jueves, 7 de abril de 2011

Las netbooks y la tierra sin mal

Carlos del Frade (APE)

Por primera vez, estamos distribuyendo netbooks en pueblos originarios y es un orgullo para nosotros… Esto es un simple acto de justicia, que se enmarca en la ampliación de los derechos de los ciudadanos que se lleva a cabo desde el 2003 en nuestro país - dijo el ministro de Educación de la Argentina, Alberto Sileoni, al entregar 39 máquinas portátiles en el marco del llamado Programa Nacional Conectar Igualdad, a los alumnos de las comunidades mbyá - guaraní de seis escuelas misioneras. A su lado estaba el gobernador radical kirchnerista, Maurice Closs, empresario hotelero y primer responsable de la muerte de más de quinientos chiquitos que no llegan a cumplir un año, según denuncian las organizaciones de su provincia.

Y la mayoría de esos bebés son hijas e hijos del pueblo mbyá - guaraní.

La noticia dice que el alumno Hilario, también de la comunidad originaria, dijo: “Para nosotros hoy es el comienzo de una nueva historia, agradecemos esta herramienta tan importante que van a recibir los alumnos, porque creemos que es fundamental para el crecimiento y desarrollo de la comunidad indígena”.

No está mal que se distribuyan netbooks entre chicas y chicos de cualquier origen. Eso no se discute.

Sin embargo es preciso tener en cuenta otros elementos.

Porque cuando el ministro de Educación de la Nación dice que 39 computadoras pequeñas “es un simple acto de justicia que se enmarca en la ampliación de los derechos de los ciudadanos”, allí es necesario remarcar que esas mismas garantías que dicen ampliar se han reducido en las comunidades mbyá - guaraníes de Misiones.

Que esos mismos pueblos originarios tienen un proyecto colectivo inconcluso, el aguyje, la llamada tierra sin mal, donde la vida de todos y cada uno estuviera atravesada por la igualdad.

Y la igualdad hoy no forma parte de la vida de los mbyá - guaraníes de Misiones.

Más de quinientos chiquitos se mueren antes de cumplir el año cada doce meses en la riquísima provincia de la tierra colorada.

No hay netbook que repare semejante condena.

En aquellas primeras tradiciones que todavía continúan en el tercer milenio, los que guiaban a las comunidades eran los dueños de las palabras cargadas de belleza.

Los kuaray -aquellos que sabían, aquellos que eran los maestros organizadores- debían decir las palabras de justicia, memoria, plenitud y belleza, tratando de iluminar el camino hacia el aguyje, hacia la tierra sin mal.

Desde hace cientos y cientos de años, el pueblo mbyá - guaraní viene buscando ese lugar de igualdad y hasta ahora no lo ha logrado como la mayoría de los que viven no solamente en Misiones si no también en la Argentina, en general.

Bienvenidas las máquinas computadoras pero están lejos de ser un acto de justicia.

La reparación de las necesidades comenzará el día que aquella suma de chiquitas y chiquitos que ni si quiera llegan a caminar sobre la tierra colorada, sea reducida por políticas estatales que realmente sienta la urgencia de generar hechos de justicia e igualdad.

¿Escribirán las netbooks las palabras de los viejos kuaray?

¿Podrá el señor Mauricio Closs pronunciar las palabras que cicatricen las añejas heridas abiertas de injusticia o mostrará en las maquinistas sus grandes negocios hoteleros?

Los chiquitos mbyá - guaraníes necesitan que alguna vez aparezca la tierra sin mal, ese lugar donde el dolor sea mínimo y la plenitud esté mucho más allá de una conexión a internet.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.