lunes, 11 de abril de 2011

Cuba: Congreso del Partido. La cuenta regresiva (Parte III)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Los casi cien años transcurridos desde que los bolcheviques intentaron cambiar el curso de la historia, los cuatro lustros del momento en que Boris Yeltsin, con un decretazo disolvió la Unión Soviética; los veinte años pasados desde que empujado desde ambos lados cayera el Muro de Berlín, la obra de medio siglo de la Revolución Cubana y las crisis internacionales, forman parte del telón de fondo para el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. La pregunta es si van a por todo o se conformarán con paliativos. Apuesto por lo primero aunque lo supongo gradual.

Según se ha anunciado la agenda del Congreso tratará exclusivamente los problemas asociados a la llamada “Actualización del Modelo Económico” cosa que, sin rozar la doctrina, a la vez legado y lastre, incluye ciertos cambios respecto a las prácticas existentes en esa área. Incluso según se ha informado al seleccionar los delegados, se prefirió a los militantes con formación o perfil afín; sin que por ello se trate de un evento económico ni de una reunión de contables.

Aunque por obvio no debiera decirse; no hay nada más político que el congreso de un partido ni algo con mayor incidencia sobre las principales categorías políticas, entre otras: democracia, consenso, gobernabilidad y legitimidad que la economía. En este caso no se trata de una confusión sino de una definición de prioridades.

Resulta innecesario insistir que aunque la economía constituye la base de la sociedad, ningún país se gobierna desde las empresas ni es en los ministerios de economía o en los bancos centrales donde se elaboran las metas que, compartidas por las mayorías, se constituyen en eje del consenso, devienen factor legitimador del poder y son la base de la gobernabilidad.

Para ser eficaz, el VI Congreso deberá aprobar un modelo económico que haga las veces de programa político y sea capaz de generar, no sólo un acuerdo de amplia base, sino también de promover las motivaciones de aquellos a los que se pedirán nuevos esfuerzos. No se trata sólo de lograr algo técnicamente impecable, incluso viable, sino de asegurar que las mayorías y las “minorías excelentes” perciban en ello la garantía de su presente y su futuro. Esta vez se trata de hacer política desde la economía y la esencia de la política en la Revolución es el respaldo popular.

Tal vez para adelantarse a preocupaciones de esa naturaleza, el presidente Raúl Castro ha esclarecido que el VI Congreso es el primer paso de un andar que permitirá al Partido concentrarse en asuntos esenciales asociados al modelo económico, vitales para administrar la crisis, asegurar la estabilidad del país, sustentar la cohesión social y mantener los índices de gobernabilidad exhibidos en los últimos cincuenta años. No obstante, según lo informado, habrá elecciones en el Partido; lo cual en Cuba es de la mayor relevancia.

Debido a que constitucionalmente, el Partido prevalece sobre el Estado y las organizaciones sociales, constituyéndose en fuerza dirigente del conjunto de la sociedad, sus elecciones no son eventos puramente internos, sino algo que incide e interesa a toda la sociedad.

Según explicó el Presidente, los pasos posteriores, serán ventilados en una Conferencia y estarán referidos a asuntos políticos e institucionales; entre otras cosas a intentar un esclarecimiento, no tanto del papel dirigente del Partido en la sociedad, cosa que está fuera de discusión, sino al modo como esa función será ejercida.

Al adentrarse en los aspectos políticos de la realidad cubana, que es donde se forma la cohesión social, seguramente el Congreso aludirá al hecho de que para desplegar las potencialidades del modelo económico que se adopte, se requiere perfeccionar la gestión gubernamental, fenómeno que probablemente no se reduzca a aspectos organizativos, sino que tal vez requiera reformas políticas sustantivas, incluida una revisión de la Constitución del Estado, de la idoneidad de las instituciones y una diferenciación nítida entre el Estado y el gobierno.

Al institucionalizarse, la Revolución accedió a aplicar procedimientos de representación estándar, en los cuales las elecciones y el funcionamiento de los órganos legislativos forman la base y dan contenido a la democracia socialista. No basta con que el parlamento sea elegido por métodos democráticos e integrados por personas inmaculadas, sino que también se requiere que su funcionamiento sea ajustado y eficaz. La legitimidad, la idoneidad y la eficiencia son cosas diferentes.

El reforzamiento del Estado socialista de Derecho, el perfeccionamiento de los mecanismos que confieran carácter decisorio a la participación popular, el fortalecimiento de la sociedad civil, la ampliación de los márgenes para la iniciativa ciudadana, incluyendo la económica; todo ello respaldado por órganos legislativos debidamente mandatados y eficaces; así como por el control social del poder; en particular de la burocracia; forman amplios y complejos espacios donde la labor del Partido y sus militantes será decisiva.

El Partido es garante del proceso revolucionario y eje del proyecto revolucionario, más eficaz en la medida en que, en lugar de administrar, los procesos, logra articular a todos los factores sociales, asegura que el modelo económico sea coherente con la estrategia para la construcción del socialismo y ofrece respuesta a los desafíos del desarrollo y el progreso social en su conjunto.

Hasta hoy el Partido y sus militantes, presentes y activos en todas las células de la sociedad cubana, han cumplido el cometido para el que fueron convocados en los días de la crisis derivada de la debacle del socialismo real. Entonces se trataba de salvar las conquistas de la Revolución y el socialismo; mientras ahora es preciso dar otro paso; no uno cualquiera, sino el más decisivo. De ese paso depende todo. Allá nos vemos.

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