jueves, 14 de abril de 2011

Perú: Entre el mito y la verdad

Jorge Zavaleta Alegre (especial para ARGENPRESS.info)

Los cronistas del descubrimiento y la conquista de América, han revivido en el Perú, incluyendo sirenas en el Amazonas. No son los audaces historiadores y literatos que surcaron los mares en frágiles naves, poniendo en riesgo sus vidas.

Son banqueros y financistas que solventan costosas publicaciones, cuyos autores nunca o casi nunca suelen ofrecer entrevistas formales con la prensa. Solo teleconferencias y breves consultas electrónicas, previamente autorizadas por sus directorios y canalizadas por desprestigiados lobistas.

Los tecnócratas que suscriben las “novedosas” investigaciones, al igual que los cronistas del siglo XVI, tampoco tienen la objetividad de la crónica. Solo reviven mensajes en defensa irrestricta del “libre mercado” y la “modernización o desactivación del Estado” como el único modelo, intocable, intangible, invariable y sagrado.

¿Cuál es la razón fundamental de este cruzada neoliberal en Perú? Las encuestas ratifican que en segunda vuelta electoral (domingo 5 de junio) tendría mayor votación el movimiento popular “Gana Perú”, liderado por Ollanta Humana, secundado por intelectuales de izquierda, otras vertientes políticas democráticas y por un gran número de descontentos y marginados del crecimiento macroeconómico del país.

Ollanta Humala, se enfrenta a la propuesta del fujimorismo autoritario y mafioso de los años noventa, encabezada hoy por Keiko Sofía Fujimori. Su padre, Alberto, que renunció a la presidencia por fax y desde Brunei, mediante el artificio de una nueva y forzada Constitución, emprendió la destrucción de las principales instituciones del Estado.

Después de 20 años de azarosa historia, que incluye violaciones masivas de derechos humanos, agudización de la pobreza, creciente endeudamiento externo en presuntas reformas que solo han retrasado los procesos de descentralización y la renovación del poder judicial, entre otros proyectos, el fujimorismo sigue actuando a través de una red de corrupción, con fuertes lazos en el poder de turno.

Qué ironía. Los tres cabecillas de este negro capítulo del Perú - Alberto Fujimori, su asesor Vladimiro Montesinos y el cabecilla de Sendero Luminoso Abimael Guzmán - purgan larga condena en cárceles separadas. Otros responsables o han fugado del país, han fallecido o enfrentan juicios defendidos con abogados de los más encumbrados estudios jurídicos que han hecho fortunas desde puestos claves del Estado o defendiendo a narcotraficantes.

Lo cierto es que los principales autores de esa debacle moral y económica, habitan en Asia, una lujosa ciudadela a 100 km al sur de Lima, donde ni siquiera sus dueños han intentado rescatar la bella arquitectura vernacular, tan presente en otras playas del Perú. Ese fujimorismo encuentra mano de obra barata para la albañilería y para el servicio doméstico en una extensa masa de migrantes andinos de Ayacucho y Huancavelica, que habita en covachas, ubicadas al frente del privado balneario, al otro extremo de la transitada y moderna carretera Panamericana.

El aparato publicitario del fujimorismo tiene voceros académicos, premiados con puestos de confianza en las catedrales financieras de los EEUU y defensores del fracasado Consenso de Washington 1994. Esa tecnocracia nunca se atrevió ni siquiera a revelar un indicio de la gran crisis de la banca norteamericana e inventaron que el Perú es el único país del planeta que no ha sufrido ni un rasguño con la debacle del Wall Street y de la opulenta y desarrollada banca europea.

El ex militsr Ollanta Humala, es candidato por segunda oportunidad a la presidencia de la república. Su primera postulación la perdió ante el aprista Alan García, quien dejará el poder con el elevada desaprobación y apenas con 4 de los 120 curules en el Parlamento. Anuncia un programa atractivo para la inversión local y extranjera, sujeta a las normas de control tributario e impuestos a las regalías, porque con ese dinero podría financiar parte de su programa de gobierno, como una pensión permanente para los mayores de 65 años, aumentos para policías, maestros y médicos y una elevación del salario mínimo vital.

Anuncia relaciones internacionales con autonomía y respeto común. Lula y Ollanta comparten “la tesis de que Brasil no puede aspirar a ser nueva potencia mundial con vecinos pobres”.

El Parlamento que deberá asumir funciones el 28 de julio no contará con mayoría para ningún grupo. “Gana Perú” solo tendría 45 representantes. Pues la concertación será el camino para un buen gobierno, incluyendo el cambio de la Constitución de 1993 por la de 1979, cuyo proceso es factible a través de dos asambleas extraordinarias del congreso.

Estos anuncios y propuestas que también han sido desarrollados con éxito en varios países de Sudamérica, estarán vigentes en la plataforma de Humala, enunciados democráticos que han convencido inclusive entre partidarios de Perú Posible, de Solidaridad y Cambio Radical. Inclusive Mario Vargas Llosa, desde Santiago de Chile, anuncia la intención de votar por Humala, pero nunca por la dinastía fujimorista.

“Gana Perú”, promete construir consensos sobre la base de una agenda de transformaciones esenciales como definir un gasoducto andino antes que vender a México, Chile u otro mercado. Siguiendo la lección chilena, las relaciones con las mineras podrán ser modificadas mediante acuerdos entre las partes, sin la intervención del Congreso, considerando que las ganancias de los inversionistas, deben ser compartidas para beneficio de todos, empezando por los trabajadores de los socavones y de las poblaciones enteras que respiran plomo o beben agua contaminada con relaves de arsénico y mercurio, ante el silencio cómplice de los organismos reguladores. Si no funciona el diálogo, deberá primar el interés nacional.

El proceso electoral peruano ha sido transparente. Lo aseguran diversos observadores. La Unión Europea, a través de su vicepresidenta Catherine Ashton, más cauta que las calificadoras de riesgo “saluda la adecuada y correcta realización de las elecciones parlamentarias y la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 10 de abril, y reitera el compromiso de desplegar una Misión de Observación Electoral de la segunda vuelta”. Al mismo tiempo que el ministerio de Comercio Exterior peruano informa que las negociaciones para lograr un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la UE han avanzado mucho más del 50% durante las primeras cuatro rondas del proceso.

A principios de los noventa la prédica liberal auguraba niveles de crecimiento económico para mejorar infraestructuras y gestionar más eficientemente el capital humano, así como para impulsar un modelo de desarrollo basado en la inclusión social. Para que este crecimiento favorezca a todos era imprescindible que el Estado, los ciudadanos y el sector privado trabajen conjuntamente en temas clave como la desnutrición infantil, la mejora del sistema educativo o el mantenimiento de la calidad de las inversiones y del gasto público.

Pero todo fue literatura y promesa. Bajo estos mensajes ingresaron los capitales para llevarse la riqueza mineral y vegetal más preciada, suscribiendo contratos intangibles de estabilidad tributaria. Fujimori, en entrevista a Cambio16, declaró, en mayo de 1994, que quería “hacer del Perú el país más seguro del mundo para la inversión extranjera, inclusive más sólido que en los EEUU”, mientras recorría el territorio “obsequiando” botiquines, polos, juguetes y construyendo pequeñas trochas y caminos rurales con mano de obra subpagada.

Ese discurso sigue presente. La prédica reitera lo mismo que hace dos décadas: “crecimiento alto, sostenido y más incluyente y proveer mayores oportunidades a los peruanos de menores ingresos”.

Esa jerga tecnocrática nunca se llevó a la práctica. En la segunda década del siglo XXI, cuando en el Perú la mayoría del electorado plantea cambios en el santísimo sacramento, las multilaterales y sus ventrílocuos, predican el terror o la cautela si alguien se atreve o anuncia la adecuación de sus leyes nacionales a sus genuinas realidades.

Vuelve el sonsonete que el crecimiento del Perú ha sido potenciado por la elevación de los precios de las materias primas, “pero hay que tener en cuenta que estos recursos son temporales y se requiere que sean ahorrados en parte y usados de manera gradual y efectiva”.

Para los desposeídos de siempre no hay fechas en el calendario de la esperanza. La derecha más recalcitrante promete más asistencialismo en las áreas rurales, el altiplano y la selva, “para desarrollar niños sanos y aptos para el aprendizaje”. Se habla de más programas sociales, pero no de reformas sustanciales en la educación, en salud, en el campo del derecho laboral, en la administración de justicia. Solo sortear caminos para la empleabilidad, pero no el desarrollo humano integral, en un país, cuya mayor riqueza son sus múltiples naciones o culturas.

Nuevamente el círculo vicioso. Más endeudamiento externo para reformas del Estado, para cambiar algo y que las cosas sigan igual. “Para que el Perú sostenga un nivel alto de crecimiento con mayor inclusión se requiere un Estado eficiente y efectivo”, reitera la proclama desde Washington DC, ofertando líneas de crédito y servicios de administración, aprovechando la inmunidad diplomática. Pero la realidad muestra estrepitosos fracasos en el manejo de esos fondos durante los gobiernos de Alan García y Alejandro Toledo. En su defensa las financieras dicen que en apenas cinco años creció seis veces el número de proyectos de inversión pública viabilizados en el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP). En 2004, había 3789 proyectos registrados.
Otra recomendación del viejo rosario: “Para fortalecer la efectividad de los gobiernos regionales y locales se requiere clarificar las competencias y fortalecer las instancias de coordinación. Las responsabilidades de los gobiernos regionales y locales son poco claras y pueden desincentivar a presidentes regionales y alcaldes a conjugar esfuerzos con el gobierno central o con los agentes privados”.

Voluminosos documentos del Banco Mundial y BID, en su volcánico dinamismo clerical, invaden correos, llamadas telefónicas, entrevistas condicionadas, para mostrar las mismas preocupaciones de hace veinte años, pero superables solo si el siguiente gobierno asume la intangibilidad del modelo liberal al estilo Fujimori.

Sólo dos datos en dos recientes libros del BM y BID - “Perú en el umbral de una nueva era” y “En la era de la productividad: cómo transformar la economía desde sus cimientos”, ambos son una apología y reminiscencia a la ingenuidad de los latinoamericanos que aceptaron la anulación de la capacidad reguladora de los estados, y con cifras maquilladas disfrazan la dramática realidad de la niñez peruana:

- Alrededor de medio millón de niños y niñas peruanos hasta los cinco años de edad sufren desnutrición crónica (retardos severos en su crecimiento) y empiezan sus vidas con condiciones muy adversas para desarrollar plenamente sus habilidades potenciales.

- La tasa de desnutrición crónica (estatura-edad) –según el estándar más reciente de la Organización Mundial de la Salud— en los niños menores de 5 años bajó de un 28.5% en 2007 a un 23.2% en 2010, que sigue por encima de lo esperado para el nivel de ingresos de Perú.

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