miércoles, 2 de marzo de 2011

Panamá: Impacto ambiental. De minería y finanzas depredadora

Tony Henríquez (PRENSA)

Lo que está ocurriendo en Panamá con la minería no es más que otro ejemplo de las consecuencias del alza de precios de los metales (como el oro, que está al precio más alto de los últimos 30 años, arriba de $1,400 la onza), lo que ha hecho atractiva la búsqueda implacable de estos metales.

El capital local y el extranjero (incluyendo gobiernos extranjeros) están haciendo lo imposible para persuadir al pueblo con promesas de mejores tiempos para poder explotar estos recursos (que resulta que están bajo nuestros fértiles suelos, y de los que dependen cientos de miles de campesinos, indígenas y gran parte de la población) y lograr la máxima ganancia en la operación de extracción de estos metales sin importarles cómo se afecte la población que se encuentra en estas áreas o en comunidades que están a lo largo de los ríos que nacen cerca de las minas.

La minería a cielo abierto es una actividad industrial de alto impacto ambiental y cultural; es insostenible por definición, en la medida en que la explotación del recurso supone su agotamiento. Devasta la superficie, modifica severamente la morfología del terreno, apila y deja al descubierto grandes cantidades de material estéril, produce la destrucción de áreas cultivadas y de otros patrimonios superficiales, puede alterar cursos de aguas y formar grandes lagunas para el material descartado. Además, transforma radicalmente el entorno, perdiéndose la posible atracción escénica.

El aire se contamina con vapores o gases de cianuro, mercurio, dióxido de azufre contenidos en gases residuales, procesos de combustión incompleta o emanaciones de charcos o lagunas de aguas no circulantes con materia orgánica en descomposición.

Los residuos sólidos finos provenientes del área de explotación pueden dar lugar a una elevación de la capa de sedimentos en los ríos de la zona. Diques y lagunas de oxidación mal construidas o mal mantenidos, su inadecuado manejo, almacenamiento o transporte de insumos (como combustibles, lubricantes, reactivos químicos y residuos líquidos) pueden conducir a la contaminación de las aguas superficiales. Las aguas subterráneas también son afectadas.

Puede haber una disminución del rendimiento agrícola debido a la inhabilitación de suelos por apilamiento de material sobrante.

Todo esto implica la eliminación de la vegetación del área. La fauna se ve perturbada y/o ahuyentada por el ruido y la contaminación del aire y del agua. Pueden provocarse conflictos por derechos de utilización de la tierra, dar lugar al surgimiento descontrolado de asentamientos humanos ocasionando una problemática social y destruir áreas de potencial turístico.

Como si fuera poco, pueden ocurrir cambios en el microclima y provocarse una multiplicación de agentes patógenos en charcos y áreas cubiertas por aguas estancadas.

Con tantas riquezas que dan y van a dar el Canal y el turismo (ambas actividades sostenibles) y por el tamaño de nuestro territorio, este país no debería incursionar en la minería si de verdad queremos conservar lo que tenemos.

Creo que ha sido demostrado ya en las calles que la mayoría de la población no quiere actividad minera en Panamá. Ahora solo queda que el Gobierno acepte que metió la pata y enmiende su error derogando la Ley 8 del 11 de febrero de 2011.

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