jueves, 31 de marzo de 2011

Brevísima historia de la ONU (Parte IV)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)
.

Cuentan que en Yalta tuvo lugar el siguiente diálogo:

-Roosevelt: La Carta de la ONU debe ser lo suficientemente perfecta como para impedir que alguna potencia pueda dominar al mundo.

-Stalin: Excepto Alemania, no conozco a ninguna otra potencia que quiera ella sola dominar al mundo; es mejor cuidarse de los pequeños.

-Churchill: “Uncle Joe” tiene razón: unidos son peligrosos.

Entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, mientras las tropas soviéticas marchaban sobre Berlín; las huestes de Eisenhower avanzaban desde Normandía y en el océano Pacifico, MacArthur ponía a Japón contra las cuerdas, los líderes del momento volvieron a reunirse, esta vez en territorio soviético. Sólo uno de ellos sabía que en Nuevo México Robert Oppenheimer preparaba la prueba de la bomba atómica. Era febrero de 1945, en Yalta, los Tres Grandes efectuaban un convite de ganadores.

Stalin llegó a Crimea desde Moscú en tren; mientras Roosevelt que por primera vez viajó en avión, con escala en La Valeta, Chipre, lo hizo en un C-54 Skymaster, el primer Air Force One, “La Vaca Sagrada”. Churchill aceptó los argumentos de que, debido a la presencia alemana en Creta, el viaje en avión era más seguro. Ambos líderes fueron acompañados por unos 700 expertos que viajaron en otros 20 aparatos idénticos. Cuentan que Stalin bromeó: ¿Por qué mejor no me reúno con los asesores?

Los invitados fueron recibidos por Viacheslav Molotov, Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores, (el mismo que en 1939 negoció el pacto Stalin-Ribbentrop). En el aeropuerto estaban también: Edward Stettinius, Secretario de Estado de Estados Unidos, y Averell Harriman, embajador norteamericano en Moscú. Exultante como anfitrión, Stalin, dispuso de tres palacios: Livadia para Roosevelt, Vorontsov para Churchill reservando para sí el más modesto de Yusúpov.

Debido al saqueo nazi hubo que allegar muebles desde otras ciudades para habilitar las instalaciones palaciegas, a Roosevelt le correspondió el menaje de casa extraído del hotel Metropol de Moscú. Una vez alojados, el líder soviético pasó a saludar; primero a Churchill y luego a Roosevelt.

Debido al inminente fin de la guerra, era el momento para adoptar las decisiones principales. En total se efectuaron 3 reuniones plenarias en las cuales participaron 28 personas: 10 soviéticos, igual número de norteamericanos y ocho británicos. A la derecha de Stalin estaba Molotov, con Churchill se encontraba Eden y con Roosevelt Stettinius y Marshall. Durante la cena (se sirvió caviar blanco y pollo frito al estilo de Luisiana), Roosevelt bromeó comunicándole a Stalin que a sus espaladas Churchill lo llamaba el “Uncle Joe” (tío Joe).Molotov aclaró que desde hacía dos años la KGB estaba enterada del chiste.

Como era habitual en estas citas, los Tres Grandes tomaban decisiones políticas y militares y sobre asuntos mundiales, sin encomendarse a ninguna otra instancia ni consultar a ningún organismo; si alguna vez hubo un liderazgo mundial y el mundo fue gobernado como un campamento, fue entonces y por aquella triada. En conjunto, entre otras cosas decidieron:

Declarar liberados a todos los países de Europa (excepto Alemania), efectuar elecciones y constituir gobiernos. Desarmar, desmilitarizar y dividir a Alemania en cuatro zonas; así como establecer las indemnizaciones que debería pagar Alemania. Restablecer la soberanía de Polonia y contribuir a la unión de Yugoslavia. La Unión Soviética se comprometió a declarar la guerra a Japón tres meses después de la rendición alemana y se pospusieron los detalles sobre temas relacionados con ajustes fronterizos y el castigo a los crímenes de guerra.

Los líderes de las tres potencias vencedoras fueron informados de las conclusiones de los trabajos en Dumbarton Oaks para la creación de lo que sería la organización de Naciones Unidas y de los obstáculos que se presentaban ante el desacuerdo de varios países, especialmente latinoamericanos liderados por Cuba, Colombia y Australia que consideraban excesivas las atribuciones del Consejo de Seguridad para usar la fuerza y objetaban el veto en poder de los miembros permanentes.

Stalin propuso que todas las repúblicas de la Unión Soviética ingresaran como “estados miembros”; a lo que Roosevelt ripostó sugiriendo lo mismo para cada estado de la Unión Americana y, en broma, Churchill sugirió idéntico trato para Escocia y Gales. Finalmente se aceptó el ingreso de Ucrania y Bielorrusia.

En lo relativo al Consejo de Seguridad y al veto, Roosevelt, Stalin y Churchill no cedieron ni “tantito así”. Mantuvieron la propuesta de Dumbarton Oaks y desde allí convocaron a la Conferencia de San Francisco. Las invitaciones fueron cursadas el 5 de marzo de 1945 y su texto incluía las “sugerencias” sobre el Consejo de Seguridad y la forma para adoptar las decisiones y que, dicho sea de paso no mencionaba la palabra “veto”:

“…Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todas las demás cuestiones serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros, incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes…”

Concluida la cita se emitió un comunicado en el cual se daba cuenta de que: “Hemos resuelto el establecimiento de una organización internacional para mantener la paz y la seguridad…Los fundamentos se pusieron en Dumbarton Oaks, sin embargo no se ha llegado allí a un acuerdo en la cuestión del procedimiento de votación. La presente Conferencia ha podido resolver esa dificultad…”

A su vez el presidente Roosevelt al comparecer ante el Congreso el primero de marzo declaró: “…Las decisiones finales van a ser tomadas conjuntamente y, por lo tanto, serán a menudo el resultado de un compromiso…Pero estoy seguro que bajo los acuerdos alcanzados en Yalta habrá una Europa más estable políticamente que en cualquier tiempo pasado…”

La suerte estaba echada, excepto que entonces sólo ellos lo sabían. La criatura por nacer sería un organismo teratogénico. La ONU crecería pero crecería deforme. Libia no es la única víctima del veto, tampoco la última, apenas la más reciente. Luego les cuento. Allá nos vemos.

Ver también:


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.