martes, 12 de abril de 2011

Cómo festejar el 50 aniversario del vuelo de Yuri Gagarin con la conciencia tranquila

Valeri Símonov (RIA NOVOSTI)

Por una curiosa coincidencia, esta tarde, el 12 de abril, cuando Rusia celebra el 50 aniversario del primer vuelo del hombre al espacio, la Casa Sotheby's en Nueva York subasta la cápsula de descenso de una nave espacial “Vostok”.

Precisamente en esa nave, el 25 de marzo de 1961 se efectuó un vuelo de prueba, con la perrita Zvezdochka (estrellita) y el maniquí de un humano, llamado por los ingenieros soviéticos “iván ivánovich”, a bordo.

Fue un ensayo exitoso que hizo posible el histórico vuelo espacial del cosmonauta soviético Yuri Gagarin…

El maniquí (catapultado durante aquel vuelo de prueba) estuvo en órbita dos veces. Fue vendido hace tiempo por 189.000 dólares. Ahora en la subasta apareció en la propia nave. Será una de las muchas reliquias de la época de Gagarin que han encontrado albergue fuera de su país natal.

No se descarta que la nave Vostok pueda ser adquirida por algún magnate ruso, pero la intuición me dice que es poco probable.

Y no por el precio. El propietario, que había comprado este aparato de aleación de aluminio medio quemado y 2.1 metros de diámetro, espera venderlo ahora, a la luz del aniversario del vuelo de Gagarin, por 8-10 millones de dólares (aunque hace unos años el precio rondó los 800 mil). En comparación con el precio de una decena de huevos imperiales de Fabergé o de un buen yate, no es nada.

Lo que pasa es que hasta ahora no habido el precedente de que las múltiples reliquias espaciales vendidas y llevadas al extranjero hayan regresado a Rusia.

La agencia espacial Roscosmos lamenta que las piezas históricas de los vuelos espaciales están perdidas y expresa la esperanza de que alguno de los empresarios rusos las compre, pero por ahora, todo es en vano.

Las exposiciones rusas dedicadas al espacio, como las del Museo Memorial de la Cosmonáutica de Moscú, exponen documentos, maquetas y algunos objetos relacionados con el tema, algunos de ellos interesantes, pero para un país que hizo una contribución tan enorme a la cosmonáutica mundial estas exposiciones son pobres y humildes.

¡Qué furor causaría si se de nuevo en los pabellones del Museo moscovita se exhibiera lo que fue vendido en diferentes subastas años atrás!

Vitali Golovachov, famoso periodista ruso que hace 50 años hizo reportajes sobre el vuelo de Gagarin, lleva tiempo completando la lista de los tesoros perdidos en dos últimos decenios.

La lista es vergonzosamente grande. Entre otros objetos, los coleccionistas extranjeros compraron: un manuscrito del discurso del teniente mayor Yuri Gagarin ante los miembros de la Comisión Estatal el 10 de abril de 1961; una copia de su informe sobre el vuelo con su firma; un reloj regalado a Gagarin por el mariscal Vershinin; un telegrama en el cual el dirigente soviético Nikita Jruschov felicita al cosmonauta No.1; uniforme de Gagarin; su escafandra en la que estaba entrenándose antes del vuelo; documentos firmados por el diseñador de cohetes soviético Serguei Koroliov; treinta diarios del académico Mishin quien le sucedió a Koroliov en el puesto del constructor general (los vendió en los 1990 él mismo por 5 mil dólares a un mediador quien más tarde los revendió en una subasta por 211 mil al extranjero sin que ninguno de los rusos hubiera intentado comprarlos).

Además, en la relación de Golovachov figuran un módulo lunar, muestras del suelo lunar, y la nave espacial soviética Burán que había realizado 24 vuelos de prueba…

Da vergüenza que una gran potencia que tanto aportó en la esfera espacial intente hacerse rica vendiendo recuerdos inapreciables. Además, ¿acaso se hizo rica de verdad al obtener 50 mil dólares por el aparato en el que realizaron su misión V. Gorbatko y Yu. Glazkov en 1977?

La venta del suelo lunar traído a la Tierra por tres aparatos soviéticos en 1970 también es imperdonable desde el punto de vista de la ciencia y de la historia. Los 442 mil dólares no pueden justificarlo. Asimismo, fue vendida por 156 mil dólares la escafandra en la que Alexei Leónov realizó el histórico acoplamiento Soyuz-Apolo en 1975.

La dirección del Museo de la Técnica de la localidad alemana de Espira logró, con ayuda de las autoridades, comprar el último trasbordador espacial soviético del tipo Burán por 10 millones de euros y construir para él un pabellón enorme que atrae hoy numerosos visitantes.

Mientras tanto, su análogo que había estado en órbita fue perdido hace 9 años en la base de Baikonur por pura negligencia, bajo el techo del hangar derrumbado. Rusia quedó sin una réplica semejante.

Es evidente que todas aquellas evidencias del heroísmo de cosmonautas e ingenieros soviéticos no podían cruzar fronteras sin autorización de órganos respectivos. Y aunque todo ocurrió recientemente, ya no se puede establecer la identidad de los burócratas responsables.

Roscosmos responde que el control sobre la legalidad de la exportación de Rusia de documentos se encuentra fuera de su competencia, y nadie se interesa por las personas que ponen sus firmas.

Precisamente a este caos se debe la historia anecdótica con el vehículo no tripulado de exploración espacial soviético Lunokhod 2, comprado por el estadounidense Richard Garriot por 68.5 mil dólares. Es el único propietario legal de un bien, que estuvo en la Luna, pero por ahora, su propiedad es virtual, porque se desconoce el nombre del vendedor en Rusia. Resultó imposible identificar las huellas de esta transacción.

Intentando disculparse por la lamentable situación, los representantes de agencia espacial explican que en los 1990 tanto los cosmonautas como los institutos respectivos se hallaban en la miseria, lo que es verdad.

Pero es que la década de los años 60 tampoco fue una época de abundancia. Gagarin realizó su hazaña tan sólo 16 años después de la devastadora II Guerra Mundial.

Pensando en la primavera del 1961 recuerdo no sólo el regocijo de los escolares al enterarse del vuelo espacial, sino que también de las largas colas que hacíamos para comprar un poco de pan. Sin embargo, hubo lugar a inversiones y al heroísmo de los cuales hoy podemos sentirnos orgullosos.

Ahora, lo más correcto sería intentar volver al país al menos algo de lo que perdimos en diferentes subastas. Tanto más que entre los coleccionistas propietarios hay algunos que dicen estar dispuestos a revender a Rusia lo perdido por el precio de adquisición, sin beneficio ninguno.

En el caso de que alguno de los rusos esté interesado… Sólo así podríamos hoy rendir homenaje a la memoria del cosmonauta No. 1 con la conciencia tranquila.

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