martes, 22 de marzo de 2011

¿Apenas un feriado más?

LA ARENA

La expansión de la industria del turismo producto de la recuperación económica que ha beneficiado a una gran cantidad de hogares argentinos se viene traduciendo en los últimos años en sucesivos quiebres de records de ocupación hotelera en playas y sierras apenas asoma un fin de semana largo. Pero este indudable estímulo a un segmento de la economía que muestra avances y resultados como nunca antes parece influir en medidas gubernamentales de dudoso efecto a largo plazo.

Es sabido que el "año real" -el laboral y escolar- comienza en marzo y no en enero. El fin de la temporada estival y, por lo tanto, de las vacaciones, hace que buena parte de los argentinos retomen sus actividades habituales, en el mundo del trabajo los adultos, en los colegios y universidades los chicos y jóvenes, durante el tercer mes del calendario.

Este año, apenas iniciado marzo, se registraron dos feriados de carnaval; a los pocos días, otros dos por el 24 de marzo y el viernes "sándwich"; luego será el turno del 2 de abril, que por esta vez será sábado, y luego vendrá semana santa. Es decir, una seguidilla de, nada menos, siete feriados ni bien comienza la actividad laboral y educativa. No parece ser el mejor ejemplo para estimular la cultura del trabajo.

Pero en estos días es el aniversario del golpe de Estado de 1976 el que merece ser observado con mayor atención. Es un feriado instaurado para recordar el que fue, quizás, el día más aciago en la historia de este país, el día que asumió la dictadura militar más feroz y la que instauró el terrorismo de Estado en su máxima expresión. Los pampeanos que no estaban muy enterados de lo que ocurrió en aquel oscuro período en su propia provincia pudieron ver el año pasado, con el juicio a los militares y policías locales, cómo operó la represión aquí y a qué niveles de salvajismo llegó para acallar cualquier voz disidente.

Como este año el 24 de marzo es jueves, el gobierno nacional "inventó" otro feriado, el viernes, para generar un "fin de semana largo". Así, lo que debiera ser una jornada de reflexión, de recogimiento, en recuerdo de los treinta mil argentinos desaparecidos y del desastre social y económico que padeció el país bajo aquella ominosa dictadura, se convirtió por obra y gracia de un estímulo a la industria del turismo, en otra sucesión de días feriados propicios para el esparcimiento.

Está muy bien que la industria "sin chimeneas" del turismo sea defendida, que progrese y que tantos argentinos tengan la ocasión de viajar, conocer lugares y disfrutar. Lo que no está bien es que esa actividad recreativa tenga lugar a expensas de una fecha que debería merecer otro tratamiento. Justamente, esta vez, se inaugurará en Santa Rosa un monumento proyectado y construido por uno de los más prestigiosos artistas pampeanos en memoria de las víctimas de la represión. En el mismo momento en que se desarrolle ese acto inminente -que llenará de emoción los corazones de los que fueron y son conscientes de su significación- miles de pampeanos estarán "en otra", disfrutando de una serie de feriados indignos de ser considerados así. Y el Estado, en lugar de promover ese acto de memoria colectiva, esa suerte de pacto social que nos comprometa como sociedad con un "nunca más" el retorno a gobiernos dictatoriales, fomenta una actitud distractiva. Y no por falta de feriados, pues, como se dijo, hay abundancia de ellos en esta altura del año.

Hay una contradicción flagrante en esta situación. La ley que le dio carácter de feriado nacional al 24 de marzo, estableció que es inamovible, es decir, que no se puede "trasladar" al lunes más próximo como ocurre con otros. El propósito es que, justamente, no se convierta en un "feriado largo" propicio para el descanso sino que mantenga su carácter de jornada de reflexión. Este año esa intención quedó absolutamente desdibujada al convertírselo en un día más de un período de mini-vacaciones.

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