martes, 5 de abril de 2011

Hay que ser necios...

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Japón es uno de los países con más alto riesgo sísmico. Excepto en la zona entre Osaka y Yokohama, el resto del territorio está expuesto a grandes terremotos. Y por lo que he podido averiguar, el sistema de seguridad de las centrales nucleares, aun las de última generación, siempre es tan frágil y vulnerable como lo es en todo artefacto de explosión o de fusión atómica. Dentro del peligro general, para su funcionamiento “normal” ha de hacerse revisiones periódicas en las que una o más personas han de bucear nada menos que al núcleo. Pese a la protección, son vidas condenadas de antemano al cáncer...

Pues bien, Japón posee 53 reactores nucleares activos, agrupados en 17 centrales nucleares como la de Fukushima I. Cada central posee un número diferente de reactores nucleares, por ejemplo, Fukushima I posee 6 reactores, de los cuales 3 se encontraban en funcionamiento en el momento del seísmo.

Y aquí es donde quería llegar. Sólo a quien se le ocurriría poner a una zorra a guardar un gallinero se le ocurre poner 17 centrales nucleares en un territorio tan expuesto a las convulsiones del planeta. Parece mentira que haya podido más la avaricia del lobby nuclear que la sensatez, la armonía y el orden de los que está dotado el pueblo japonés. Todo parece indicar que los gobiernos se han aprovechado precisamente de la idiosincracia del pueblo para llevar las cosas a su interés personal o grupal. Ahora mismo hay mil cadáveres en el entorno de la central de Fukushima que no pueden recogerse por su altísimo nivel de radiactividad. La empresa japonesa que administra la central ha comenzado a verter 11.500 toneladas de agua radiactiva en el Océano Pacífico. La radiactividad se está expandiendo por doquier y nadie sabe hasta dónde habrá de llegar.

Las consecuencias de este avatar no se cuentan con toda su crudeza, más bien se velan, pero no es preciso entrar en mucho detalle para saber que un “accidente” de este tipo es irreparable. El riesgo se agrava aún más, por la existencia de varios volcanes. Italia, otro país volcánico, no tiene centrales nucleares, y sin embargo sobrevive perfectamente con el resto de recursos energéticos.

Pero no desmayemos por tan poca cosa. Está comprobado. No en esta ocasión en que es el nipón, a través de sus gobiernos, el pueblo que ha metido la pata, sino un millón de veces a lo largo de su historia el humano ha puesto en evidencia que es capaz de las mayores torpezas y aberraciones: hacia sí mismo, hacia su especie y hacia las demás vivientes… Sabemos que el 71 por ciento de la superficie terrestre está cubierto por los océanos. Pues bien, valga la hipérbole para ilustrar lo que quiero significar: el ser humano, y especialmente el occidental capitalista de estos cien últimos años, es tan necio y estúpidamente codicioso que si el agua de los océanos hubiera sido potable ya estaría a punto de agotarse.

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