han predominado por sobre las castas que protegen la reflexión y la invención productiva y no destructiva.

Cuando el mensaje por la democracia se transforma en democracia como un fin en si mismo, (sin definir para qué), es lo mismo que la política por el poder. No es paradójico. En general las revueltas políticas son populares hasta cierto punto, porque al final el diseño temporal es definido por las elites, a menudo las mismas que acogen regímenes dictatoriales.

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