miércoles, 27 de abril de 2011

Savonarola

Miguel A. Semán (APE)

Desde hace 3 años funciona en Mendoza el programa Creciendo juntos, también llamado “Los minipolicías”. Lo coordina el comisario general retirado Pedro Jiménez y participan en él alrededor de 4000 chicos de barrios pobres, de entre 7 y 14 años, que reciben instrucción policial. El ministerio de Seguridad provincial del que depende el programa le restó importancia al tema; según ellos la instrucción policial es mínima y “parecida a la que reciben los boy scouts”.

En diciembre de 2010, tras la inspección ocular realizada por el Tribunal Oral Federal Nº 1 al Museo Policial se ordenó retirar del mismo el cuadro del vicecomodoro Julio César Santuccione, jefe de la policía de la provincia durante la dictadura militar. “Fue una cuestión que se nos pasó”, dijo el ministro de seguridad, restándole importancia al tema, como si hablara de un almanaque viejo y no del retrato de uno de los responsables del genocidio en Mendoza.

Santuccione tiene mucho que ver con la policía mendocina y su historia arranca con la destitución del gobernador Alberto Martínez Baca en 1974, sigue con la intervención de Antonio Cafiero y se extiende a lo largo del Proceso de Reorganización Nacional. Durante su gestión funcionaron dos grupos parapoliciales. El Comando Anticomunista de Mendoza y el Comando Moralizador Pío XII. El primero luchaba contra la penetración marxista y el segundo contra las prostitutas, los homosexuales y todo lo que afectara “las buenas costumbres y la moral pública de una sociedad decente”. Para lograr sus fines se valían de “látigos de tiento, cadenas, garrotes de goma, cartuchos cargados con sal y de un perro doberman, adiestrado especialmente para desnudar personas, que respondía al nombre de Savonarola”.

Así contado podría haber sido el argumento de una comedia de Mario Moniccelli, pero a los amos de Savonarola se les ocurrió salir a matar gente de verdad. En mayo de 1975 cometieron por lo menos 10 asesinatos, entre prostitutas y personas vinculadas al ambiente de la prostitución. Estos casos sacaron a la luz otras ocho muertes ocurridas entre mediados del 74 y los primeros meses de 1975. Todas con las mismas características: ejecuciones a sangre fría, víctimas relacionadas con la prostitución y cadáveres arrojados en zonas montañosas. Durante el resto del año, con algunos intervalos, siguieron las muertes y los atentados,. Finalmente en marzo del 76 Videla abrió las compuertas y los comandos se lanzaron con impunidad a la caza de obreros, estudiantes, dirigentes de base y, por supuesto, prostitutas.

Han pasado casi cuarenta años. Los comandos ya no existen y Savonarola se habrá muerto, pero las prácticas perduran intactas. No sólo lo demostró el crimen del estudiante Sebastián Bordón en octubre de 1997. Decenas de denuncias lo confirman. Las desapariciones de los albañiles Baigorria y Garrido en 1990. La de Cristian Guardati en 1992. Los apremios, amenazas y vejaciones sufridas por Marcelo, Natalia y Cristian Díaz de 18, 14 y 10 años, en 1994. Las violaciones de Silvia Bogado en 1995 y de Gabriela Montenegro en 1997. El homicidio de Walter Yañez de 19 años, en marzo de 2001. La muerte de Jorge Frías en la comisaría de Guaymallén en junio de 2002. La lista es larga y continúa. Cada tanto se suma un nuevo crimen protagonizado por algún policía ingresado a la fuerza mucho después de la era Santuccione pero que, sin duda, ha mamado la misma doctrina de brutalidad y barbarie.

Nada es casual. Nada pasa porque sí en Mendoza ni en ningún lugar del mundo. Todavía no se ha inventado el disparate perfecto ni el olvido inocente. En diciembre de 2007, Celso Jaque recién asumía como gobernador y desde su propio partido le cuestionaban sus posiciones derechistas. Un periodista de La Nación se lo hizo notar y Jaque contestó: “Soy mendocino, y los mendocinos somos conservadores”. Hace 35 años Videla decía: “El enemigo es apátrida”. En idioma castrense significaba lo mismo.

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