miércoles, 2 de febrero de 2011

México: La amenaza de Janet Napolitano

Eduardo Ibarra Aguirre

Primero la frase tal como la pronunció la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos: “Por eso hoy les digo a los cárteles: ni piensen en traer su violencia y tácticas al otro lado de esta frontera. Serán enfrentados con una respuesta aplastante y vamos a continuar trabajando con nuestros socios en México para desmantelarlos y derrotarlos”.

La tronante amenaza, expresada durante una conferencia que dictó en la Universidad de Texas en El Paso, estuvo acompañada de la advertencia de que “estamos profundamente preocupados” por la violencia ligada al narcotráfico”. E hizo una gran revelación, por lo menos para ella: “Sabemos que estas organizaciones están buscando minar el estado de derecho en el norte de México”.

Mientras Napolitano descubrió el hilo negro, la vecina Ciudad Juárez, Chihuahua, concentra la tercera parte de los asesinatos dolosos cometidos en el país desde que Los Pinos, en alianza subordinada con la Casa Blanca, emprendió una guerra que Felipe Calderón ya denomina lucha, debido a las consecuencias jurídicas internacionales, como las analizadas en el Comité de la Organización de Naciones Unidas para los Derechos del Niño, en Ginebra, donde un colectivo de organizaciones no gubernamentales documentó que de “25 mil a 30 mil adolescentes” estarían vinculados a la guerra del narco, misma que “ha cobrado 35 mil muertos desde diciembre de 2006”. Raudo y veloz, el representante de Calderón precisó: “En México no existe conflicto armado alguno”. ¿No que no reculaban?

Lectura obligada de la amenaza de Napolitano es que mientras los poderosos corporativos comercializadores de narcóticos allende el río Bravo, concentren sus labores en satisfacer la tolerada e insaciable demanda de los consumidores sin mediar violencia, no serán molestados seriamente por el vasto aparato policiaco y los órganos de inteligencia que se coordinan desde Seguridad Interior.

Por lo demás, esta práctica está respaldada ampliamente por la ausencia de acciones estadunidenses para hacer decomisos de importancia y capturar capos y sicarios de primera línea, con la excepción –que confirma la regla-- del golpe dado recientemente a la mafia italiana.

Uno de los elementos clave en la estrategia estadunidense es que Colombia, primero, y ahora México, además de cuanto gobierno de país centro y suramericano lo permita, realicen el trabajo sucio que implica poner los muertos y comprar las armas gringas, para que desde allí se combata el abastecimiento de narcóticos al mercado más vigoroso del orbe, mientras una porción de estadunidenses vive en la galaxia, en el viaje, en forma permanente o temporal. En tanto que 500 mil burreros saturan las cárceles, los capos operativos y no se diga los financieros brillan por su ausencia, vinculados como están a personajes de la elite gubernamental.

Pero donde de plano el cinismo de Napolitano rebasó límites, fue al poner en el mismo plano a los narcotraficantes, los contrabandistas y los inmigrantes, quienes tienen ahora la probabilidad “más alta que nunca” de ser detenidos, gracias al “esfuerzo sin precedente” de Barack Hussein Obama para proteger la frontera sur del imperio, donde existen algunas de la ciudades, como El Paso, más seguras de la Unión Americana. Y ostentó como trofeo de guerra la cifra récord de 779 mil deportados en dos años.

Tan segura es la ciudad que a poca distancia de donde disertaba Napolitano, se encuentra el hotel donde pernocta y cenaba tranquilamente Luis Posada Carriles, uno de los terroristas más denunciados en América, y quien todo indica ingresó ilegalmente a Estados Unidos por la frontera “segura” con México.

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