Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)
Siempre, o casi siempre, cuando no escribo ensayo (que no publico), escribo sobre virtudes y sobre acciones públicas abominables, execrables y pecados nefandos; escribo de desviaciones y de manipulaciones de poder, de contrasentidos y de necedades también públicas; de abusos institucionales; de la tergiversación de los hechos y de los pseudo razonamientos de que son capaces los políticos, los periodistas, los falsos intelectuales y los ideólogos. Y también salgo al paso de las mentiras y de las omisiones insultantes -eso que se ha dado en llamar "mirar a otra parte"- de los poderes, tanto de los reales como de los aparentes. Todo lo cual nada tiene que ver con charlatanear o discurrir o discutir de política; de la que, por cierto, el filósofo Epicuro aconsejaba a sus discípulos mantenerse alejados si querían evitar que su alma y su intelecto se contaminaran de cualquier inopinada patología.
No es, por ejemplo, hablar de política llorar en estos momentos porque unos gobiernos avaros de petróleo y criminales aplastan a Libia, amparados en una rebuscada legalidad de la ONU y del Consejo de Seguridad, con la pasividad de otros miembros, sabiendo, además, quienes son los que manejan la ONU y cómo se las gastan. Y todo, para apropiarse rápida y directamente de yacimientos de petróleo: la misma treta que usaron para arramplar con el de Irak, y la misma para ocupar Afganistán y extender la red de oleoductos. No es escribir sobre política cuando uno estalla de indignación al recordarles y preguntar a toda esa canalla, por ejemplo: ¿Por qué no decidieron zonas de exclusión o no invadieron y ocuparon Chile cuando otro sanguinario dictador masacraba, ese sí, a su pueblo durante años?
Pues bien mi discurso es sociológico, antropológico o moral, y, cuando se trata de ciertos acontecimientos siempre contiene recriminaciones vinculadas al imperativo categórico kantiano que se formula así: "que tu comportamiento y tu pensamiento sirvan de ejemplo universal". Y la conducta de los criminales de guerra que van a depredar Libia, como antes maniobraron para invadir Afganistán e Irak, ¿sirven de ejemplo universal a los pueblos y a sus hijos? No. De acuerdo a ese principio es indiferente que la ONU y el Consejo de Seguridad hayan dotado de “legalidad” al ataque contra Libia, lo mismo que antes dotaron de ella a las precedentes invasiones que aún colean. Tan indiferente es, para los bien nacidos esa artificiosa legalidad, como lo es la "legalidad" de que han revestido Estados bárbaros del mundo la pena de muerte. La pena de muerte es una iniquidad, y punto. E iniquidad es esta canallesca y farsante legalidad en la que se escudan gobiernos canallas para laminar ahora a Libia.
Quien no comparta el núcleo de esta idea será simplemente para nosotros un desalmado y un cínico que maneja dobles morales. Y desde luego este país está plagado de ellos, tanto por la derecha como por la izquierda. Y luego serán tan desvergonzados que se atreverán a pedirnos nuestro voto...
Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.
