jueves, 14 de abril de 2011

Castigo legal en la escuela

Cristina Baccin (APE)

En 19 de los 50 estados en Estados Unidos, todavía los maestros o directores de escuelas públicas pueden pegarles a los niños o adolescentes. Esta semana, en el estado de New Mexico, se prohibió finalmente el castigo corporal en las escuelas públicas a partir de la iniciativa de un miembro de la Cámara de Representantes, el Demócrata y ex terapeuta, Rick Miera.

Por tratarse de una práctica supuestamente obsoleta, parecía un proyecto de ley fácilmente aprobable. Sin embargo, resultó en un debate que implicó la atención nacional por contener uno de los tópicos aún álgidos en la agenda de educación: las únicas instituciones del país que tienen permiso para ejercer el castigo corporal son las escuelas. Se aprobó el proyecto -con una diferencia mínima-, luego de extensos debates en los que se escucharon argumentos anacrónicos y de resonancias medievales, tales como: “Pegarles a los niños refuerza su respeto a los maestros”, (Partido Republicano, Candy Spence Ezzel)"; o: “el miedo es un motivador” (Partido Republicano, Larry Larrañaga). Finalmente, la gobernadora republicana de New Mexico, Susana Martínez, no vetó la ley, aclarando que : “la decisión de usar o no el castigo corporal a un niño es mejor dejársela a los padres.”

Los términos utilizados en inglés, “spanking” o “paddling” para describir este castigo se refiere a que el maestro puede pegarle a un niño con un “paddle” o paleta de madera -como la de ping pong-, con un bastón o con una especie de cinto: dichos instrumentos son utilizados para golpear el trasero o las manos de los niños que se pretenden disciplinar, con la alternativa de humillarlos en público o privadamente, a elección del maestro.

Se podría suponer que es una norma que, por obsoleta, no tendría vigencia en las escuelas y que sólo quedaría como letra muerta de la legislación. Sin embargo, como ejemplo, los registros de la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación de Estados Unidos, muestran que sólo en New Mexico, durante el año escolar 2006, hubo 705 casos de niños que sufrieron dicha violencia.

Si bien, las cifras nacionales han ido disminuyendo en las últimas décadas, aún más de 200.000 chicos fueron golpeados por los maestros en las escuelas en el curso del un año escolar. ¿Quiénes son las principales víctimas? Los niños y adolescentes más pobres -con mayor frecuencia, los varones-, pertenecientes a minorías étnicas, y niños con discapacidades son los más golpeados legalmente en las escuelas, en particular, en los estados sureños del país (Texas “ostenta” el primer lugar del ránking). Como ejemplo, si bien los niños afroamericanos representan el 17 % de la población escolar nacional, son el 36 % de las víctimas del castigo físico en las escuelas.

The Center for Effective Discipline (Centro para una Disciplina Efectiva), organización no gubernamental que aboga por abolir los castigos corporales a los niños, publicó un reciente estudio que demuestra que los alumnos provenientes de distritos escolares con mayor incidencia de casos de castigo físico escolar, resultan con mayor fracaso escolar y con menor rendimiento académico en los examenes de ACT (tal la sigla en inglés de American College Test: evaluación que se rinde al finalizar la escuela secundaria), dando por tierra los argumentos de quienes aún defienden que “la letra con sangre, entra”.

Diversos terapeutas, pedagogos, sociólogos e investigadores abogan por la abolición de los castigos físicos a los niños, por sus características traumáticas y sus profundas consecuencias a corto y largo plazo, a nivel individual y en el entramado social. Alice Miller (1923-2010), terapeuta polaca y tenaz militante en contra del abuso infantil, en una de sus cartas abiertas que dirigiera al anterior presidente estadounidense George W. Bush, afirmaba: “Es verdad que muchos niños que son frecuentemente pegados por sus padres en el hogar, son difíciles de disciplinar en la escuela porque el castigo corporal los hace obedientes en el corto plazo pero agresivos a largo plazo. (…) Por lo tanto, usar el mismo método destructivo y repetir este comportamiento que produce daño cerebral sólo agrega más combustible al fuego. Combatir la violencia en la escuela, dándole sostén legal a las maestras para que peguen a niños que ya son violentados, es como poner la carroza adelante del caballo.”

Las consecuencias post-traumáticas del abuso infantil, según dicha autora, se multiplican generacionalmente a partir de un círculo que dificulta al niño, una vez adulto, reconocer la violencia perpetrada por parte de las personas que más debían amarlo y protegerlo: la justificación de que los pegaban “por su propio bien” tiende a ser repetida con los niños que luego tienen a su cargo como padres o maestros.

Hoy, entrampados por los adultos, en un círculo vicioso de violencia institucional, familiar y social, niños y adolescentes son golpeados y humillados legalmente en escuelas debido a que -a viva o muda voz- reclaman su propio derecho a vivir y a ser educados en armonía. Así, el principio de inocencia es denegado para quienes la inocencia es un sabor vital que pierden por no tener siquiera el derecho de probarlo, en un país que aún sigue sin ratificar la Convención de los Derechos del Niño.

Cristina Baccin escribe desde New Mexico, USA. Periodista - Ex Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, UNICEN.

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