viernes, 4 de marzo de 2011

Venezuela: Los responsables de la política laboral deberían renunciar de inmediato

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)

La condición revolucionaria exige consecuencia con un ideario, con unos principios y con unos intereses sociales. La creación de nuevas realidades sociales: económicas, políticas y culturales; en fin la innovación socio-política para la creación de una nueva sociedad, hecha desde una teoría revolucionaria, supone un análisis riguroso de la realidad, una propuesta política, un proyecto de transformación y un plan de acción.

Supone también un método y un estilo de trabajo, todo lo cual le da finalidad, alcance y forma coherente a nuestra conducta, con capacidad de auto regularse, mediante el ejercicio de la autocrítica, del debate y del análisis de posiciones contrapuestas. Tales instrumentos de transformación deben colocarse en la práctica social con suficiente continuidad y pertinencia, sin improvisaciones banales o irresponsables para ir construyendo las nuevas realidades que pueden sustituir eficazmente las injustas anárquicas y autoritarias realidades de la sociedad capitalista. He aquí que la condición revolucionaria no puede ser la resultante de la lisonja, la tan apreciada “lealtad”, que no es más que la incondicionalidad de quienes desean ejercer el poder o beneficiarse de él en situación de irresponsabilidad, egoísmo y parasitismo. La promoción de esta conducta antiética y verdaderamente contrarrevolucionaria, se hace cuando se proclama de palabra o de hecho el mesianismo, la infalibilidad, la aceptación fanática de las órdenes superiores, la obediencia ciega por temor a sufrir castigos y discriminación, la criminalización de la disidencia y de la protesta social, sindical y política.

Graves y reiterados errores

En Venezuela, en medio del proceso de cambios que ha impulsado el pueblo y los trabajadores con décadas de duras y dolorosas luchas, muchas veces sacrificadas y sangrientas, vemos como la dirección de este proceso, incluyendo al camarada Chávez, incurren en graves y repetidos errores que refuerzan esos vicios. Parece que se entronizaran en la permanencia de los cargos que ocupan, solazándose en los privilegios y beneficios que les deparan, sin interés real por las transformaciones que deben impulsarse y por las condiciones que deben estimularse en un proceso revolucionario. Parece que no toman en cuenta los reales resultados de sus conductas en las relaciones sociales. Parece que quisieran convertir a los demás en borregos, mansos seguidores de consignas y fórmulas, sin capacidad para pensar y para recrear la realidad proponiendo alternativas viables que den respuestas a las contradicciones, conflictos y necesidades de los trabajadores y otros sectores populares.

Descubrir la realidad para poder transformarla.

La ignorancia, la arrogancia, la intolerancia, la improvisación banal y el aventurerismo son feos defectos que contradicen una línea y una conducta revolucionaria. Si algo caracteriza al denominado socialismo científico es su capacidad para prever el desarrollo de las tendencias sociales. He allí uno de los grandes aportes de la teoría formulada por Carlos Marx y Federico Engels al descubrir las leyes del desarrollo histórico, soportados en el estudio profundo de las realidades y las relaciones de las sociedades de clases. Las tareas de la revolución son por una parte, develar o descubrir la realidad, no enmascararla u ocultarla y, por la otra, transformarla radicalmente, desde la raíz, no modificarla formalmente o aparentemente. Ya en una oportunidad anterior, refiriéndonos al paso de la teoría a la práctica planteamos la necesidad de superar la contradicción entre ambas realidades de la conducta y existencia humana; y explicamos cómo el socialismo es el proceso mediante el cual se supera esa contradicción a escala social. Para dirigir este proceso tan complejo y exigente, es indispensable que seamos capaces de desterrar, (acabar, eliminar), los graves vicios del mesianismo, el oportunismo, el burocratismo y la corrupción, que a su vez son generadores de la arrogancia y la intolerancia, propagadores de la ignorancia, la improvisación banal y el aventurerismo.

Persecuciones, violaciones, incumplimientos, impunidad y retrocesos.

Todo esto lo vemos reflejado en la persecución desatada contra dirigentes sindicales que han actuado consecuentemente en defensa de los derechos de los trabajadores. El caso de Rubén González, los trabajadores de SIDOR y Transporte Camila, los de la CVG, son unos pocos entre decenas de casos. Jamás en Venezuela, en los últimos 50 años se había visto esta situación; lo cual es un grave retroceso, expresión de una obcecación ilimitada por parte de quienes detentan el gobierno y mueven los hilos del poder político. Mientras se persigue a estos dirigentes sindicales, no existen detenidos ni juzgados por el asesinato por encargo (sicariato) de centenares de personas en el área sindical. Las justas exigencias de los trabajadores: el caso de las utilidades líquidas, en el período del 2003 al 2007, defraudadas, a los trabajadores de SIDOR mediante un artificio jurídico contable, con la abierta complicidad de altas esferas gubernamentales, las cuales desoyen con menosprecio el insistente llamado al diálogo que le hacen más de 6.000 trabajadores. El estado de abandono e ineficacia en el que se encuentran miles de trabajadores de decenas de empresas intervenidas, recuperadas o nacionalizadas, quienes esperan la actuación oficial, después de decretos y declaraciones eufóricas del presidente Chávez, muchos de los cuales cuestan miles de millones de dólares al presupuesto nacional. La negligencia frente a los innumerables pasivos laborales que tienen las empresas del estado y las dependencias administrativas oficiales. La negativa a discutir convenciones colectivas ya vencidas o su dilación mediante la utilización del abuso y la desviación de poder. Las Inspectorías del Trabajo violentan el principio de legalidad y conculcan derechos colectivos favoreciendo los intereses y posiciones de las gobernaciones afectas al gobierno nacional, abonando el terreno para una crisis de credibilidad institucional y un colapso de gobernabilidad. Mientras la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público sólo atienden y procesan lo que convenga al gobierno central y lo que recomiende el partido de gobierno. Los jueces laborales, incluso la Sala Social del TSJ, padecen de terror ante el gobierno central y los gobiernos regionales ligados a aquél sin importar que sus decisiones signifiquen un retroceso doctrinario y una lesión a los intereses de los trabajadores y en fin de cuentas un apoyo esencial a la vigencia del sistema de explotación.

La lucha abnegada de los trabajadores es la única fuente de libertad y de justicia

Los responsables del área laboral en el país deberían renunciar de inmediato ante el estruendoso fracaso total de una realidad que se ha tornado explosiva en medio del incumplimiento de acuerdos y normas, de violaciones flagrantes a derechos consagrados y principios laborales conquistados en históricas jornadas de luchas. Los trabajadores deben organizarse y movilizarse. Fortalecer las organizaciones de lucha, alcanzar la autonomía de acción frente a los patronos, los partidos y los grupos de poder. Lograr integrar y activar a sus miembros, discutir sistemáticamente los problemas y las soluciones, trazar los objetivos y metas. Definir las estrategias de lucha y la correlación de fuerzas para actuar con eficacia y contundencia. En fin, desechar las ilusiones y prepararse para la lucha como decía Lenín, uno de los grandes conductores revolucionarios de occidente.

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