jueves, 7 de abril de 2011

Puerto Rico: El papel de Fernós Isern en el caso Rhoads

Pedro Aponte Vázquez (especial para ARGENPRESS.info)

En mis diversos relatos por distintos medios en torno a los asesinatos que el doctor Cornelius Rhoads confesó haber cometido en Puerto Rico en 1931, no he profundizado en lo pertinente al hecho de que su colega, el doctor Antonio Fernós Isern, a quien se le conoce en la historia de nuestro País por su condición de líder político, ocupaba entonces el cargo de Comisionado de Sanidad de Puerto Rico. (En el campo de la política activa, el doctor Fernós Isern – a quien en adelante me referiré como Fernós– es conocido principalmente por haber ocupado el cargo de “Comisionado” residente en Washington).

Hoy día ha surgido la necesidad de prestarle atención al hecho histórico de que Fernós era el Comisionado de Sanidad cuando estalló el caso Rhoads porque el presidente de la Fundación Educativa Antonio Fernós Isern (FEAFI) lo trajo ante la opinión pública al afirmar que Fernós les requirió a la Asociación Médica y a la Junta Examinadora de Médicos investigar el histórico caso (“Medicina colonial”, El Nuevo Día, 2 marzo 2011, pág. 66).

El dato no es correcto porque fue el Jefe de la Policía quien le solicitó al Gobernador la investigación. Luego del semanario Florete dar a conocer el texto en inglés y español de la confesión de asesinato de Rhoads en un extra (25 de enero de 1932), en su edición regular del siguiente 30 de enero señaló textualmente: “Tan pronto circuló FLORETE, el coronel de la Policía, Sr. Lutz, visitó al Gobernador Beverley mostrándole una copia de nuestra edición, y éste a su vez, ordenó al Departamento de Justicia que iniciase la debida investigación”.

El profesor Antonio Fernós, presidente de la FEAFI, dio como fuente de su afirmación un artículo que bajo el título “El insólito caso del Dr. Cornelius P. Rhoads” publicó la revista La Torre, de la Universidad de Puerto Rico (No. 53-54, Año XIV). El referido artículo, aunque contiene exageraciones e inexactitudes, no comete el error de decir que Fernós pidió investigación alguna. Por consiguiente, no pudo haber sido la fuente de información del profesor Fernós. ¿Cuál fue entonces su fuente?

En un breve artículo que el diario El Nuevo Día optó por no publicar, pero que colgué en indymediapr.org (22 marzo 2011) con el título “El papel del doctor Fernós Isern en el caso Rhoads”, señalé el error e invité al letrado a hacer públicos cualesquiera documentos en su poder que sostuvieran su afirmación. A primera vista, lo más curioso parece ser que, aunque al presidente de la FEAFI es profesor de Derecho, le pareció procedente que Fernós les pidiera a la Asociación Médica de Puerto Rico y a la Junta Examinadora de Médicos y no a la Policía o al Departamento de Justicia investigar una confesión de múltiples asesinatos. Ese hecho es curioso solo a primera vista, pues la razón ha resultado ser que, por su declarado desconocimiento de pormenores del caso, el profesor estaba en la creencia de que nadie había muerto de entre las personas con las cuales el doctor Rhoads experimentó y, por consiguiente, en sus palabras, “No hubo corpus delicti nunca” (mensaje por vía electrónica, 23 marzo 2011, 9:37 a. m.).

Pero la realidad es que sí los hubo y por la misma vía electrónica le hice llegar (23 marzo, 2011, 12:13 p. m.) la siguiente lista de las personas que murieron (incluyendo las supuestas causas de las muertes), mientras el doctor Rhoads conducía sus experimentos y ejercía la medicina en Puerto Rico sin estar autorizado:

Ruperto Rosa (absceso del pulmón, esprú)
Juan Rosario (absceso del pulmón, esprú)
Gregoria Colón (leucemia)
Felipe Cruz (enteritis aguda)
María Santiago (colitis ulcerativa)
F. Ortiz (Uncinariasis con anemia severa)
G. Parrilla (carcinoma del riñón)
Raimunda Quiñones (anemia secundaria severa)
Mrs. Miró Díaz (bronco_pneumonía, esprú)
Mrs. Buxó (esprú)
Salvador Montesinos (miocarditis, anemia secundaria)
Pablo Rosado (malaria, anemia secundaria)
Pablo Torrellas (sic) (esprú)

(FUENTE: Archivo Nacional de Puerto Rico, Fondo: Departamento de Justicia, Serie: Oficina del Procurador General, Expediente 11016, Año 1932, Caja E).

El profesor Fernós dijo que el caso Rhoads había sido incidental a su propósito de “llevar el mensaje del control de la educación médica y su currículo por la industria, a la consciencia del país” –propósito loable por demás– pero finalmente no sometió prueba alguna que sostuviera su afirmación de que el entonces Comisionado de Sanidad había referido el caso Rhoads a investigación. El señor letrado más bien optó por proferir insultos contra este autor y procuró infructuosamente restarle credibilidad al señalamiento calificándolo de “cuentos”.

Lo que sí se puede constatar con documentos auténticos es que existió una estrecha relación entre el Comisionado Fernós y el doctor George C. Payne, quien representaba y protegía aquí los intereses de la Fundación Rockefeller. Fue esa la entidad que envió a Rhoads a experimentar con los puertorriqueños en su propio país sin un consentimiento debidamente informado. El propio doctor Payne informó por escrito a sus jefes en Nueva York que Fernós cooperaba mucho con él y hacía gestiones para él ante el Gobernador en relación con la confesión de asesinato que Rhoads escribió espontáneamente de su puño y letra.

Payne era, además, funcionario del Departamento de Sanidad a cargo de las Unidades de Salud Pública y utilizaba papel timbrado de la agencia para su correspondencia privada con la Fundación Rockefeller. En una de esas cartas (29 enero 1932), Payne le informa al doctor H. H. Howard, de la Fundación, que Fernós recomendó al doctor Eduardo Garrido Morales para tomar parte en la investigación, la que estaría a cargo del fiscal José Ramón Quiñones. Otro médico, Pablo Morales Otero, representó a la Junta Examinadora de Médicos, como presidente interino de la misma. Esa es la Junta que les dio la espalda a los prominentes médicos que le solicitaron tomar acción en contra de Rhoads por ejercer la medicina sin permiso.

En su carta, Payne agrega que le han permitido participar –entiéndase el fiscal Quiñones le ha permitido– en “todas las deliberaciones” y que el fiscal le ha dado “gran libertad” para “ayudarlo” en la investigación. En otra (25 feb 1932), esta vez manuscrita y también en papel timbrado del Departamento que dirigía Fernós, Payne le dice a Howard que “hay una cuantas cosas sobre este asunto que no se pueden poner por escrito, pero trataré de informarlas lo más completamente posible cuando usted nos visite”.

En el aludido artículo indiqué que entre los cientos de páginas de documentos en mi poder, provenientes unos del propio Gobierno de Puerto Rico y otros de la notoria Fundación Rockefeller, no hay indicio alguno de que el doctor Fernós Isern le hubiera referido el asunto a la Junta Examinadora de Médicos ni a la Asociación Médica, las cuales, de todos modos, no tenían por qué investigar un caso criminal. Tampoco hay constancia de que hubiera radicado querella alguna en contra de Rhoads por ejercer la medicina en Puerto Rico sin la debida autorización, lo que sí le competía a la Junta Examinadora de Médicos.

Es muy significativo que la investigación no la condujo el fiscal José Ramón Quiñones, sino, en su simbólica presencia, el doctor Eduardo Garrido Morales. Este hecho es significativo porque Rhoads dijo en otra misiva (carta de Rhoads a Simon Flexner, sin fecha, “Recibida 10 / 5," 1931, Papeles de S. Flexner, American Philosophical Society) que Garrido estaba en deuda con él porque le curó a su mamá de un crónico padecimiento de esprú que había padecido por 14 años.

En fin, la prueba circunstancial que proveen los datos documentales disponibles es que el doctor Antonio Fernós Isern no solo faltó a su deber ministerial cuando pasó por alto el hecho de que su colega Rhoads no estaba autorizado a ejercer su profesión en Puerto Rico sino que, cuando menos, consintió el encubrimiento de aquellos horripilantes crímenes. Estos son los hechos.

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