miércoles, 2 de marzo de 2011

SSP: Rectificación o doble discurso

Eduardo Ibarra Aguirre

Para la poderosa Secretaría de Seguridad Pública, que encabeza el aún más influyente Genaro García Luna, “los pocos trabajos que se ofrecen son cada vez más precarios, y exigentes en requisitos, aunado a un crecimiento desmedido de la informalidad laboral, en la que está casi el 50 por ciento de la población (económicamente) activa, que por definición está al margen de la ley”.

No para allí el diagnóstico. “Esto conforma circunstancias para que los jóvenes opten por conductas que pueden llevarlos a una carrera delictiva”. Y abunda con otros elementos como la creciente participación laboral femenina y la mayor exposición de los niños a múltiples formas de violencia –omite que Televisa y Televisión Azteca son los principales reproductores--, “presiones y peligros que conforman un entorno propicio para quienes buscan inducirlos a la delincuencia”, sin referir la insuficiencia de guarderías y jardines de niños, así sean las subrogadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social o los que impulsa Felipe Calderón para ahorrarle gastos a su gobierno, pero en detrimento de la seguridad y la calidad del servicio, como lo reveló en toda su crudeza ABC de Hermosillo, Sonora.

“La falta de empleo bien remunerado” y oportunidades de estudio para millones de jóvenes de entre 14 y 17 años, quienes “al no encontrar una oportunidad honesta para subsanar sus necesidades más básicas son blanco fácil de los criminales”, es otro de los juicios de la SSP, contenidos en la respuesta escrita que envió a la Auditoría Superior de la Federación para responder al grave y generalizado señalamiento de que donde la Policía Federal participó en operativos hubo un repunte de 9.2 por ciento de los crímenes.

Y la dependencia que dirige García Luna no sólo no desmintió a la ASF, sino que explicó que se debe a una descomposición social y del entorno familiar. Más aún, reconoce que “el combate frontal” a los delincuentes –ese que tanto emociona a Calderón Hinojosa mientras no sean los suyos los que se expongan al peligro--, ha generado un repunte de la violencia, porque al capturar o eliminar a grupos fuertes “se abren posibilidades para otras organizaciones delictivas que, hasta ese momento, no tenían presencia”, en la zonas donde se aplican los operativos. Reconocen, pues, que la estrategia militar y policiaca del general de cinco estrellas no tiene futuro cierto, pero persisten en el rumbo de provocar que capos, sicarios y burreros se eliminen entre sí. La orgía de sangre les satisface.

Resulta notable, pese a lo anterior, que los asesores del ingeniero mecánico toman distancia de los enfoques de Los Pinos que privilegian las soluciones de fuerza, castrenses y policiacas. No es tarde para diversificar el rumbo de la lucha contra el crimen organizado, emprendida para legitimar a Calderón y hacerle el trabajo sucio a Estados Unidos en agradecimiento por las “enérgicas señales de apoyo” (Anthony Garza dixit) que envió su gobierno en agosto de 2006, pasando por encima de toda la institucionalidad y la legislación mexicanas.

Pronto sabremos si es una rectificación o simplemente parte del doble discurso que se ejerce desde la campaña presidencial, por ejemplo cuando se avisó al mismo embajador Garza que se abogaría con fuerza por los indocumentados mexicanos, pero que no se lo tomara en serio porque sólo era para obtener más votos.

Finalmente, le comparto en palabras pronunciadas en la Universidad Autónoma de Coahuila por Sócrates Rizzo --el gobernador consentido de Carlos Salinas de Gortari--, la estrategia precedente al panismo presidencial: “tú pasas por aquí, tú por aquí, pero no me toques aquí estos lugares”.

Del tú pasas se viró a la estrategia de garrotazos al avispero a lo tonto y con una carga de moralina propia de un monaguillo.

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