martes, 12 de abril de 2011

Estafa pensional o sociedad racional

Darío Botero Pérez

La perversidad de los potentados interesados en la extinción, les ha aconsejado vincular a las clases asalariadas en el mantenimiento de las condiciones que les permitan alcanzar ese objetivo.

A través de los fondos privados de pensiones han concentrado el manejo del ahorro público obligatorio, que está destinado a sostener a la persona después de que deje de trabajar.
Supuestamente, esos dineros requieren su manejo por expertos capaces de hacerlos fructificar.
El primer ejercicio admirable de su experiencia, que demuestra cuan previsivos son, es que sus propios ingresos los tienen asegurados los administradores de los fondos de pensiones y cesantías al apoderarse de un porcentaje de lo que cotizan los afiliados, garantizado por ley e independiente de los resultados de su gestión, pues temen, con toda razón, correr los riesgos del azaroso mercado de papeles de bolsa, tan inciertos y falaces, pero de cuyos vaivenes depende el futuro de los pensionistas.
Su formación y experiencia les permiten a los administradores saber que la bolsa no es más que un casino fundado en la especulación y el engaño, donde es imposible que todos ganen. Su secreto operativo cosiste en arruinar a las mayorías para que los más avispados se enriquezcan rápidamente.
Quienes ganan son los que compran barato y venden caro. Pero los precios son variables y las decisiones de compraventa no se pueden aplazar indefinidamente porque se paraliza el mercado.
Esto es particularmente cierto con los “productos financieros” eminentemente especulativos.
Genéricamente se conocen como “títulos basura”, pero eso no impide que circulen. De hecho, son los grandes culpables de la crisis definitiva del sistema que:

• Comenzó antes del gobierno de Bush

• Se trató de ocultar desatando una guerra mundial con el pretexto del espectacular derribamiento de las Torres Gemelas en 2001

• Explotó con los casos de Enron y la firma de auditoría tramposa, Arthur Andersen

• Se volvió incontenible con las quiebras de grandes empresas porque los oligopolios financieros privados paralizaron el crédito debido al no pago de las hipotecas

La última medida convirtió en basura todos los “derivados” o “sub prime” que los banqueros ladrones denominan “productos financieros” y que, supuestamente, tenían un sólido respaldo en las hipotecas y en las aseguradoras que se lucraban con las primas pero que sólo estimulaban la orgía financiera del tipo Fonsi (o pirámide especulativa), y no estaban dispuestas a responder por nada.
Esa crisis que enterrará la Historia o extinguirá la Vida, es insuperable.
Los potentados lo saben pero confían en que podrán desatar la guerra y profundizar las catástrofes sanitarias, alimentarias y ambientales que los salven de las mayorías conscientes, antes de que éstas logren organizarse a nivel mundial y alcancen la masa crítica necesaria para desplazar a los verdugos comunes de las posiciones de poder.
El desafío está en curso. La insurgencia de las multitudes en el mundo árabe e islámico es una clara manifestación de que los subyugados están abriendo los ojos.
Pero los potentados no renuncian a su Apocalipsis. Confían en que mediante las calamidades decretadas podrán vencer a esas mayorías, diezmándolas y condenándolas a la esclavitud que la miseria y la necesidad de subsistir las obligarán a aceptar.
Al menos, es lo que la Historia les enseña. No entienden que las víctimas modernas conocen valores diferentes y tienen la capacidad para imponerlos.
Por sus ilusiones y ambiciones, los potentados se niegan a renunciar a los combustibles fósiles, a los agro combustibles y a las mismas centrales nucleares, tan letales.
Su continuidad y proliferación aportan al propósito de exterminio que diluya la crisis definitiva e inevitable en que han caído pero que quieren que los demás paguen por ellos.
Consideran que la alternativa de destrucción de la biosfera es válida para defender sus intereses estratégicos, y ya la llevan bastante adelantada. Esperan profundizarla mediante las inversiones mineras diseminadas por todo el mundo, pues su capacidad de depredación y su perversidad parecen inagotables.
En ese contexto se entiende la negligencia con la que trataron (y siguen tratando) el derrame de la BP en el golfo de México, tanto como la negativa a desmantelar las instalaciones nucleares aunque ya la Humanidad entendió que son una sentencia de muerte para la mayoría de las formas de vida.
Al respecto, un mes antes del terremoto en Japón, en el escrito Nueva Era en Construcción, advertí lo que ya había tratado en otros escritos y que parece ser una convicción para las mayorías sensibles: “Las matanzas en Japón que lo sacaron de la segunda guerra, son los genocidios más macabros conocidos por la Humanidad hasta ahora y que sus autores están deseosos de repetir en todos los países díscolos porque, algún día, podrían cobrarles sus crímenes. (Parece que va a ser pronto, para fortuna de la Vida y la biosfera que están a punto de extinguir)
Por la amenaza nuclear de los desalmados criminales que presumen de ser la meca de la democracia y el ejemplo a seguir por todos los pueblos que aspiren a ser civilizados, se desarrolló la carrera armamentista que le dio poder nuclear a la Unión Soviética y a otros países.
Éstos lograron su hazaña disfrazándola de uso pacífico de la mortal tecnología. Es lo que pretenden hacer actualmente Irán y otros países aterrados con la perspectiva de ser víctimas indefensas de los halcones.
Naturalmente, la carrera atómica y todas las tecnologías que acudan a la energía nuclear, deben ser repudiadas y abandonadas a la mayor brevedad posible, pues hasta sus presuntos usos pacíficos producen una radiación nociva para la Vida, que dura millones de años.
No se requiere detonar bombas atómicas para que la radiación nos afecte. Y entre más desechos nucleares se acumulen, peor y más inminente será la ineludible catástrofe. Chernobyl y Three Miles Island impiden que lo olvidemos”.
Afortunadamente los japoneses, víctimas milenarias de los engaños de su emperador, que dice ser un dios, y a quienes con más saña ha golpeado la energía nuclear, están decididos a repudiarla radicalmente, dándole un ejemplo a las demás víctimas potenciales, también engañadas consetudinariamente por sus gobernantes y los potentados que los manejan en su beneficio.
En estas circunstancias, cuando las amenazas a la Vida son tan palpables y graves, pensar en pensiones de vejez es como ingenuo.
Enfrentamos riesgos enormes que exigen renunciar de una vez por todas a los crímenes contra la Naturaleza si aspiramos a conservar alguna esperanza de futuro digno.
Para lograrlo, es necesario que cada uno asuma su soberanía, representada en su derecho sagrado a expresarse y a intervenir activamente en los asuntos públicos.
Tenemos que imponerles nuestras decisiones a los potentados, arrebatándoles el poder que nos han robado con argucias, promesas y violencias.
La negativa a caer en sus trampas de guerra tiene que unirse a la exigencia de entrar a producir inmediatamente la energía necesaria mediante fuentes limpias que nos saquen de la mortal civilización de las fuentes fósiles, de las agrícolas y de las nucleares, todas ellas tan nocivas.
En estas circunstancias, los fondos de pensiones que han apostado a que la inversión en petroleras es un excelente negocio, se arruinarán, aunque no sea sino porque el petróleo se está agotando y nadie sensato va a adquirir títulos de ese negocio decadente.
Pero no dejarán de especular durante algunos años, aprovechando los vaivenes de precios promovidos por las bolsas de valores, única salida que se les ocurre a los potentados zánganos y demagogos, absolutamente irresponsables, dedicados a acaparar las riquezas exprimiendo a quienes las producen y hasta impidiéndoles que lo hagan, como sucede cuando les niegan el capital de trabajo o la liquidez necesaria para adelantar sus actividades con fluidez.
Sin embargo, la decadencia del petróleo y de las demás fuentes de energía contaminantes y depredadoras de la Naturaleza, es inevitable. Pero confían en que los cotizantes no permitirán que el cambio energético se dé antes de que se agoten las fuentes fósiles, para no perder sus ahorros pensionales. Su lucha servirá para especular más, retardando la conversión energética, tan indispensable y urgente.
Las apuestas son múltiples, aunque el agotamiento de los pozos, tanto como el carácter depredador de su explotación conllevan el inevitable rechazo de los combustibles fósiles, de los agro combustibles, de los atómicos y hasta de las mismas represas gigantescas que producen la hidroelectricidad a costa de una destrucción enorme. Todos ellos son necro combustibles o combustibles de la muerte.
El desafío es interesante, pues en la era posterior a la Historia las necesidades del individuo tendrán que ser cubiertas por la sociedad, en condiciones óptimas, sin limitaciones presupuestales ya que el problema económico se habrá resuelto gracias a los avances técnico-científicos que son capaces de acabar con la escasez.
Disponer del suficiente dinero para adquirir lo que a cada uno lo complace será algo natural, de modo que no constituirá un motivo de discriminaciones, como sucede en las sociedades mercantiles que anteponen la propiedad privada al bienestar de la sociedad, haciendo de ésta una cárcel para las mayorías condenadas a enriquecer permanentemente a quienes más riqueza y poder obtengan y más desalmados e hipócritas sean.
La esperanza para todos, entonces, no es adquirir una pensión cada vez más incierta y lejana, para la cual hay que trabajar cada vez más años a fin de no perjudicar a los potentados, sino cambiar la sociedad clasista y piramidal por una plana e igualitaria que respete la Vida, empezando por la de todos y cada uno de los humanos pero extendida a todas sus expresiones.
Lograrlo depende de quienes se sienten dignos y quieren demostrarlo. Nada te impide unírteles, a no ser que desees ser cómplice de los enemigos comunes. Es tu decisión, depende de tu conciencia aunque les asignes la responsabilidad a otros, quizás a tus guías espirituales o a tu líder político.
Aún si no lo entiendes, eres único y tienes responsabilidades con la Vida que no puedes eludir, que te incumben inclusive si las niegas. Por algo estás vivo en esta época de desafíos definitivos.

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