martes, 1 de febrero de 2011

Los hipócritas “reconocimientos al Estado palestino” de gobiernos burgueses de todo el planeta y la verdad sobre la coyuntura

Héctor Menéndez (especial para ARGENPRESS.info)

En un artículo de Shlomo Slutzky Clarín informaba el 7 de enero del 2007: En medio de enfrentamientos violentos entre militantes de ambas organizaciones en diferentes poblados de la Franja de Gaza, el parlamentario de Hamas, Moshir El Masri, denunció un complot de EE.UU. para producir la caída del gobierno de Haniyeh, quienes llegaron al poder por el voto popular casi un año atrás.

Pronto se sabría que Israel le entregó 100 millones de dólares y “contrabandeó” armas para que el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, reforzara la lucha armada de Al Fatah y derrotara militarmente al gobierno legítimo del primer ministro Ismail Haniyeh. Un acuerdo de la fascista e imperialista burguesía israelita con la burguesía árabe para desconocer el resultado electoral y destruir la amenaza que para ambas burguesías y para el imperialismo representaba y representa Hamas en Palestina.

Hezbollah en el Líbano y Hamas en la Franja de Gaza, por encima del fundamentalismo religioso, son las formas que toma la lucha inclaudicable de las masas árabes frente al genocidio constante por la claudicación política en la lucha antiimperialista del nacionalismo burgués, del nasserismo y de la clase dominante parasitaria de los reinos y emiratos árabes. Hamas y Hezbollah son los restos concentrados de la tradición heroica de las masas palestinas, sometidas al histórico sojuzgamiento nacional del imperialismo, inglés, francés, coronado por el enclave colonial israelita del imperialismo desde 1949, convertido en una base militar de los EE.UU. y en un Estado fascista, con la connivencia de la burguesía mundial.

La partición de Palestina, separando militarmente a Cisjordania, arrebatada al gobierno legítimo de Ismail Haniyeh que triunfara electoralmente - tanto allí como en la franja de Gaza - fue enfrentada heroicamente por Hamas con el apoyo militante de la población. El bloqueo total y sangriento del ejército imperialista de Israel, que pretendió someter por hambre y fuego al gobierno de Hamas en Gaza para derrotar al conjunto de las masas palestinas y ponerlas bajo la dirección y el gobierno reaccionario de la burguesía árabe representada por Mahmud Abbas se hizo, no solamente con el acuerdo espurio y contrarrevolucionario del gobierno fascista israelí con Abbas y toda la burguesía árabe, sino también con el consentimiento de la burguesía mundial.

Los 1600 documentos secretos que publica ahora Al Jazzeera prueban, que en las conversaciones entre la ANP e Israel, Abbas y la burguesía árabe, estaban dispuestos a entregar todo el territorio ocupado ilegalmente por las nuevas colonias israelitas, abandonando además la demanda de la repatriación de los refugiados (Clarín, martes 25 de enero). Este antecedente fue la causa que explica el reconocimiento diplomático en cadena de los gobiernos burgueses de América Latina y del mundo. A pedido de Obama, “reconocieron” el Estado palestino en abstracto presionando al gobierno fascista de Israel que, entusiasmado con su proyecto del “gran Israel”, ha desarrollado intereses reaccionarios propios y resiste la política que en la coyuntura necesita su mandante norteamericano. La lucha heroica de las masas palestinas se ha convertido en fuente de inspiración del mundo colonial contra el imperialismo y esta lucha inestabiliza la dominación burguesa en los distintos países e irrita las relaciones de EE.UU. con los demás.
Aún con las otras potencias imperialistas.

El 6 de enero cuando el gobierno argentino, siguiendo a Brasil, “reconoció” diplomáticamente el Estado Palestino se me agudizó la preocupación por definir las razones de la política del gobierno kirchnerista con respecto a Israel, que contradecía abiertamente la política nacional del movimiento latinoamericano, donde Argentina se inscribe. Mientras Venezuela rompía relaciones con Israel cuando este atacó la flotilla pacifista que llevaba alimentos para la Franja de Gaza desde Turquía, CFK miraba para otro lado y agitaba la denuncia de Irán en todos los ámbitos internacionales. Luis D’ Elia criticaba. El reconocimiento de Palestina aparecía como una revisión de esa política. Me quedé dudando. Cuando el “reconocimiento” se generalizó agregándose gobiernos reaccionarios como Chile, Perú y Colombia, mis dudas aumentaron. Luego vino el reconocimiento de Rusia y demás países. Cuando el martes apareció la denuncia de Al Jazeera y Pedro Breeger, el comentarista de política internacional del canal oficial, muy informado sobre Israel, confirmó la noticia y criticó al gobierno israelí por negarse a firmar un acuerdo a pesar de las concesiones – léase entregas – de la burguesía árabe, “me cayó la ficha”. El reconocimiento diplomático del Estado palestino era una política acordada con los EE.UU. por la burguesía de todos los países para presionar al gobierno y al Estado fascista de Israel cerrando el conflicto con la traición de la burguesía árabe y la ANP.

Digo traición, no porque alguna vez confiáramos en la burguesía árabe ni de ningún país, sino porqué la maniobra de la “partición” del territorio palestino entre Cisjordania y Gaza fue ocultada, olvidada, por la prensa de todo el mundo, aún de la prensa “izquierdista”, y esta nueva maniobra del reconocimiento está montada en ese ocultamiento.

Pero estas maniobras tienen las patas cortas. El pajonal se está secando. Las llamas del movimiento antiimperialista de América Latina cruzaron el Atlántico. Las masas árabes de Túnez, de Argelia, de Egipto, del Yemen, del Líbano, con su decisión heroica y libertaria están sacudiendo hasta sus cimientos los regímenes burgueses dependientes. No tienen aún claridad sobre el mundo nuevo al que aspiran, pero han resuelto sacudirse el sometimiento colonial y social, derrocando a las dictaduras sostenidas por el imperialismo.

Las masas de las metrópolis imperialistas europeas en crisis, están recibiendo ya el impulso de las masas árabes. Como en el anterior período histórico de ascenso luego de la II Guerra, la iniciativa está en el mundo colonial. La tarea política, teórica y organizativa que los revolucionarios socialistas tienen por delante es enorme: preparar desde el mundo colonial el asalto a las metrópolis poniendo en combate en ellas a su clase obrera y a sus masas explotadas. La opción sigue siendo la misma: revolución socialista o la barbarie de una nueva guerra imperialista. Esta vez con armas de destrucción masiva.

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